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miércoles, 23 de diciembre de 2015

LA SITUACIÓN TRAS EL 20-D


         Lo que ha mostrado el 20-D es el desgaste del sistema de dictadura parlamentarista y partitocrático en tanto que parodia de participación y democracia, al haberse manifestado como apéndice de la telebasura, plataforma de politicastros y ámbito de masas infantilizadas. La naturaleza crecientemente aberrante de la actual formación social y la condición de seres nada de sus integrantes se han evidenciado.

         La progresiva falta de madurez y mismidad del sujeto medio construido desde el despotismo de Estado, la tiranía de la gran empresa y el adoctrinamiento a cargo del sistema educativo y el poder mediático han hecho del acto de votar una frivolidad y un esperpento. Se vota como se compran fruslerías en un supermercado, sin convicciones ni ideología, sin reflexión ni principios ni ideales, esta vez a uno y la vez anterior a otro. Todo es teatro, todo es mentira y todos son iguales, de manera que se emite el voto, en un alto porcentaje de casos, al tuntún y sin creérselo. La politiquería ha manifestado ser la religión de los necios, de los sujetos sin cerebro, de los seres nadificados.

          La campaña electoral, además, ha puesto de manifiesto la desmovilización de la plebe. Los actos públicos han sido pocos y parvos en asistencia, con una masa ciudadana escéptica y reservona, muda y pasiva, que mira desde el salón de casa las  proposiciones, los embustes, las boberías y los rifirrafes de los Cuatro Jerarcas Supremos, Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias. La televisión ha sustituido a la realidad y el sujeto se ha hecho rehén de la pantalla. La telebasura ha creado su pareja de baile, la politicabasura.

         En todo ello hay progreso en la pérdida de credibilidad del tiránico orden constitucional y partitocrático, enemigo cardinal de la libertad política. Excelente.

         Dado lo fragmentado de los resultados es posible que sean convocadas pronto otras elecciones generales. ¡Caray! Eso significaría que tras un 2015 atestado de politiquería y politicastros todavía nos queda mucho por sufrir… Pero el circo electoral pasará, el latoso blablablá politiquero decaerá, la vida continuará y desde ella, en tanto que totalidad, avanzaremos hacia la transformación integral de la sociedad.

         La manipulación de los instrumentos políticos ha sido morrocotuda. La estrella del politiqueo burgués, Podemos, estaba en descomposición sólo un mes antes, por lo que los padres de la criatura hubieron de intervenir. Salió el general Rodríguez, salieron artistas e intelectuales, y salió Rajoy, que al otorgarle el estatuto de fuerza política respetable le patrocinó. Y, sobre todo, salieron en tromba las diversas cadenas televisivas. Y hete aquí que la “remontada” ha tenido lugar… cómo no. Que haya sido la derecha más rancia la que ha salvado al principal partido de la izquierda lo dice todo sobre el “pluralismo” de que disfrutamos…

         Lo cierto es que la izquierda, en nuestras condiciones concretas, es absolutamente necesaria al capitalismo, por no decir al Estado. Por eso cuando la izquierda de la Transición, que otorgó servicios decisivos al actual régimen burgués-estatal de dominación, PSOE y PCE-IU, ha entrado en crisis, ha sido necesario fabricar otra izquierda sustitutiva, para que siguiera haciendo las funciones de principal y fundamental fuerza anti-revolucionaria y pro-capitalista. Ese es el origen de Podemos y sus satélites, Anova, Compromís, En Comú Podem, Equo, etc.

         También hay una izquierda vetusta y fuera del tiempo. Es el caso, además de IU, de EH Bildu. El batacazo que se ha dado la izquierda abertzale ha sido formidable. Hace mucho que los jefes de EH Bildu han perdido el contacto con la realidad, no comprendiendo gran cosa del presente, menos aún del futuro. Su torpe estrategia de instalarse en las instituciones españolas para hacer una política socialdemócrata y españolista, ha abierto el camino a la nueva fuerza explícitamente españolizadora, Podemos. La izquierda abertzale ha hecho muchísimo para destruir el poderoso movimiento popular que hasta hace unos pocos años insuflaba vida a Euskal Herria, ha convertido a la sociedad vasca en un erial de pasividad, mentes vacías, desidia y desmovilización, y ahora llega una franquicia del ejército español, Podemos, a construir la “España plurinacional”… en Euskal Herria. Sólo una autocrítica valiente y rigurosa de lo efectuado en los últimos decenios puede permitir a las clases populares vascas salir de la crítica situación en que una línea y estrategia equivocadas las han situado.

La izquierda se ha hecho conservadora de lo existente. Desea mantener las supuestas “conquistas”, que la sociedad permanezca como hace 30 años. Es una izquierda retrógrada, volcada en el pasado y sin proyecto de futuro. Nada expresa mejor eso que el corporativismo ramplón y sórdido de las “mareas”, una idealización del pasado capitalista, o la consigna de “blindar los derechos sociales” con una reforma de la Constitución, para salvaguardar lo que hicieron Franco, Suárez, González, Aznar y Zapatero, los constructores del Estado de Bienestar. Al querer conservar las manidas “conquistas”, lo que proponen los jefes y jefas de la izquierda es preservar el marco económico (el capitalismo) y el marco político (el ente estatal) de aquéllas. Ése es su punto débil en los tiempos que corren.

En efecto. Lo que ha resultado de estas elecciones, y de las que vendrán, es la completa institucionalización de la izquierda. Se ha hecho parte del statu quo, y por eso está sometida al desgaste irremediable que padece todo lo oficial y estatal, pues la contradicción Estado/pueblo es permanente e irresoluble, y de ella emana constantemente desenmascaramiento y descrédito para los agentes del poder.

La izquierda está ahora explotando el miedo al futuro de Europa que tienen las masas. Por eso su política es la conservación del pasado, de la única manera como puede hacerse, con falsedades y charlatanería, prometiendo lo que ni ella ni nadie está en condiciones de cumplir, y evitando exponer la realidad tal cual es. La posición de los revolucionarios es diferente: el “bienestar” europeo no sobrevivirá mucho tiempo, vamos a una situación de crisis global en la que, probablemente, se darán mejores condiciones para la acción revolucionaria global pues estará sobre la mesa, como cuestión del día, el rehacer cualitativamente a las sociedades europeas y al ser humano que las habita.

Por tanto, hemos de felicitarnos por los resultados del 20-D, por el triunfo del montaje mediático-político Podemos y los grupos afines. Cuanto antes tengan poder antes se desenmascararán. Y cuanto más poder tengan con más rotundidad se pondrán en evidencia. Considerando, además, que son un tinglado pragmático y oportunista, de circunstancias, sin fundamentos doctrinales ni principios, la caída puede ser tan rápida como el auge. Su descrédito es una de las condiciones necesarias para el ascenso del proyecto y programa de revolución integral.

         En quizá poco tiempo aquél y sus satélites ganarán las elecciones, o mejor dicho, los poderes fácticos (en primer lugar el ejército, la banca, los cuerpos de altos funcionarios de los ministerios, las multinacionales y el poder mediático) harán que las ganen. Luego tendrán que gobernar, realizando su programa secreto, quitándose la máscara. Esa es, también, la vía de ascenso y maduración del proyecto revolucionario. Tendremos incluso la satisfacción de ver a muchos de los actuales votantes de la izquierda hacer huelgas generales contra el gobierno de la izquierda, como está sucediendo en Grecia. Y entonces nos reiremos muchísimo.

1 comentario:

  1. Pues yo sigo sin entender (o sin querer creer), que tanta gente aun siga votando, sea ya a quien sea; Si hay tanto tonto, si se ha perdido de tal modo la conciencia social y la cultura política, o el simple amor a la verdad, ya no queda esperanza.

    Saludos.

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