sábado, 26 de enero de 2013

OBAMA Y EL NUEVO BLOQUE DE LA REACCIÓN


Quienes deseamos el triunfo de la verdad concreta-finita, la regeneración del sujeto, la instauración de un nuevo sistema de valores y el triunfo de la revolución integral planetaria tenemos que estar agradecidos al presidente Obama por el discurso inaugural y la ceremonia aneja de su segundo mandato.
        
En uno y otra ha definido al nuevo bloque de la reacción mundial, que es el mismo que el de antaño pero incorporando como nuevos pretorianos del imperio a los gays y lesbianas organizados, al feminismo de Estado y a las cohortes de la alta burguesía y altos funcionarios de raza negra, igual que lo es Obama y quien fue creador de la estrategia y doctrina militar imperial hoy en vigor, tras la derrota de EEUU en Vietnam, el general Colin Powell, uno de los peores belicistas del siglo XX.
        
En efecto, lo que es y hace ahora el imperialismo EEUU, el defensor principal del capitalismo a escala planetaria, fue diseñado por un hombre negro, Colin Powell. Y está siendo aplicado con mucho uso de la fuerza por un gran número de hombres (como Obama) y mujeres negras, dentro del Pentágono, enrolados en las tropas en combate en los países agredidos, o estacionados en cientos de bases militares por todo el planeta.
        
Asimismo, se ha constituido una extensa, arrogante y riquísima burguesía de etnia negra, ávida de ganancias y beneficios, y que sigue usando el victimismo racista para enriquecerse todavía más, a costa de los negros pobres y de los blancos pobres. Esta burguesía negra, a fin de proteger sus intereses estratégicos fundamentales, se vale del racismo anti-blanco, para dividir y enfrentar al pueblo, al mismo tiempo que se une con la burguesía blanca sin en este caso manifestar racismo alguno.
        
Una expresión de tal capitalismo racista y carca es Beyoncé, la intérprete “de color” que cantó el himno nacional yanki en la ceremonia. Esta fémina negra no ha tenido reparos en entonar ese horrible canto, al son de cuyas notas millones de personas de todas las razas, sexo y orientación sexual han sido y están siendo asesinadas. Su racismo es tal que se avergüenza de sí misma por ser negra (mulata), desprecia a los negros por ser negros y odia a los blancos por ser blancos…
        
Siendo mujer (junto con su pareja, la más rica de EEUU hoy) no duda en sumarse al aparato militar planetario que mantiene el patriarcado en todo el mundo, en especial en los países de islamismo de Estado, comenzando por Arabia Saudí, país nazi-islamista aliado firmísimo de EEUU, y el neo-patriarcado feminicida en otros países, como “España”.
        
En el aquelarre montado por el nuevo bloque de la reacción incluso se ha invocado a Martin Luther King, ese varón negro misógino y homófobo hasta el delirio que apartó a muchos negros de la vía de la lucha revolucionaria, contra el capitalismo y el Estado. Su biblia fue usada, junto con la de un farsante como el presidente Lincoln, para que Obama, el negro militarista, genocida, belicista y defensor del mega-capitalismo actual, jurara su cargo.
        
En la presentación en público del nuevo bloque de la reacción mundial no podía faltar un representante del grupo de poder homosexual, Richard Blanco, especialmente invitado por Obama. Unas semanas antes, un consorcio de grandes bancos reunidos en Londres decidió subvencionar al movimiento gay, para hacer de él la nueva fuerza de choque al servicio de sus intereses estratégicos, en tanto que gran capital bancario, como hicieron los nazis con una parte de la homosexualidad militante de su tiempo, a la que organizaron en las SA y lanzaron, porra y pistola en mano, contra el movimiento obrero y popular organizado[1].

De esta confluencia de burguesía negra, lansquenetes negros, gays y feministas de Estado lo que sale es un nuevo capitalismo, extraordinariamente reforzado, y un nuevo militarismo, que desea dominar y explotar al mundo en su totalidad, para satisfacer al completo su inextinguible sed de dominio y ansia de ganancias.
        
Este poderosísimo grupo de poder chorrea sangre. Con el sistema de drones, o aviones no tripulados, el presidente Obama ha matado, según cálculos realizados, unas 2.200 personas en los cuatro años de su mandato. Considerando que cada ataque, de media, mata a 49 inocentes por cada “terrorista” eliminado, ha asesinado a ¡unas 108.000 personas¡ sólo con tales artilugios.
        
Obama ha involucrado a EEUU en cuatro guerras, más que su predecesor, Bush, y está asesinando a muchísimas más personas. Su sangre salpica a quienes se alían con el imperio, los negros racistas, militaristas y victimistas, los gays y lesbianas subvencionados por la banca y los Estados y, sobre todo, el feminismo de Estado, que aporta cada vez más tropas femeninas bien adoctrinadas a las aventuras bélicas de Obama.
        
La IV Guerra Mundial está siendo preparada por el nuevo bloque reaccionario.
        
También son co-responsables de tales crímenes los que, entre nosotros, siguen apoyando al racismo pro-negro y anti-blanco, continúan presentando al movimiento gay como “anti-sistema” o defienden que el feminismo estatolátrico y androfóbico “emancipa” a las mujeres.  Todos ellos constituyen el renovado bloque de la reacción, los novísimos apologetas de los bancos y las grandes empresas, los nuevos pretorianos dispuestos a batirse por el imperio del euro, torturando y matando a quien se les oponga, igual que hicieron sus antecedentes, las SA hitlerianas formadas en gran medida por homosexuales, o las féminas nazis asesinas, que denuncia Mónica G. Álvarez en el libro “Guardianas nazis. El lado femenino del mal”.
        
Al ver al hombre negro Obama al frente de la nueva reacción capitalista-estatal mundial se entiende el significado de las religiones políticas, puestas en circulación en los años 60 del siglo pasado precisamente para cosechar los logros actuales, un nuevo reforzamiento del poder político y militar del imperio USA.
        
Pero con su victoria total las religiones políticas inician su fase de desintegración, al haber sido convertidas en institucionales. En sólo unos pocos años estarán ya bastante desacreditas. Por eso ahora es el momento de redoblar su crítica y denuncia.
        
Ante la nueva situación la propuesta es: 1) animar a los negros, lesbianas, gays y feministas de buena fe, no organizados en colectivos vendidos al poder, a romper con el bloque reaccionario recién constituido, yendo a la raíz del discurso de la nueva reacción, 2) poner fin al victimismo y a toda forma de “discriminación positiva”, esto es, de otorgar aún más privilegios a las supuestas “minorías oprimidas”, a las que el poder constituido está haciendo verdugos de la mayoría, 3) oponerse al racismo en todas sus formas, sea pro-negro o pro-blanco, negado toda significación positiva o negativa a la etnia, 4) sostener que la meta final no es lograr “mejoras” bajo el sistema sino efectuar una revolución total que realice la libertad poniendo fin a la actual dictadura estatal-capitalista, 5) formular un programa de emancipación integral de las mujeres, contra el feminismo androfóbico, el patriarcado y el neo-patriarcado, conforme al principio de que las mujeres se emancipan a sí mismas pero no las emancipa el Estado o el gobierno, 6) impedir que el Estado enfrente entre sí a las clases populares por motivos de raza, sexo o preferencias eróticas, 7) movilizarse ya contra el militarismo, belicismo y conductas criminales del hombre negro Obama y su perversa cohorte, volcada en preparar la IV Guerra Mundial.
        
El pueblo unido en base a la sustantividad de lo humano, de lo que está más allá de las diferencias irrelevantes o secundarias, es el único que puede hacer la revolución integral mundial. Por eso han de estar fraternalmente unidos negros, de otras razas y blancos; mujeres y varones; lesbianas, homosexuales y heterosexuales, respetándose mutuamente. Quien los enfrente entre sí, ése es el agente de la reacción.
        
Similarmente, los militares, la policía, la intelectualidad subvencionada y la burguesía, sea blanca o negra, heterosexual, lesbiana u homosexual, mujer o varón, es el enemigo.



[1] Algunos colectivos gays y feministas han acuñado la expresión “heteropatriarcado” para definir el régimen de dominio de la mujer por los varones heterosexuales. Ahora vemos la perfidia contenida en esa consigna, pues el Estado y el capital se hacen devotos de la homosexualidad mientras persiguen (por ejemplo, con la Ley de Violencia de Género) a la heterosexualidad y establecen el neo-patriarcado, el peor de todos los patriarcados.

jueves, 17 de enero de 2013

SERVICIO


La concepción de la vida como servicio se entrelaza con una enorme cantidad de cuestiones, de las cuales sólo unas pocas pueden ser tratadas en un artículo. Habrá que volver sobre esta materia una y otra vez.
        
Las disyuntivas que se plantean son varias: servir o ser servido, servir desinteresadamente o servir por interés, servir a personas o servir a causas impersonales, escoger las metas trascendentes a las que servimos o poner al ego como meta, permanecer en la cárcel del yo o escapar de ella… y varias más.
        
El egotismo, que es la ideología básica de la burguesía, establece el principio del interés particular como meta substancial del sujeto. Según ella, el yo sirve al ego, y todo lo demás queda relegado. Si se consultan los textos fundacionales de la burguesía, “La riqueza de las naciones”, de Adam Smith o “Informe de Ley Agraria”, de Jovellanos, se halla que “el interés individual” es el basamento de la actividad económica, y de la vida toda, pues reducen la existencia a lo económico, como luego hará Marx y casi toda la izquierda.
        
Por tanto, la oposición al interés individual debería ser parte sustantiva de la lucha revolucionaria contra la burguesía. Pero no es así. Hoy el o la activista social dice oponerse a los bancos y al capital en defensa de “mis intereses”, y afirma estar contra el Estado (las poquísimas veces que tal sucede, dada la ciega estatolatría en curso) como modo de salvaguardar “mi libertad”.
        
En suma, la “radicalidad” política está dominada por un individualismo total, agobiante y destructivo, que se manifiesta no sólo como egoísmo militante sino también como el más ruín y fastidioso de los egotismos. Es incluso más yoista y solipsista que la burguesía.
        
Liberarnos de la dictadura del ego, para acceder a un tipo de existencia superior, hecha de servicio desinteresado, renuncia al interés particular, generosidad activa, amor en actos, desasimiento cotidiano, preocupación por lo general, épica y heroísmo, dedicación a lo trascendente y sentido del deber es la precondición de toda toma de posición política y económica contra el orden constituido.
        
En suma: desinterés frente a interés, esto es, revolución interior y revolución social frente a burguesía.
        
Para lograrlo, en primer lugar, hay que renunciar a la ideología de ser servido por otros para vivir desde el propio esfuerzo. El paso inicial es no ser servido, el segundo es servir. Porque quien sirve es el que vale, el que se autoconstruye con vigor y con grandeza.
        
Eso demanda la renuncia a tener intereses propios, más allá de los que son imprescindibles para la supervivencia personal básica. No desear nada para sí equivale a poner el propio esfuerzo al servicio de los otros, haciéndose persona que sirve.
        
Pero, atención, los otros no son el otro. Otros es la totalidad de los iguales, el conjunto del pueblo/pueblos, hoy, en la historia y en el futuro. Otro es el o la que tenemos al lado. Con el otro singular las relaciones han de: a) evitar toda forma de paternalismo, cualquier mentalidad de “ayuda”, pues cada cual ha de existir desde sí, no desde el favor o la caridad, b) realizar la reciprocidad, la noción de justicia y equidad, que enseña a recibir tanto como se da.
        
La renuncia al ego no es bondad, no es bobería. Ayudar al próximo exige ser exigente con él, desde el afecto y la amistad, pero exigente. Eso excluye dar sin recibir, salvo en situaciones muy especiales en que el otro esté totalmente imposibilitado de sobrevivir sin ayuda exterior. La mentalidad paternalista del complejo ONG-Estado es perversa.
        
Amar no es incurrir en paternalismo sino desear el bien del otro. Obrar consecuentemente con ello demanda entender que el bien del próximo sólo lo puede realizar él mismo. Ayudar es favorecer la autoayuda en el otro, mientras que “ayudar” es destruir.
        
Aclarado esto pasemos a la cuestión del servicio. Son las grandes metas y los más elevados objetivos los que deben ser servidos. Tiene que haber una salida y abandono de sí, un ir hacia lo externo con olvido del interés particular, una renuncia al ego.
        
Si el yo está en la cárcel del ego, obligado a vivir para sí mismo, dado que es muy limitado, la mezquindad triunfa, el yo se asfixia y la vida se vuelve no-humana. Por tanto, se da la paradoja de que quien busca su interés particular acaba autonegándose como ser humano. Esto lo observamos a diario pues el egotista es enemigo encarnizado de sí mismo.
        
En efecto. Al no pensar más que en el ego, esto es, en lo muy pequeño y muy parcial, termina por arruinar la propia inteligencia. Al no amarse más que a sí mismo acaba por no amar nada, ni siquiera a sí mismo. Al ocuparse sólo de las pequeñeces propias de la parte doméstica y casera de la existencia llega a un estado de postración en que ya no sabe ni resolver esas cuestiones.
        
Es cierto que los egoístas máximos, que hacen del centro de su existencia la voluntad de poder, esto es, la lucha por dominar al otro y a los otros, poseen atributos y facultades más poderosas, que utilizan para el mal, pero ahora estamos tratando del egotismo más común, el que el poder constituido inculca al sujeto medio, violentándole psíquicamente.
        
El egocentrismo en un modo de destruir la esencia concreta humana, de degradar y embrutecer a la persona. Además, es reafirmar la cosmovisión burguesa en el seno del pueblo. El amor es desinteresado y esfuerzo desinteresado, es servicio y sacrificio. Lo demás es hipocresía y palabrería. Asimismo, servir da goces espirituales que el/la egoísta no imagina.
        
La acción transformadora de la sociedad no puede resultar del deseo de lograr tales o cuales ventajas provechosas sino de la convicción de realizar desinteresadamente el bien social y personal. No puede fundamentase en apetitos y ganancias sino en ideales, metas sublimes y valores. No anhela el propio beneficio sino un orden en el que nadie busque el propio beneficio, al entregarse todas y todos (o, al menos, la gran mayoría) a servir a la comunidad, a la humanidad, al otro.
        
Por eso la posición egótica de autores como Stirner o Nietzsche y tantos otros es rechazable[1]. Quienes se guían por ellos de buena fe manifiestan que no saben diferenciar entre la reacción y la revolución, lo que les hace agentes intelectuales de la primera.
        
Ya es tiempo de acometer la autoconstrucción del sujeto, y no sólo de hablar de ella. Así pues, partiendo de que el servicio desinteresado no es una idea sino una práctica, que al hacerse continuada se torna hábito, busquemos el modo de hacerla real.
        
Sugiero cuatro pasos: 1) dedicar dos semanas al examen, en silencio y soledad, de la contradicción egotismo/servicio en el terreno de las ideas básicas, 2) realizar desde las conclusiones logradas un estudio de los propios actos, en el mismo tiempo y con iguales procedimientos, 3) marcarse un proyecto de vida que, día a día, realice el desinterés como actividad práctica, social y personal, igualmente en dos semanas, 4) examinar cada tres días el propio obrar, para ver si hay consecuencia o no entre lo pensado y lo realizado, durante un año. Transcurrido ese tiempo, reexaminar la situación, y luego reexaminarse.
         Seguiremos tratando esta materia.



[1] Un libro de interés es “Breve tratado de ética”, Heleno Saña. En él se realiza la crítica del egoísmo, la refutación del hedonismo y el desmontaje de los utopismos, entre otras operaciones muy saludables.


NICOLAS GONZÁLEZ VARELA Y NIETZSCHE


Lo primero es felicitar a González Varela por contribuir a arrancar la máscara “radical” con que se ha camuflado a Nietzsche, en realidad un ideólogo de extrema derecha. Ya publiqué algo sobre su libro “Nietzsche contra la democracia. El pensamiento político de Friedrich Nietzsche (1862-1872)”, bastante laudatorio, y ahora me referiré a la entrevista que el número 272 de El Viejo Topo le realiza.
        
Acaso lo más interesante de ella sea el énfasis que pone en explicar cómo se ha manipulado la obra de aquél, para hacerla pasar por filosofía “pura”, sin relación con la política, velando o incluso ocultando las obvias adhesiones políticas del teutón a lo más cavernícola y tremebundo de su tiempo.
        
Pero que Nietzsche sea un reaccionario político interesa menos que los contenidos ideológicos de sus escritos, que hacen de él un ultraderechista en el terreno más decisivo a largo plazo, el de la ideología, los disvalores y las creencias, aunque no en la filosofía, pues no filosofa. Eso le queda muy grande, más incluso que a su admirado Platón[1], el otro verboso politicista ultra-carcunda de lo que algunos denominan “historia de la filosofía”.
        
Nietzsche, y quienes crédulamente le siguen, son sujetos sin cultura filosófica, más dados a los panfletos que a abismarse en lo arduo del pensamiento profundo. Su obra es una sucesión de exabruptos y atrocidades.
        
Para comenzar, Nietzsche no tiene epistemología. Ni siquiera se lo plantea. Eso lo determina todo pues su intención no es diferenciar lo verdadero de lo extraviado, a través del análisis riguroso, sino emitir sus propias convicciones políticas valiéndose de una jerga caprichosa, imprecisa y brutal.
        
Se reduce a exhortar fanáticamente a la “casta de los señores” a liberarse de toda norma política y toda atadura ética para controlar por el uso máximo de violencia y terror al pueblo. De ahí que suene “revolucionario” a los ingenuos, los pardillos y los malvados, pues, al parecer, es “emancipador” afirmar que el “superhombre” ha de ser completamente “libre” en el trato con el otro, al que tiene que despreciar, odiar y agredir para hiper-dominarle.
        
Por eso se ha dicho que quien mejor ha realizado la “filosofía” de Nietzsche es la Gestapo.
        
¿Qué hacen los adeptos a su filosofía hoy? Pues lo que les ordena su ídolo: odiar a los de abajo y adorar a los de arriba, actuar con chulería y bravuconadas, ser descorteses, ineducados y desagradables, violentar de palabra y obra a los demás, enzarzarse en continuas grescas para realizar su propia “voluntad de poder” a costa de los otros. Dicho en plata, actuar como los falangistas y los nazis.
        
Eso ha desacreditado más a la cofradía de los devotos, y a su santo patrono, que miles de refutaciones de los libros del Maestro.
        
La obra de González tiene varios puntos todavía por tratar, la relación del nazismo con Nietzsche, el significado real, en la práctica social y personal, de sus ideas y la posición de aquél ante el Estado, teorética y práctica.
        
González señala que varios nazis de segunda fila presentaron desacuerdos parciales con Nietzsche, lo que es cierto, pero no hace referencia a los muchísimos más que manifestaron su entusiasmo por la obra de aquél. No cuenta, por ejemplo, que Hitler y Mussolini, en alguno de sus cumpleaños, se obsequiaron con las obras completas de nuestro “filósofo”, lujosamente encuadernadas…
        
Al estudiar la cosmovisión última del nacional-socialismo se concluye que en esencia, dejando de lado discrepancias secundarias, es la misma que la de Nietzsche. Ello significa que quien da respaldo ideológico a éste coincide con los nazis en el ideario. Eso no equivale a que admita el programa político de aquéllos, sólo los principios ideológicos. Es lo que sucede a quienes en 1972 elaboraron el libro “A favor de Nietzsche”, Fernando Savater, Eugenio Trías y otros. No son nazis en lo político, por supuesto, pero sí comparten cosmovisión con ellos, como se manifiesta en sus demás textos, aunque adecuado todo a los cambios de situación, tiempo y lugar.
        
El significado personal de la adhesión al “filósofo” ya está tratado. En lo social hay que tener en cuenta que su obra ha sido introducida desde 1945, valiéndose de mercaderes de palabras de la industria francesa de la filosofía como Gilles Deleuze, para lograr un objetivo central, realizar la “guerra de todos contra todos” preconizada por Hobbes, el antecedente en todo de Nietzsche, junto con Maquiavelo, Sade y Platón.
        
Para amaestrar en odiarse los unos a los otros, a fin de fragmentar la sociedad, aislar al individuo, destruir al pueblo y, con ello maximizar el poder del complejo Estado-capital han sido movilizados sujetos como Savater, Trías y colegas. Luego se les ha premiado de manera colosal[2]. Así lo sugiere González al advertir que “el neoindividualismo amoral” es el fundamento de la filosofía del alemán. Basta con preguntarse qué efectos ha tenido esa idea perversa, al difundirse por el cuerpo social, multi-financiada por la oligarquía financiera y las instituciones estatales, para dar con la respuesta. La popularización de Nietzsche ha sido la base doctrinal de una tremenda operación de ingeniería social.
        
La tercera cuestión está en la relación de Nietzsche con el Estado. Esto es decisivo, por cuanto quien realiza “la voluntad de poder” de facto es el aparato estatal, lo que debería hacer de él objeto de admiración, en principio, del “filósofo”. Es un asunto que está por investigar.
        
Es terrible que los dos “grandes” filósofos de nuestro tiempo sean nazis o proto-nazis, Heidegger y Nietzsche, lo que indica en qué mundo vivimos. Con el primero ajustó cuentas Víctor Farías en “Heidegger y el nazismo”. Un texto así está por escribir para el caso de Nietzsche. De hacerse sería, sobre todo, una operación de higiene mental.
        
Ironiza González sobre la adhesión de ciertos anarquistas a Nietzsche, y no es para menos. Eso, junto con su devoción por Stirner, muestra el grado de degradación política e ideológica de una parte del movimiento libertario, incapaz de diferenciar sus convicciones de la ideología básica de la extrema derecha. Ello explica fenómenos tan ingratos como el anarcoestatismo, el anarquismo individualista y el anarcocapitalismo. Sin curarse de tales males el movimiento libertario nunca podrá remontar el vuelo. Para lograrlo lo primero es ajustar cuentas con Nietzsche.


[1] Para un análisis más detallado de la supuesta filosofía de Platón, además de la pretendida filosofía de Nietzsche, “La democracia y el triunfo del Estado”, Félix Rodrigo Mora.
[2] No estamos en el universo de las Ideas puras sino en el de los mercaderes de palabras. Savater, en concreto, cuya obra escrita carece de toda originalidad, calidad o mérito, fue elevado, por sus servicios al statu quo, al empleo de primer pedantócrata del reino de España, con los efectos monetarios correspondientes, muy lucrativa sinecura que sigue manteniendo. El nietzscheanismo es un gran negocio, aunque ahora ya menos, porque está bastante gastado y envejecido.

ASAMBLEA CONCEJIL Y COPAS DE PLATA


La reciente localización de la copa de plata de que se sirvió, hasta hace unos decenios, el concejo abierto de Valdavia (León), con una inscripción bien expresiva, “Sirvo al concejo de Baldavida”, aporta un elemento de reflexión para entender mejor las manifestaciones asamblearias tradicionales, y para aprender de ellas.
        
Era lo habitual que las mujeres y hombres que se juntaban en la asamblea concejil para adoptar disposiciones sobre cuestiones cardinales de su existencia gustaran, una vez reunidos, de unos pocos tragos de vino en una, o a veces dos, copas de plata, antes o mientras se desarrollaban los debates, la formación de la voluntad política general y la toma de decisiones.
        
Esto solía hacerse así incluso en las aldeas más reducidas. En la provincia de León se conservan tres copas más, en los pueblos de Genicera, Caminayo y Pallide. He visto, o me han hablado, de su existencia en aldeas de Burgos, Soria, Guadalajara y otras. En alguna iglesia románica, como expongo en el libro “Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural”, aparece un vecino genérico bebiendo en una copa, expresión de la asamblea concejil.
        
El análisis de alguna de ellas sitúa su confección en el siglo XIII, aunque el examen tipológico de la de Valdavia parecería indicar que es bastante más moderna, probablemente del siglo XVIII.
        
Tomar unos sorbos de vino era (y es, donde todavía se hace) un acto simbólico, que hermanaba a las y los asistentes. El ritual consistía en que la copa, o copas, iba pasando de mano en mano, cada cual tomaba un pequeño trago, con mesura y elegancia, y la entregaba al siguiente. Beber unidos para pensar unidos, debatir unidos y acordar unidos, ese es su significado.
        
Que fuera de plata solemnizaba la asamblea. En las aldeas los vasos usados cotidianamente eran de cuerno, madera o barro, por tanto el uso de una pieza de tal calidad y belleza aportaba a la junta política del vecindario un plus de distinción, grandeza y solemnidad. No por su valor monetario, que es limitado al ser pequeñas, sino por lo propio de ese metal y el cuidado con que están cinceladas.
        
La vida humana tiene que girar entre lo ordinario y lo extraordinario, entre lo habitual y lo festivo. Si una de las partes se pierde, el conjunto sufre.
        
Hoy padecemos el mal del cotidianismo y el feismo, de la reducción de todo a su expresión más vulgar, sórdida y repelente. Así la vida se hace enojosa y triste, gris y deprimente. Al no solemnizar nada (salvo el propio ego, cada día más enfermo), se arrebatan a las cosas y a los acontecimientos lo que tienen de específico e incluso de extraordinario.
        
Muchos creen que a las asambleas se puede asistir de cualquier modo, estar sin compostura y negar toda ceremonia y formalidad. Lo que sale de ahí es un encuentro mediocre, chabacano, sin atractivo y a ras del suelo. Recuérdese qué sucedió con las asambleas del 15-M. Mientras intervenían sujetos, ellos y ellas, decididos a hacerlo todo mal, a hablar de cualquier modo y sin ninguna atención a las reglas de la oratoria, orgullosos de exhibir su propia zafiedad y vacío mental, torpes e inelegantes siempre, la gente popular, esto es, quienes estaban allí sin ser profesionales de la politiquería, iba abandonando la asamblea, en general cargante y penosa.
        
Ciertamente, era así por muchos otros motivos: impreparación de los contenidos, ramplonería de los debates, dominio del reformismo socialdemócrata, desinformación e incultura, bajísima calidad de las personas, manipulaciones constantes de la militancia de la izquierda, inevitablemente liquidacionista y destructiva, etc.
        
Pero también contaba esa afición nihilista por desmitificarlo todo (menos la propia desmitificación, que está hiper-mitificada), por negar a lo extraordinario unas formas de presencia pública que tengan grandeza y belleza, solemnidad y embeleso. Dado que la asamblea se hace cada cierto tiempo (y no cada día, como demandaba en el 15-M una juventud ociosa, aburrida, frívola y con la cabeza vacía), siendo un acto extraordinario y excepcional, debe ser considerado como tal, por tanto, formalmente dotada de elementos que subrayen y enfaticen su dignísima particularidad.
        
En la vida hay un momento para cada cosa, y cada una tiene que ser tratada, en los contenidos y en las formas, como lo que manifiesta ser. No es lo mismo una asamblea que un botellón, ni que un parloteo banal, tumbados en la hierba de un parque. Lo que no se valora ¿cómo podrá mantenerse y crecer?
        
La compostura, la elegancia, la elevación, la belleza de las palabras, de los gestos, de los cuerpos, forman un saber estar que la sociedad actual, desplomada en la sordidez, la fealdad y la chocarrería, no puede ni realizar y ni siquiera echar de menos. Estamos tan hiper-degradados y encanallados que todo lo que tocamos lo convertimos en basura y bazofia, y no pasa nada porque nos gusta el sabor de la suciedad y nos extasía el tufo de la mugre.
        
De acuerdo. Pero si deseamos hacer algo más que cotidianismo ramplón, chocarrero y soez, específicamente contracultural, progre y hippie, esto es, burgués de una manera nueva y más letal, tenemos que reconsiderar toda nuestra concepción sobre estas cuestiones.

UN ARTÍCULO SOBRE LA CUESTIÓN NACIONAL


“Atlántica XXII. Revista asturiana de información y pensamiento”, Enero 2013, me ha publicado el artículo “Autodeterminación, el Derecho del Pueblo”.
        
El asunto es de importancia en una coyuntura política en que la cuestión, en sí de gran significación, de la opresión nacional, está siendo utilizada espuriamente por la casta política que se dice nacionalista, probablemente conforme a un acuerdo secreto con Madrid, para lanzar una gran intervención política que afirme su poder y tape sus corruptelas, fortalezca al Estado español y permita una mejor solución de la crisis económica conforme a los intereses del capital.
        
De tal operación el verdadero sentimiento y programa de liberación nacional quedará bastante dañado, al estar siendo ridiculizado y manipulado.
        
Eso está sucediendo en Cataluña, en efecto, pero no sólo allí, pues en otros territorios nacionalmente oprimidos la bandera del nacionalismo está sirviendo de tapadera a las políticas más tristemente socialdemócratas, de conciliación con el Estado español y de cooperación con la oligarquía financiera para capear el temporal de la crisis.
        
En Cataluña la posición de CiU es deplorable, pues expresa la capacidad de la casta política para hacer lo que desee, desde enriquecerse a portarse como señores sobre un territorio conquistado.
        
Peor es aún la ejecutoria de ERC: de izquierda pero aliada a la derecha; antiespañola pero fortaleciendo al Estado español a través del incremento de los impuestos; “limpia” pero en todo vinculada a ese lodazal de corrupción que es la derecha catalana; “independentista” pero dentro del orden capitalista; republicana y por tanto admiradora del republicanismo burgués europeo, francés sobre todo, verdugo de los pueblos oprimidos por el Estado galo, el catalán entre ellos; monolingüe en catalán pero favoreciendo en todo al inglés, y así sucesivamente.
        
Lo que hay de fondo, en el terreno de las ideas, es una enorme confusión sobre las condiciones en que hoy, en el siglo XXI, se plantea objetivamente la cuestión de la opresión nacional de Canarias, Euskal Herria, Galicia y Países Catalanes, que está siendo utilizada para realizar temibles operaciones políticas de corte reaccionario y, en definitiva, españolista.
        
Mientras se siga planteando la cuestión nacional como en el siglo XIX, sin considerar los enormes cambios acaecidos y sin tener en cuenta las lecciones de la historia más reciente, no habrá gran cosa que hacer en la materia.
        
La clave, como expongo en el artículo, está en tres cuestiones: 1) la relación entre la liberación nacional y la revolución integral, de tal modo que aquélla es, por necesidad, una parte de éste, 2) la posición ante el Estado, pues hay que negar que “conquistar un Estado propio” sea solución, que sólo es tal con autogobierno popular, por asambleas, sin ente estatal, 3) la lengua hoy ha de tratarse desde el fenómeno de la mundialización capitalista, la imposición planetaria del inglés y la hecatombe mundial de las lenguas (cada dos semanas desaparece un idioma en el mundo, y lo peor está por venir). Esto niega la naturaleza “nacional” de cualquier proyecto nacionalista pro-capitalista, como es el de ERC en Cataluña, o el de X.M. Beiras en Galiza[1].
        
Al no estar suficientemente analizados y debatidos estos asuntos el “independentismo” se ha convertido en un pimpampum demagógico e hipócrita, reaccionario y nacionalista español de facto.
        
En suma, mi esperanza es que la lectura del artículo contribuya a poner en claro estas cuestiones, para que el combate por la liberación nacional integral de las naciones hoy sometidas al dominio español avance como parte del proceso de revolución integral, contra el capital y contra todas las formas de Estado.



[1] Un estudio recientemente dado a conocer señala que las universidades catalanas, para hacer negocio, ofertan cursos sobre todo en inglés y en castellano, apenas en catalán. Este asunto, si se proyecta sobre el futuro, es fúnebre para la lengua nacional, sin que el “independentismo” institucional se anime a definirse sobre él.

domingo, 30 de diciembre de 2012

EXTRAVAGARTE



El extravagarte es el “arte” de la contemporaneidad. Formalmente es arte y realmente una nada envenenada que se vende muy bien en el mercado, siendo asombrosamente subvencionado por los Estados, pues se utilizan para “construir” a los seres nada en tanto que meras nulidades.
       
La frivolización del arte es uno de los fundamentos de tal construcción pseudo-estética. Se trata de, en toda circunstancia, triturar un poco más lo humano negando satisfacción a las necesidades de belleza y sublimidad que forman (o quizá formaban) parte de nuestra naturaleza. De ese modo se nos obliga a consumir ocurrencias memas, humoradas humillantes y supuestas genialidades todas igualmente previsibles y tediosas.
       
El extravagarte confunde la salida fácil con la creatividad, el ingenio con la patochada, lo profundo con lo mentecato y la imaginación con el sometimiento al nuevo canon, el de lo extravagante. Puede hacerlo impunemente porque tiene detrás a todo el poder constituido, que necesita de sus subproductos para envilecernos y anularnos todavía más.
       
Una obra señera del extravagarte es el álbum de los Beatles “Sgt. Pepper’s”, de 1967, con el cuarteto famoso vestido de ridículos, en lo que se supone es todo un alarde de espíritu creador. Que esta mediocre y ramplona banda de música pop sea un producto de la mercadotecnia como tantos otros, sin cualidades especiales ni méritos reseñables, algo que se lanzó al estrellato por la industria de la publicidad, como se hace con un detergente o una marca de papel higiénico, es bien conocido. Pero la reflexión crítica sobre todo ello todavía flojea.
El extravagarte se sustenta en una realidad estructural, las industrias de la conciencia. Funciona de manera simple: se toma cualquier producto que sea lo suficientemente letal para la gente común y excelente para el poder constituido y se publicita con muchos recursos monetarias, hasta hacer de lo que es una simpleza, boba e insustancial, como en este caso, una “obra de arte genial, única” y blablablá, esto es, lo mejor de lo mejor para las almas extremadamente simples y los muy indigentes mentales, que se creen todo lo que el poder estatuido les ordena que crean.
       
Miremos un poco más el bodrio. No, no van vestidos de mamarrachos sino de sargentos: ahí se manifiesta el componente militarista del invento, así se adoctrina a las masas en el culto por el componente esencial del Estado, el aparato militar. Esto no era óbice para que sus fanatizados discípulos y discípulas babearan ante el álbum mientras repetían sin cesar el mantra hippy por excelencia, “paz y amor”. Lo coreaban de la manera más entontecida y subhumanizada, según su estilo, a la vez que adquirían en masa esta mercancía señera del militarismo, el odio, el embrutecimiento, el mal gusto y el servilismo que es el álbum citado.
       
La psicodelia y los orientalismos de pacotilla también ocupan un lugar en la portada, obra del artista pop Peter Blake. O sea, todas las boberías de aquellos sandios años, los famosos 60 del siglo pasado, tienen su asiento en el engendro.
       
Pero lo peor no es lo dicho sino lo que ahora viene. El extravagarte en su esencia es muchísimo más que frivolidad y mercadotecnia. Su propósito es humillarnos y destruirnos, ponernos en posición de genuflexos, convertirnos en adoradores de mercachifles, gurús monetizados y marchantes de imágenes y palabras. Desde estas vulgaridades nos gritan “¡de rodillas!”, “¡adorad a los nuevos ídolos, los novísimos santos, los ultimísimo mercaderes!”, “¡venerad a quienes os burlan, humillan, desprecian y someten de una manera nueva y más perfeccionada!”. Y la generación de los necios y necias, la que en los años 60 era joven, se puso de rodillas. Y ahí sigue.
       
Dijeron que iban a hacer una “revolución total y definitiva”, algo nunca visto en la historia de la humanidad, pero todo se ha quedado en fumar porros, beber cerveza, exhibir extravagancias sin imaginación, pasear mascotas y votar socialdemócrata. Qué triste.
       
Nota Final: Invito a las jóvenes y a los jóvenes de hoy a que entren a saco contra esas majaderías, que tiren por tierra y pisoteen a las imágenes de tal abyección, fabricadas en los años 60 y 70 del siglo pasado, para que la libertad, el buen gusto y lo humano natural, triunfen. Por tanto, ¡a la porra los Beatles, los hippys, los progres, los gurús, los orientalismos, los sargentos, el extravagarte, los memos crédulos y los vinilos rancios! Si no lo hace, la juventud de ahora nunca será creativa, jamás será ella misma.
       
Porque no hay construcción sin destrucción.
       
Quienes participaron en todo aquello están obligados a pedir perdón. Y, de paso, a devolver los millones y millones que se embolsaron.






“HIJOS DE UN DIOS TERMINAL”. Dr. Enrique Costa Mercher - 2001


Este libro, escrito por un médico clínico e internista, el doctor Costa, se ocupa del SIDA como pseudo-problema sanitario creado por el sistema, y al hacerlo ofrece un impresionante análisis de lo que es la sanidad “pública”, esto es, ESTATAL, defendida hasta el desvarío por los apologetas del Estado de bienestar.
        
Comienza señalando que la medicina alopática, la oficial y ortodoxa, no es rigurosa, no siempre tiene criterios de fiabilidad, no se realiza desde la investigación imparcial y la verdad probada sino desde el oscurantismo, el acto de fe (ver la pg. 122), el fanatismo, el poder del dinero y la imposición del Estado. Para ello se sirve del estudio de un caso particular, el SIDA. Nunca ha podido probarse que el famoso virus VIH cree la supuesta enfermedad conocida con ese nombre, mientras existen numerosas evidencias que muestran lo contrario. Señala que son ya muchos los entendidos que niegan la versión oficial del SIDA, entre ellos varios premios Nóbel, sin que eso afecte a la versión oficial.
        
El motivo es el dinero. La sanidad “pública” está igual de mercantilizada o más que la privada, y quienes la usan para lucrarse a lo grande la defienden a capa y espada, valiéndose de la colaboración de los jefes de los partidos de izquierda, simple burguesía de Estado que medra y se enriquece a costa de “lo público”.
        
Todo lleva a la conclusión que el sistema inmunitario del ser humano está siendo devastado por el alcohol, las drogas, la comida tóxica, las formas modernas de vivir, trabajar y divertirse, y, también, por el consumo continuado de vacunas, otras medicinas y los múltiples tratamientos médicos que impone la sanidad “pública” a las masas, para que las industrias química y farmacéutica sean el asombroso negocio que son. Al VIH se le presenta como chivo expiatorio de los males que, en buena medida, origina la misma medicina estatal, que se ha convertido en iatrogénica de un modo que causa temor.
        
Se refiere al “sistema médico-científico-industrial” como el dominante en la sanidad “pública” y privada. Su objetivo principal no es curar sino hacer consumir productos y servicios sanitarios a toda la población. Del análisis de los hechos se pone en evidencia que el tipo de medicina más consumista es la estatal, la “pública”, de manera que ésta es la que más beneficia al capitalismo, por tanto, la más defendida por él y por sus mantenidos, en primer lugar las direcciones de los partidos y sindicatos de izquierda, que no existirían si la banca no les subvencionase[1].
        
Dado que el consumo de productos y servicios médicos es una de las causas más importantes de enfermedad, daños al sistema inmunitario y muerte (en EEUU la iatrogenia es el tercer originante de fallecimientos), la sanidad “pública” se está haciendo motivo fundamental de mala salud, al ser el centro de lo que Costa llama “la industria médica”.
        
La medicina que se necesita no es ni la estatal ni la privada sino una tercera, autogestionada, bajo control popular, con los médicos sirviendo al pueblo y no a las multinacionales farmacéuticas y, por tanto, tratando a los pacientes como personas y no como cosas, según sucede hoy. Ni la medicina “pública” controlada por el Ministerio de Sanidad y las grandes empresas farmacéuticas ni la privada, mero negocio, es solución.
        
La situación es tal que la minoría de investigadores y doctores que denuncian las mentiras, la impostura y los muchos chanchullos de la medicina estatal-privada son censurados y apartados, cuando no denunciados y perseguidos. El doctor Costa cita varios casos.
        
El libro usa la expresión “fármacodependientes” para referirse a las millones de personas que el sistema estatal sanitario construye cada año como consumidores obsesivos de productos médicos. Aduce que es una de las peores amenazas contra la buena salud general. Advierte que tal es causado por el “Sistema médico-mediático-político”. El aparato inmunitario, añade, está siendo dañado por tal situación, y una de sus manifestaciones es el SIDA.
        
Lamenta que la medicina y los médicos actuales ignoren el principio número uno de las practicas hipocráticas, “primum non nocere” (“lo primero es no dañar, no intoxicar”), al atiborrar al supuesto enfermo/a con toda clase de productos, la mayoría de ellos tóxicos e incluso muy tóxicos. Se debe a lo muy extendida que está la venalidad y la corrupción entre los médicos, los de la sanidad “pública” tanto o más que los de la privada, que se dejan comprar por las grandes empresas farmacéuticas, para que receten y receten.
        
En su demencia intervencionista, activista, autoritaria, deshumanizada, estatizada y consumista, la medicina del Estado de bienestar y privada actual han olvidado del todo el viejo ideario médico, centrado en la “vis natura medicatrix”, esto es, en la capacidad y fuerza natural de los organismos para curarse a sí mismos. Esta observación de Costa es fundamental.
        
Además, el libro pone al descubierto el engaño de los antibióticos, tal como son hoy usados, las vacunas, los corticoides y tantos otros productos médicos. Señala que lo que está resultando de ahí es “la degeneración biológica colectiva” de los pueblos ricos, sobre todo por causa del sistema estatal, “público”, de salud tan desarrollado que padecen. Esto está causando un auge preocupante de las enfermedades autoinmunes, alérgicas, tumorales, degenerativas, infertilidad y otras.
        
Advierte que la “ignorancia de las leyes naturales” es el fundamento de la medicina actual. Muy cierto. Tal está provocando un crecimiento en flecha de lo que denomina “población degenerada e inmunodeficiente”, una catástrofe humana y social de significación histórica.
Costa, asimismo, denuncia varias de las mentiras más comunes utilizadas por el sistema estatal-privado de salud, aportando datos a tener en cuenta[2].
        
La conclusión es que necesitamos una revolución global en las cuestiones de la medicina. Hay que eliminar el sistema estatal tanto como el privado de salud, poner fin a la todopoderosa industria farmacéutica y al Ministerio de Sanidad, revolucionarizando la relación entre el médico y el paciente. Se debe situar en el centro la “vis natura medicatrix” (he aquí una excelente confirmación del lema “unir tradición y revolución”), confiando en nuestras propias capacidades como seres biológicos, con un uso mínimo de fármacos y tratamientos, todos los cuales han de ser reevaluados, para eliminar los que son inútiles o dañinos, la gran mayoría.
        
Conviene volver a dar importancia a los remedios naturales, sobre todo a la fitoterapia[3], al uso de plantas como fármacos. Hay que modificar sustantivamente las formas de vivir, comer y trabajar, clausurando la vida urbana, los estados depresivos, la desexualización masiva de la población, el trabajo asalariado, la pereza y poltronería físicas, la inespiritualidad impuesta desde el poder, la destrucción medioambiental y la creencia en que la abundancia de bienes es el fundamento de una sociedad de calidad, patraña burguesa mantenida sobre todo por los ideólogos de la izquierda. Tal es el programa para este asunto de la revolución integral.
        
Si en unos decenios no avanza el proyecto de revolución integral se consumará lo que el doctor Costa denuncia, la degeneración biológica universal de la población hiper-medicada actual. En esta catástrofe al Estado de bienestar, y a quienes lo defienden, les corresponde la responsabilidad principal.


[1] Para 2011 la Encuesta Anual de Morbilidad Hospitalaria, INE, señala que la estancia media de los ingresados en la sanidad estatal es de 7 días y en la privada de 5,8 días. Dado que el consumo de tratamientos, medios de vida y fármacos tiende a ser directamente proporcional a los días de hospitalización es obvio que la sanidad estatal (“pública” para la izquierda) es la que más interesa al capitalismo. Por eso la banca, que paga las campañas electorales de IU, exige a su dirección que defienda de todos los modos posibles a ese tipo de sanidad. Este asunto está tratado en mi libro “El giro estatolátrico. Repudio experiencial del Estado de bienestar”.
[2] Eso sí, se equivoca al dar por cierto el mensaje del Jefe Indio Seattle, una patraña indigenista dirigida a promover el autoodio entre los pueblos de Occidente, para destruirlos psíquicamente. Nada es perfecto, ni nadie… Al respecto, puede consultarse en este blog “Fraude de la Carta del Jefe Seattle”.
[3] Consultar, en este blog, la reseña del libro “Tratado de fitoterapia superior”, Fermín Cabal.