viernes, 30 de julio de 2021

PERSPECTIVAS ESTRATÉGICAS


Ante el V Encuentro Transformación/Revolución Integral, agosto de 2021, lo primero es afirmar la voluntad de quienes en ello estamos de luchar para vencer. No nos quedaremos en críticos vociferantes[1] más o menos conformistas, a la espera de ser “recuperados” con un cheque sustancioso y/o con un empleo de funcionario en el ente estatal. No, deseamos difundir unas ideas que originen un movimiento popular revolucionario capaz de, cuando maduren las condiciones objetivas (esto es, cuando la putrefacción del régimen vigente alcance un máximo), sea apto para poner fin al actual sistema por la vía revolucionaria y establezca una nueva sociedad, de la libertad, la virtud cívica y virtud personal, la democracia directa, lo comunal, la centralidad de la persona, el final de todos los sexismos y la convivencialidad.

Esto lo han de entender quienes se aproximen a nosotros.

El componente objetivo de toda revolución verdadera es la descomposición del sistema por sus propias contradicciones internas. Si esto no sucede, o no sucede todavía, o no sucede lo suficiente, no puede darse una situación revolucionaria y, en consecuencia, no puede haber revolución. Pero si tales condiciones, que son independientes de nuestra voluntad y se forman por sí mismas, se realizan, maduran, pero para ese tiempo no está ya preparado y activo el factor subjetivo, no habrá revolución y el sistema se recuperará de su crisis, al menos parcialmente.

¿Qué son las condiciones subjetivas? Una suma de logros y realizaciones en el terreno de la conciencia, las ideas y la organización.

1) Una cosmovisión, formada por un ideario y unos ideales lo bastante desarrollados.

2) Un programa, a la vez general y en cada una de las principales cuestiones, que exponga lo que va a hacer la revolución, qué transformaciones sociales estructurales se propone efectuar.

3) Todo ello tiene que ser dado a conocer a un sector significativo de la opinión pública, minoritario[2] pero decisivo, para lo que se necesita un documento compendiado, sintético, como el MANIFESTO DE LA REVOLUCIÓN INTEGRAL, a preparar lo antes posible, que sea no sólo leído sino estudiado y debatido intensamente.

4) Hay que articular formas y modos de efectuar la formación personal, proporcionando conocimiento y habilidades que permitan a nuestra gente explicar, exponer, mostrar, organizar, persuadir, movilizar.

5) Es necesario idear, planear y realizar procedimientos de difusión masiva, como una revista digital, un sistema de videos y audios, unos equipos de estudio y trabajo, etc.

6) Se necesita entrar en polémica, a veces fuerte, con otras corrientes, para esclarecer los asuntos y denunciar a los serviles, a los charlatanes, a los carcas de uno y otro tipo.

7) Necesitamos una ética del esfuerzo, de la dedicación, del optimismo, de la alegría y del combate, que sea remedio al ambiente de pesimismo, apatía, desmovilización, tristeza y depresión hoy prevaleciente, o sea, un sistema moral que niegue el hedonismo, epicureísmo y felicismo.

8) Hay que formar personas de calidad, pues de la valía del sujeto depende casi todo.

9) Es necesario estar en las luchas y acciones en la calle.

10) Hay que introducir elementos muy fuertes de convivencialidad y ayuda mutua que se extiendan por todas las clases populares.

11) Debemos prestar atención particular a la juventud, captando toda la complejidad que ello lleva aparejado y admitiendo el reto.

12) Conviene organizar, en equipos, en grupos, a más y más personas, para que se formen, difundan el ideario RI y nos permitan obrar unificadamente[3], convirtiéndonos en una fuerza social transformadora de peso, a tener en cuenta.

13) Cuando el feminismo de Estado, o feminismo fascista, está cada vez más enredado en sus propias contradicciones y cada vez más en evidencia, se necesita un movimiento en positivo que lleve un programa de acción afirmativa y revolucionaria a las mujeres.

Hagamos un balance. En la actualidad, nuestro movimiento se compone de unas decenas de personas activas. Pero lo que vamos produciendo (libros, videos, artículos, actos públicos, etc.) los siguen habitualmente unas 5.000 personas, que tiene un conocimiento bastante bueno de nuestras propuestas, ideario y formulaciones, aunque por el momento estas personas no se comprometen, no pasan a la acción. Hay otras 30.000 que están informadas de un modo parcial y relativamente escaso. Y, finalmente, unas 100.000 personas que han oído algo, mirado algún video, manifestando un interés muy débil, vago y puntual, aunque no nulo.

En total son 135.000 personas (una parte no pequeña de ellas en Iberoamérica y otra en Europa, esta menor pero no desdeñable), eso en una situación no revolucionaria, caracterizada por unos niveles extraordinarios de desmovilización, resignación, confusión, retirada a lo privado y apatía[4]. Bastaría con esto cambiase, con que la sociedad se dinamizase por algún motivo o algunas circunstancias, para que se produjera un corrimiento de las personas en una dirección precisa, hacia nosotros. De los 5.000 bien informados, al menos la décima parte pasaría a la acción consciente y organizada, lo que daría 500 personas, y quienes están más o menos informadas saltase hasta las 150.000, haciéndolo las que algo saben y algo conocen hasta las 500.000. Esto haría que el movimiento RI (Revolución Integra) alcanzaría a ser hegemónico. Eso será motivo de gran disgusto para el poder constituido.

Hay un hecho a destacar. Ahora existe una desproporción enorme entre el escaso número de personas RI activas y la influencia y presencia ya logradas en la sociedad. Esta situación es un excelente punto de partida, por un lado, siempre que nos pongamos como meta tirar hacia la acción y el compromiso de esos miles de personas que nos sigue a diario, o casi.

Las dinámicas de las sociedades son complejas e impredecibles, y en formaciones sociales muertas, como es hoy la nuestra, puede suceder, y sucede muy a menudo que, de repente, estalla la tensión acumulada con movimientos de rechazo y protesta social fuertes. Tenemos que estar preparados para eso, tener disponible, bien desarrollado y acabado, además de suficientemente difundido, el ideario, el programa, los manifiestos, las estructuras y las personas formadas, pues cuando tal acontece, cuando las sociedades entran en ebullición, ya no hay tiempo para hacerlo.

Porque un movimiento triunfa por dos motivos, por los méritos propios y por la falta de méritos de los otros. Y los otros, los izquierdistas procapitalistas, el feminismo de Estado guardiacivilero[5], matón y fascista, los conspiracionistas cada vez más neonazis, los “indepes” financiados desde Madrid, los ecofuncionarios entregados a aniquilar lo que resta del comunal, los intelectuales atrapaeuros y similares, se están hundiendo en el caos, la pasividad y la confusión, además de en el descrédito y el repudio popular. Se les ha agotado el discurso. Se ha creado ya un vació político que nos favorece, y que con una estrategia adecuada tenemos que saber utilizar para nuestros fines.

Porque vencer por virtud es cultivar las propias capacidades y, al mismo tiempo, aprovecharse de la falta de ellas que padecen los adversarios políticos y sociales.

Tendremos unos tres años de vacío político, producido por la desintegración autogenerada de los reaccionarios y vasallos del sistema. Y este es nuestro momento. También porque, como he dicho antes, partimos de una buena base.

Hemos vivido el movimiento contra la política sanitaria del gobierno en relación con el covid-19 el año pasado y el presente, y tenemos que examinar eso. Nuestra actuación allí ha sido deficiente, no hemos sabido enfrentarnos a los conspiracionistas que han liquidado el movimiento, algunos enviados a hacerlo por los mismos servicios secretos. Este asunto lo tenemos que estudiarlo, hay que incluirlo en el Orden del Dia del V Encuentro. Pero, con todo, estamos estado en la pelea, hemos aprendido, hemos combatido.

Por todo ello el V Encuentro de Revolución/Transformación integral tiene que servir para dar un paso más en la resolución de estos problemas.

La victoria nos pertenece.

 

Félix Rodrigo Mora


[1] A estos demagogos hay que decirles, si, ya sabemos lo mal que está todo, pero tú, ¿qué propones como solución?, ¿cuál es tu programa? Ahí mostraran que son meros reformadores del sistema. A veces ni eso, simples charlatanes, como los conspiracionistas.

[2] Las grandes transformaciones sociales siempre las hacen minorías, y la preparación de los factores subjetivos de la revolución es tarea de minorías. A toda sociedad la dinamizan y mueven sólo minorías. Esto es así, nos guste o no, más bien lo segundo. Por eso, el afán numérico es contradictorio. Por un lado, hay que llegar al máximo de personas, atraerlas, organizarlas, movilizarlas. Pero por otro, hemos de saber que durante mucho tiempo seremos una minoría, en particular si las condiciones objetivas no son revolucionarias, si la crisis del modelo social vigente no ha alcanzado un máximo. Pero lo que si podemos y debemos hacer es formular nuestro ideario y programa y hacerlo conocer a cientos de miles de personas, ahora ya, de manera que cuando la putrefacción de la sociedad se vaya profundizando, más y más personas que ya ahora lo va conociendo pero que todavía no se siente convencidas, que están escépticas, dudosas y desmovilizadas, se ponga en pie y pasen a la acción, con nosotros.

[3] En esto hemos sido excesivamente ingenuos y “buenistas”. Una parte es la meta final, el punto de llegada, y otra el punto de partida, y nosotros estamos en este, con la intención de llegar a una meta, pero ésta todavía no es posible de realizar.

[4] Esta situación se ha creado a través de dos hechos. Uno, el derrumbe del 15-M, en 2013-2014, que llevó a que cientos de miles de jóvenes, desencantados, abandonasen incluso el país como emigrantes (estos son, según datos oficiales, 2,5 millones entre 2011 y 2020). Otro, el auge teledirigido de Podemos en 2014-2018, con su carga formidable de demagogia salvaje, omnipresencia televisiva, violencia brutal, específicamente fascista, contra los revolucionarios o los meramente disidentes y llamamientos a la desmovilización social (todo por el voto/nada por la acción autónoma, era su lema).

[5] Esto lleva a mi artículo “Feministas con tricornio”, en mi blog, Esfuerzo, Servicio y Combate. No hay que olvidar que el día del movimiento LGTBI de 2020 la guardia civil se sumó a la “celebración” e incluso adornó con los colores de aquel su web durante todo el día, lo que confirma mi análisis, contenido en dicho artículo, más de un año anterior. O sea, el feminismo de Estado es ya a las claras una mera banda parapolicial y fascista financiada por la guardia civil. Y como tal debe ser tratada.

jueves, 29 de abril de 2021

VACÍO POLÍTICO

 

El vacío de ideas y contenidos, no sólo político sino también ideológico, mediático, intelectual y académico, es el rasgo definitorio del actual momento. Se ha ido constituyendo en los últimos años y seguirá creciendo, quizá 3 o 4 años más, hasta que los estrategas del Estado produzcan una nueva propuesta política, organizativa e ideológica para las masas. Pero hoy el poder está sin los instrumentos más apropiados para la intervención política, lo que es diferente a hace sólo cinco años.

Las últimas elecciones (las generales de 2019, las de Cataluña, Madrid y otras), ponen de manifiesto tal vacío y agotamiento. Los partidos[1] no conectan con esa minoría de individuos políticamente conscientes y activos que mueven y dinamizan a la sociedad. De ese modo, se ha formado un sector social de personas en búsqueda, distanciadas de lo existente, enfrentadas con las instituciones y abiertas a nuevas formulaciones. En consecuencia, la idea estúpida y obtusa, de que la solución ha de venir de algún nuevo partido político, o de intervención estatal en la sociedad, ha retrocedido bastante.

En el ámbito de lo intelectual y académico la situación es la misma: repetición, penuria, no creatividad. Hay un agotamiento y consunción múltiples. Dos son sus causas. Una es la falta de libertad, que hace que políticos e intelectuales-funcionarios actúen al dictado de los poderes constituidos hasta un punto tal que pierden el hábito de pensar. Otra es sus privilegios monetarios, sobre todo la casta pedantocrática, ocupando su tiempo en actividades hedonista, sin que apena nada les quede para investigar y elaborar.

Hay una tercera, que es su descrédito por el modo de afrontar los nuevos problemas. El silencio que ha mantenido y mantiene la intelectualidad ante la pandemia les ha puesto en evidencia, quizá para siempre, como entregados al poder y poder ellos mismos. Con esto termina, probablemente, la hegemonía social de los pedantes, que comenzó con los ilustrados y “filósofos” del siglo XVIII, algo a celebrar.

E incluso una cuarta: las contradicciones estructurales, inherentes, que ya coartan e incluso van estrangulando al actual orden, no son nada fáciles de tratar discursivamente, dado que, en el plano de lo objetivo, carecen de solución, aunque es cierto que admiten paliativos y aplazamientos. Pero soluciones no.

Además, la descomposición de lo que han sido el contenido principal de la acción política institucional desde hace dos decenios, las religiones políticas, es un hecho. Enredadas en sus propias contradicciones, rechazados por sectores crecientes de la masa popular, cuestionadas una y otra vez por la realidad, convertidos en herramientas para que minorías impúdicas y malvadas se enriquezcan, las religiones políticas se han deteriorado mucho en el último decenio. Sustituirlas por otras, o incluso reelaborarlas (si ello es posible), resulta difícil de realizar, es caro y requiere tiempo. Mientras no tenga nada mejor el aparato de poder las seguirá utilizando, pero, muy probablemente, se dotará de otros instrumentos nuevos, por el momento desconocidos.

La cara negativa de la situación es el alto grado de desmovilización, infantilización, soledad, nadificación e irresponsabilidad, de confusión intelectiva, impotencia reflexiva, cobardía patológica, ignorancia oceánica y debilidad emocional de la gran mayoría de los individuos en el presente, situación aflictiva creada desde arriba. Pero he de insistir en que a una sociedad no la dota de conciencia y mueve “las masas” sino minorías conscientes, en definitiva, unos miles de personas, y a ellas hemos de dirigirnos. Las multitudes se incorporan luego a la acción, en la fase final del proceso.

En el plano de lo objetivo, las contradicciones y antinomias inherentes al actual modelo de sociedad, continúan profundizándose, como expongo en el libro “Autoaniquilación. El hundimiento de las sociedades de la última modernidad”[2]. Por eso, si hace sólo unos pocos decenios el futuro inmediato era percibido de color rosa hoy casi todos lo contemplan, especialmente la juventud, de color negro. La percepción, creciente, es que: 1) las estructuras sociales no tienen otra finalidad que la concentración del poder, el mando y la riqueza en cada vez menos manos, 2) no hay solución a nada importante dentro del sistema, desde el vigente orden, que es irreformable. Esto lleva a un estado de ánimo potencialmente revolucionario, aunque, al mismo tiempo, si no hay una propuesta transformadora, empuja a la desesperación, la depresión y el suicidio.

El periodo de estabilidad y prosperidad de la última modernidad ha abarcado desde 1955 a 2009, 54 años, medio siglo. En 2009 irrumpe la crisis económica, nunca superada, y en 2020 se abre el ciclo explícito del estallido de las contradicciones, muchas y graves, que se han ido acumulando, que incluirá decenios, tantos al menos como el tiempo previo de bonanza. Se equivocan, por tanto, quienes creen que las cosas van a continuar como en el medio siglo precedente, que no sucederá nada diferente y decisivo. Que pueden seguir dormitando a la sombra de un sistema que consideran seguro y garante de sus necesidades básicas. Tales tendrán un muy duro despertar más pronto que tarde…

 

Lo primero y principal, ante lo descrito, es afirmar la voluntad de revolución que nos mueve a quienes estamos en el proyecto de revolución integral. Lo nuestro no es meramente oponerse y criticar, ni tampoco suscitar algunos movimientos de protesta contra expresiones extremas de despotismo e injusticia, mucho menos cavilar sobre qué programa reformador, sistema de alternancia, caudillo redentor o nuevo partido político puede “arreglar las cosas” desde dentro del poder instituido. No. Nuestra intención, hoy igual que el primer día, es lograr un cambio total suficiente de la estructura de la sociedad, el régimen económico, el sistema de valores, los criterios morales, la cosmovisión fundante y la calidad, autoconstruida y construida, de la persona. Aceptamos el reto y sostenemos que nos motiva el propósito de crear una nueva civilización y un nuevo ser humano, no el lograr tal o cual reformita o limosna que deje todo como está al mismo tiempo que nos degrada como personas.

 

Es posible vencer, no sólo por nuestros méritos sino sobre todo porque el sistema lleva dentro de si los elementos, cada día más activos y potentes, de su propia destrucción. Quienes lo tienen por perfecto, inamovible e invencible solo manifiestan su propia ignorancia de la realidad.

Para ello hemos ido formulando un ideario, proyecto y programa de la revolución, aún sin completar, todavía por terminar, en efecto, pero ya con decisivos logros[3]. Ahora, en el actual momento táctico, debemos establecer una línea de actuación que nos aproxime a nuestro proyecto estratégico, el hecho revolucionario. Trabajamos en pro de un cambio decisivo, histórico, que va a abrir una nueva edad en la historia de la humanidad. Lo vamos a realizar porque hemos escogido realizarlo, y porque, en definitiva, el actual sistema se está aniquilando a sí mismo. Así pues, sólo hay dos opciones para el futuro, sobrevivir entre sus ruinas, en un escenario de desastre holístico en multiplicación quizá ilimitada, o hacer la revolución.

Tareas para esta fase táctica

El sistema de poder reconstruirá su aparato en 3 a 4 años, reclutará mercenarios políticos, en la forma de un/os nuevo/s partido/s, y se lanzará a una nueva ofensiva. Es cierto que en torno suyo todo está tan deteriorado que resulta imposible imaginar cómo y con qué lo hará, pero lo hará. Mientras, debemos aprovechar con inteligencia las condiciones actuales.

Lo primero es comprender la situación creada, tal como está formulada en la parte primera de este documento. Sin estudiarla, debatirla, analizarla de manera individual y colectiva, no podemos avanzar.

Lo segundo consiste en terminar de formular el proyecto y programa estratégico, en lo que aún no ha sido tratado o lo ha sido de manera insuficiente: renacimiento demográfico, economía (con una alternativa global compleja al capitalismo), Unión Europea, situación internacional, tecnología, epistemología popular, espiritualidad moral y programa axiológico, teoría del esfuerzo, la potencia de la voluntad y el combate, ética convivencial, naturaleza concreta y compleja de la libertad, régimen de deberes autoimpuestos del individuo, supervivencia personal/grupal en la fase de caos y derrumbe social que se avecina, trabajo asalariado y trabajo libre, movimiento obrero, cultura y estética, estrategia para la juventud, completar el programa para la mujer, afirmación creativa de la cultura europea y algún otro. Un apartado muy especial es recomponer la noción de revolución desde las condiciones actuales, desde el siglo XXI.

Lo tercero es formar y autoformar a las personas que están con nosotros ya, así como a las que se irán uniendo. Satisfacer su anhelo de conocimientos y su necesidad de habilidades para desenvolverse en la acción comunicativa. Este es nuestro principal punto débil, a ir resolviendo mediante: a) el estudio individual y colectivo, b) los debates internos en los grupos de afinidad y activismo, c) la participación en las acciones y luchas sociales, d) la autoconstrucción y construcción individual, e) los Cursos, f) el compromiso propio con prácticas transformadoras una vez reflexionado.

Lo cuarto estriba en una estrategia comunicativa que lleve nuestro ideario, proyecto y programa a la opinión pública con un máximo de calidad expositiva, variedad de procedimientos, pluralidad de actores y abundancia de elementos tanto como de actos comunicativos: libros, videos, artículos, folletos, revistas digitales y en papel, charlas y conferencias, tertulias, panfletos, audios, webs, televisión, blogs, grupos de estudio, equipos de activismo, tertulias privadas, etc.[4] Hay que establecer talleres para transmitir en tales quehaceres. La meta es lograr que en 3 o 4 años unas 500.000 personas conozcan razonablemente bien el ideario y programa de la revolución integral, y que el 5% de ellas, unas 25.000, lo conozcan de manera profunda y dediquen tiempo y esfuerzo personal a su difusión. Para ello, la edición del “Manifiesto de la Revolución Integral” es determinante.

Lo quinto es el ejercer la crítica, para superar la confusión, fijar las ideas decisivas y delimitar campos. En sus tres formas: crítica constructiva, critica severa y critica denuncia. Ahora es el momento de la crítica, mañana será el de los acuerdos y alianzas, en la siguiente etapa táctica, en 3 o 4 años.

Lo sexto es la participación en las acciones de resistencia y lucha popular, practicando el activismo social. A través de ello hay que fomentar formas de organización en la base que vayan estableciendo un régimen de democracia directa con rudimentos de economía comunal.

Lo séptima consiste en promover formas efectivas de autosubsistencia y ayuda mutua en el campo y en la ciudad, para sobrevivir al desplome de la sociedad actual.

Lo octavo es el esfuerzo organizador, buscando el contacto personal con todas las personas y colectivos que se interesen por el proyecto y programa de la transformación integral, brindándolas apoyo y formación, y estimulando su creatividad.

Lo noveno se sustancia en dotar al movimiento de revolución integral de una forma organizativa normalizada, sencilla, operativa y de abajo a arriba, con Estatutos. Todo ello sin ensombrecer o dañar en lo más mínimo la centralidad del individuo.

Lo décimo es difundir por Europa e Iberoamérica el ideario y programa de la transformación integral, de un modo planificado.

Conclusión final

Se han celebrado hasta ahora cuatro encuentros de revolución integral. Para el verano de 2021 habría que efectuar otro.

28 de abril de 2021



[1] En muy poco tiempo, todos los partidos políticos han dejado de tener militantes para estar constituidos por mercenarios -sus afiliados- y votantes. Eso les hace poco peligrosos por escasamente eficaces.

[2] He de insistir que la nocividad peor de todas ellas es la demográfica, que pone en riesgo la continuidad biológica de la especie humana. Su causa principal es la manipulación, ignorante y malvada, de la vida erótica y sexual instintiva de la especie, tarea en la que el feminismo de Estado, en tanto que instrumento de los poderes económicos y políticos más agresivos, ha desempeñado una función primordial, espantosa. En mi libro “Erótica creadora de vida” se expone.

[3] En lo propositivo y constructivo, mi mayor aportación, hasta ahora, a la formulación en positivo de un proyecto y programa revolucionario está en el Prólogo a la Cuarta Edición de “La democracia y el triunfo del Estado”. Queda pendiente la obra decisiva, “Manifiesto de la Revolución Integral”, un texto breve pero intenso.

[4] La experiencia muestra que en las condiciones actuales sólo una masa notable de actos comunicativos, efectuados durante mucho tiempo y por muchos individuos o colectivos, puede ser eficaz. Lo dice el refrán, una golondrina no hace verano… Necesitamos alcanzar una masa crítica en lo comunicativo.

martes, 6 de abril de 2021

LABURPENA. ondokoarena

 

RESUMEN

DE

“Francos en el norte y visigodos en el sur. El combate épico del pueblo vascón por su lengua, sistema de valores y modelo de sociedad en la Alta Edad Media”

 

 

 

Dicho artículo efectúa un análisis que busca ser objetivo de hechos y acontecimientos históricos fundamentales que, al consultar las fuentes documentales, resultan obvios en su significación, pero que la historiografía institucional no logra ni desea percibir, quizá porque altera sustantivamente sus dudosas narraciones y, más aún, sus indignos silencios.

Lo más llamativo es que el pueblo vascón/vasco, en el periodo comprendido entre el alzamiento bagauda de mediados del siglo V y la batalla de Simancas en el siglo X, (donde es exterminado un ejercito musulmán de 100.000 hombres mandado por el califa Abderramán III), choca con los cuatro imperios más importante del Occidente europeo, venciendo a los cuatro. No son derrotas absolutas, sin duda, pero si lo bastante importantes como para, por un lado, garantizar la supervivencia de los vascos, en lo político, étnico, lingüístico, cultural, económico, territorial y demográfico, y por otro para precipitar a esos cuatro imperios en situaciones de crisis y descomposición que aceleraron su final.

Los bagaudas vascones son una fuerza entre otras que apresuró el final del imperio romano de Occidente, con un efecto limitado, pero ni mucho menos desdeñable. La pelea de los vascos durante dos siglos y medio contra el reino visigodo de Toledo resultó ser determinante en la descomposición de esta formación social, que a partir del año 650 manifiesta ya signos de agotamiento. Más obvio es esto último en el caso del imperio carolingio, ese abigarrado compendio de horrores y disfuncionalidades, al que su derrota en Orreaga le arroja, a medio plazo, a la liquidación, situación que el mismo Carlomagno padece en sus últimos años. Concluyente es la significación política y estratégica de la batalla de Simancas, año 939, que inicia el ciclo de declive y decadencia del imperialismo islámico en todo el mundo, situación mantenida hasta el presente.

Así pues, los vascos, sin moverse de su territorio ancestral, sin caer jamás en tentaciones imperialistas (siempre libraron guerras defensivas, nunca de conquista, asunto que requiere una explicación, al ser un hecho raro a nivel mundial, que se deduce de manera natural de todo lo expuesto en el mencionado artículo), hacen retroceder y derrotan a los cuatro imperios que han marcado más decisivamente la historia altomedieval de Europa Occidental. Que el pueblo vasco exista hoy, y que sea como es, se comprende a través de esas cuatro victorias.

Explicar el porqué de esto exige leer las fuentes históricas con voluntad de verdad.

Lo que más resalta en ellas, sobre todo para el caso de Hegoalde, sobre todo, es que la sociedad vasca altomedieval carecía de diferencias clasistas e instituciones estatales, un régimen de democracia directa asentada en la institución magnífica del batzarre que establecía una igualdad política sustantiva, con libertad, democracia y autogobierno, entre todos los vascos. Derivada del batzarre y sirviéndole de pilar decisivo, estaba la milicia popular vasca, según el procedimiento de cada casa un combatiente, expresión épica y heroica del principio democrático sobre el armamento general del pueblo. Igualdad política que se complementaba con la igualdad económica, gracias a la institución del komunal, que hacía de la comunidad popular, y no de terratenientes y plutócratas, la propietaria de los principales recursos productivos. A ello se sumaba la igualdad social, como se manifiesta en el auzolan, entendido de una manera amplia, esto es, como modo de hacer real el trabajo libre, con superación de la esclavitud antigua, la gran lacra que impedía el avance de las sociedades de la Antigüedad europea. A todo ello hay que añadir la matrilinealidad, la igualdad entre hombres y mujeres en tanto que sujetos sociales. La institución de la familia extensa, del etxea, completaba el entramado institucional, junto con la atxolorra, o crianza vecinal y comunal de los niños. Existía, asimismo, como causa y consecuencia de la libertad y la soberanía popular instituidas, una alta calidad de la persona media, y una adhesión a la lengua vasca, en tanto que idioma-cultura con un sistema de valores, un orden axiológico, propio y singular. Porque aquel orden social fue al mismo tiempo una Sociedad de la Libertad, una Sociedad Komunal y una Sociedad Moral.

Bajo el dominio del imperio y el Estado romano esas instituciones no existieron, pero en la documentación escrita, que ya es abundante a partir del siglo X, van apareciendo, en particular el batzarre y el komunal. Si se estudian los fueros municipales, que son transcripciones complejas de algunas formulaciones del derecho consuetudinario oral vasco, se encuentran en ellos. Y ahí está la clave de logros tan decisivos.

Una formación social tan bien constituida en su entramado institucional, en su base económica y en sus fundamentos demográficos, con individuos de alta calidad, no sólo pudo hacer retroceder a los cuatro imperios perversos citados, sino que con su corrección misma otorgó a cada individuo motivos muy sólidos, objetivos y subjetivos, por los que pelear. En consecuencia, probó que era invencible al ser indestructible.

Las instituciones tradicionales vascas, constituidas con el gran movimiento revolucionario bagauda, contienen, en su núcleo o meollo más decisivo, respuestas para los problemas fundamentales de nuestro tiempo. Si se las despoja de sus formas coyunturales, altomedievales, y se las adecua a las condiciones del siglo XXI, sirven para realizar la tarea de refundar la civilización, en la península Ibérica y en toda Europa. Eso fue lo que ya hicieron entonces, eso exactamente, en un complejo y tortuoso proceso de más de medio milenio de duración.

Félix Rodrigo Mora

esfyserv@gmail.com

TEXTO EN EUSKARA

martes, 23 de marzo de 2021

HA SIDO PUBLICADA LA 4ª EDICIÓN DE “LA DEMOCRACIA Y EL TRIUNFO DEL ESTADO”

 

La cuarta edición de mi libro hasta el momento más importante se sustancia en un volumen de 681 páginas, que incluyen un Prólogo a la cuarta edición de 44 páginas, impreso por Editorial Manuscritos. Su precio es de 24 euros. El texto principal no ha sido modificado. La actual impresión contiene un número pequeño de ejemplares, por dificultades económicas personales, boicot de ciertas librerías fascistas de izquierda a mis textos y otros motivos.

El subtítulo del libro es el mismo, “Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizatoria”. Recoge el meollo de mi ideario y proyecto, una revolución política, que establezca un sistema de democracia directa sin aparato estatal y de democracia económica sin capitalismo transnacional y con economía comunal, una revolución axiológica que modifique el régimen moral de la sociedad tanto como el del individuo y un programa para el cambio civilizatorio, que instaure una nueva sociedad, esto es, una etapa superior en la historia y trayectoria de la humanidad.

Estos objetivos son hoy mucho más necesarios aún por cuanto vivimos la marcha, progresivamente acelerada, hacia la autoaniquilación tendencial del orden político, económico y social actual, por derrumbe múltiple del actual régimen social. Pero por eso mismo es una edad de esperanza, ilusión, optimismo y fe en el futuro. Porque toda destrucción de lo viejo es, al mismo tiempo, construcción de lo nuevo. En efecto, lo viejo que está en agonía puede y debe dar el paso a lo nuevo que nace. Y de eso se ocupa mi libro.

La revolución es, sin duda, la solución. Lo es también porque ya no hay proyectos reformadores, ni puede haberlos, debido a que el sistema se ha hecho senil, se ha fosilizado y resulta irreformable, incluso en lo ínfimo.

El libro se ocupa de estudiar la revolución, a partir de las revoluciones del pasado, sobre todo de las perniciosas (la francesa, la liberal española, la rusa, la china, la bolivariana, etc.), para por volteo dialéctico establecer los fundamentos y naturaleza de una revolución positiva, civilizatoria, necesaria, que realice los grandes valores de la libertad, la verdad, la virtud personal, la justicia, la convivencia y la moralidad. Con ese objetivo trata diversos asuntos, no sólo la revolución social sino la revolución individual. La autoconstrucción de la persona, recuperando la cosmovisión propia de la cultura occidental sobre la imprescindible fusión entre virtud cívica y virtud personal.

Porque sin revolución -por libre albedrío- en lo hondo y profundo de la persona, de cada persona, de todas las personas, no puede haber revolución en la sociedad.

Pase lo que pase, y suceda lo que suceda, seguiré trabajando por la revolución. Y esa voluntad de revolución me lleva a establecer estrategias y tácticas, a corregir errores, a investigar nuevas vías, a situarme en el centro mismo de los huracanes sociales, y así hasta realizarla. No importa mucho si eso sucede ahora o dentro de cien años, lo que cuenta es que la revolución tenga lugar, acontezca, e inicie una nueva etapa en el perfeccionamiento de la sociedad y en la magnificación de la persona.

El Prólogo a la cuarta edición corrige errores y supera deficiencias del libro, tal como aparece en la versión original. Su aportación más concluyente es que, argumentando en positivo, ofrece una exposición del programa de la revolución, que es integral o no es. Tal desarrollo de lo propositivo revolucionario es cada vez más necesario, pues a medida que el sistema va mostrando en la experiencia sus incapacidades, disfunciones y contradicciones internas irresolubles, se hace más necesario dar el paso desde la crítica a la propuesta, y desde la propuesta a la acción consecuente. Mucho más cuando ahora sobreabundan las críticas, por lo general demagógicas y fulleras, de manera que es el momento de explicar qué se pretende lograr, y no sólo ni principalmente con que se está en desacuerdo.

Por eso, dicho Prólogo se convierte en un antecedente, en un avance, hacia el “Manifiesto de la Revolución Integral”, un trabajo de síntesis, breve y condensado, que se ha convertido en completamente imprescindible, y que espero tener pronto editado. Éste irá acompañado de un estudio sobre la revolución, que fije las condiciones del cambio revolucionario holístico en las condiciones del siglo XXI, esto es, en un tiempo es que todo el decrépito y monstruoso edificio social actual cruje, se cuartea y amenaza ruina.

La revolución va a ocupar, como acontecimiento y quehacer, todo un largo periodo de tiempo, justamente el que ya ha comenzado con el tremebundo experimento de ingeniería social a gran escala iniciado en 2020 tomando como pretexto la pandemia del covid-19. El blanco de ataque son unas élites mundiales, europeas y nacionales enloquecidas por el exceso de poder, que al mismo tiempo observan, y sufren, que su sistema de dominación y orden económico están aquejados de diversas enfermedades incurables provocadas por sus contradicciones internas, lo que hace a dichas élites aún más dementes y genocidas. Poner fin a su dictadura para establecer un régimen de democracia directa integral es la meta y el objetivo.

Los pedidos del libro en:  esfyserv@gmail.com