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viernes, 6 de enero de 2012

UNA SOCIEDAD DEGRADADA HASTA LO INAUDITO UN SER HUMANO ENVILECIDO DE MANERA SUPERLATIVA (I)


Los datos no dejan lugar a dudas, eso que se llama “España” es una de las sociedades más encanalladas, podridas y repulsivas del planeta.
         Una manifestación de ello es que en 2011 la película más taquillera ha sido “Torrente 4: letal crisis”, del nunca suficientemente denostado Santiago Segura, con una taquilla de 20 millones de euros. Por si fuera poco, “La piel que habito”, del progre-franquista Almodóvar, ha quedado en tercer lugar con más de 4. Quizá sea todavía más desasosegante que el diario EL País dedique un editorial al asunto, justificando tales hechos con el argumento, previsible en él, de que la industria cinematográfica española necesita asentarse haciendo películas rentables…
         Todo ello causa en las personas normales, que ya somos muy pocas, indignación, dolor y desesperación, pues muestra que la aniquilación de la esencia concreta humana y la edificación de una infra-sociedad de 44 millones de estómagos ha alcanzado ya cotas probablemente irreversibles. Pero hay que controlar el ánimo para realizar un análisis lo más sereno y objetivo posible.
         El primer lugar definamos el problema. La saga fílmica de Santiago Segura consiste en unas producciones supuestamente de humor que, para empezar, carecen de cualquier cosa que mueva a la risa, o a la sonrisa, o al menos a un cierto ánimo festivo. Son pasmosamente aburridas y sin gracia, lúgubres sería quizá el vocablo que mejor las define. Sólo a sujetos con un sistema anímico profundamente perturbado les pueden parecer divertidas.
         En lo artístico son bodrios, hechos de cualquier modo, por unos actores penosos y con unos diálogos que incitan al llanto. Su especialidad es recrearse en todo lo que es degradado, sucio, sórdido, inferior, repulsivo, torpe, zafio, nauseabundo y chabacano. Son un gran chorro de mugre, hediondez y heces que se lanza al espectador o espectadora, con la particularidad de que éstos lo reciben entusiasmados. La imagen del ser humano que transmiten es exactamente la de un posthumano en quien los rasgos propios de su anterior condición han desaparecido.
         Esto, por un lado, es propaganda, publicidad, aleccionamiento. Se le dice al sujeto “así eres y así debes ser”. Por otro, es una exigencia de unas masas que se han adaptado perfectamente a su condición de no-humanos y que, sin remordimientos ni complejos ni deseos de cambio, como es propio del individuo mega-narcisista de la modernidad, quieren reafirmarse constantemente en su propia tosquedad mental, barbarie vivencial, miseria moral, horripilancia física y chocarrería verbal.
         Los personajes se definen exclusivamente por sus negatividades y carencias, como sujetos nada, o menos que nada. Su ser es exactamente no ser.
         Sin pensamiento, sin lenguaje, sin capacidad de afectos, sin habilidades convivenciales, sin voluntad propia, sin coraje, sin creatividad, siempre serviles con los de arriba y siempre agresivos con sus iguales, tan malvados como estúpidos, de una incultura colosal pero vivida sin culpa, visualmente espantosos, previsible y aburridos, entusiastas de toda injusticia, carentes de vigor físico y psíquico, ajenos a lo real y sempiternamente atrapados por mensajes y consignas, tan inespirituales como lo pueda ser un cubo de basura y tan egotistas como un tiburón hambriento, insensibles a todo lo que no sea su fisiología, inhábiles para sentir culpa, rectificar o avergonzarse por algo, en fin, inútiles e incapaces para cualquier actividad humana.
         Son personajes a los que sólo les motiva el dinero. Dinero para conseguir comodidades, goces, entretenimientos; para, sobre todo, comer y beber, que es casi la única experiencia que está ya a su alcance. Ni siquiera buscan el dinero como poder pues están tan maleados por el hedonismo que en sus empequeñecidas mentes sólo cabe una idea, gozar.
         Todas esas horrideces, no lo olvidemos, son del gusto de millones de personas, que se ven reflejadas en la pantalla y eso las lleva a dar grititos de satisfacción. No hay duda que se da una identificación total, ascendente y de naturaleza orgiástica entre los infraseres de Segura y una buena porción del sujeto medio de nuestra sociedad. Ahí está el meollo de la cuestión.
         Son un retrato perfecto de la sociedad y al mismo tiempo un modo de mantener y afirmar a ésta en su espantosa situación, que ya se está haciendo límite e insostenible y que significa de facto una especie de suicidio colectivo por renuncia a ser.
         El segundo paso en el proceso de análisis ha de ser encontrar las causas históricas, estructurales e ideológicas de esta tragedia. Hay además que analizar el marco en que se da y las etapas que ha ido cubriendo. A continuación debemos hacer la pregunta de a quién beneficia la degradación extrema de la sociedad y la desestructuración total del sujeto en tanto que persona que es causa-consecuencia de tales films. Ello nos puede dar la clave del por qué. Finalmente hemos de señalar a quienes son responsables y culpables de este estado de cosas, instituciones y personas, sobre todo las primeras
         Se equivocan quienes consideran que los males principales de nuestra sociedad son los de tipo económico, o ecológico, o social o tecnológico en un sentido restringido. No, la gran tragedia está precisamente en la destrucción de lo humano, más que en los 4,5 millones de parados, más que en la devastación general del medio ambiente, más que en el supuesto impago de las pensiones por falta de fondos. Los que no opinan así es porque han sido manipulados para ignorar lo humano, de manera que son parte del problema en vez de sujetos aptos para solucionarlo. No son mejores que Santiago Segura, pues se han hecho insensibles e indiferentes a la gran tragedia de nuestro tiempo, la liquidación de lo humano en su totalidad finita.
                                                                                   (Continuará)

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