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domingo, 29 de noviembre de 2015

6 de diciembre de 2015 EL NO A LA CONSTITUCIÓN Y EL PROYECTO DE REVOLUCIÓN INTEGRAL


El seis de diciembre es la fiesta del vigente sistema de dominación, del actual régimen de dictadura política. La celebran la izquierda y la derecha, mostrando con ello que son lo mismo, parte del aparato de poder y agentes políticos del capitalismo.

         Las fuerzas de la reacción, en el presente, se manifiestan de tres maneras: 1) planteando la continuidad de la actual Constitución, 2) preconizando su reforma, 3) demandando un proceso constituyente que promulgue un nuevo texto constitucional. Todas esas propuestas se dirigen contra el proyecto y programa de la revolución integral, compitiendo entre sí por servir mejor al statu quo.

          Lo cierto es que no hay solución a los grandes problemas de nuestro tiempo en ninguna de las expresiones políticas del poder establecido. Quienes se sitúan dentro del sistema son parte de él y están a su servicio, lucrándose además con ello y, en general, haciéndose nueva burguesía. La actual Constitución, con o sin modificaciones, y cualquier otra en el marco del presente orden estatal-capitalista, es la negación de las libertades para el pueblo, la conculcación de la soberanía popular, la permanencia de la tiranía política. Únicamente la revolución puede realizar la libertad y la democracia.

         Tras 37 años de dictadura regulada por la actual Constitución, ahora se nos dice que hay que reformarla para introducir en ella “los derechos sociales”, que quedarían incluso “blindados”… ¿Sería cómo en Grecia con Syriza, el brazo ejecutor de la Troika, hoy maestro en recortes sociales como ayer fue perito en embustes? Quienes eso proponen tratan, al menos en la demagogia, de corromper y comprar a las clases populares con dinero, estableciendo la sociedad-granja, pero el gran problema es la libertad y la soberanía popular, no el consumo, no el dinero.

          La noción de revolución total, o integral, es compleja e inmensa, incluso intimidante y anonadante. Cierto. Pero los grandes problemas de nuestro tiempo no pueden resolverse con fórmulas simples, fáciles, inmediatas, pragmáticas e indoloras. Una sociedad en putrefacción, un ser humano en liquidación y una naturaleza en devastación demandan de un gran ideal, de una arrebatadora esperanza, de una ardua propuesta. Lo otro, el reducirlo todo a reformas políticas (unas triviales y otras negativas), a dinero y consumo (algo, además, irreal en una Europa declinante y senil, véase Grecia), es hacer dejación de nuestra condición de seres humanos.

          Ningún tipo de parlamentarismo, o “democracia representativa”, puede crear sociedades libres y autogobernadas. Todo sistema constitucional es la dictadura del aparato estatal y la gran patronal capitalista sobre el conjunto de las clases populares, dictadura que se ejerce en régimen de libertades formales, irreales, para el pueblo.

Los partidos políticos, de derecha o izquierda, son los instrumentos de que se vale el sistema para escenificar un falso pluralismo y una engañosa participación política. Las elecciones, realizadas en un régimen de adoctrinamiento, pseudo-debates y manipulación mental persistentes, no expresan y nunca pueden expresar la voluntad popular. En ellas vence quien el sistema de dominación desea que venza conforme a sus proyectos estratégicos en cada momento. El régimen jurídico y legal es la expresión de los intereses básicos de las minorías con poder, impuestos por la fuerza coercitiva de la policía y los jueces, y si hace falta del ejército, como en 1936.

         Son los poderes de facto, a saber, el ejército, los cuerpos de altos funcionarios de los ministerios, el aparato académico, las diversas policías, el poder intelectual, el sistema mediático y la gran patronal quienes tienen el poder y quienes toman todas las decisiones de importancia. Los partidos políticos, de izquierda o derecha, el parlamento y el gobierno son meros subordinados al servicio de los verdaderos poderes.

         Por eso la Constitución de 1978, hoy vigente, es un documento político y jurídico que establece un orden opresivo, tiránico, dictatorial, antidemocrático. Reformarla sólo puede llevar a revalidar, reafirmar y expandir su naturaleza liberticida.

         La realización de la libertad política exige estar fuera de las instituciones y en contra de ellas. La libertad sólo existe como oposición al poder del ente estatal y de los amos del dinero. Es resistencia y acción emancipadora, es combate y rebelión, es esfuerzo por la verdad, denuncia y reflexión independiente, es desarrollo de las iniciativas populares de base, es expansión de la conciencia y la sapiencia popular autónomas. Es construir pueblo haciendo retroceder al Estado y a la oligarquía económica. Es conformar  sujetos de virtud, aptos para realizar la libertad/libertades.
         La estrategia de la revolución hoy es estar fuera de las instituciones y en lucha contra ellas. Creer en la gente común, de la calle, y no en los políticos, ni en los altos funcionarios, ni en los policías, ni en los militares, ni en los tecnólogos, ni en los pedantócratas, ni en los expertos. Consiste en hacer pueblo que se afirma y autoconstruye para pasar de dominado a libre, de sometido a soberano.

       El camino institucional, el estar dentro del sistema, es el de Syriza. Hoy una turbia ola de institucionalismo mendaz y populista recorre Europa pero su fracaso práctico comienza a ser visible. Tras ella puede venir un flujo del ideal revolucionario.
 
         La meta es una sociedad libre en lo político, donde la participación en la cosa pública se haga por un régimen de asambleas, con verdad, hermandad, autonomía, moralidad, valores, virtud y responsabilidad. Con libertad civil, lo que equivale a la erradicación del trabajo asalariado (por tanto, del capitalismo), uno de los peores males de nuestro tiempo. Y sobre todo con libertad de conciencia, hoy pisoteada de un número casi infinito de maneras. Únicamente una sociedad así puede ser calificada de democrática, de gobierno del pueblo, en oposición a la actual, en la que todo el poder está concentrado en unas minorías tan ínfimas como todopoderosas.

2 comentarios:

  1. Sí,como la tan ansiado renovación que quiere hacer de ella los militaristas de Podemos.Que gente más degenerada hay en el mundo,que se volvieron a creer(¿engañados?)los cuentos de hadas por los cuales todos los problemas se resolverían votando al partido de moda de los medios de comunicacion.¿Estas gentes se sentiran avergonzadas alguna vez o miraran a otro lado y votaran al que les vuelva a con algun que otro embeleco?
    Recuerdo que Podemos,los que quieren reformar la consitución,ha llevado o lleva en sus filas a Carlos Jimenez Villarejo,fiscal franquista hasta la médula que condenó a gente a la cadena perpetua,familiar de Trinidad Jimenez y hermano de un juez franquista hasta la médula,tambien lleva en sus filas un guardia civil y al famoso exjefe de la JEMAD.Ahí es nada.

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