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lunes, 22 de abril de 2019

Reflexiones a propósito de las elecciones 2019


  
"El hombre es un lobo para el hombre-oveja,
el verdadero líder huye del liderazgo:
el liderazgo no es más que una reja para el hombre que pretende ser libre.
Es normal que rabie,
el hombre que pretende ser libre no aspira a que le siga nadie"


Según he entendido, las personas van a votar con la esperanza de que los cambios en el gobierno incidan en sus vidas de alguna forma favorable. Veamos primero cuáles son nuestros intereses vitales y analicemos, después, de qué forma el aparato estatal interviene en estos intereses individuales y colectivos.

Mis intereses son poder desarrollar mi vida con cierta creatividad y libertad, junto a otros individuos con quienes quiera compartir algo, creando mis propias condiciones de vida, disponiendo de alimento y techo, gozando de salud, sin sufrir demasiado... Apostaría a que la mayoría de personas tienen intereses aproximadamente parecidos a estos.

Por hacer una diferenciación, diría que hay factores decisivos que intervienen en nuestras vidas que no dependen de lo humano, sino que se deben a acciones en la naturaleza; por otro lado, los demás factores decisivos son antrópicos, provienen de acciones humanas. Es importante que nos situemos porque cuando estamos hablando de democracia, gobierno y Estado, estamos hablando de algo muy humano, sin contemplar movimientos en la naturaleza, como acontecimientos climáticos o acciones llevadas a cabo por otras especies. Se me haría difícil hablar o escribir sobre cualquier cosa concreta sin tener en cuenta que cualquier cosa concreta no está limitada ni se puede clasificar de forma absoluta o aislar de todo lo demás que ocurre en el mundo y en la vida. Luego, tanto si vamos a votar en las elecciones como si no, es importante tener en cuenta qué queremos, y pensar el mundo desde un punto de vista integral, holístico.

Quizá sea eso de la compartimentación del conocimiento, estrategia por excelencia en los métodos oficiales de la enseñanza obligatoria, lo que pone a muchas personas en "modo socio-económico" en "modo psicológico" o en "modo eróticofestivo", etc..., pero nunca acaban de ver sus vidas y el mundo en conjunto. Lo personal es político y lo político es personal, apliquemos el cuento.



La artificialización del poder (y de todo lo demás)

Es muy común leer o escuchar un rechazo frontal hacia la idea de poder desde algunos ámbitos abstencionistas-antiautoritarios. A su vez, desde los mismos discursos, está hoy también de moda el concepto de "empoderamiento". Mientras que el poder es visto como un ejercicio de la voluntad en el que reina la falta de empatía, el despotismo y la competencia con el otro; el empoderamiento surge como recuperación del principio esencial del ejercicio de la voluntad, un ejercicio que no se fija tanto en la confrontación con el otro, sino en la cohesión del propio grupo y en la confianza en uno/a mismo/a.*

*Esta revalorización de los conceptos de poder/empoderamiento también sucedió con el de violencia. Ante la incoherencia de rechazar la idea de violencia cuando es ejercida contra uno, pero no rechazarla cuando es ejercida hacia el enemigo, se revaloriza el concepto y se dice "esta violencia vale, esta no vale", lo cual me parece bien.

Sin embargo, empoderamiento y poder sólo son diferentes puntos de vista de una misma cosa que se han determinado por una necesidad moral de tener la conciencia tranquila. En realidad, el empoderamiento sólo es el proceso por el cual se llega a estar en una situación de poder.

¿Cuándo, entonces, el poder se torna oscuro, malévolo, corrupto? El poder se vuelve corrupto cuando se vuelve antinatural, es decir, cuando se artificializa.

El poder se da naturalmente cuando un mirlo extrae una lombriz de la tierra y se la come, o cuando un lobo amenaza a otro para proteger el territorio donde vive. El poder es la facultad que tiene cualquier cosa para seguir existiendo de la manera que más desea en el encuentro con la otredad. Por lo tanto, donde hay poder, hay separación, hay una diferenciación entre "yo" y "el otro", entre "lo propio" y "lo ajeno", entre "mirlo" y "lombriz", entre "el pueblo" y "las élites", etc... La separación es un estado de la naturaleza como lo es la unión, ambas formas se manifiestan intermitentemente y, sin ellas, no hay vida. Así, tanto si hablamos del "poder de las élites", como del "power to the people", como del "empoderamiento de las mujeres", como del "poder de la naturaleza" estamos hablando de choques de distintas voluntades, de enfrentamiento, de separación, de límites. Y estos estados de separación y de choque forman parte de la vida. Así, soy partidaria de usar el concepto de poder como algo deseable o positivo, no debemos temerle al poder en sí mismo, rechazarlo sería ir en contra de la naturaleza y, por lo tanto, una utopía. Lo que me preocupa es la artificialización de este poder.

La artificialización del poder consiste en mantenerlo forzadamente en el tiempo y en el espacio, en pretender hacerlo expansivo ad infinitum. El poder artificial se basa en el pánico al poder del otro, a la amenaza del otro; se basa, por lo tanto, en el exceso de miedo al daño que nos pueda causar el otro, el poder artificial es una fobia infundada a la muerte (muerte literal o metafórica). El poder artificial es patológico, como todo lo artificial. A diferencia del poder natural, el poder artificial está cristalizado; no es una expresión finita, inmediata, útil en un momento dado, sino la cronificación de un acto reflejo, un disco rayado, alguien cagando eternamente, o una gran cagada infinita.

El problema del poder artificial no es la separación (característica connatural al poder en sí), sino el hecho de que esta separación nunca llega a consumarse. El poder enferma cuando le asusta su propia condición de separación y busca ser unión, y se queda ahí, mandando, y oprimiendo la voluntad del otro, esto es, siendo autoritario.

La artificialización, esa forma que suele tener el ser humano de hacer las cosas desde un tiempo para acá, me parece un síntoma común en cualquier cosa que nos pueda resultar problemática.**

**Así también sucede con la propiedad, cuyo mal no es el mero uso de algo material con cierta exclusividad, sino la formalización de esa exclusividad, el papel sellado y firmado que normativiza esa propiedad natural, es decir, una vez más, el afán enfermizo por mantener algo en el tiempo, la cristalización del uso, la petrificación de las actividades, volver estático lo dinámico, el asesinato del fluir.

He mencionado, como característica por excelencia de la artificialización, el apego a que las cosas permanezcan en el tiempo y en el espacio, esto es, el miedo al cambio natural y espontáneo, y la creación de un sistema de control y organización del cambio (ciencia y tecnología). Otra característica de la artificialización es la comunicación y funcionamiento de la(s) sociedad(es) a gran escala, lo que nos puede ayudar a entender conceptos como el de delegación y el de amiguismo, también muy criticados tanto desde la propia ideología demócrata como desde algunos discursos ácratas.

Cuando vivimos en relación directa con nuestro alrededor y nos sentimos parte de lo que nos rodea, es decir, en una escala reducida de comunicación, de manera que lo que nos rodea no merma nuestra individualidad, sino que la potencia, entonces, delegar ciertas cosas en los demás no es otra cosa que la confianza y el apoyo mutuo, igual que otros delegarán cosas en nosotros mismos y las haremos con gusto. Cierto grado de especialización es deseable, ya que cada uno, en su particularidad, hace lo que mejor se le da. Estos factores convivenciales que parecen de Perogrullo y se tornan muy obvios cuando los vemos a pequeña escala, se vuelven irremediablemente corruptos cuando inserimos nuestras vidas en un sistema global a gran escala. La comunicación entre humanos a gran escala sólo es posible con la artificialización de nuestras vidas y de nuestro entorno, es ahí donde los conflictos devienen grandes problemas irresolubles, imposibles de solucionar por su propia condición intrínseca de la globalización. La tecnología, que es la herramienta por excelencia de la artificialización, siempre acarreará conflictos interminables en nosotros, porque nuestra condición animal biológica está hecha para la vida en grupos reducidos.***

***Vivir en una escala reducida de comunicación no significa dejar de ser conscientes de lo que está alejado de nosotros. Al revés, una consciencia del aquí y ahora revierte en una mayor comprensión del todo. Lo mismo pasa con la historia: no es a través de la comprensión de los procesos históricos como llegamos a entender el presente ­uno de los axiomas del progresismo-, sino que sólo con una comprensión del presente podemos llegar a entender la historia (hecho este que escasea en las aulas universitarias).  ...De igual forma no podemos amar a los demás sin amarnos a nosotros mismos: lo concreto y lo accesible es nuestra puerta de acceso al conocimiento.

Cualquier sistema de gobierno global está condenado al conflicto permanente, o a la muerte del ser humano como tal.

Con el amiguismo y el enchufismo pasa lo mismo que con el delegacionismo. Veamos, ¿a caso es raro o malo que prefiera que mi abuelo me haga un masaje en los pies a que me lo haga Rajoy? ¿A caso no es connatural en mi forma de ser preferir confiar en ciertas personas, quererlas, ofrecerles lo mejor y delegar en ellas algunas tareas, en lugar de hacer eso con otras personas a las que considero ajenas a mi? Algo tan bonito y natural como tener amigos y hacer cosas con ellos sólo se puede convertir en un acto despreciable cuando se trata de los amigos de los demás uniéndose en mi contra. Tenemos que admitir esto. Si nos parece mal que la mujer de Fulanito obtenga tal cargo político porque Fulanito la ha enchufado, ¿no será a caso porque desconfiamos de Fulanito, porque lo vemos como alguien ajeno a nosotros? Entonces, ¿para qué votas a Fulanito? Si realmente consideraras a Fulanito como alguien de tu grupo social, no te importaría, a priori, que él mismo eligiera libremente relacionarse con quien quisiera para llevar a cabo sus actividades, incluso si esas actividades afectan colectivamente. Así pues, el problema del enchufismo no es la unión con el otro para hacer algo, sino la separación y la desconfianza hacia las personas que se unen, antes de que se unieran, por pensar que pueden estar en contra de mí.

"Donde no hay amor,
la ley encuentra su morada"

A partir de cierta cantidad de personas, la comunicación directa es imposible y, por ende, la confianza y la coherencia del grupo tiende a dividirse. Sólo una división real, asumida por todos, puede aliviar la tensión provocada por la artificialización. La unión forzada de humanos mantenida por el poder artificial convierte lo natural de las relaciones humanas (relaciones de afecto, reparto de actividades, etc.) en elementos de corrupción (enchufismo, delegacionismo, etc.). Una división real no significa otra cosa que cada uno siga su camino.

Hasta aquí he tratado de reflexionar sobre algunas cuestiones profundas que afectan al sistema de organización demócrata, entendiendo la democracia como un funcionamiento propio de sociedades con comunicación indirecta a gran escala, y que implica un poder artificial. La "democracia directa", que a mi modo de entender, pretende subsanar los inconvenientes del poder artificial y de la comunicación indirecta (representatividad), no podrá jamás superar dichos obstáculos mientras siga llamándose democracia. Se podrá llamar, quizás, poder consuetudinario, organización comunal, organización informal, familia, o crew, por dar algunas ideas.

No obstante, además de estas cuestiones profundas, también hay circunstancias menos profundas, más materiales, de las que hablar en torno a la democracia.



"Por lo expuesto concluimos que la democracia
no es el gobierno del pueblo, sino el baile de máscaras
tras el que se esconde la dictadura del capital"


La democracia es un espectáculo

Hoy por hoy, la democracia es un espectáculo cuyo único fin es ocultar verdaderas acciones a gran escala llevadas a cabo por personas y grupos con mucho poder, es decir, capaces de movilizar a su antojo grandes masas de individuos y de recursos. Me refiero a organizaciones desde la Comisión Europea hasta el Vaticano pasando por la Planned Parenthood y cualquier otra mafia financiada por la familia Rothschild o por quien sea. Ni el periodismo de investigación más apasionado podría desentrañar y sacar a la luz los oscuros tejemanejes de las élites en el mundo globalizado actual. Las actividades de esta gente afectan directa e indirectamente a la práctica totalidad de personas en el mundo, en todos los ámbitos de la vida, y no sólo al mundo humano sino también al resto de la naturaleza. Tráfico de personas, de niños, provocación de grandes migraciones, destrucción de bosques, contaminación de aguas y de tierras, enfermedades, torturas de todo tipo, guerras, manipulación genética de organismos con la consecuente destrucción de ecosistemas, manipulación deliberada del clima... cualquier cosa que pudiera hacer un niño malcriado y cabreado jugando con muñecos, pero a gran escala y en el mundo real.

Cada uno de nosotros concede esta capacidad de poder artificial a estas personas. ¿Lo hacemos mediante la democracia, a través de las elecciones? No. Lo hacemos con nuestras acciones diarias, participando en los planes que ellos han diseñado para nosotros, formando parte del sistema, regalando nuestras vidas, ya no a un colectivo cualquiera, sino al gran colectivo de la organización mundial. Lo hacemos cuando trabajamos, cuando compramos o alquilamos cualquier cosa –desde comida hasta una casa–, y cuando usamos las herramientas tecnológicas complejas de comunicación global. Ese es nuestro verdadero voto. Por lo tanto, la democracia es una cortina de humo entre yo y la organización mundial de la sociedad. Una cortina de humo hacia la que todos miran y en torno a la que todos debaten aumentando audiencia y visualizaciones. ¿De verdad tenemos que seguir hablando de las putas elecciones? Sería preferible que sopláramos para apartar el humo... y que vuelen todas las papeletas.

La democracia no es sólo el teatro en el que erróneamente situamos los acontecimientos sociales. No es "un mal menor" y mucho menos una oportunidad para intervenir en la organización mundial de la sociedad. También es una herramienta multifuncional de control social.

Hace poco escuché una observación muy interesante a cerca de las elecciones: pueden servir como encuesta; el voto es un test para comprobar cómo ha afectado la propaganda y cuáles son los pensamientos aproximados de los votantes respecto al mundo y la sociedad. Cualquiera de nosotros saca conclusiones sobre la ideología de la gente en base a los resultados de las elecciones, más aún lo harán personas que se dediquen a ello profesionalmente (que estén dispuestas a vender sus observaciones) y, por lo tanto, estas conclusiones pueden servir como herramienta para la ingeniería social.

Se nos bombardea tediosamente con propaganda a favor de la democracia. Por ejemplo, se nos dice que el voto para la mujer es un gran avance positivo. Con este axioma, se busca que centremos nuestra atención en el asunto del feminismo, olvidando que el sufragio en general no es ningún avance positivo, sino un recorte en nuestras libertades individuales y colectivas directas sobre nuestro entorno. Ya lo dijo Prado Esteban, que el sufragio universal fue la segunda catástrofe, siendo la primera el sufragio universal masculino.

También está generalizada la idea de que no votar tiene como consecuencia lógica que no deberías poder "quejarte" o querer intervenir en la vida política, vaya falacia... Es precisamente cuando votas, respaldando el sistema demócrata, cuando, para no caer en contradicción, no deberías poder cuestionar después las dinámicas que se generan de ello, tanto a nivel concreto del partido que has votado como, sobre todo, a nivel general de toda esta forma de organización.

Nunca antes un gobierno había tenido tal facilidad para inmiscuirse en nuestras vidas. Aunque la expresión del poder artificial ha podido ser más ruda y más violenta en otros momentos de la historia y en otros lugares, actualmente no es sólo la violencia, el autoritarismo y la coacción lo que nos sobreviene, sino el hecho de que ya no quedan rincones del mundo a los que escapar de este poder. Resulta complicado vivir sin disponer de un "carnet de identidad", símbolo de nuestra condición de esclavos, y todavía resulta más difícil vivir sin actuar como tal.

Así pues, cualquier tipo de "lucha parlamentaria" no es más que un baile de máscaras con nuestros verdugos. Votar, lo que es votar, no tiene mucha importancia, calculo que tiene más o menos la misma repercusión social que ir al cine multisalas y pagar 10 euros por ver el último estreno de Hollywood, quizá lo segundo tenga más repercusión que lo primero...


Conclusiones

Mientras sigamos otorgando credibilidad y dando fuerza material y psicológica a este funcionamiento basado en la ajenidad, en la unión forzada entre individuos y grupos que, naturalmente, se separarían, y mientras lo hagamos no sólo acudiendo a las urnas sino con nuestros actos cotidianos, entonces, seguiremos sintiéndonos víctimas de la autoridad de otros, o en lucha permanente contra lo ajeno.

Potenciar nuestro mundo concreto tal y como lo queremos y fortalecer nuestra individualidad y nuestro aquí y ahora es el único principio favorable a la libertad. Mientras la mayoría piensan en ello, otros ya lo han llevado a cabo en la medida de sus posibilidades, a lo largo de la historia y en todos los rincones del mundo. Tú decides.

"Sé que mi vida está en venta pero intentaré robarla"


Jamelia Davidson
21 de abril 2019


viernes, 19 de abril de 2019

VOX, LA IMPORTANCIA DE LO INSIGNIFICANTE

Por su interés y calidad, junto a este artículo, publicaremos una serie de cuatro relativos a la maniobra política de Vox, elaborados por nuestro amigo Fernando García en el último año.


I. VOX, LA IMPORTANCIA DE LO INSIGNIFICANTE

La diferencia entre Vox y el resto de partidos es aparente, porque nada sustancial les diferencia. Todos ellos defienden el régimen oligárquico y su estructura estatal-capitalista, la misma falsa democracia, la misma corrupción sistémica. La mayor afectación la padece la facción de la pequeña burguesía que se autodenomina de izquierdas o “progresista”, que ya está agitando el espantajo de la lucha antifascista, su clásica maniobra distractiva, la que le sirve para tapar su propia descomposición, su propia deriva hacia un neofascismo "democrático". Como si Vox fuera su problema y no su producto, como si la irrupción de este partido no fuera el pus que rezuma la propia putrefacción del sistema en su conjunto. Vox es un partido más, igual a los demás en lo esencial, sólo se significa por su rudimentario lenguaje populista y su estética de hinchada fachofutbolera, nada nuevo, nada sustancial lo diferencia del resto de partidos que sostienen al régimen heredero del franquismo.

La oligarquía que controla el Estado tiene desmadrada a su pequeña burguesía encargada del aparato político, no logra superar su estado de crisis crónica y ello le impide poner orden en sus huestes subordinadas, está sucediendo en toda Europa y en América. Están inmersos en una operación agónica, terminal, que no tiene solución, que sólo intenta ganar tiempo para recomponerse, un tiempo que ya no tiene porque lo ha gastado por adelantado en estos tres siglos de crédito a la revolución burguesa, cuando su “modernidad” es un barco que hace agua por todas partes.

Va llegando el momento de que la abstención (estérilmente mayoritaria en Andalucía) pase a ser activa y revolucionaria, autoorganizada como Pueblo, al margen y contra el Capitalismo y su Estado. La clase obrera tuvo su oportunidad, que los partidos y sindicatos “de clase” tiraron por la borda, inoculando en las masas proletarias su materialismo histórico, su ideología originalmente burguesa, funcional al proyecto economicista y consumista de las oligarquías capitalistas. Así, la ideología “de clase” se hizo funcional al poder capitalista, interesado en naturalizar la lucha de clases, en institucionalizarla como conflicto “naturalmente democrático”. 

Este es un siglo resabiado y escarmentado, en el que ya no cabe la ideología de clase ni ninguna otra ideología identitaria. La complejidad hiperpolítica, hipertecnológica e hiperfinanciera del mundo que vivimos se nos ha ido de las manos y está a punto de hacerse añicos. Puede que entonces el campo de batalla quede despejado en toda su simplicidad, sólo quedará el Pueblo frente al Estado, autonomía frente a heteronomía, autogobierno (democracia integral) frente a dominación y sumisión. Este siglo XXI es el de la revolución democrática integral, local y global, personal y popular, ética, ecológica y comunal, la tarea civilizatoria que tenemos por delante es descomunal, será necesario construir el sujeto de la revolución necesaria, un sujeto convivencial, simultáneamente individual y comunitario, un individuo constructor de comunidad y viceversa. Pueblo, Estado y Democracia conforman un triángulo imposible, en el que sobra una de las partes...hasta ahora el Pueblo es el ausente. La revolución integral consiste en que sobre el Estado, el aparato de dominación de las oligarquías capitalistas, el que nos ha traído hasta el borde del abismo. Cada individuo consciente está llamado a su propia reconstrucción, a realizar su propia desinfección y consecuente desconexión del sistema, está llamado a ser sujeto de la revolución hoy necesaria, a construirse en comunidades convivenciales y radicalmente democráticas, ese sujeto es quien puede acabar con el sistema de dominación.

No me extraña que se le de tanta importancia a la irrupción de Vox, porque ésta es insignificante y precisamente de eso trata hoy la política: de lo insignificante.


miércoles, 10 de abril de 2019

PODEMOS-VOX: Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado.




Cuando el circo democraticista del Estado nacionalista capitalista español se encuentra en su momento más culminante con el inicio de la campaña electoral para las Elecciones Generales a Cortes españolas de abril/2019, conviene realizar una breve reflexión que sitúe “los pies en la tierra” de semejante carnaval, y que mejor que hacerlo sobre aquellos partidos que dicen pretender soluciones desde la raíz. Ello nos lleva lógicamente a la evaluación/comparación de aquellas fuerzas políticas “radicales” que tratarían de abarcar los llamados “extremos” del espectro electoral: Podemos-Vox.

En 2014 Podemos era ya una fuerza política organizada, con una amplia base social, y con un Programa, dispuesto para cubrir la posible quiebra del sistema de poder a raíz de la experiencia del 15M, sobre todo, por su parte espontánea y hasta cierto punto, revolucionaria.

De hecho, desde sus mismos inicios, desde la cosmovisión de FRM, se hicieron los análisis pertinentes que pusieron al descubierto la naturaleza reaccionaria del fenómeno Podemos, entendido básicamente como una propuesta de “emergencia” de los poderes facticos del Estado español frente al desgaste del modelo político vigente, y para que contribuyera de forma efectiva al control social ante rasgos de una crisis que el sistema partitocrático vigente no alcanzaba a solucionar. Vimos en ese momento que sus propuestas no eran más que un intento de racionalizar el Estado, tratando demagógicamente de conciliar un Estado racional, según el modelo burocrático de dictadura “blanda”, modelo chino, con el Estado de bienestar, como fórmula de integración de los movimientos sociales. También planteábamos que, sociológicamente, este grupo de poder centrado en Podemos representaba los intereses de clase media de una juventud que, en el curso de la crisis, perdió gran parte de las expectativas que un día tuvieron sus padres: más empleo y posición[1].

Hoy, en 2019, comprobamos como aquellas predicciones se han cumplido: de crítica a la “casta” y a la corrupción, vemos cómo sus dirigentes han pasado a colocarse en el sistema de poder, derrochando una vida de lujo. Cómo las luchas internas por el reparto del “pastel” está llevando a la organización a una descomposición acelerada y a la creación de “reinos de taifas” donde cada “líder” pretende para sí, y su grupo de allegados, las cuotas de poder y privilegios que creen se merecen por pertenecer a esa “nueva casta”. Además, llevan dos años ansiosos por entrar en funciones de ejercicio del poder estatal, proponiéndose continuamente al partido que por “Turno” toca dirigir la política del Estado, el PSOE. Así, frente al “programa”, racionalista y demagógico de 2014, hoy nos presentan una alternativa “realista” en que ya dejan atrás la fraseología radical de crítica a la transición, constitución del 78, el PSOE-GAL, etc…, para pasar abiertamente a defender una puesta al día del Estado, asumible por el bloque de poder actual, y con perspectivas de éxito electoral como buen “escudero”  del PSOE.

En los dos programas publicados para las elecciones 2019[2], el general, y el llamado constitucional, descienden a un “realismo” tan pro-estado y pro-capitalista que podría ser asumido por cualquier partido constitucionalista de izquierda o derecha, en una palabra: racionalización del Estado nacionalista y capitalista español. En concreto, en el programa general, hacen una defensa del régimen actual con una batería de medidas orientadas hacia la salvación del sistema vigente de poder y del capitalismo: legicracia para el control poblacional (política de género, inmigración, mejor integración en el bloque imperialista occidental europeo, desarrollo e implementación de la tecnología para la restitución de la productividad del trabajo y la mejor y efectiva explotación de los seres humanos (Internet, trenes, autopistas, energías “renovables”, vehículos eléctricos, etc.), y mucho impulso por el Estado de todo ello a través de leyes y subvenciones. En definitiva, contribuir en la medida de sus “posibilidades” a “mejorar” la destrucción de los seres humanos y del medio natural. Además, con una contribución que pretenden “esencial” para el “encauzamiento” de la “cuestión nacional”, haciendo de intermediario con el nacionalismo “radical” catalán y vasco, para que traguen con la “resolución democrática viable al conflicto de Cataluña y del País Vasco”, esto es, lo que ya viene pregonando el mismísimo “Jefe de jefes”, Felipe González[3]: la solución federal para el Estado nación español, en la forma malabar de un Estado “Nación de naciones”[4]…Pero cuando vemos el programa “Constitucionalista” de Podemos, es ya aberrante. Las propuestas son simples frases demagógicas en las que se combinan las políticas inclusivas (feminismo de Estado), más Estado de bienestar engaña-bobos, pero sobre todo defensa del Estado nación español, y de sus pilares esenciales: Ejército, Monarquía, Capitalismo, y adoctrinamiento democraticista brutal, de tal forma que ahí se concilie toda la gama de ideologías del democraticismo burgués imperante, y cómo: inculcando la carta magna en el conjunto de la población…desde la niñez.

Lógicamente, todas las vendidas y fechorías de Podemos en estos últimos cuatro años no podían pasar desapercibidas, incluso para sus propios allegados, y hoy tenemos un desgaste político y de credibilidad evidentes que está haciendo que ese prometido “Titánic” se encuentre haciendo aguas por todos los lados, y que su nivel de audiencia vaya bajando a niveles incluso insospechados por los más pesimistas. Su conversión en “new-casta”, el espectáculo de sus lucha fratricidas por el poder interno, y en particular, las políticas de “ingeniería social” destinadas a destruir la cohesión social con las políticas de género, de inmigración, eutanasia y demás aberraciones destinadas al proceso de interés estratégico del Estado de exterminación de pueblos y culturas de la península ibérica, están haciendo ya necesario que el propio Estado ponga en circulación nuevas alternativas políticas destinadas a abarcar el conjunto de espectro social, incluyendo a “masas descontentas”, con esta política exterminacionista. Esta es la esencial del “fenómeno” de Vox[5]. Si vemos su programa general, como aquellas medidas “claves” que ha presentado[6], además de su simpleza y tosquedad, en el fondo no es más que un intento de “tapar” aquellos agujeros en forma de crisis de credibilidad del Estado como consecuencia de la política agresivamente antihumana puesta en práctica por la izquierda PSOE-Podemos.

Sabemos, por la experiencia histórica, en general, y particularmente por la del propio Estado español, que a pesar de las estrategias diferenciadas entre las elites que dan lugar a la Guerra Civil 1936-39, existe unidad histórica entre las elites mandantes, pero no necesariamente estratégicas, y de ahí surgen conflictos, que a veces son antagónicos y armados, pues dependen de las afinidades ideológicas e interés internacionales diferenciados. Hoy observamos que los partidos “escobas” del sistema, que van recogiendo los “flecos” no integrados en los partidos-Estado, también responden a interés estratégicos internacionales, según cada circunstancia. Ya sabíamos de la financiación de Podemos por la Venezuela “revolucionaria” de Maduro, de acuerdo a los intereses también estratégicos de las superpotencias rusa y china, y además de la financiación iraní, responsable de su implementación mediática. Ahora resulta que también Vox se encuentra financiada internacionalmente por EEUU, a través de una organización de “oposición” al régimen iraní (financiada y potenciada por los EEUU), el llamado Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), curiosamente fuerza marxista-islámica en sus orígenes[7].

Por todo ello, lejos de dejarnos confundir con “acontecimientos” políticos, como la irrupción de Vox, que solo está sirviendo para mejora las expectativas de éxito electoral del tándem PSOE-Podemos, la realidad que se esconde detrás es la misma que la buscada con Podemos: 1) Favorecer la apariencia de cara a la galería y al circo mediático de que Vox es una fuerza “radical” de “extrema derecha”, cuando en realidad es simplemente el “ala derecha” del PP, defendiendo el marco constitucional monárquico, españolista y capitalista como el que más[8]. 2) Con la irrupción de Vox en el sistema partitocrático y parlamentarista, se da credibilidad al sistema como prueba de que en este “puchero” todas las opciones políticas tienen cabida. Y 3), Todas sus propuestas programáticas, salvo las clásicas demagógicas destinadas a la “España profunda” de bandera, monarquía, toros y policía… y anti catalanismo y vasquismo, por supuesto, no son más que “políticas de reacción”, según el modelo neonacionalista de Trump, y que se inscriben en el marco de las medidas de racionalización del Estado y del capitalismo en que está embarcado el bloque imperialista occidental, en declive, para hacer frente a la inevitable expansión del gigante imperialista chino.

Karlos Luckas (publicado en CONCIENCIA, LIBERTAD Y REVOLUCIÓN INTEGRAL)

[8] Al menos el falangismo de José Antonio, como fascismo de los años 30 del siglo XX, era anti partido y anti sistema parlamentario y, aunque ambiguamente, anti-monárquico.