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miércoles, 18 de enero de 2017

¿QUÉ HARÁ TRUMP? (y III)

¿Será Trump proteccionista? Los dogmáticos del libre comercio y la mundialización no desean ver los problemas tan colosales que está creando todo aquello en los países industrializados. La globalización de la economía hace que los países ricos se vuelvan más ricos y los pobres más pobres, y que los pobres de los países ricos se hagan casi tan míseros como los de los países pobres. Una muestra de ello es Alemania, que se ha hecho poderosísima económicamente gracias al desarme arancelario propio de la UE, mientras que España y los otros países medianos cada día están más debilitados[1]. ¿Pasará Trump a “proteger” la industria nacional con medidas eficaces? A mi entender lo hará sólo de manera puntual y muy insuficiente, pues la economía mundializada, en la que una empresa adquiere sus componentes en docenas de países, vende sus productos a otras varias docenas e invierte sus ganancias a muchos otros, no lo permite. Es este un asunto sin solución dentro del capitalismo. Por tanto, los salarios de los países ricos, junto con la totalidad de sus condiciones materiales de vida, seguirán descendiendo hasta equipararse a los de la mano de obra de China, India, Bangladés, etc. Es lo que se ha llamado la instauración del modelo chino de economía en todo el planeta. Para imponerlo en España ha sido creado Podemos desde arriba. La transición puede quedar culminada en unos quince años.

La mundialización del par formado por la gran empresa y el Estado es un acontecimiento que está por encima de lo que Trump y el aparato de poder yanki puedan planear y realizar. Sólo una gran revolución popular integral será capaz de situar lo local, lo próximo y cercano en el centro de la vida de los seres humanos. EEUU es el país más beneficiado por la mundialización, así que ¿se va a oponer a ella retornando a proteccionismos decimonónicos y a nacionalismos del siglo pasado? El futuro deseado por las minorías con poder es un planeta sin fronteras para que quienes mandan puedan hacerlo desde un solo centro de poder, en el imaginario de la aristocracia de EEUU situado en su propio país. Por eso han diseñado un mundo con una economía globalizada y un Estado-Estados unificado, con el inglés como lengua y el islam como religión. Sólo la lucha de los pueblos puede evitar que ese proceso culmine y que luego sea revertido en lo que haya avanzado.

¿Expulsará masivamente a los emigrantes y levantará un muro con Méjico? En este asunto la hipocresía del progresismo es ilimitada, pues quien realmente alzó el muro, que ya existe, es Bill Clinton, a la vez que Obama ha deportado entre 2 y 3 millones de inmigrantes en cada uno de sus dos mandatos. La creencia de que “la extrema derecha” y “el fascismo” son contrarios a la inmigración es una de las muchas mentiras oficiales en circulación. Los nazis llevaron a su país unos 7 millones de trabajadores extranjeros, entre prisioneros de guerra y voluntarios de países amigos u ocupados, y gracias a ellos, a los emigrantes, mantuvieron abastecida hasta el último día su máquina de guerra. Es básico saber que aquellos que emigraron voluntariamente a Alemania a trabajar fueron considerados como colaboracionistas con los nazis, y tratados como tales a todos los efectos. Lo cierto es que ningún país capitalista puede dejar de expoliar mano de obra a los países pobres pues en ello radica lo fundamental de su prosperidad. Los defensores de la emigración se sitúan en el mismo lugar que los antiguos traficantes de esclavos. Y en el mismo lugar que los nazis, que llenaron Alemania de emigrantes para fortalecerse, hacer la guerra y realizar la prosperidad del capitalismo germano.

Trump en esto será continuista con Obama. Hará con estruendo y fanfarria, para satisfacer a sus electores, lo que aquél hizo de tapadillo e hipócritamente. Probablemente, regule con más rigor el flujo de la mano de obra, adecuándola a las necesidades de la economía, pero expulsar de forma expeditiva a los emigrantes es algo impensable e imposible, que nadie desea ni demanda, salvo si se pretendiese paralizar y arruinar al país.

Lo mismo cabe exponer del supuesto “racismo” de Trump. Teniendo en cuenta que los negros están sobrerrepresentados en el ejército y los cuerpos policiales, siendo una parte decisiva de ellos, y considerando que el imperio necesita ahora más que nunca reforzar los aparatos castrenses, ¿va a implementar el nuevo presidente una medida tan debilitante del orden militar yanki como la de marginar a las minorías étnicas? Tales acusaciones son paparruchas calumniosas sin base. Lo mismo puede decirse del carácter “misógino” de Trump. El ejército depende en buena medida de las feministas (explícitas e implícitas) que se han alistado, y la economía del país se sirve, por encima del 50%, de mano de obra femenina, así que en esto también habrá continuismo. Lo que sí es probable que haga Trump es parar los pies a los racistas negros, que se han ganado el aborrecimiento general, incluidos los negros decentes, no racistas, que se sienten indignados con el rápido enriquecimiento de los primeros gracias a su discurso victimista, rebosante de revanchismo, ignorancia y locura, el cual desacredita y daña a la totalidad de la comunidad negra. Cuando negros y mujeres son una parte conspicua de los altos funcionarios, los mandos del ejército, los jefes de la policía, las estrellas de la industria del entretenimiento y la elite empresarial creer que se pueden aplicar criterios de principios del siglo XX es equivocarse del todo.

Lo mismo hará, seguramente, con el feminismo, que al enfrentar a hombres y mujeres socava la unidad nacional, necesaria para librar la gran guerra contra China, además de que la sinrazón neo-nazi y neo-patriarcal del feminismo ha tocado techo y la gran mayoría de la población, sobre todo las mujeres, espera que reciba su merecido. Pero el feminismo le es imprescindible al sistema de dictadura vigente, para poder enfrentar a hombres y mujeres, lo que es parte sustantiva del aparato de dominación. Si el islam es el más eficaz régimen de dictadura y liberticidio de la historia de la humanidad se debe en gran medida a la segregación radical por sexos que realiza, aunque es verdad que eso tiene costos económicos formidables, lo que tiende a explicar la pobreza y atraso de las actuales sociedades islámicas sin petróleo. Por tanto, el feminismo, en tanto que neo-funcionariado espléndidamente financiado por el poder constituido, continuará en sus labores de enfrentamiento y escisión en EEUU (y en Europa), aunque inicialmente Trump quizá le embride y contenga un poquito. Lo cierto es que está tan corrompido, enfrentado con las clases populares y vacío por dentro que si le quita aunque sólo sea una parte de las prebendas y subvenciones se vendrá abajo. Y eso no es bueno para el sistema. Para Trump tampoco.

El peligro para las mujeres no viene tanto de Trump como de la alianza, ya existente de facto, entre feminismo e islam. La islamización de Occidente, de realizarse, no llevará a enterrar a las mujeres en el hogar, o en el harén, sino a usarlas como mano de obra esclava, o semi-esclava, en fábricas y empresas especialmente preparadas para ellas, como ya se está empezando a hacer en Arabia de los Saud. Esas factorías concentracionarias de siervas con velo, obligadas a realizar jornadas de trabajo agotadoras en unas condiciones laborales espantosas y a cambio de salarios que controlarán sus maridos o autoridades masculinas pertinentes, resultarán de la islamización de la UE, dirigida por una mujer, la alemana Ángela Merkel. Hoy el islam es superestructura de un capitalismo muy agresivo, de manera que hará con las mujeres lo que aquél requiera y necesite, aportando, sin duda, el toque sangriento del patriarcado más severo.

Las mujeres de las clases populares de EEUU y la UE son las perdedoras netas en todas las operaciones en curso entre las superpotencias. Por eso tienen que ser ellas, las mujeres, las que estén en la primera fila de la resistencia, la movilización y la acción ofensiva. En la clase mandante occidental hay ahora una duda, una vacilación, sobre si retornar al viejo patriarcado bajo nuevas condiciones, con la islamización/fascistización, o establecer definitivamente un nuevo patriarcado a cargo del Estado feminista. Pero también puede escoger una fusión de ambas opciones, en realidad muy próximas. Trump no se ha definido hasta ahora sobre esta determinante cuestión, pero en los próximos años veremos qué sucede.

¿Reducirá Trump el volumen del Estado y limitará el gasto estatal? En esto ha sido muy ambiguo y cauteloso siempre pero la situación indica que no lo hará, más bien al contrario. Sí se ocupará de reestructurar la forma concreta de efectuar dicho gasto, intentando que sea más efectivo y reduciendo en algo el parasitismo, pero con medidas cuyos efectos prácticos serán insignificantes o nulos. El Estado de EEUU necesita más y más poder, en el interior y en el exterior, de manera que los costes y gastos de dominación continuarán creciendo. Quienes se dicen liberales, muchos de los cuales respaldan a Trump, son tan hipócritas como los estatólatras de la izquierda, pues no puede haber contracción del volumen y el costo del ente estatal sin aceptar que su capacidad para dominar a las clases populares tiene que empequeñecerse. Los liberales nada dicen sobre disminuir la policía, bajar los gastos militares o renunciar a rescatar a las grandes empresas privadas en bancarrota, de manera que deberían poner sordina a su demagogia.

Roma (y el imperio romano por tanto) pereció cuando la expansión del Estado llegó a ser tan colosal que la sociedad ya no podía hacer frente a unas cargas fiscales y tributarias descomunales, ni con personas (mano de obra y soldados) ni con bienes. EEUU transita por el mismo camino. Para vencer a China tiene que expandir los gastos militares, improductivos económicamente, lo que pudre y malea su economía, pero sin imponerse bélicamente al país asiático no puede mantenerse como gran potencia planetaria, tampoco en lo económico. Esa es su contradicción interna fundamental y su tragedia.

¿Resolverá Trump lo que se ha llamado “el desastre fiscal de Estados Unidos”? No lo creo, pues el endeudamiento continuado del ente estatal es la medida de su capacidad creciente para mandar y dominar, para imponer y reprimir, para adoctrinar y manipular. Puesto que nadie, en las alturas del poder, desea que el Leviatán dé un paso atrás, los gastos seguirán creciendo y creciendo, al mismo tiempo que la base productiva de EEUU mengua, sobre todo en términos reales, porque cada vez pesan más en el cálculo del PIB las actividades especulativas, puramente financieras y nominales, que no son riqueza verdadera. Así pues, si los ingresos declinan y los gastos aumentan, en particular para militarizar la sociedad, las cuentas del fisco no van a mejorar, todo lo contrario. EEUU, su ente estatal, seguirá gastando mucho más de lo que ingresa, mucho más.

Ciertamente, aún no sabemos cuál será la estrategia que va a seguir EEUU para librar la guerra con China. Quizá el asunto se aclare en los próximos meses. Lo que sí podemos tener por seguro es que Trump va a militarizar EEUU, no sólo reforzando y ampliando el aparato castrense sino organizando militarmente la vida social toda.

¿Invertirá Trump en infraestructuras? Sí, porque en esto EEUU está bastante mal. Pero sólo lo mínimo necesario para que el país no se colapse. ¿Podrá evitar una nueva crisis económica, que será devastadora? No, y tal crisis llegará en unos pocos años, seguramente bajo su presidencia. ¿Será policialmente represivo? Sin duda, mucho o muchísimo, de tal manera que la lucha contra la represión y el Estado policial tiene que ser una de las actividades populares más comunes, aunque no dentro de la línea del progresismo burgués sino desde el proyecto de revolución integral. ¿Pondrá coto a la demencia que convulsiona a las universidades, convertidas en bastiones del totalitarismo y fascismo progre? Veremos. Quizá sí, algo. El universo académico es hoy el centro de la reacción, el espacio de las jaurías, donde se organiza la agresión permanente a las clases populares. Las universidades crean muy poco, y las cátedras entregadas a las religiones políticas hace bastantes años que no suministran más que consignas, amenazas, llamamientos a censurar, violencia y gritos de odio. Se han quedado, además, anticuadas y seniles, atrapadas en una fase estratégica previa, de las que alguien debería sacarlas.

Conviene enfatizar que si el problema central es la degradación de la persona, el sujeto agente causal es el poder constituido, que lleva más de medio siglo entregado a la tarea del envilecimiento y encanallamiento programados de los individuos de las clases populares. La conversión forzada a la maldad, en todas sus formas, de la gente de la calle, de las masas, ha permitido al poder constituido USA acaparar un grado de dominio descomunal. Pero ahora, dos generaciones después, los seres nada que ha construido ya no sirven para las tareas de sostenimiento del poder del Estado y la buena marcha de los negocios. Al destruir al pueblo se ha destruido a sí mismo. ¿Hará algo Trump para mejorar la calidad de la persona media en EEUU? Probablemente sí, conforme a sus fines. Pero no podrá lograr resultados concluyentes ni estables, pues ha sido sobre todo el Estado, el Leviatán bíblico, quien ha demolido y encanallado al individuo, de modo que la causa del mal no puede ser su solución.

El ente estatal, llevado por la lógica de maximizar su poder de mandar y dominar, segrega constantemente factores de descomposición de la comunidad popular y del individuo. Por eso no puede haber una vida moral bajo su dictadura, ni puede actuarse éticamente, ni hay lugar para una existencia sustentada en valores trascendentes. Y cuanto más poder tiene el Estado mayor es la degradación del pueblo. Trump ni siquiera se ha referido a la recuperación moral de la sociedad estadounidense… Pero sin una revolución ética que acompañe y complemente al resto de los cambios objetivos y subjetivos necesarios no puede haber superación del actual estado de cosas.

Hemos llegado al final. No nos quedemos en la pregunta, “¿qué va a pasar?” sino que demos un paso más y nos hagamos también esta otra, “¿qué voy a hacer?, ¿qué vamos a hacer?”. Responder a estas últimas preguntas demanda diseñar toda una estrategia. Lo haremos.
Fin


[1] El fullero auge y engorde del país de Ángela Merkel a costa de los más pobres de la UE es descrito en “La paradoja del poder alemán”, Hans Kundnani. Si los países menos favorecidos no encuentran algún procedimiento para liquidar tal estado de cosas su futuro es dudoso. Así, la tentación proteccionista se vuelve muy fuerte, junto con la de abandonar la UE…

martes, 17 de enero de 2017

¿QUÉ HARÁ TRUMP? (II)

        ¿Qué es lo que no agrada y no desea de la clase trabajadora actualmente existente a los poderes políticos y económicos en ejercicio en EEUU? Dos cuestiones, su rebeldía frente a los poderes estatales y su resistencia a admitir las nuevas formas de salariado, cada vez más degradadas en tanto que trabajo. Con la revolución de las comunicaciones y la revolución de los transportes las minorías mandantes disponen de la posibilidad de realizar uno de sus más decisivos sueños seculares, dotarse de unas clases subalternas completamente serviles de forma estructural en lo político, lo religioso, lo ideológico, lo laboral y lo económico. Para ello buscan la extinción de las existentes hasta ahora, su liquidación física como forma de eliminación de una determinada cosmovisión, la que emerge en Europa Occidental de la revolución altomedieval, según el dicho de que “muerto el perro se acabó la rabia”.

         La meta es sustituir a esa clase, el viejo proletariado estadounidense, por inmigrantes, tan aculturados, atomizados, aterrorizados, desestructurados y desorganizados (como grupo y como personas) que se adapten dócilmente a las nuevas formas mega-degradadas de salariado, que acepten sueldos miserables y, sobre todo, condiciones de existencia y trabajo abyectas, peores que las de los esclavos de la Antigüedad. Pero eso no es todo. Desean que esa nueva clase laboral sea al mismo tiempo ilimitadamente sumisa en lo político, que se doblegue y supedite al ente estatal como deidad todopoderosa, que se reduzca a dejarse gobernar, manejar, de un modo y con un ánimo dócil y sumiso al completo, no como las clases populares autóctonas, que han sido durante siglos (hoy mucho menos) causa permanente de revueltas, motines e incluso revoluciones.

         En EEUU el proceso de extermino de la veterana clase obrera se ha ido ya realizando en los últimos decenios sometiéndola al acoso de las jaurías exterminacionistas del progresismo y la izquierda, financiadas todas ellas por el Estado. Como dijo Hillary Clinton los “racistas, xenófobos, machistas, homófobos e islamófobos”, esto es, los hombres y mujeres de las clases populares, tienen que ser perseguidos y linchados, lo que muestra quiénes componen las bandas exterminacionistas (formadas, entrenadas y financiadas sobre todo en las universidades), en primer lugar el feminismo, luego el racismo negro, después los homosexuales y lesbianas y finalmente (para EEUU, no para la UE) los musulmanes.

Estos grupos, todos ellos fomentados y organizados desde el poder, llevan muchos años atacando a los trabajadores para destruir su autoestima, excitar el autoodio y forzarles a numerosas formas de suicidio, directo e indirecto, y muerte prematura aceptada. El paso siguiente debe ser marginarlos al completo como modo de liquidarlos en tanto que grupo humano, sustituyéndoles por emigrantes, a poder ser musulmanes, que llegan habituados a someterse y obedecer, lo que es magnífico para los poderes constituidos, pues no se olvide que islam significa “obediencia”. Por eso el gran capital alemán, tormento y verdugo de Europa toda, ha metido en su país sólo en 2016, más de un millón de inmigrantes musulmanes. Como en tiempos de los nazis la fascistización de Europa hace necesaria su islamización.

Una masa laboral infinitamente obediente, sumisa, entregada al poder constituido, es una necesidad apremiante para el nuevo capitalismo multinacional. Con ella espera resolver el “enigma de la productividad del trabajo”, es decir, el estancamiento de los rendimientos laborales en las empresas desde finales de los años 60 del siglo XX, a pesar de la incorporación de sucesivas tandas de tecnología[1], lo que se explica por la hostilidad persistente y multiforme de los trabajadores al salariado neo-esclavista hiper-tecnologizado, comportamiento que surge de los fundamentos mismos de la cosmovisión peculiar y propia de la cultura occidental[2]. Ésta ha entrado hace mucho en colisión con el capitalismo de última generación, multinacional, además de con el Estado hipertrofiado actual. La solución que acarician éstos es destruir la base étnica de tal resistencia, sustituyendo a la población autóctona por la emigrante, en particular por la musulmana, habituada a obedecer y a someterse de un modo excepcionalmente efectivo y rotundo, dado que en sus sociedades ni siquiera existe la noción de libertad individual ni de libertad colectiva ni de libertad política ni de libertad civil, y mucho menos la de libertad de conciencia.

         Pero este proyecto genocida, apoyado con furor por la izquierda y las jaurías, tiene graves inconvenientes para el poder constituido. El primero es que quienes van a ser exterminados se resisten. De hecho, la resistencia al feminismo, el principal vector exterminacionista en EEUU, es ya tan fuerte (en mujeres quizá más que en hombres) y está tan extendida que ha estado a punto de producirse un alzamiento popular contra él, de manera que Trump ha intervenido para evitarlo, encauzando el descontento popular por vías institucionales y parlamentaristas. Lo mismo, aunque menos, con el racismo negro, particularmente militarista y codicioso.

El segundo es que si se otorga un trato tan despiadado a esas gentes es imposible que proporcionen soldados de una mínima calidad, en un momento en que el enfrentamiento militar con China se sitúa a la vuelta de la esquina. Porque, aunque hoy el ejército de EEUU, que es el meollo del poder imperial USA, está formado en una proporción excesiva, en relación con su porcentaje poblacional, de negros, feministas y homosexuales, los novísimos lansquenetes del capitalismo multinacional yanki, numéricamente son insuficientes en términos absolutos. Así pues, Trump tiene que intervenir para que los intereses políticos y militares sean tenidos en cuenta, de manera que no sea sacrificado todo a la codiciosa voluntad empresarial de disfrutar de una nueva clase trabajadora mega-esclava.

Lo que hay en este asunto es, en realidad, un dilema para el poder imperial yanki, que no puede atender a dos metas discordantes a la vez. La situación ha empeorado para aquél debido a que China, su verdadero rival, no está desfondándose en lo económico y social sino que mantiene su vigor económico y financiero casi intacto, mientras que EEUU decae día a dia. Por tanto, en la perspectiva de un choque militar, o de un sistema de nueva guerra fría, a imitación de la que libró contra la Unión Soviética, el Pentágono, que es el principal poder de facto en EEUU, exige moderar e incluso suspender por un tiempo la estrategia de exterminio de la vieja clase obrera. Eso requiere no sólo poner el bozal a las jaurías y dejar de lado diversos proyectos de ingeniería social sino tomar, tal vez, un conjunto de medidas económicas (reforzar la base industrial del país reduciendo las deslocalizaciones, etc.), demográficas, culturales, poblacionales y otras.

China es el enemigo. La orientación de mantener a este país centrado en llevar al mercado mundial productos baratos mientras EEUU, Europa y Japón se especializan en bienes de alto valor añadido ha resultado un fiasco, pues China ha logrado burlar tal proyecto y está a punto de ser la primera potencia tecnológica, por tanto, la muy posible primera potencia militar del planeta en sólo un decenio. Esto ha originado pánico en las elites yankis, y la consecuencia es Trump.

La línea estratégica para derrotar a China ahora se concreta en buscar la alianza con Rusia, que no es rival en lo económico, sólo en lo militar y precariamente por su endeblez productiva y financiera. Con Rusia al lado, y con Japón de aliado, China puede ser volteada. Pero eso significa entregar a Europa a la avidez imperial de Rusia, que es el pago que ésta exige para alinearse con EEUU. Esta es la razón, una de ellas, por la cual Trump está siendo recibido en la UE con una tempestad de insultos y calumnias. En particular, Alemania siente temor ante la retirada de EEUU de Europa, lo que la dejaría en una frágil situación ante Rusia.

Trump exige que la UE eleve su gasto militar hasta el 2%, más del doble del actual, si quiere defenderse, pero esto será una carga más para la debilitada economía europea, por no hablar de su exhausta demografía, su mayor punto débil. Trump se va a replegar estratégicamente en Europa, dejándola abandonada a su suerte, para centrase en el Pacifico y Asía, que es donde hoy se disputa el futuro de la hegemonía imperial mundial. Así las cosas, la UE se convertirá en una potencia cada vez menos relevante, lo que tendrá una derivación económica decisiva. Europa hoy es, en todos los aspectos, el pasado, salvo que se reinvente con la revolución popular, como hizo en la Alta Edad Media.

En todo ello hay un cambio de estrategia. Hasta ahora el plan general era una alianza entre EEUU, UE y el islam para cercar y vencer a China, entregando Europa a éste, como compensación y para realizar la sustitución étnica, la limpieza racial. Recordemos el discurso de Obama en El Cairo en junio de 2009 ante la plana mayor del clero islámico suní, que vino a revalidar la alianza estratégica entre las élites occidentales y la clerecía islámica mundial suscrita en 1945, que a su vez actualizaba el pacto secreto firmado en el siglo XIX, gracias al cual, entre otros muchos servicios de dicho clero al imperialismo de Occidente, Franco pudo reclutar 100.000 musulmanes y prevalecer en la guerra civil. Pero los acontecimientos de Siria han manifestado que el clero musulmán suní es mucho más débil de lo que EEUU suponía, además de ser un aliado poco fiable. Esto ya se puso de manifiesto en los sucesos de 2001, cuando Los Saud de Arabia (o al menos una fracción de ellos) atacaron a EEUU con los atentados de septiembre, convencidos de que podrían derrotarlo, acto que fue mero voluntarismo irracionalista, un enorme error estratégico alentado y dirigido por Bin Laden, aquel multimillonario violento que tenía el cerebro colapsado por un exceso de religiosidad.

Los cambios estratégicos en este terreno se iniciaron hace años, aunque dubitativamente, buscando la alianza con el islam chií, con Irán y algunos de sus satélites, lo que es ya una sólida realidad. Pero sobre todo, con la llamada “revolución energética” de USA que, por sus consecuencias últimas, es una ruptura implícita con el clero islámico planetario, al reducir notoriamente los ingresos de las petromonarquías de extrema derecha. De todo ello puede salir una crisis sin precedentes de esa religión, ya sometida a una exposición, tensión y riesgo enormes, que puede entrar en estado de desarreglo no tardando. Si no lo ha hecho ya es por el descomunal apoyo del imperialismo occidental, que la mantiene y alienta de un número enorme de formas y maneras. Pero el futuro de los Saud es probable que  se asemeje mucho al de la familia Gadafi, sobre todo si Trump da vía libre a la billonaria demanda que les han puesto los familiares de las víctimas del 11-S. Pero, ¿lo hará? Obama empezó la ofensiva apoyando bajo cuerda a los rebeldes del Yemen, lo que ha llevado a una guerra en que Arabia se está desangrando.

         Siria ha manifestado no sólo la torpeza y debilidad de EEUU sino la endeblez del aparato clerical suní, incapaz de mover a escala mundial más que a unos miles de combatientes. Parece cierto que la gran mayoría de las personas que viven en los países de religión musulmana no siguen al clero en aventuras militares, sólo lo hace una reducida minoría. EEUU ha sido derrotada en Siria, quedando Rusia como vencedor. Además, las fuerzas islamofascistas suníes financiadas por EEUU han demostrado ser altamente disfuncionales, permanentemente enzarzadas en sangrientas disputas intestinas por poder y dinero e incapaces de unirse, con escasa capacidad combativa y sólo buenas para hacer matanzas que ponen en evidencia a sus padrinos, en Occidente EEUU, Inglaterra y Francia, en el islam los Saud, Qatar y el clero islámico europeo ligado a los servicios secretos, una buena parte de él. Así pues, Trump expresa su limitado interés por un aliado que además de ser incompetente y débil crea problemas de todo tipo. De ahí su “islamofobia”. En consecuencia desea estrechar lazos con el Estado sionista, lo que será un varapalo para los amplios sectores del pueblo palestino que se han vendido al islamofascismo, perdiendo con ello toda autoridad y legitimidad frente al sionismo.

         El asunto del Estado Islámico ha sido un descrédito enorme para el progresismo y el feminismo mundial. Constituido por el par B. Obama-Hillary Clinton, o sea, por el poder negro progresista y el poder feminista de EEUU, ha resultado ser tan monstruoso como torpe, desleal y disfuncional. Mientras EEUU deseaba que derrotase a Assad, por tanto, a los rusos y a los iraníes al mismo tiempo, lo que hizo fue asentarse en determinados territorios para crear un despotismo musulmán propio, siguiendo las orientaciones de los Saud. Sus maldades y carnicerías han puesto en evidencia, al mismo tiempo, al islam, haciendo que millones de personas, no musulmanes y musulmanes, empiecen a comprender la verdadera naturaleza de esa religión, lo que entorpece en mucho el proyecto de islamización/fascistización de Europa (el de Hitler y los nazis, adoptado hoy con escasas alteraciones) que Alemania y sus cipayos locales (Mariano Rajoy en nuestro caso, en esto respaldado por Pablo Iglesias) desean efectuar.

Que el par progresismo negro-feminismo militante haya sido capaz de crear, financiar y equipar un grupo fascista clerical de unos 40.000 efectivos armados manifiesta la verdadera naturaleza del progresismo contemporáneo, una forma de totalitarismo, una nueva expresión de fascismo, en la forma de fascismo de izquierdas[3]. Hay que retroceder hasta las andanzas de los jémeres rojos en 1975-1979, los comunistas que mataron a 1,5 millones de personas en Camboya, para encontrar algo similar. Es coherente que Hillary, feminista de toda la vida, haya puesto en pie a un régimen de terror tan extremo que es capaz de quemar vivas a 19 mujeres iraquíes en junio de 2016 por negarse a tener sexo con gerifaltes del Estado Islámico, esto es, con los amigos, protegidos y aliados de Hillary. Sin duda, quemar vivas a 19 mujeres es muchísimo más que los “micromachismos” que preocupan a los y las discípulas locales de la jerarca yanki.

Llegados a este punto de perfidia y disfuncionalidad el progresismo y sus jaurías entran en regresión. Y llega Trump con una nueva estrategia. Una vez que los mayores poderhabientes yankis están alcanzando la conclusión de que el poder islámico mundial sólo puede ser, dado su elevado grado de decadencia, fragmentación, alejamiento de la realidad, limitado apoyo popular e incompetencia persistente, un peón secundario que a menudo ocasiona más problemas que aportaciones a la contienda por la hegemonía mundial en las nuevas condiciones, hay que variar de doctrina estratégica[4].

(Continuará)




[1] Una buena síntesis de este asunto, que debe ser cabalmente comprendido hoy, se encuentra en “La ofensiva de los tecnopesimistas”, N. Nosengo y P. Bolinches. Este trabajo, así como otros varios que no es posible citar ahora por falta de espacio, refutan las sin fundamento alguno ilusiones que muchos ponen en la tecnología aplicada a la producción. No, no hay una solución tecnológica a los problemas económicos del siglo XXI. La solución está en la revolución.

[2] El libro de Harry Braverman, “Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo en el siglo XX”, es de lectura imprescindible para comprender acertadamente la situación hoy, en el siglo XXI. Lo que expone es conciso: el trabajo asalariado se degrada más y más por la voluntad de los capitalistas de ampliar su grado e intensidad de poder en el interior de la unidad productiva, de la empresa. Y al degradarse inexorablemente degrada al trabajador, como tal y como ser humano. Llegado a un punto, se dan cuatro acontecimientos interrelacionados: 1) el trabajador ya no puede soportar la presión y se va quebrando como persona, 2) ese sujeto en desintegración no puede, y no quiere, impulsar la productividad del trabajo, de modo que ésta se estanca, 3) los costes ocultos de todo ello suben en flecha, como enfermedades, medicalización, drogadicción, desintegración familiar, ocaso de la natalidad, etc., 4) la tecnología deja de ser efectiva productivamente. Sólo una revolución del trabajo, que convierte en un acto libre y creativo el trabajar, puede resolver este problema. La solución ideada en las alturas del poder es otra, realizar la sustitución étnica de la mano de obra.
[3] Refuerza la tesis de que el progresismo y sus jaurías, o religiones políticas, son la nueva forma de totalitarismo su bien conocida obsesión con la censura, su desprecio por la libertad de expresión, su repudio de la libertad de conciencia, su falta de respeto por el otro. Pretenden imponer al conjunto de la población lo que debe y no debe pensar y decir valiéndose de la fuerza. En vez de debatir púbicamente para ganar en buena lid con argumentos cada vez mejores, su fórmula, universalmente repetida, es la censura, la exclusión y la marginación. Claro que no pueden hacer otra cosa, dado que su argumentario es una combinación de mentiras, errores, ignorancia, disparates y locuras, así que en un debate abierto pierden. Por eso su baza ha de ser el miedo que suscitan en el público, que es el arma de todos los fascismos. Son una versión de la “Hisba”, o policía religiosa del Estado Islámico, con la que se fusionarán organizativamente cuando culmine la islamización/fascistización de Europa, si es que ello no es frustrado por la revolución. Todo fascismo se caracteriza por negar la libertad de conciencia, por ahogar la libertad de expresión. En eso progresismo, feminismo, racismo negro e islamofascismo son maestros. Su impopularidad viene en gran medida de ahí. Una denuncia excelente de las jaurías progresistas es el video “Modern Educayshun”, Noel Kolhatkar, que enfatiza su naturaleza represiva y exterminacionista, además de simplemente demente.

[4] Henry Kissinger, en “Orden mundial”, 2014, otorga al islam (es decir, al clero islámico suní mundial) un estatuto de gran potencia. El tiempo transcurrido y un mejor conocimiento de la realidad última lleva a Trump a corregirle en esto. Los países islámicos son, para empezar, un fiasco económico. Por ejemplo, la capacidad exportadora de todos ellos, dejando a un lado el gas y el petróleo, es similar a la de Finlandia, lo que resulta de la disfuncionalidad básica del orden social basado en el islam. Éste sólo tiene como activo la violencia y su gran capacidad para crear seres humanos ultra sometidos y dóciles, con formaciones sociales en las que el abismo entre los pobres y los ricos es mayor que en cualesquiera otras. Pero todo eso se está manifestando, para el siglo XXI, como factores de debilidad que EEUU comienza a evaluar con objetividad. El actual auge del islamofascismo dentro del islam está siendo un fracaso para sus promotores y esa religión tendrá que enfrentarse a crisis graves a medio plazo, similares, por ejemplo, a las que sufrió el comunismo y el izquierdismo con la derrota de la Unión Soviética en 1989-1991. La “revolución energética” fomentada por EEUU, que ya ha logrado ser casi autosuficiente en petróleo y gas, es una decisiva medida anti-islámica, como se ha dicho, debido a que es el dinero, mucho más que la fe y la conversión interior, lo que ha impulsado y estructurado el actual ascenso del islam.

lunes, 16 de enero de 2017

¿QUÉ HARÁ TRUMP? (I)

      La expectación, en la forma de temor y ansiedad en algunas personas pero en muchas otras expresada como entusiasmo y esperanza, es formidable. Todos sabemos, o intuimos, que la primera potencia mundial está dando un giro a su estrategia, lo que afectará al planeta en su totalidad, también a Europa. Por el momento, la situación está confusa y plagada de interrogantes, también porque en las alturas del poder USA, al parecer, todavía no se ha logrado definir con la suficiente extensión y detalle la nueva línea de intervención estratégica.

         ¿Cómo podemos saber qué hará Donald Trump? Éste no es más que un instrumento de los poderes efectivamente mandantes, del aparato estatal sobre todo, de manera que sus características personales son un factor subalterno, del mismo modo que lo que ha expuesto en la campaña electoral es sin credibilidad, pues todos los políticos mienten y engañan a su electorado, diciéndole lo que desea oír. Tampoco podemos conocer la línea que va a seguir a través del análisis de los documentos estratégicos básicos que manejan las elites del poder USA, pues son secretos y por tanto no asequibles a la gente común. Nótese que el orden actual es totalitario, no-democrático, dictatorial, y la información realmente decisiva jamás llega al pueblo.

         Así las cosas, tenemos que servirnos de tres elementos, el análisis de la situación, para localizar las contradicciones y necesidades objetivas del sistema de dominación estadounidense; lo que se vaya filtrando y llegue a la opinión pública, que será poco, y lo que realice en la práctica el gobierno-Estado presidido nominalmente por Trump. De todo ello lo más importante, cognoscitivamente, es lo primero.

         Sí estamos, no obstante, en condiciones de fijar algunos componentes iniciales, determinantes e indudables, sobre la situación.

         Primero. La extensión y profundidad de la crisis de la formación social EEUU es ya tan enorme que de no reaccionar ahora acabará perdiendo, a medio plazo, su estatuto como primera potencia mundial[1]. G. Packer lo expone con claridad, no exenta de concesiones melodramáticas que no afectan al meollo de la cuestión, en “El desmoronamiento. Treinta años de declive americano”. Esa es la expresión exacta, desmoronamiento.

         Segundo. La gran depresión de 2008/2014 ha sido sobre todo de Occidente, de EEUU y la UE, siendo mucho menos afectadas otras economías, la china casi nada. Ahora hay una bonanza relativa y transitoria, pero cuando retorne un nuevo repunte del caos económico -lo que sucederá en unos pocos años- Occidente puede hasta desintegrarse. Aquella crisis debilitó e incluso destruyó la confianza en el sistema de cientos de millones de personas en EEUU y la UE, creando en ellas un estado de ánimo más favorable a la admisión del ideario revolucionario. Lo por venir lo hará más aún. Desacreditó sobre todo a la política e ideología imperantes en esos años, la progresista, y a sus portavoces y políticos profesionales.

         Tercero. El agotamiento, no sólo objetivo sino también subjetivo, del progresismo, en todas sus formas, es enorme y probablemente irreversible, hasta el punto de no servir a la clase dominante ni como fuente de ideas e inspiración de las medidas a adoptar ni como ideología para el manejo y aleccionamiento de las masas. De ahí su enorme crisis.

         Cuarto. La ilusión Trump, populista, hoy no es menos irrazonable y descabellada que la ilusión Obama, progresista, hace ocho años, por lo que será ásperamente negada por la realidad en poco tiempo, igual que lo fue la “obamamanía”. Primero porque los poderhabientes USA no están en condiciones de resolver (aunque sí de tratar e incluso paliar o reconducir, hasta cierto punto) los muchos y muy graves problemas de la hora presente, y segundo porque las medidas que van a ir tomando en los próximos años serán agobiantes para la gente de la calle, en lo económico, lo represivo, lo cultural, lo militar, lo policial, etc. El ideario revolucionario ha de distanciarse igualmente del progresismo que del populismo, de la izquierda que de la derecha, avanzando en oposición a ambas, situando en el pueblo, y sólo en él, su meta y sentido.

         Quinto. Occidente se adentra, o mejor dicho, se precipita, en una fase de inestabilidad, caos, confusión, cambios radicales, complejidad e impredecibilidad. Trump es un cavernícola vesánico (tanto como lo son la atroz feminista Hillary Clinton y el atildado inútil Obama) pero quienes le apoyan son el sector más sano de la sociedad, aquel que se ha mantenido relativamente apartado del régimen ideológico y político de que se ha servido el capitalismo en el último medio siglo, el bloque progresista exterminacionista. La contradicción entre la gente ingenua y bienintencionada que le sigue, o le vota, y el oligárquico gobierno Trump se irá haciendo más y más tensa en los años venideros, hasta explosionar.

         Sexto. Dado que la estabilidad que ha conocido Occidente en los últimos decenios se está convirtiendo en su contrario, habrá más oportunidades para las corrientes, ideas y tendencias revolucionarias, reducidas a casi nada por la presión aterradora de la izquierda y la progresía, que han sido el enemigo principal (financiado desde el poder) de la revolución popular civilizatoria en el último medio siglo. Por tanto, una percepción esperanzada e incluso entusiasta del futuro es la apropiada, salvo para los que desean meramente vivir “mejor”, consumiendo más bajo el actual orden, que se verán enfrentados a crecientes restricciones, cargas, obligaciones y escaseces. El tiempo de la sociedad de consumo es cosa del pasado y en el futuro lo que se anuncia es un orden de penuria y carestía materiales.

         Séptimo. La situación es tan volátil y embrollada que se está produciendo una fractura, una grieta, un conflicto, en el seno de las elites mandantes, una parte de las cuales desea continuar con el progresismo y otra parte, ahora ya mayoritaria, quiere liquidar todo eso y poner rumbo hacia un nuevo escenario. Esta lucha en el seno de las minorías mandates tiránicas favorece a las fuerzas de la revolución, al caotizar y debilitar el desempeño político, mediático y de otros tipos del poder constituido

         Octavo. El sistema de dominación tiene que hacer ahora frente a sus propias disfuncionalidades, contradicciones, cortoplacismos y costes ocultos. Disposiciones que tomó hace, por ejemplo, cincuenta años le han servido muy bien durante decenios pero ahora, dos generaciones después, demandan que se satisfagan los daños estructurales, a menudo enormes, que han ido creando en el sistema mismo. Éste opera sacrificando el futuro al presente y ahora ha llegado el momento en que el futuro se hace presente, de manera que ya no puede seguir con esa línea de acción.

         ¿Cuáles son las disfunciones principales del imperio EEUU?, ¿cuáles son sus causas?

         La primera de todas es el derrumbe del sujeto medio, de su calidad, funcionalidad y valía. Si no se comprende esto no se puede entender todo lo demás. El desplome de la persona realmente existente significa que ya escasea la gente preparada para atender a las necesidades del Estado, servir en el ejército y la policía y ser mano de obra competente y productiva, y que disminuirá aún más en el futuro. El individuo nadificado -fabricado desde arriba- lo es ya tanto, tantísimo, que su existencia como criatura dudosamente humana, en realidad post-humana, entra en oposición con las necesidades estratégicas fundamentales del orden constituido.

         La desintegración del individuo se expresa en todo: enfermedades físicas, drogadicción, disfunciones psíquicas, falta de potencial reproductor, torpeza e inutilidad general, estulticia de masas, asocialidad egocentrada extrema, sobremortalidad, despilfarro a gran escala, irresponsabilidad y amoralidad casi universales, etc. Se espera, con aprensión, una caída drástica de la esperanza media de vida. Eso, en sí mismo y más aún en relación con otros factores, desencadenaría el caos en la sociedad. Sería una repetición de experiencias históricas muy lúgubres, como la crisis del siglo III en Roma, o la crisis del siglo XIV en Europa occidental, verdaderas catástrofes las dos en las que desapareció por muerte prematura un porcentaje elevado de la población[2]. La primera de ellas fue ocasionada por la sobre-extensión del Estado romano y la segunda por la instauración del Estado actual, tras semi-derrotar a la revolución popular altomedieval que se inicia con el alzamiento armado bagauda en el siglo V. Hoy sucede algo similar, pues es la creación de un poder estatal del todo monstruoso, y de un poder empresarial rematadamente despótico e insufrible lo que está literalmente laminando, triturando, al individuo. Muchos millones de personas en EEUU (y en Europa) están ya en una situación en que su vida y supervivencia no quedan aseguradas en el medio plazo.

         Las causas últimas de esa situación son la naturaleza colosalmente invasiva del poder estatal y de su perrillo faldero, el empresarial. Cuando el Estado se apodera del 50% o más de la riqueza producida, una buena parte de ella para entregarla a la gran empresa multinacional, ese dinosauro tan autoritario y deshumanizador como senil e incompetente, el futuro se esfuma[3].

         ¿Las causas, en concreto? Enumerémoslas: la ausencia de libertad de conciencia, libertad política y libertad social, el Estado de bienestar, el trabajo asalariado tecnologizado actual, la pedagogía progresista junto con el sistema escolar y académico, la destrucción de la familia (primero de la extensa y de los lazos de vecindad, luego de la nuclear y finalmente de toda relación interpersonal estable que haga sombra al control estatal absoluto sobre el individuo), la vida en las ciudades-cárceles, la medicalización institucionalizada, la pésima alimentación, la soledad impuesta desde arriba, la guerra de los sexos, la represión del amor erótico heterosexual, la ciega fe en la tecnología, el aleccionamiento mediático, la prohibición de facto de la maternidad y la paternidad, la agricultura industrial en todas sus variedades y la imposición de la mentalidad hedonista, felicista y epicúrea, intrínsecamente inmoral. Hay más por supuesto, pero éstas son las significativas.

         La cosa no acaba ahí. La “basura blanca”, o sea las clases trabajadoras de siempre en EEUU, pongamos unos 150 millones de personas, ya no son útiles ni al ente estatal ni a la patronal. Por eso hay un proyecto, nunca expuesto a la opinión pública, por razones obvias, pero cabalmente visible en los hechos, de exterminarlas, de hacerlas desaparecer. Estamos, por tanto, ante la mayor operación de limpieza étnica de la historia contemporánea. La eliminación de poblaciones y etnias enteras ha sido realizada numerosas veces en la historia. Exterminacionista con la población autóctona rural propia de la península Ibérica fue el Estado musulmán andalusí instaurado por el terror a petición de la clase dominante visigoda en el año 711, una formación genocida. Lo fueron también los españoles con los guanches en Canarias, a partir del siglo XV, y con los indígenas de Cuba y otros territorios americanos un poco después. Se efectuó exterminacionismo con las poblaciones indígenas de América del Norte, que eran inhábiles para el tipo específico de trabajo no-libre que se esperaba de ellas, por lo que fueron acorraladas y casi aniquiladas[4], para ser reemplazadas por trabajadores europeos aptos para el laboreo neo-servil, y por trabajadores africanos habituados al quehacer productivo servil. Éstos lo eran por proceder de sociedades que no habían sido capaces de liquidar la esclavitud, mantenida por poderosas elites autóctonas que primero capturaban a los esclavos entre sus súbditos y luego los vendían en la costa, cargados de cadenas, a los europeos.
(Continuará)






[1] Los hechos están otorgado la razón a Paul Kennedy que en su célebre libro “Auge y caída de las grandes potencias”, publicado en 1986, pronostica que el imperio USA está determinado por las leyes universales sobre la decadencia y desintegración de las formaciones imperiales. Dicho autor no fue escuchado y ahora se pretende, según parece, aplicar al menos una parte de sus recomendaciones, a pesar de que muestra que los imperios, cuando entran en descomposición, no pueden ser revitalizados… Pero también pone en evidencia que ningún imperio desaparece del escenario de la historia sin previamente efectuar un esfuerzo desesperado por sobrevivir, lo que incluye violencia, guerras y matanzas.
[2] Eso ya está sucediendo. En España, para 2017, se calcula que morirán unas 25.000 personas más de las que nacerán, dato aterrador que no se daba desde la postguerra pero que ya ha acontecido en 2016. Quien proponga resolver ese problema con más inmigración es un genocida, un partidario del proceso de sustitución étnica y limpieza étnica promovidos por el capitalismo-Estado alemán, con la cristianodemócrata Merkel al frente. Por lo demás, una sociedad que ha destruido todas las formas de familia no puede cuidar a 9 millones de pensionistas. Estos serán sometidos en los próximos años a formas variadas de “muerte digna” diseñadas y decididas desde arriba. Es una de las tareas que el poder constituido ha encargado a Podemos y al resto de la izquierda, y que en Grecia ya está haciendo con gran aplicación y eficacia el partido amigo de Podemos, Syriza.

[3] La sinrazón estatolátrica ha llegado tan lejos que está tomando cuerpo, en el seno de las minorías mandantes, la necesidad de poner coto a esa desmesura, reduciendo la carga del ente estatal en el total de las actividades económicas. Un libro sobre esa cuestión es “La cuarta revolución. La carrera global para reinventar el Estado”, J. Micklethwait y A. Wooldridge. Lo que propone no es creíble (por más que en algún caso concreto pueda estar acertado) pues el gasto estatal creciente proviene del incremento de los costes de dominación, y ningún Estado revierte su tendencia a tener más poder, a ejercer una dictadura cada vez mayor, sobre el pueblo del que vive y al que explota, sobre todo por medio del fisco. Este libro, y otros como él elaborados en el ámbito del pensamiento liberal, es amagar y no dar. Resulta incoherente querer un Estado del siglo XIX, pequeñito, con las empresas del siglo XXI, mastodónticas. Hay que desmontar el uno y la otra, pero los liberales defienden la mega empresa monopolística mundializada, que es un poder tan tiránico como el Estado. Su defensa de la libertad es meramente demagogia y locuacidad. Tal tarea se realiza desde el proyecto de la revolución integral cuyo postulado número uno es realizar una sociedad de la libertad.

[4] Produce escalofríos observar que la prensa progresista e izquierdista europea anti-Trump defiende la inmigración actual a EEUU enfatizando que éste es un “país de inmigrantes”. Sí, y por eso los pueblos indígenas fueron exterminados, por los inmigrantes que iban llegando a lo que luego sería EEUU, primero españoles y luego ingleses, franceses, holandeses, etc., además de los africanos llevados a la fuerza. Todos ellos son co-responsables de un genocidio, que ahora se desea repetir con la actual población, con la clase trabajadora blanca y del resto de las razas, de otra forma y en otras condiciones pero en esencial igual. Este asunto es un lapsus en el que ponen al descubierto sus verdaderas metas, liquidacionistas aunque ocultas bajo mucha hipocresía y variadas jeremiadas buenistas. Así son los nuevos traficantes de esclavos, los nuevos negreros, dedicados a mover a millones de personas de un país a otro según las necesidades del capitalismo.

sábado, 14 de enero de 2017

UN LIBRO DE RECETAS CULINARIAS CON SILVESTRES Y CON MUCHO, MUCHÍSIMO MÁS.

UN LIBRO DE RECETAS CULINARIAS CON SILVESTRES Y CON MUCHO, MUCHÍSIMO MÁS.

Además de las fichas sobre el uso alimenticio humano de 113 plantas silvestres, el texto "Bienaventurada la "maleza" porque ella te salvará la cabeza"  incluye un libro analítico de 239 páginas, de manera que su contenido es bastante más que recetas, aún siendo éstas su parte medular. 
Incluye artículos de César Lema, Josep Pàmies, Juanra, Silvia Méndez, Patri Puga, Daniel María Pérez y un servidor. De mi colaboración deseo informaros ahora. Se titula "Las "malas hierbas" y el proyecto de una nueva civilización", ocupando las páginas 5-72. Lo que en ella expongo desarrolla y actualiza los contenidos de "Naturaleza, ruralidad y civilización", que ocho años después de ser editado sigue conservando el favor del público, estando en su tercera edición.

Mi participación en "Bienaventurada..." se fundamenta en la problemática condición de la agricultura, de toda agricultura, por los efectos destructivos que tiene sobre los bosques, la calidad de los suelos, el clima, el régimen de las aguas y la biodiversidad vegetal y animal. Así pues, recomiendo retornar a la fase de recolección de plantas y frutos silvestres, haciendo de éstos un componente sustancial de la dieta humana, hasta un tercio de ella. No niego por completo la agricultura, pero sí expongo la necesidad imperiosa de su reducción cuantitativa, además de su transformación cualitativa. Me apoyo en los estudios de Jared Diamond para denostar la agricultura, definida por él como una "catástrofe".

El retorno a las prácticas alimenticias recolectoras choca con la concentración de la población en las ciudades, donde sólo existen malezas ruderales, muy pocas y por lo general incomestibles, así pues el texto se desliza de inmediato hacia la crítica de la ciudad, de la urbe, de la megalópolis. Ello va unido a toda una reflexión sobre el actual movimiento de retorno al campo, esto es, de escapada de la ciudad, para vivir fusionados con la naturaleza, reflexión que culmina en una exhortación a poner fin a la vida urbana, a retornar a la ruralidad, en el marco del proceso y proyecto de la revolución integral

Examino las prácticas agrícolas de M. Fukuoka, que acercan el cultivo a las condiciones de existencia de la flora arvense, o silvestre, adoptando ante ellas una posición mitad admirativa mitad crítica, pues ninguna agricultura, ni siquiera la menos destructiva del medio natural global, puede ser solución.

Entro en el análisis del origen de la agricultura, rechazando la explicación progresista, mera fabulilla, estableciendo que es la diferenciación clasista y la constitución del ente estatal la que origina al mismo tiempo la agricultura y las ciudades.

Cito en varias ocasiones, siempre de forma positiva, el libro de Paul Roberts "El hambre que viene", porque fundamenta que la actual destrucción de los suelos cultivados producidos por la agricultura industrial y por las condiciones de la vida urbana nos abocan a una situación de crisis general de la producción agropecuaria, de ahí el título. Pero difiero de su pesimismo, causado por su incapacidad para pensar en términos revolucionarios, pues el abandono de las ciudades más la  alimentación con plantas silvestres, en el contexto del proyecto global de la revolución integral, es una solución a los problemas de nuestro tiempo, en particular a la escasez de alimentos. Denuncio el control por 15 grandes empresas multinacionales del negocio de la alimentación, las cuales forman el "complejo industrial alimentario", o "agronegocio". También se dedican algunas páginas a pasar revista a falsas soluciones, como son el capitalismo "verde" y la agricultura ecológica certificada-estatizada por la UE y distribuida en las grandes superficies.

Estudio la represión de la utilización de plantas silvestres en la alimentación humana en los últimos siglos, lo que está en conexión con la revolución liberal, el ascenso del Estado contemporáneo y el desarrollo del capitalismo. La persecución de las brujas y los brujos es también investigada, advirtiendo que esto no sucedió en la Edad Media sino con la maduración del Estado moderno, particularmente en el siglo XVII.

Examino el pavoroso problema de la aridificación y desertificación, de la destrucción de los bosques y los suelos, lo que resulta directamente de las prácticas agrícolas que la concentración forzada de la población en las ciudades hace inevitables.
La parte más sustantiva del estudio lleva por título "Las megalópolis y la crisis medioambiental", que se centra en desmontar el mito retrógrado de la conservación y continuidad de la ciudad haciéndola "sostenible", advirtiendo que esto no es posible y que la evolución histórica razonable aboca a su extinción, a su negación. Trato sobre el cambio climático y los paños calientes con que es abordado por el poder constituido así como por sus agentes intelectuales y políticos, advirtiendo que únicamente un colosal proceso reforestador puede detenerlo, lo que necesariamente ha de ir unido a la recuperación del consumo masivo de silvestres por los humanos.
La crítica de la ciudad, como concentración del poder del Estado y de la gran empresa, por tanto, como creación antinatural y forzada, es la parte esencial del texto, que culmina proponiendo soluciones, en un momento en que la crisis de la ciudad es ya obvia e innegable, crisis global que demanda respuestas integrales. El "retorno a la tierra", la constitución de una nueva realidad sobre la base de valores convivenciales y comunales, autogobernados, asamblearios y de ayuda mutua, es la formulación propositiva y hacedera vertebradora del texto.
Hasta aquí mi aportación.
Deseo añadir que "Bienaventurada la "maleza" porque ella te salvará la cabeza" es mucho más de lo que he expuesto, pues está lleno de ideas ingeniosas, sorpresas, innovaciones y creatividad. Al estar hecho desde la libertad con responsabilidad, sin dogmatismos ni estructuras verticales, hace que el numeroso equipo de elaboración que lo hemos constituido haya podido desenvolver a fondo su espíritu innovador. Al leerlo os sorprenderá una y otra vez, porque no es un libro al uso sino una hermosa realización de la libertad, la verdad, la belleza, la revolución, la alegría, la poesía y la sublimidad.
Se distribuye en tres puntos básicos. Para Galiza esta César, en clemacostas13@gmail.com; para el resto de los territorios estoy yo, Félix, en esfyserv@gmail.com. Además, está disponible en la botiga de Dolça Revoluciò, botiga@dolcarevolucio.cat

Añado: conforme al precio que tiene el libro es barato, pues resulta enorme y su peso es de ¡1,5 kgs!  Por su elevada calidad estética es apropiado, asimismo, para hacer regalos.       


martes, 10 de enero de 2017

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA DE NATIONAL SECURITY AND DOUBLE GOVERNMENT

Un amigo me envía la reseña del libro de Michael J. Glennon, "National Security and  Double Government", que se puede leer abajo. La publico con suma satisfacción pues viene a confirmar, concretar y enriquecer lo expuesto por mi artículo "EL ejercicio del poder de mandar en las sociedades contemporáneas", en este mismo blog.

Mi recomendación es que se lea y estudie con suma concentración.

Su utilidad práctica es, además, fundamental en estas fechas, a unos días de la toma de posesión de D. Trump, pues contribuirá a disipar las ilusiones que se han ido constituyendo en ciertos sectores sobre el triunfo electoral y mandato de éste como jefe del gobierno de EEUU.

Porque, en efecto, hay dos gobiernos, uno real y efectivo y otro formal y nominal. El primero no es elegible, pues es el aparato estatal. El segundo es elegible, pero se reduce al gobierno y las instituciones anejas, que carecen de poder, más allá de formalidades, escenificaciones, asuntos de segundo orden y la parte secundaria de los asuntos decisivos. Sea quien sea presidente nada importante cambia pues el ente estatal permanece. Únicamente se producirán aquellos cambios que significan un viraje estratégico del poder constituido, lo que es posible que sea el caso de Trump. Pero éste por sí mismo, y cualquier otro, son sólo marionetas que el régimen de dictadura estatal-militar maneja a su antojo.

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA DE NATIONAL SECURITY AND DOUBLE GOVERNMENT


Título: National Security and Double Government
Autor: Michael J. Glennon
Editorial: Oxford University Press
Lugar y fecha de edición: Nueva York, 2015
Páginas: 257
 En este interesante y documentado estudio sobre la seguridad nacional en EEUU Michael Glennon, profesor de derecho internacional en la universidad de Tufts, Massachussets, muestra con gran claridad el funcionamiento real del gobierno federal y de cómo, a diferencia de la imagen pública ofrecida por este y los medios de comunicación, áreas decisivas como la seguridad y la política exterior están en manos de un enorme entramado burocrático que funciona de manera autónoma, fuera de prácticamente cualquier control y bajo una casi absoluta opacidad.
 La tesis central de Glennon es la del doble gobierno que toma, a su vez, de Walter Bagehot para explicar que en EEUU existen de facto dos gobiernos. Por un lado están las instituciones madisonianas compuestas por la presidencia, el congreso y los tribunales, y organizadas conforme a las disposiciones establecidas en la constitución. Este es el gobierno visible que el público cree que es el que verdaderamente ejerce el mando. Sin embargo, tal y como explica Glennon a lo largo de su investigación, hay otro gobierno que es el que realmente establece la política gubernamental y que se encuentra inserto en la burocracia federal, compuesto por altos funcionarios, generales, directores de agencias de inteligencia, etc. En la práctica esta gran burocracia que permanece invisible para el gran público es la que toma las decisiones básicas que dan forma a la política gubernamental, de manera que confinan las opciones del presidente hasta el punto de que este apenas tiene autoridad.
 La burocracia de la seguridad nacional es la que realmente detenta el poder en EEUU. Sin embargo, las instituciones constitucionales únicamente desempeñan una función legitimadora de dicho entramado burocrático, lo que es ocultado al público debido a que ello desmoralizaría a la sociedad y esta dejaría de creer en su gobierno. Esto demuestra que la presidencia de EEUU no es una institución piramidal en la que el presidente da órdenes y la burocracia se encarga de ejecutar, sino que más bien la situación real es la contraria en tanto en cuanto los generales y almirantes han conseguido poner a los jefes departamentales bajo sus órdenes, o que los cargos políticos directamente deleguen en los burócratas la elaboración de las políticas gubernamentales. Así, descubrimos que esta red de altos funcionarios se encargan de dar forma a la legislación que más tarde es aprobada en el congreso sin que este sepa realmente lo que está aprobando.
 Las disposiciones constitucionales son papel mojado, como ocurre con la separación de poderes, pues ni siquiera el congreso tiene la capacidad de supervisar la política de seguridad de la rama ejecutiva. Más aún, los propios comités de inteligencia que existen en el congreso y en el senado lejos de supervisar la actividad de la burocracia se ocupan de proteger a las principales agencias de espionaje, así como de impedir los recortes en el presupuesto, en vez de proteger al público de sus transgresiones. Asimismo, el poder de los altos funcionarios se ve refrendado en gran medida por el hecho de que senadores y congresistas delegan en ellos la toma de decisiones, lo que les da manos libres para decidir según sus intereses.
 La cúspide del gobierno federal, representada por el presidente de turno, depende de la gran burocracia de la seguridad nacional de la que procede la práctica totalidad de los altos funcionarios que son nombrados con cada nueva administración. Esta red de burócratas, que tiene sus orígenes en la era del presidente Truman y a cuyos integrantes Glennon llama “trumanitas”, es la que determina las líneas generales de la política gubernamental y la que toma las grandes decisiones que el presidente se encarga de legitimar con su firma. Constituye un gobierno en la sombra que escapa al escrutinio público.
 El secretismo, la exageración de amenazas y el conformismo son los principales rasgos del gobierno en la sombra. Sus integrantes son los que moldean el interés nacional de EEUU por encima de cualquier administración que eventualmente pueda ocupar la Casa Blanca. Las políticas que diseñan y llevan a cabo se vuelven tan fuertes que los nombramientos de personal político no pueden escapar de ellas, así como tampoco los sucesivos presidentes. El principal objetivo de esta red de burócratas es garantizar la estabilidad y el mantenimiento del statu quo, lo que se manifiesta en la continuidad de las políticas de seguridad nacional entre diferentes presidentes, como ocurrió con Bush y Obama.
En definitiva, se trata de una obra fundamental cuya lectura es necesaria para entender el funcionamiento del gobierno americano y la lógica que la elite dominante de aquel país sigue en los procesos decisorios, y que viene a tirar abajo el mito de que las caras visibles de las instituciones oficiales, como ocurre con el presidente, son los que verdaderamente ostentan el mando.