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viernes, 27 de enero de 2017

FASCISMO Y EXTREMA DERECHA HOY EN EUROPA (II)


En el sistema fascista hay que distinguir, como es lógico, entre lo que es accesorio, por corresponder a la situación de los años 20 y 30 del siglo pasado, y lo que es sustantivo. No volverá el fascismo de uniformes paramilitares, botas y correaje, camisas de un determinado color y desfiles teatralizados, porque está desprestigiado y porque la historia no se repite. Pero sí persiste su esencia, que permanecerá ahí mientras el poder del ente estatal y la clase patronal perdure y además alcance cada día un grado más elevado, como está sucediendo. Ahora el objetivo de los poderes constituidos europeos es ir haciendo evolucionar al parlamentarismo hacia formas fascistas, recortando cada vez más las libertades, en concreto estableciendo un sistema progresivamente más perfecto y omnipresente de censura. Los planes para controlar y censurar internet a partir de la teorética abusadora sobre la postverdad se dirigen en esa dirección.

En síntesis, negar (o, simplemente, relegar a un lugar irrelevante, u olvidar, o infravalorar) el principio de la soberanía popular y la noción organizadora cardinal de que la libertad de conciencia es sagrada e inviolable, resulta ser lo que hace fascistas a las fuerzas políticas y a las religiones. A estos dos criterios hay que añadir otro más, ignorar la centralidad del sujeto, de la persona, concebida al mismo tiempo como ser individual y ser comunitario, desde la cual se construye el autogobierno de la sociedad. En todas las formas de fascismo falta la noción de persona en tanto que tal, de ser humano autónomo, soberano e independiente que se hace desde sí mismo y, en lo principal, por sí mismo.

Erigir una sociedad en la que lo característico y decisivo sea la libertad, en la forma de libertad con verdad, libertad con responsabilidad, libertad con límites, libertad con valores, libertad con ética, libertad con convivencialidad, libertad para todos(también para los enemigos de la libertad que no usen la violencia)libertad con una economía comunal y libertad con virtud cívica y virtud personal,es la meta número uno del proyecto de revolución integral. Por eso está en oposición antagónica a todas las formas de fascismo y nazismo, sean éstas seculares o religiosas. Su meta no se reduce a denunciar la falta de libertad hoy sino que adopta un enfoque positivo, con el fin de constituir una sociedad de la libertad mañana.

El orden progresista, izquierdista y liberal que gobierna Occidente desde finales de la II Guerra Mundial ha entrado en crisis. La gran depresión económica iniciada en 2008 ha sido un terremoto al que no ha sabido dar respuestas, debido a su defensa cerrada y dogmática del actual sistema. Es más, sus representantes políticos, culturales, ideológicos, mediáticos y económicos se han desentendido de la suerte de la gran mayoría de la población europea, a la que además han acosado y humillado con las jaurías de las religiones políticas, concentrándose en la defensa de los derechos (a menudo privilegios injustos y abusivosde “las minorías”. Así pues, una parte creciente de las clases trabajadoras de Europa, que se ven atrapadas entre la mundialización económica, la emigración masiva, la pobreza imparable (el 22% de la población de España es pobre), las drogas impuestas desde el poder, la islamización desde arriba, la pérdida de su identidad cultural, el desprecio por su historia, los planes para realizar la sustitución étnica y la falta de futuro, ha puesto sus esperanzas en formaciones como el Frente Nacional francés, el Partido por la Libertad holandés, la Liga del Norte italiana, el Ukip inglés, la Alternativa para Alemania y algunos más. A esta relación hay que añadir el gobierno Trump en EEUU.

La prensa y televisiones progresistas, así como los sectores estalinistas del activismo callejero, con ligereza tildan a estas formaciones de “fascistas”, o al menos de “extrema derecha”. Otros, más atentos a la realidad o más considerados con la verdad, se limitan a etiquetarlas de “populistas”, aunque añadiendo los sambenitos con los que el progresismo actual oculta su falta de argumentos y propuestas: “racistas”, “xenófobos” y el resto de suletanía. En su ignorancia, a veces añaden la categoría de “machistas”, aunque varias de tales fuerzas políticas están dirigidas por mujeres, y de “homófobos”, a pesar de que en ellas existen núcleos de homosexuales bastante numerosos y perfectamente integrados, operando a la luz del día, sobre todo en el francés Frente Nacional.

¿Son fascistas? Su programa no se opone al parlamentarismo ni reniega del pluripartidismo ni rechaza el principio de la soberanía popular formal, sí se propone crear un nuevo orden corporativo. Admiten la formulación sobre la libertad de conciencia y la libertad de expresión tal como la presenta la teoría del liberalismo. No han formado milicias para apalear en las calles a sus contradictores ni desean hacerlo. No son más caudillistas que los viejos partidos de la derecha y la izquierda, a veces incluso menos. No usan uniformes ni desfilan bajo un mar de banderas. Suelen ser menos estatólatras que la izquierda,asunto decisivo que les aleja del fascismo en lo doctrinal. No loan más de lo que lo hacen sus adversarios progresistas el Estado policial, e incluso en alguna ocasión menos. Por el momento no se han manifestado más militaristas que la izquierda. No son más derechistas que la derecha clásica, que les ataca con furia. Mantienen el Estado de bienestar y alientan el crecimiento del ente estatal como garantía y salvaguarda del capitalismo. Pretenden llegar al gobierno por la fórmula del partido más votado, o en coalición, y abandonarlo cuando pierdan las siguientes lecciones, lo que no está dispuesto a hacer, por ejemplo, el presidente turco Erdogan, como se ha dicho, por muchos años amigo y modelo de la progresía española.

No, no son fascistas. Son una derecha de nuevo tipo, no más extrema ni más agresiva que la derecha liberal clásicasurgida para contener, controlar, integrar y manipular a las masas en una situación difícil para el poder constituido en Europa. Sin ellos, el descontento de la clase obrera y los asalariadoexplotaríaal estar hacinados sin futuro en las horridas y destartaladas barriadas de las megalópolis europeas, esos espacios invivibles que se caen a pedazos, sometidos a una competencia creciente en los salarios y las prestaciones sociales por la inmigración, a menudo atemorizados por ésta, si es musulmana. Sin esos partidos se podría llegar a un estallido social pero con ellos eso no sucederá, o tendrá lugar más tarde y con menor virulencia. Son formaciones anti-revolucionarias idénticas en esto a todas las demás, de derecha, centro e izquierda.

La izquierda se ha hecho la fuerza política de las clases medias y la juventud pudiente, con papás solventescarreras caras idiomas bien aprendidosHoy está centrada en bizantinismos y cominerías, cuando no en maldades que poco o nada importan a los asalariados, a los hombres y mujeres que viven vidas lúgubres y duras pero sobre todo sin esperanza, quizá el 70% de la población europea. Los políticos progresistas están tan confortablemente instalados en sus privilegiadas torres de marfil que ni llegan a vislumbrar cómo es la existencia diaria de esas gentes a las que pretenden aplacar con algunas prebendas lanzadas desde lejos (la renta básica, etc.), del mismo modo que se arroja una carcasa de carroña a los buitres de un parque natural para tenerlos aplacados y controlados

La nueva derecha, bastante demagógica y falsaria sin duda, está creciendo deprisa a medida que el orden progresista capitalista se descompone sin que la izquierda acierte a exponer y ofrecer nada coherente, más allá de repetir maniáticamente la retahíla de ultrajes habituales. La capacidad de acción del populismo de nueva planta aumenta cuando se escruta la actuación de Syriza en Grecia, elevado a herramienta principal del imperialismo alemán y el capitalismo griego. Conviene anotar que la fuerza política impulsada por uno y otro ha sido la izquierda más “radical”, no el neonazi Amanecer DoradoTodo ello está socavando el prestigio de la izquierda de un modo colosal. De hecho, está cavando su propia tumba.

En España sucede lo mismo con Podemos, la formación política de la clase media y clase media alta, formada por individuos dispuestos a todo para conseguir un alto nivel de ingresos y consumo. Su vaciedad intelectual e baja calidad humana ha hecho que en dos años se desprestigie, tal vez irremediablemente, y eso a pesar de los miles de millones que el sistema ha gastado en su promoción, realizada según las normas de la mercadotecnia comercial. Ahora, sus ocultos mecenas en las alturas se distancian de Podemos, al que tienen ya por fuerza fallida, sólo útil como elemento auxiliar en el tablero políticoPodemos es una fuente de ideas y prácticas de tipo fascista, por caudillista, negadorde la libertad de conciencia, hostil a la libertad de expresión, partidaria del capitalismo de Estado, islamófila, sostenedora del Estado de bienestar, estatófila, feminista (sexista totalitaria fascistizante) y algunas manifestaciones más. Forma parte del estalinismo, o fascismo de izquierda, siendo hoy su reserva más importante. La izquierda es parlamentarista en lo político y fascista en lo ideológico, mientras que la derecha sostiene la interpretación de la libertad propia del liberalismo, que es formal y falsa y dictatorial en esencia, pues niega las libertades reales a las clases populares. Únicamente la revolución se adhiere a la categoría de libertad natural, la defiende, difundepelea por ella y la practica.

El futuro de la nueva derecha populista no será mejor, ni su dominio sobre las masas más duradero que el de aquel partido español de la izquierda. Trump está en el poder y se declara amigo de Marine Le Pen, Geert Wilders, Frauke Petry, Nigel Farage, Matteo Salvini y otros más, pero su capacidad de acción es limitada, al estar sometido a la presión de un sinnúmero de contradicciones y antinomias irreconciliables, que están en el meollo mismo del actual sistema y que no pueden ser dejadas de lado ni superadas, ni siquiera hábilmente orilladas por mucho tiempo. En cuanto Trump empiece a decepcionar a sus votantes, en un año más o menos, el impulso ascendente de esta renovada derecha europea charlatana y fulera, que promete lo que no puede cumplir, comenzará a descender. Y entonces se creará una situación nueva en la que la revolución tendrá su oportunidad.

La emigración es un enorme problema¿Qué hará en este asunto el nuevo populismo? Para empezar, ninguna de esas fuerzas de “extrema derecha”, ninguna, habla de expulsar a los inmigrantes sino de “regularizar” con más detalle su acceso y estancia, así como de reducir sus costes y gastos. La economía europea depende de ellos y no pueden ser devueltos a sus países porque para el capitalismo son imprescindibles. Más aún para el Estado, debido a que pagan impuestos, se alistan en el ejército (el 40% del aparato castrense español en el nivel de tropa son emigrantes) y están ahí disponibles para todo. Lo que sí resulta muy diferente es el modo como perciben el hecho de la emigración la clase media urbana pudiente y cosmopolita, hoy organizada en Podemos, para la que son mano de obra barata a la que explotar y luego manipular con sentimentalismo barato, y las desventuradas gentes de los barrios ¿obreros? (más bien de asalariados con un alto porcentaje en paro y pobreza), que tienen a los emigrantes al lado y han de competir con ellos, aunque no quieran, por salarios de miseria y prestaciones asistenciales en rápido declive, de donde resulta que hay menos recursos a distribuir entre más necesitados, los autóctonos y los llegados de fuera. Si el Estado de bienestar se está desintegrando por escasez de fondos, ¿habrá para todos?y, ¿es justo que reciban quienes no han aportado?

Así en lo demás. Europa es un edificio que se desmorona, un barco que hace aguas, una sociedad que se desploma en la pobreza, la disfuncionalidad, la sobremortalidad y la aculturación. Y todo ello está aconteciendo con bastante rapidez. Esto crea, por el momento, una mezcla de incredulidad, inquietud y parálisis pero, dejando de lado los estados de ánimo, es la verdad. Una verdad que se irá imponiendo día a día los próximos años. Una verdad que ya ha triturado al progresismo y a la izquierda y luego triturará al populismo y a la nueva derecha. Una verdad que sólo la revolución popular integral puede primero dilucidar y luego resolver.
(Continuará)




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