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viernes, 6 de enero de 2012

LLANTO POR EL CAMARADA KIM (II)


Ha llegado, pues, el momento de poner las cosas en claro sobre la verdadera naturaleza del Partido Comunista de España, jefe efectivo de Izquierda Unida. El motivo es que la gran crisis en desarrollo que conoce el país, y toda Europa, exige saber quién es quién.
         Dados los turbulentos tiempos que se avecinan, el PCE va a encontrar, probablemente, ocasiones en el futuro para quitarse la máscara y aparecer como lo que realmente es, una formación política que busca imponer su dictadura a toda la sociedad sin reparar en los medios a utilizar para lograrlo.
         En las revueltas circunstancias que maduran es probable que este partido siga la senda de sus camaradas coreanos, que es en esencia la misma que siguió en 1936-39, y después.
         Vayamos a los hechos.
         El PCE nunca ha hecho autocrítica, ni siquiera ha reconocido sus actos criminales de la guerra civil. Esto a pesar de que se han publicado trabajos que prueban más allá de toda duda que fue el asesino de Andreu Nin, junto con agentes del régimen de Stalin; que realizó matanzas estremecedoras en la primavera de 1937, dirigidas contra libertarios y poumistas; que fue muy activo en la carnicería cometida contra los católicos y que asesinó a miles (sí, a miles) de personas, sacándolas irregularmente de las cárceles por las noches y ejecutándolas luego sin más, en el otoño de 1936 en las proximidades de Madrid, por citar sólo los acontecimientos más espeluznantes.
         Todos esos asertos están, ya digo, hoy exhaustivamente documentados, con la aportación de los archivos de la antigua Unión Soviética en algunos casos.
         Sobre la guerra civil su único documento oficial sigue siendo “Guerra y revolución en España, 1936-39”, IV tomos, redactado por una comisión de seis personas de la jefatura del PCE, presidida por Dolores Ibárruri. Fue editado en castellano por la Editorial Progreso de Moscú, en 1967, en un tiempo en que incluso el Partido Comunista de la Unión Soviética había denunciado “los crímenes de Stalin”, cosa que hizo a partir de su XX Congreso, en 1956.
         Pues bien, en vano encontrará en ese extenso trabajo el lector o lectora ninguna posición autocrítica sobre lo que, en materia de crímenes, hizo en la guerra civil (y luego en el maquis). Es más, hasta el presente se ha negado rotundamente a hacerlo, tildando de “franquistas” a quienes se lo han demandado. Si Stalin cometió crímenes espantosos, ¿el PCE no lo hizo también cuando estaba a las órdenes de Stalin?
         Ni siquiera ha reconocido, ha pedido perdón y ha presentado una autocrítica razonable por el horroroso crimen fascista que cometió con Nin.
         Eso significa que el PCE actual sigue considerando como positivo y legítimo lo que hizo en la guerra civil. Y en ese caso no tendrá escrúpulos en volverlo a realizar si se dieran condiciones similares a las de entonces: ese es el meollo de la cuestión. Y esa es la base de su veneración por el camarada Kim.
         No sólo el Partido como tal sino sus intelectuales orgánicos, y sus cuadros, lejos de reconocer el carácter criminal y genocida de la actuación del PCE en la guerra, han alardeado de ello, y lo siguen haciendo, quizá sólo con alguna escasa y no representativa excepción.
         Al mismo tiempo, la intelectualidad burguesa y los aparatos estatales de propaganda, que conocen muy bien la verdad de todos estos asuntos, callan y concilian con el PCE, porque éste les es hoy imprescindible para controlar a las masas, apuntalar el régimen parlamentario y hacer prosperar el capitalismo. Por eso, pongamos por caso, la gran banca le entregó 1,6 millones de euros (otras fuentes se refieren a cantidad mayores) para sus gastos en las elecciones generales de noviembre de 2011. Véase, el partido “anticapitalista” por excelencia, el PCE, financiado por el capitalismo.
         Para admitir que dicho Partido es una organización decente y no una organización de extrema derecha, ha de: 1) reconocer los hechos, 2) pedir perdón por ellos, 3) exponer las raíces últimas de su actuar, 4) presentar un plan de rectificación concreto y creíble, 5) reparar el daño cometido indemnizando a las víctimas, individuales y colectivas, o a sus herederos, 6) romper públicamente con organizaciones fascistas como el PT de Corea.
         Es necesario que quienes de buena fe estén en el PCE, o en IU, exijan en el interior de esas organizaciones que se esclarezcan y traten correctamente todos estos asuntos, según los principios más elementales de la política, la justicia y la ética. De no hacerlo se convierten en cómplices de los asesinos y en cooperadores con el fascismo de izquierda.
                                                                     (Continuará)

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