domingo, 1 de enero de 2012

EL “ANTIRRACISMO” RELIGIÓN POLÍTICA (I)



         Los recientes acontecimientos en Italia, en que cientos de subsaharianos negros se manifestaron contra el asesinato de varios de su etnia por un militante de la extrema derecha blanca al grito de “¡Italianos racistas!”, demanda un esfuerzo de reflexión sobre un asunto extraordinariamente embrollado por los aparatos de propaganda del poder político, académico, mediático, partidista y económico, aunque en sí mismo es bastante simple y fácil.
            Uno de sus elementos más preocupantes es la persistencia del racismo antinegro al mismo tiempo que el ascenso vertiginoso del racismo antiblanco.
            La creencia de que existe un tipo de racismo y sólo uno, que se vincula con los fascismos, en particular con el nazismo y su fúnebre mito de la raza aria, no resiste la observación más simple. Por ejemplo, el Partido Pantera Negra, que logró un cierto predicamento en los años 60 del pasado siglo en EEUU, hoy desaparecido, era una formación cien por cien de ideología racista, para la que los blancos eran el mal, en bloque, y los negros, no menos en bloque, el bien.
            El racismo de los Pantera Negra fue admitido por casi todos, especialmente entre los blancos, porque venía envuelto en unos argumentos victimistas y acompañado de unos análisis históricos y actuales sin fundamentos objetivos, fabricados precisamente para mantenerlo.
            Su solución programática al muy real racismo antinegro, entonces bastante poderoso en ciertos ambientes de EEUU, era la “República negra”, esto es, la constitución de un Poder Negro en un territorio concreto, lo que llevaba aparejado realizar una labor de limpieza étnica contra los miembros de las otras razas, no sólo de la blanca. Esta aberración, copiada de los planes urdidos por los nazis para ser aplicados en ciertos territorios del Este europeo, fue admitida sin presentar críticas por millones de mujeres y hombres blancos, por dos razones.
            Una, que estaban abrumados por sentimientos de culpa prefabricados por el Estado y el capital. La otra que consideraban a las personas negras con criterios paternalistas, a través de una ideología condescendiente y prepotente, la de la “ayuda”, que les impedía tratarlas en pie de igualdad y no como niños, lo cual incluía el discrepar de ellas y presentarles críticas cuando fuese apropiado. El paternalismo es una forma de racismo. Eso significa que el vehemente “antirracismo” de millones de blancos era y es una forma peculiar de racismo.
            Lo cierto es que el Partido Pantera Negra fue tan racista como el Ku Klux Klan. Éste racista antinegro y aquél racista antiblanco.
            Otra desagradable expresión de racismo antiblanco, que ha afectado a millones de personas en todo el mundo, se dio con el ascenso político de B. Obama en EEUU, en los años 2008 y siguientes. Dado que Obama es negro, la prensa y los profesionales del “antirracismo”, tan generosamente financiados siempre por el par Estado-capital, en especial la progresía y las ONGs, promovieron una ola de simpatía sin precedentes hacia él: ¡le estaban juzgando por el color de su piel! La cosa fue tan tremenda que tales racistas se negaban en redondo a admitir que Obama, como cualquier otro ser humano, debía ser juzgado por sus actos exclusivamente, y no por sus rasgos étnicos, en sí mismos irrelevantes en un sentido u otro.
            El examen de los hechos indica que el racismo es un problema muy grave que va mucho más allá de una de sus concreciones, la que se dirige contra la gente negra y otras etnias “de color”. Hay muchas formas de racismo, por ejemplo, el de ciertos norteafricanos contra la gente negra, que tiene hoy en Libia una de sus expresiones más a lamentar, cuyo fundamento histórico es que ese país ha sido por siglos uno de los puntos clave de la trata de esclavos negros en el mundo islámico, activa (y en cierta medida, sigue siéndolo en algún área, como Mauritania) hasta hace muy poco, dada la pertinaz resistencia de las sociedades islámicas a abolir la esclavitud admitiendo la dignidad y valía sustantivas del ser humano sólo por serlo.
            Lo cierto es que, mientras el racismo antinegro está en regresión por todo el mundo, el racismo antiblanco, mantenido por algunos sectores de varones negros aquí y allá (en tanto que negocio particular sustentado en el victimismo), y sobre todo por blancos de ideas “radicales”, está en constante ascenso, sin que nadie se enfrente a él.        
            Explicar por qué muchas y muchos blancos son racistas antiblancos es algo bastante complejo. Lo cierto es que el “antirracismo” ha sido convertido en una religión política, para ser más exactos, en la más agresiva e irracional de las religiones políticas en curso, en relación con la cuestión de la inmigración pero también y sobre todo por motivos mucho más profundos y, desde luego, inconfesables, que se intentarán ir desvelando en este trabajo y en otros.
            En los sucesos de Italia hace unas semanas encontramos lo habitual, la inmensa mayoría de la población, blanca y no blanca, condena el racismo contra las personas negras, lo que es muy loable, pero nadie levanta su voz para censurar el racismo de algunos  individuos negros contra los blancos, porque acusar sin fundamento a otros de racismo, en particular a toda una comunidad humana sólo por el color de su piel, es una aflictiva forma de racismo.
            De lo que se trata es de negar y repudiar el racismo en todas sus formas, y no sólo en una, rechazando toda idea de superioridad o privilegios a favor de una raza, es más, negándose a otorgar al color de la piel y demás rasgos físicos externos, sean los que sean, ninguna significación de importancia.
            Las religiones políticas son formaciones ideológicas muy peculiares. Su discurso es simple, para poder repetirlo una y otra vez en la forma de propaganda y consignas, y se desentiende por completo de la cuestión de la verdad. No apelan a la reflexión sino a las emociones y los estados de ánimo más primarios. Quien discrepa es presentado como un ser diabólico, como un no-humano que puede y debe ser linchado. Negarse a comulgar con el sistema de creencias de la religión política de turno es presentado como un pecado más que nefando, algo del todo intolerable. Los adeptos se crean y mantienen por un colosal uso del terrorismo verbal, fomentando el pánico a divergir y por medio de la manipulación más inescrupulosa de las emociones, el victimismo sobre todo.
            En el mundo maniqueo y enloquecido propio de esta religión política se establece quien es el Bien, o Dios (en este caso la gente negra), y quien es el Mal, o Satán (las personas blancas), explicándose todo a través de la pretendida lucha eterna, o poco menos, entre las razas. Su verdadera meta es más prosaica: culpabilizar a gran escala y con enorme intensidad a las poblaciones mayoritarias, para lograr destruir psíquicamente al sujeto, haciéndole dócil y sumiso al poder constituido, más apto aún para ser humillado y explotado por el capital.
                                                                                                       (Continuará)

EL ESTADO Y LA POLITICA ECONOMICA DEL GOBIERNO DEL PP



            Las medidas adoptadas por el gobierno de M. Rajoy el 30-12-2011 han manifestado la falta de fundamentos cognoscitivos de las formulaciones progresistas y de la izquierda sobre economía. Se suponía que el PP era el representante por antonomasia de eso que ahora se llama, como expresión de una ignorancia de lo que es la economía en nuestros días, “los mercados”, y hasta hace poco “las políticas neoliberales”, pero lo que ha decidido, nada más acceder a las responsabilidades de gobierno, ha sido tildado de “trasvase de dinero privado hacia el Estado”.
              Dado que el Estado es, según la mitomanía de la izquierda socialdemócrata, el gran y fundamental bien, así como la causa necesaria de todo el bien social posible aquí y ahora, tenemos que el PP es el que está haciendo la política de la izquierda, al robustecer al Estado con más de 15.000 millones de euros.
              La izquierda política intenta ahora embarullar todo esto, acudiendo a su recurso habitual, la retórica ignorante, atolondrada y mendaz, pero lo cierto e indudable es que lo primero que ha hecho el gobierno de la derecha ha sido fortalecer financieramente al Estado.
        En mi libro “El giro estatolátrico. Repudio experiencial del Estado de bienestar” señalo, con abundancia de datos y análisis particulares, que vivimos una era en que: 1) El Estado es el centro de todo, 2) las sociedades se están estatizando más y más a gran velocidad, 3) el capitalismo hoy no puede vivir, y ni siquiera sobrevivir, sin el Estado, 4) el Estado es el enemigo principal de quienes desean una transformación revolucionaria de las relaciones sociales, 5) no puede haber anticapitalismo si no es poniendo en el primer lugar la lucha contra el Estado, 6) la apología del Estado, por comisión u omisión (olvido), es la forma que adopta hoy la defensa más inteligente del capital, 7) los estatólatras son los pro-capitalistas por excelencia, los peores enemigos de las clases trabajadoras.
                Lo realizado por el PP está otorgando la razón a “El giro estatolátrico”.
          Lo que ha hecho el nuevo gobierno ha sido poner el bien del Estado en primer lugar, y no, aparentemente, el bien del gran capital. Y digo aparentemente porque dado que el capitalismo está, en Europa y EEUU, en una fase tambaleante y de decrepitud, necesita angustiosamente de un Estado hiper-poderoso para poder no sólo medrar sino incluso para meramente ser y mantenerse.
         Así es, las descomunales transferencias de fondos de los diversos Estados y organismos multiestatales, como el BCE, a la gran banca y las grandes empresas están siendo tan cuantiosas y colosales desde el otoño de 2008 (e incluso desde antes), cuando se desencadenó la crisis económica occidental, que el gran capital requiere imperiosamente que los Estados sean sólidos, pues si éstos se arruinan, o meramente decaen, su futuro sería más que problemático.
                Por eso los devotos de “lo público” lo son del capitalismo.
              La cosa es tan chispeante que el diario “El País”, portavoz de la izquierda española, comenta lo realizado por el gobierno de la derecha, con esta enjundiosa frase, “la reforma fiscal (del PP) se acerca a posiciones socialdemócratas que el PSOE olvidó”, ¡qué cosas!, ahora resulta que la derecha es más socialdemócrata que la izquierda, lo que lo dice casi todo sobre lo que es la izquierda, en sus diversas expresiones, y la socialdemocracia.
                Esa moda de culpar de todo a “los mercados” deja de lado que: 1) hoy los bancos están en gran medida en manos de los Estados, pues al haber ido quebrando, o al haber tenido que admitir cuantiosas subvenciones “públicas” (atención: estatales) para simplemente sobrevivir, sus acciones son formalmente o de facto en una buena proporción de los Estados y organismos multiestatales, 2) los mercados reales están hoy más intervenidos, vigilados y regulados por los Estados que nunca anteriormente, en particular en EEUU, de manera que nunca ha sido más real la formulación de que no hay mercados sin Estado.
                Otra cosa es que quienes desean crear aquí un régimen nazi como el de Corea del Norte, esto es, estatizado al cien por cien, aprovechen toda ocasión para vender sus ideas. Pero para el antifascismo lo estatal es cualitativamente diferente de lo popular, porque público viene de popular, no de estatal. Sólo lo que el pueblo decide en asambleas omnisoberanas es popular. Lo otro es estatal: militar, policial, carcelario, parlamentarista, adoctrinador, fiscal, jerárquico, elitista y reaccionario, e incluso fascista o cuasi-fascista pues nadie ha sido tan devoto del Estado como el creador de la teoría fascista, Mussolini.
                Quienes continúan identificando lo estatal con lo público son, además de socialdemócratas, discípulos de facto de Mussolini. Éste expresó bien lo que todos ellos piensan con la consigna “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.
                Los adoradores del Estado incluso citan de vez en cuando a Carlos Marx para intentar ocultar que su guía y referencia es el fascismo italiano, así como el franquismo. En mi libro antes citado, expongo con abundancia de citas que Marx no fue un estatólatra, pues preconizó la destrucción revolucionaria del actual aparato estatal por las clases trabajadoras. Por tanto remito a la lectora o lector a su capítulo XXI, de título “El marxismo no es una forma de estatolatría”.
                Volviendo al presente, si la derecha fortalece al Estado y la izquierda también desea hacerlo, y la izquierda más esencialista también, ¿en qué se diferencian?, ¿podría alguien explicárnoslo?
                La ceguera economicista, creer que la economía y el dinero son el todo, o el centro de la vida social, es la concepción del mundo propia de la burguesía. En eso están quienes dicen que el Estado es “mínimo”, o que se está desintegrando, o algo similar, además de incurrir en el más grosero de los militarismos y hacer la loa del Estado policial, no tiene ni idea de lo que está sucediendo pues se limita a “explicar” la realidad desde la ideología burguesa en vez de investigar aquélla fácticamente.
                Si el Estado, ¡a pesar del apropiarse del 40% del PIB!, no es casi nada, o como mucho una fuerza social secundaria y en regresión a la que hay que afirmar y apoyar por todos los medios, ¿qué de malo tiene la política del PP?
                De todo ello dimanan dos males, no comprender nada de la realidad económica actual y realizar una política reaccionaria, consistente en apoyar al capital por medio de robustecer el Estado, igual que la derecha española. Ese exactamente fue el contenido y programa del movimiento antiglobalización, un vulgar delirio estatolátrico propio del ala “radical” de la socialdemocracia, por tanto pro-capitalista. De éste se tratará extensamente en otra ocasión, tomando como base documental el muy inexacto y desacertado libro de Carlos Taibo “Movimientos antiglobalización ¿Qué son? ¿Qué quieren? ¿Qué hacen?”.

LA NAVIDAD, LA CONVIVENCIA Y LA FIESTA POPULAR



             Durante los últimos días de 2011 el diario “Público” (traducción a la neolengua ultracapitalista ahora en curso del vocablo castellano “Estatal”), órgano de expresión del PSOE, partido que en sus 8 años de gobierno ha destruido el país en todos los sentidos, ha realizado una de sus campañas más demagógicas e insidiosas contra las Navidades.
            Como agente del capitalismo, en particular de la gran banca (no se pueden olvidar los íntimos y estrechos lazos que unen al PSOE, que financia “Público”, con el señor Botín, jerarca máximo del Banco de Santander) que es, aquel diario condena todo lo que las Navidades son, lo malo y lo bueno de ellas, sin salvar su parte positiva, lo que tienen aún de evento convivencial y lo que conservan todavía de fiesta popular auténtica y genuina.
            Al ser “Público” el órgano de la socialdemocracia particularmente corruptora, por deshumanizada, pancista, maquiavélica y mentirosa, defiende la modernidad y el progresismo, esto es, la ideología más querida por el capitalismo multinacional y globalizador, que necesita destruir todas las formas de cultura popular y reducir a los humanos a la condición de simples entes zoológicos, de meras bestias.
          Ese diario se desencadena cada día contra la tradición popular tanto como contra la revolución, contra el pasado tanto como contra el futuro. Mi posición es muy diferente, dado que pretendo una revolución integral, que ponga fin  al Estado tanto como al capitalismo en todas sus formas (también al capitalismo de Estado señores de “Público”). Por ello contemplo el pasado inmediato con simpatía y amor, a fin de recoger de él sus aspectos positivos, que se dan en lo que tiene de popular. De ahí que procure unificar tradición con revolución, lo que es antagónico con la muy bien subvencionada apología que “Público” hace de la modernidad y el progresismo, de cuya coyunda sale el laicismo.
            El laicismo es una de las religiones políticas que imponen los valedores del capital multinacional. Se equivocan quienes creen que es la condena de la religión: no, esto es secundario en él. Su parte sustantiva es la defensa mostrenca y fanática del Estado, esto es, del ejército y del Estado policial, sin olvidar el capitalismo de Estado. Para el laicismo el Estado es la nueva divinidad ante la que todas y todos hemos de arrodillarnos. Y se comprende que sean tan laicistas los amigos socialdemócratas del señor Botín, que sin el Estado no es nada y no puede ser nada. Por ejemplo, si no fuera por el Estado (por los Estados), el capitalismo se habría desmoronado en Occidente en el otoño de 2008, pero aquél/aquéllos lo salvaron. Por eso la banca es laicista, esto es, estatolátrica. Como la socialdemocracia. Como “Público”.
            Dice, entrando en harina, que las Navidades son consumistas. Cierto, pero ¿más que las vacaciones tan del gusto del progre medio?, ¿más que ese revuelto de borracheras, vandalismos y vómitos que es Nochevieja, celebración laica muy del gusto de “Público”?, ¿más que los nihilistas y muy contaminantes viajes en avión al exterior, tan progresistas y modernos?
            Por lo demás, las Navidades no sólo son una conmemoración católica, son también la celebración del solsticio de invierno, una fiesta popular milenaria. Ha de ser, pues, recuperada en tanto que festejo popular y participativo, sin comilonas ni borracheras ni consumismo, y sin comisarios políticos laicistas, siempre torvos, ignorantes y represivos (además de pasmosamente aburridos), de la barbarie nihilista, autista y embrutecedora impuesta desde 1939 por los medios de propaganda al servicio del terceto franquismo-banqueros-PSOE.
            La Navidad fue antaño una fiesta vecinal, aldeana, barrial, que se centraba en cantar y cantar, horas y días cantando y tocando, en comunicarse, en estar y regocijarse juntos, en disfrutar en la calle de la hermandad que otorga el canto coral y, antes, de los instrumentos musicales construidos en común, de los ensayos, de la ilusión compartida por niños y mayores, por mujeres y hombres. Franco la convirtió en fiesta exclusivamente familiar, según su política de imponer la familia nuclear para demoler la totalidad de las otras formas de convivencia y sociabilidad, en la perspectiva de destruirlas todas, también la familia nuclear al final, para estatuir el sujeto solitario, insociable, egotista e incapaz de convivir con sus semejantes que el capitalismo actual, el más agresivo de la historia, necesita de manera imperativa.
            Franco inició el proceso de voladura de la Navidad, que ahora es continuada por el PP en el gobierno y por el PSOE y el PCE-IU en la oposición. Y por los mandados del PSOE. Y por los nihilistas especializados en autoagredirse y autodestruirse a través del hipercriticismo. Y por los consumidores de dogmatismos progres y seres sin cerebro de siempre.
            Por eso los agentes literarios del capitalismo aborrecen a muerte la fiesta popular, fiesta no consumista, fiesta no monetizada, fiesta por participación, fiesta que no se compra sino que se hace entre todas y todos. Y la odian porque es convivencial, porque no necesita del dinero, pero sobre todo porque sale del “nosotros”-“nosotras”, de lo colectivo y comunitario, que es lo que algún día -esperemos- puede destruir al capital y exigir responsabilidades a sus publicistas.
            Las Navidades es un buen ejemplo de celebración popular, tal como la estudio en el capítulo de mi libro NATURALEZA, RURALIDAD Y CIVILIZACIÓN, titulado “Reflexiones sobre la fiesta popular de la sociedad rural tradicional”. Por eso es respetable, y también adorable, si bien los seres monstruosos y homicidas que han engendrado la modernidad y el progresismo no respetan nada que sea auténtico, popular, cálido, sencillo y humano, pues toda su inmensa capacidad de reverenciar y caer de rodillas se gasta en pro del capital y el Estado. El laicismo odia convulsivamente al pueblo y a lo popular, y ese es el verdadero problema.
            De lo que se trata es de, suponiendo que ello sea ya posible, recuperarla como celebración popular, vecinal y callejera, como acto de convivencia, hermandad y relación, como evento alegre y chispeante, autoconstruido y autogestionado. Por tanto, los hipercríticos se equivocan una vez más. Ellos han contribuido a crear un sujeto tan degradado que ni siquiera sabe divertirse, por lo que ha de acudir, para escenificar una parodia vil de ello, al alcohol y las drogas.
            Ya puestos diré cuales son mis preferencias en villancicos. Para el ámbito castellano, que es el que conozco mejor, los recopilados en el CD “Navidad tradicional española”. Dentro de éste, es fascinante la Ronda Navideña del Alamín (Guadalajara), con la pieza “Pastorcillos del monte venid”. Me agradan mucho algunos que ofrece La Bazanca en “Escuchen los Villancicos”, y admiro la variedad y calidad de la música navideña rural y popular compilada en el CD “Tiempo de Navidad” editado por “La tradición musical en España”.
            Lo terrible es que todo eso está siendo destruido a una velocidad vertiginosa. En sólo un lustro no quedará prácticamente nada. Por tanto, señoras y señores de “Público”, tranquilos, que vais ganando, en esto como en todo por el momento, pues ya lo dice el refrán, “Quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija”.

LLANTO POR EL CAMARADA KIM (I)



         El reciente fallecimiento del jefe del Partido de los Trabajadores de Corea, Kim Jong-IL, el “Querido Líder”, ha tenido repercusiones por estos pagos. La Juventud Comunista de Andalucía ha hecho pública una nota necrológica, y “Gara”, portavoz de la hoy amansada izquierda abertzale, insertó otra.
         Podría ser una chifladura de minorías casposas y anacrónicas, y tal vez se trate de eso, pero existen otras posibilidades más inquietantes.
        Aunque procura disimularlo por el momento, el Partido Comunista de España (PCE), matriz de IU (Izquierda Unida), es “partido hermano” del PT de Corea, de manera que la iniciativa de los jóvenes comunistas andaluces probablemente cuente con la callada anuencia de sus mayores, Cayo Lara y demás. Así éstos pueden jugar a dos barajas.
         El orden político y social de Corea del Norte es estremecedor, y sólo comparable con el franquismo de los años 40 del siglo pasado. Las todopoderosas elites políticas, militares, policiales, aleccionadoras y la burguesía de Estado, que tienen el poder absoluto en el país, someten a las clases trabajadoras a un régimen de terror, deshumanización y hambre.
         Todo el poder lo ejerce el Partido, sin ninguna posibilidad de autogobierno popular por medio de asambleas, las decisiones económicas las toma la burguesía estatal, íntimamente fusionada con el Partido y la policía política vigilia a la población, con decenas de miles de prisioneros políticos y de conciencia. Además, un sistema de adoctrinamiento de un poder descomunal homogeneíza a las mentes, o a lo que quede de ellas.
         En el norte de Corea sólo cuenta el Partido, el ejército, la policía y la clase empresarial estatal. El pueblo y el individuo están totalmente anulados, y la persona allí es nada. La destrucción medioambiental es colosal, lo mismo que la incultura y el embrutecimiento de las masas.
         El PCE es hoy parlamentarista y socialdemócrata, tácticamente, pero en el fondo de su programa está la idea de un “socialismo” como el de Corea del Norte, con él ejerciendo un poder total sobre el pueblo. Si se le presentase una coyuntura histórica favorable crearía un régimen fascista como el del camarada Kim y su oronda dinastía.
         El rechazo del capitalismo por su parte se ha de comprender como paso previo a la construcción de un super-capitalismo despiadadamente explotador con el cual el PCE sería el propietario total y absoluto de todos los medios de producción y cambio de lo que llaman España, convirtiéndose así en burguesía de Estado, al mismo tiempo que en aparato estatal, en primer lugar ejército y policía. Sería una concentración de poder descomunal, justamente la que hoy existe en Corea del Norte.
         Eso exigiría realizar detenciones masivas, abrir campos de concentración y ejecutar a un gran número de disidentes, de manera similar a como se ha hecho y hace en Corea del Norte.
         Basta con leer sus publicaciones internas para captar esos hechos. Además, en la guerra civil hizo todo lo que pudo a fin de hegemonizar absolutamente el bando republicano, para lo cual acudió a los asesinatos de masas, igual que el régimen de los Kim en Corea. Mató a católicos, a anarquistas, al desventurado Andreu Nin (después de torturarle de una manera despiadada) y a otros muchos militantes del POUM, a disidentes de sus propias filas y a todo el que discrepaba. Hizo la mayor matanza de la guerra civil, la que tuvo lugar en el otoño de 1936 en pueblos al noreste de Madrid, con miles de cadáveres, peor que la peor de las ejecutadas por Franco, y no fue aún más grave porque CNT detuvo la carnicería.
         Su entusiasmo ha estado y está, aunque ahora soterrado por razones tácticas, con ese “socialismo” al estilo del PT de Corea. Dicen que sólo los borrachos, los locos y los niños dicen la verdad, pues ahora han sido los “niños”, andaluces por más señas, del PCE quienes han hecho honor al proverbio.
         Los Partidos Comunistas que se enfrentaron al nazismo, al fascismo y al franquismo no lo hicieron por defender un ideal de emancipación y libertad. Su retórica a favor del proletariado era y es sólo eso, retórica. Lo que preconizaban era un fascismo opuesto a aquéllos por propio y peculiar. Del mismo modo que Stalin luchó contra Hitler en 1941-45 en defensa de sus propios campos de concentración, asesinatos en masa y sobreexplotación de los trabajadores, el PCE se opuso al franquismo en defensa de un sistema político igual que el de Franco en esencia, si bien con cháchara y banderas diferentes.
         Si juzgamos a los Partidos Comunistas por lo que han hecho y hacen, y no por su doctrina y fraseología, sólo podemos concluir una cuestión, que son formaciones fascistas.
         El PCE se enfrentó contra Franco para imponer su particular concepción del fascismo, de tal modo que entre fascistas de uno y otro tipo andaba el juego, aunque, dadas las circunstancias, cuando llegó el final del régimen del generalito de El Ferrol, tuvo que admitir tácticamente la defensa del parlamentarismo, como una etapa intermedia, o de transición, hacia su verdadera meta estratégica, un orden como el de Corea del Norte aquí realizado, con todo el poder de prohibir y ordenar monopolizado por él.
                                                                                   (Continuará)

SOBRE LA INTERVENCIÓN POLÍTICA




Documento de análisis político de Félix Rodrigo Mora publicado en ESTUDIOS, Revista de Pensamiento Libertario, CNT. 

En las actuales circunstancias, de transición desde un periodo en que el conflicto social ha sido limitado y discontinuo a otro en que se darán, muy probablemente, fuertes tensiones permanentes y ascendentes, la reflexión sobre lo sustantivo del combate político se hace necesaria, por sí y porque ha de orientar nuestro quehacer en las nuevas circunstancias. Dado que la intervención política es la forma superior de tal práctica, que gira siempre en torno al par dialéctico opresión/libertad, vale decir, Estado/autogobierno popular, su estudio ha de abordarse a partir de dos elementos analíticos. Uno es la experiencia histórica de este tipo de enfrentamientos, otro los clásicos del pensamiento político. El primero es el determinante pero el estudio de los textos más iluminantes de los politólogos de la cultura occidental orienta y complementa las conclusiones alcanzadas tanto como el actuar transformador. Félix Rodrigo. 

martes, 27 de diciembre de 2011

HACIA LA IV GUERRA MUNDIAL A PASO LIGERO



            En los dos últimos años los desencuentros y conflictos entre las superpotencias en materia económica se han multiplicado, con la particularidad de que cada vez logran menos acuerdos, siquiera transitorios y parciales, entre ellas. La crisis económica que padece Occidente y, por el momento, sólo Occidente, mientras el resto del mundo conoce un periodo de crecimiento acelerado, está llevando a una escalada belicista de lo más inquietante, con B. Obama, el presidente demócrata y negro que tanto entusiasmó a los mentecatos (y este caso además racistas) de siempre, como primer actor.
            Ya en 2010 la prensa de EEUU acusaba obsesivamente a China de todos los males, lo que está en relación con que entonces por primera vez la superpotencia emergente había llegado a ser el primer país consumidor de energía del planeta, desbancando a USA. A finales de ese año Obama hizo una gira por India, Indonesia, Corea del Sur y Japón con la obvia intención de ir construyendo el cerco de China. Poco después la reunión del G-20 en Corea del Sur fracasó por la incapacidad de alcanzar un acuerdo en la llamada “guerra de las divisas”, una de las expresiones del gran conflicto económico y estratégico en curso. Similar fiasco han ido cosechando, más o menos, todos los encuentros internacionales desde entonces.
            La historia muestra, en particular la II guerra mundial, que los conflictos económicos entre las grandes potencias, cuando no pueden resolverse por vías pacíficas, que es lo habitual, llevan a las grandes guerras propias de la modernidad tecnológica.
            En agosto de 2011 China botó su primer portaviones en medio de una tempestad de protestas y amenazas, de EEUU, Japón y otros países. Hace ya tiempo, por lo demás, que hay incidentes entre barcos chinos y estadounidenses, sobre todo en el Mar de la China. El gigante asiático se rearma aceleradamente y EEUU le vigila y espía. Pekín, capital del comunismo neoesclavista, tendrá su segundo portaviones en 2014 y EEUU ha doblado en poco tiempo sus tropas desplegadas en el Pacífico, hasta alcanzar los 100.000 efectivos. La India, aliada de los estadounidenses por el momento, está construyendo dos portaviones y prueba con éxito un nuevo misil de largo alcance, el Agni IV.
            A comienzos de 2011 un Informe de la Royal Society británica que China es ya la segunda potencia científica planetaria, con avances notorios en ese terreno de India y Brasil sobre todo, también neo-potencias. La significación que esto tiene en el terreno militar y económico no necesita ser enfatizado. Lo cierto es que Occidente declina y retrocede en todos los ámbitos. Que China supere a EEUU en esto es sólo cuestión de tiempo, si no hay acontecimientos decisivos que lo impidan.
            En noviembre de 2011 EEUU alcanzó importantes acuerdos militares con Australia, rubricados por B. Obama y la primera ministra de ese país, Julia Gillard, otra feminista entregada a servir la causa de la militarización y el rearme acelerados con el fin de “liberar” a las mujeres confinándolas en los cuarteles fusil en mano, como aquí Carme Chacón con el gobierno de la izquierda. De paso, Obama estrechó lazos políticos, diplomáticos económicos y sobre todos militares con los oponentes tradicionales de China en la zona, Vietnam, Singapur, Taiwan y Corea del Sur, sin olvidar a Japón.
            El viaje del presidente de EEUU al área del Pacifico a mediados de noviembre de 2011 ha acelerado la escalada armamentística mundial. De vuelta a casa hizo aprobar por el Senado la Ley de Financiación de la Defensa Nacional, un muy preocupante paso más hacia la militarización integral de EEUU con el correspondiente Estado policial.
            Quienes, atrapados por la sinrazón economicista, siguen con la cantinela de que sólo el capital es enemigo mientras el Estado encoge y se desvanece, o poco menos, deberían leer ese documento, que eleva el gasto militar de aquel país a más de medio billón de euros para 2012. Con independencia de sus intenciones, los que así argumentan son aliados objetivos del militarismo y el Estado policial: la prueba es que nada hacen, ni nada harán, contra el uno y el otro. Lo suyo son las reyertas por más dinero y más consumo, y nada más les preocupa.
            Todo ello nos afecta muy de cerca, pues en octubre de 2011 el gobierno de la izquierda acordó con la OTAN y los EEUU que Rota sea base naval integrada en el sistema de defensa antimisiles, en la que EEUU desplegará 4 destructores a partir de 2013.
            Es vergonzoso que apenas nada se haya hecho por denunciar esa sucia operación de militarización. Aquí está todo el personal  (con mínimas excepciones, cierto es) tan preocupado por las cuitas del bolsillo, el dinero y el consumo que ya apenas nadie tiene interés por resistir en la calle a una medida que nos sitúa en primera fila de la escalada militar mundial. Nos hemos hecho tan pancistas y miserables, tan pigmeos mentales y zampabollos, que en nuestras mentes no caben otras preocupaciones que las pensiones, los recortes salariales, los desahucios, las becas y el encontrar empleos bien remunerados para continuar la orgia consumista.
            Somos repugnantes y nos merecemos todo el mal que nos pueda suceder.
            ¿Qué ha hecho o piensa hacer el 15-M contra el militarismo, contra la IV guerra mundial que se nos echa encima a paso de carga? ¿Quizá afirmarse en la línea de DRY o PCE-IU y pedir puestos de trabajo excelentemente pagados en el aparato militar y policial, o en la industria de armamento? En la gran movilización del 15-O nada se dijo sobre estos asuntos, lo que es lógico, pues la consigna implícita era “Queremos seguir consumiendo, y punto”. Lo que señalo al respecto en el libro “Pensar el 15-M y otros textos” es, por desgracia, exacto.
            Además, quienes idolatran el Estado de bienestar tendrán, quizá pronto, la oportunidad de defenderlo con las armas en la mano contra las potencias rivales.
            Dado que ya no somos seres humanos y puesto que sólo nos preocupa y ocupa el estómago, comer y descomer todos los días, y teniendo en cuenta que hemos hecho dejación de toda dignidad y todo respeto por nosotros mismos, no hay problema: cuando llegue la IV guerra mundial marcharemos en fila de a uno hacia los cuarteles, tan sólo preocupados por la cantidad y calidad del rancho, hombres y mujeres por fin unidos en algo, y todos-todas contentos.
            El franquismo y después su heredera y continuadora, la izquierda, han realizado muy a conciencia su trabajo: donde hubo personas hoy únicamente hay entes zoológicos, donde hubo pueblo hoy sólo hay populacho.
            Una sociedad sin juventud, toda ella de seres seniles atentos nada más que a lo provechoso, es el fin de la historia humana y el inicio de la historia subhumana.
                                                                                           Diciembre 2011

EL PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS A JOSÉ LUIS SAMPEDRO



            Por fin el Estado, esto es, el creador, guardián y mantenedor del capitalismo, tan execrado con la boca pequeña por Sampedro, le ha premiado como se merece. No he logrado averiguar qué dotación monetaria lleva dicho galardón, aunque supongo que es elevada. El agraciado no ha dicho nada, por el momento, ni de eso ni mucho menos de negarse a recoger el premio, o de entregar su importe a alguna “gran causa” de las que defiende con tanto aprovechamiento crematístico. Es más, cómo será de gorda la cosa para que la prensa no se haya atrevido decir el guarismo que acompaña a Premio de nombre tan pomposo.
            Al mismo tiempo, la enorme publicidad suscitada por el asunto le vendrá muy bien para vender su última novela, probablemente tan cursi, progre y bodrio como las anteriores, “Cuarteto para un solista”, no hace mucho puesta en el mercado por una de las casas editoriales más ávida de beneficios, la cual quizá no haya sido del todo ajena a la concesión del Premio Nacional de las Letras al gurú español del 15-M.
            Se ha dicho que Sampedro es un “creador comprometido”, y eso es cierto. Lo fue con el franquismo, cuando era uno de los muchísimos afectos al régimen, todo él silencio y buenos dividendos. También ejerció de lo mismo en sus tiempos de alto funcionario del Banco Exterior de España, cargo lógico dado los servicios prestados al colonialismo y neocolonialismo español. Lo fue luego con el parlamentarismo y la izquierda en el gobierno, pues sin dejar de ser alto funcionario franquista se hizo campeón del progresismo, el feminismo y el izquierdismo. Cuando éstos comenzaron a resquebrajarse un poquito supo arrimarse a las nuevas modas, para seguir ejerciendo como gran mercader de palabras según los cambios en la demanda, realizando la introducción de otro pícaro de las letras en España, S. Hessel.
            Atiborrado de premios y euros, Sampedro es fiel a sí mismo al declarar, con motivo del nuevo galardón, que su “única esperanza para que ese cambio se produzca en el futuro es la fuerza de la contestación, del estallido social”, olvidando que dicho estallido, de vencer, debería expropiarle los muchos costales de dinero que ha ganado con su histrionismo, además de ponerle el calificativo apropiado, franquista sin más hasta 1975 y franquista camuflado desde entonces. No contento con ello, da un paso más y se autoproclama, como epatador profesional que es, “yo ácrata para servir a Dios y a usted”. Desde luego, de sus servicios a Dios y al prójimo como pretendido ácrata no sabría dar fe pero de los que ha hecho y hace al capitalismo en tanto que “ácrata” se podría escribir un tratado en tres tomos, a mil páginas por idem.
            Ya hace bastante que Manuel García Viñó puso en claro lo que son los premios literarios en este país, en libros como “La novela española del siglo XX”, “El País: la cultura como negocio”, o “La gran estafa”, sin dejar en el olvido a “La Fiera Literaria”, aún añorada por la cantidad de leña que repartió entre los vividores y sinvergüenzas de la cosa. Por si alguien lo ha olvidado conviene recordarlo. Son: 1) un modo de premiar a los estómagos agradecidos, por sus servicios al capitalismo y al Estado, y, 2) un sucio y repulsivo negocio, en el cual a los peores fabricantes de basura escrita y narcóticos espirituales se les organiza un colosal tinglado mercantil. Por eso se los llevan gente sencillamente impresentable, como Almudena Grandes, número uno de la literatura de retrete y afín al PCE-IU, entre otras horrideces fascistas, o Javier Marías, por citar sólo dos nombre de la tropilla inculta, mediocre, desalmada, codiciosa, zafia, maquiavélica y golfa que hoy se dedica a estos menesteres.
            Así se ha depravado al mismo tiempo el buen gusto, el sentido moral, las capacidades convivenciales y la radicalidad política de las gentes. Así se nos ha conducido al régimen de chabacanería, entontecimiento, barbarie, fanatismo, zoologismo, docilidad, feismo y megaopresión, de destrucción de la esencia concreta humana en que nos desintegramos y penamos.
            Otro vividor de los premios al mismo tiempo que “antisistema” institucionalizado y “decadente” profesional, Luis Antonio de Villena, comentaba el asuntillo del que nos ocupamos con esta sabrosa aserción,”hace falta en España que el Estado ayude a la literatura”. ¿Más todavía Luís Antonio?, ¿es que aún no tienes/tenéis bastante con lo que te/os corresponde en las muchas y muchas “ayudas” que te/os tocan, “públicas” y privadas, conocidas y ocultas, justificables e injustificables, de dentro y de fuera del país? Esta gente es insaciable, jamás se dan por contentos con el dineral que se embolsan. Es lógico, una vez que han hecho de las letras una forma de acumular capital se vuelven monomaniacos.
            Con lo que estos sujetos ingresan en un día puede vivir una familia en paro todo un año, pero su artimaña es declararse contra la burguesía y “anticapitalistas”. Cómo no, eso es gratis por un lado y vende muy bien por el otro. Vociferarán contra el capitalismo mientras el grueso del capital continúe en manos de otros y no donde a su juicio debería estar, en las suyas.
            Sampedro lo es todo, pero todo: franquista, humanista, anarquista, izquierdista, rebelde, negociante, economista, profeta de las nuevas generaciones, crítico altitonante con la patronal y los mercados, hombre rico y literato famoso. Es, por tanto, un triunfador nato, un modelo para ese sector del 15-M que desea “la revolución” para conseguir un buen empleo, o hacer un negocio de órdago, o lo que haga falta con tal de pillar euros y consumir a lo grande. Por eso le llevaron a alguna asamblea, lo mismo que a ese otro campeón del bolsillo, J.E. Stiglitz. Por eso está el 15-M como está.
            La conclusión que se extrae de todo ello es obvia. Dado que estos personajes están siempre pendientes del dinero no prestan atención ninguna a la literatura, ni al saber ni a nada que no sea la cuenta de resultados. Por eso, en la actual sociedad hiper-monetizada no hay y no puede haber algo que ni de lejos merezca el nombre de cultura. Sólo negocios.
            Hoy, cuando todo es propaganda, quien la hace es premiado y quien no se pliega a ello es arrojado a las tinieblas exteriores de por vida. Paralelamente, quien se toma en serio estas bellaquerías o es lelo o está esperando que llegue su momento y mientras tanto va aprendiendo de los Maestros del ramo el viejo arte del timo cultural y literario a lo grande.