martes, 17 de enero de 2017

¿QUÉ HARÁ TRUMP? (II)

        ¿Qué es lo que no agrada y no desea de la clase trabajadora actualmente existente a los poderes políticos y económicos en ejercicio en EEUU? Dos cuestiones, su rebeldía frente a los poderes estatales y su resistencia a admitir las nuevas formas de salariado, cada vez más degradadas en tanto que trabajo. Con la revolución de las comunicaciones y la revolución de los transportes las minorías mandantes disponen de la posibilidad de realizar uno de sus más decisivos sueños seculares, dotarse de unas clases subalternas completamente serviles de forma estructural en lo político, lo religioso, lo ideológico, lo laboral y lo económico. Para ello buscan la extinción de las existentes hasta ahora, su liquidación física como forma de eliminación de una determinada cosmovisión, la que emerge en Europa Occidental de la revolución altomedieval, según el dicho de que “muerto el perro se acabó la rabia”.

         La meta es sustituir a esa clase, el viejo proletariado estadounidense, por inmigrantes, tan aculturados, atomizados, aterrorizados, desestructurados y desorganizados (como grupo y como personas) que se adapten dócilmente a las nuevas formas mega-degradadas de salariado, que acepten sueldos miserables y, sobre todo, condiciones de existencia y trabajo abyectas, peores que las de los esclavos de la Antigüedad. Pero eso no es todo. Desean que esa nueva clase laboral sea al mismo tiempo ilimitadamente sumisa en lo político, que se doblegue y supedite al ente estatal como deidad todopoderosa, que se reduzca a dejarse gobernar, manejar, de un modo y con un ánimo dócil y sumiso al completo, no como las clases populares autóctonas, que han sido durante siglos (hoy mucho menos) causa permanente de revueltas, motines e incluso revoluciones.

         En EEUU el proceso de extermino de la veterana clase obrera se ha ido ya realizando en los últimos decenios sometiéndola al acoso de las jaurías exterminacionistas del progresismo y la izquierda, financiadas todas ellas por el Estado. Como dijo Hillary Clinton los “racistas, xenófobos, machistas, homófobos e islamófobos”, esto es, los hombres y mujeres de las clases populares, tienen que ser perseguidos y linchados, lo que muestra quiénes componen las bandas exterminacionistas (formadas, entrenadas y financiadas sobre todo en las universidades), en primer lugar el feminismo, luego el racismo negro, después los homosexuales y lesbianas y finalmente (para EEUU, no para la UE) los musulmanes.

Estos grupos, todos ellos fomentados y organizados desde el poder, llevan muchos años atacando a los trabajadores para destruir su autoestima, excitar el autoodio y forzarles a numerosas formas de suicidio, directo e indirecto, y muerte prematura aceptada. El paso siguiente debe ser marginarlos al completo como modo de liquidarlos en tanto que grupo humano, sustituyéndoles por emigrantes, a poder ser musulmanes, que llegan habituados a someterse y obedecer, lo que es magnífico para los poderes constituidos, pues no se olvide que islam significa “obediencia”. Por eso el gran capital alemán, tormento y verdugo de Europa toda, ha metido en su país sólo en 2016, más de un millón de inmigrantes musulmanes. Como en tiempos de los nazis la fascistización de Europa hace necesaria su islamización.

Una masa laboral infinitamente obediente, sumisa, entregada al poder constituido, es una necesidad apremiante para el nuevo capitalismo multinacional. Con ella espera resolver el “enigma de la productividad del trabajo”, es decir, el estancamiento de los rendimientos laborales en las empresas desde finales de los años 60 del siglo XX, a pesar de la incorporación de sucesivas tandas de tecnología[1], lo que se explica por la hostilidad persistente y multiforme de los trabajadores al salariado neo-esclavista hiper-tecnologizado, comportamiento que surge de los fundamentos mismos de la cosmovisión peculiar y propia de la cultura occidental[2]. Ésta ha entrado hace mucho en colisión con el capitalismo de última generación, multinacional, además de con el Estado hipertrofiado actual. La solución que acarician éstos es destruir la base étnica de tal resistencia, sustituyendo a la población autóctona por la emigrante, en particular por la musulmana, habituada a obedecer y a someterse de un modo excepcionalmente efectivo y rotundo, dado que en sus sociedades ni siquiera existe la noción de libertad individual ni de libertad colectiva ni de libertad política ni de libertad civil, y mucho menos la de libertad de conciencia.

         Pero este proyecto genocida, apoyado con furor por la izquierda y las jaurías, tiene graves inconvenientes para el poder constituido. El primero es que quienes van a ser exterminados se resisten. De hecho, la resistencia al feminismo, el principal vector exterminacionista en EEUU, es ya tan fuerte (en mujeres quizá más que en hombres) y está tan extendida que ha estado a punto de producirse un alzamiento popular contra él, de manera que Trump ha intervenido para evitarlo, encauzando el descontento popular por vías institucionales y parlamentaristas. Lo mismo, aunque menos, con el racismo negro, particularmente militarista y codicioso.

El segundo es que si se otorga un trato tan despiadado a esas gentes es imposible que proporcionen soldados de una mínima calidad, en un momento en que el enfrentamiento militar con China se sitúa a la vuelta de la esquina. Porque, aunque hoy el ejército de EEUU, que es el meollo del poder imperial USA, está formado en una proporción excesiva, en relación con su porcentaje poblacional, de negros, feministas y homosexuales, los novísimos lansquenetes del capitalismo multinacional yanki, numéricamente son insuficientes en términos absolutos. Así pues, Trump tiene que intervenir para que los intereses políticos y militares sean tenidos en cuenta, de manera que no sea sacrificado todo a la codiciosa voluntad empresarial de disfrutar de una nueva clase trabajadora mega-esclava.

Lo que hay en este asunto es, en realidad, un dilema para el poder imperial yanki, que no puede atender a dos metas discordantes a la vez. La situación ha empeorado para aquél debido a que China, su verdadero rival, no está desfondándose en lo económico y social sino que mantiene su vigor económico y financiero casi intacto, mientras que EEUU decae día a dia. Por tanto, en la perspectiva de un choque militar, o de un sistema de nueva guerra fría, a imitación de la que libró contra la Unión Soviética, el Pentágono, que es el principal poder de facto en EEUU, exige moderar e incluso suspender por un tiempo la estrategia de exterminio de la vieja clase obrera. Eso requiere no sólo poner el bozal a las jaurías y dejar de lado diversos proyectos de ingeniería social sino tomar, tal vez, un conjunto de medidas económicas (reforzar la base industrial del país reduciendo las deslocalizaciones, etc.), demográficas, culturales, poblacionales y otras.

China es el enemigo. La orientación de mantener a este país centrado en llevar al mercado mundial productos baratos mientras EEUU, Europa y Japón se especializan en bienes de alto valor añadido ha resultado un fiasco, pues China ha logrado burlar tal proyecto y está a punto de ser la primera potencia tecnológica, por tanto, la muy posible primera potencia militar del planeta en sólo un decenio. Esto ha originado pánico en las elites yankis, y la consecuencia es Trump.

La línea estratégica para derrotar a China ahora se concreta en buscar la alianza con Rusia, que no es rival en lo económico, sólo en lo militar y precariamente por su endeblez productiva y financiera. Con Rusia al lado, y con Japón de aliado, China puede ser volteada. Pero eso significa entregar a Europa a la avidez imperial de Rusia, que es el pago que ésta exige para alinearse con EEUU. Esta es la razón, una de ellas, por la cual Trump está siendo recibido en la UE con una tempestad de insultos y calumnias. En particular, Alemania siente temor ante la retirada de EEUU de Europa, lo que la dejaría en una frágil situación ante Rusia.

Trump exige que la UE eleve su gasto militar hasta el 2%, más del doble del actual, si quiere defenderse, pero esto será una carga más para la debilitada economía europea, por no hablar de su exhausta demografía, su mayor punto débil. Trump se va a replegar estratégicamente en Europa, dejándola abandonada a su suerte, para centrase en el Pacifico y Asía, que es donde hoy se disputa el futuro de la hegemonía imperial mundial. Así las cosas, la UE se convertirá en una potencia cada vez menos relevante, lo que tendrá una derivación económica decisiva. Europa hoy es, en todos los aspectos, el pasado, salvo que se reinvente con la revolución popular, como hizo en la Alta Edad Media.

En todo ello hay un cambio de estrategia. Hasta ahora el plan general era una alianza entre EEUU, UE y el islam para cercar y vencer a China, entregando Europa a éste, como compensación y para realizar la sustitución étnica, la limpieza racial. Recordemos el discurso de Obama en El Cairo en junio de 2009 ante la plana mayor del clero islámico suní, que vino a revalidar la alianza estratégica entre las élites occidentales y la clerecía islámica mundial suscrita en 1945, que a su vez actualizaba el pacto secreto firmado en el siglo XIX, gracias al cual, entre otros muchos servicios de dicho clero al imperialismo de Occidente, Franco pudo reclutar 100.000 musulmanes y prevalecer en la guerra civil. Pero los acontecimientos de Siria han manifestado que el clero musulmán suní es mucho más débil de lo que EEUU suponía, además de ser un aliado poco fiable. Esto ya se puso de manifiesto en los sucesos de 2001, cuando Los Saud de Arabia (o al menos una fracción de ellos) atacaron a EEUU con los atentados de septiembre, convencidos de que podrían derrotarlo, acto que fue mero voluntarismo irracionalista, un enorme error estratégico alentado y dirigido por Bin Laden, aquel multimillonario violento que tenía el cerebro colapsado por un exceso de religiosidad.

Los cambios estratégicos en este terreno se iniciaron hace años, aunque dubitativamente, buscando la alianza con el islam chií, con Irán y algunos de sus satélites, lo que es ya una sólida realidad. Pero sobre todo, con la llamada “revolución energética” de USA que, por sus consecuencias últimas, es una ruptura implícita con el clero islámico planetario, al reducir notoriamente los ingresos de las petromonarquías de extrema derecha. De todo ello puede salir una crisis sin precedentes de esa religión, ya sometida a una exposición, tensión y riesgo enormes, que puede entrar en estado de desarreglo no tardando. Si no lo ha hecho ya es por el descomunal apoyo del imperialismo occidental, que la mantiene y alienta de un número enorme de formas y maneras. Pero el futuro de los Saud es probable que  se asemeje mucho al de la familia Gadafi, sobre todo si Trump da vía libre a la billonaria demanda que les han puesto los familiares de las víctimas del 11-S. Pero, ¿lo hará? Obama empezó la ofensiva apoyando bajo cuerda a los rebeldes del Yemen, lo que ha llevado a una guerra en que Arabia se está desangrando.

         Siria ha manifestado no sólo la torpeza y debilidad de EEUU sino la endeblez del aparato clerical suní, incapaz de mover a escala mundial más que a unos miles de combatientes. Parece cierto que la gran mayoría de las personas que viven en los países de religión musulmana no siguen al clero en aventuras militares, sólo lo hace una reducida minoría. EEUU ha sido derrotada en Siria, quedando Rusia como vencedor. Además, las fuerzas islamofascistas suníes financiadas por EEUU han demostrado ser altamente disfuncionales, permanentemente enzarzadas en sangrientas disputas intestinas por poder y dinero e incapaces de unirse, con escasa capacidad combativa y sólo buenas para hacer matanzas que ponen en evidencia a sus padrinos, en Occidente EEUU, Inglaterra y Francia, en el islam los Saud, Qatar y el clero islámico europeo ligado a los servicios secretos, una buena parte de él. Así pues, Trump expresa su limitado interés por un aliado que además de ser incompetente y débil crea problemas de todo tipo. De ahí su “islamofobia”. En consecuencia desea estrechar lazos con el Estado sionista, lo que será un varapalo para los amplios sectores del pueblo palestino que se han vendido al islamofascismo, perdiendo con ello toda autoridad y legitimidad frente al sionismo.

         El asunto del Estado Islámico ha sido un descrédito enorme para el progresismo y el feminismo mundial. Constituido por el par B. Obama-Hillary Clinton, o sea, por el poder negro progresista y el poder feminista de EEUU, ha resultado ser tan monstruoso como torpe, desleal y disfuncional. Mientras EEUU deseaba que derrotase a Assad, por tanto, a los rusos y a los iraníes al mismo tiempo, lo que hizo fue asentarse en determinados territorios para crear un despotismo musulmán propio, siguiendo las orientaciones de los Saud. Sus maldades y carnicerías han puesto en evidencia, al mismo tiempo, al islam, haciendo que millones de personas, no musulmanes y musulmanes, empiecen a comprender la verdadera naturaleza de esa religión, lo que entorpece en mucho el proyecto de islamización/fascistización de Europa (el de Hitler y los nazis, adoptado hoy con escasas alteraciones) que Alemania y sus cipayos locales (Mariano Rajoy en nuestro caso, en esto respaldado por Pablo Iglesias) desean efectuar.

Que el par progresismo negro-feminismo militante haya sido capaz de crear, financiar y equipar un grupo fascista clerical de unos 40.000 efectivos armados manifiesta la verdadera naturaleza del progresismo contemporáneo, una forma de totalitarismo, una nueva expresión de fascismo, en la forma de fascismo de izquierdas[3]. Hay que retroceder hasta las andanzas de los jémeres rojos en 1975-1979, los comunistas que mataron a 1,5 millones de personas en Camboya, para encontrar algo similar. Es coherente que Hillary, feminista de toda la vida, haya puesto en pie a un régimen de terror tan extremo que es capaz de quemar vivas a 19 mujeres iraquíes en junio de 2016 por negarse a tener sexo con gerifaltes del Estado Islámico, esto es, con los amigos, protegidos y aliados de Hillary. Sin duda, quemar vivas a 19 mujeres es muchísimo más que los “micromachismos” que preocupan a los y las discípulas locales de la jerarca yanki.

Llegados a este punto de perfidia y disfuncionalidad el progresismo y sus jaurías entran en regresión. Y llega Trump con una nueva estrategia. Una vez que los mayores poderhabientes yankis están alcanzando la conclusión de que el poder islámico mundial sólo puede ser, dado su elevado grado de decadencia, fragmentación, alejamiento de la realidad, limitado apoyo popular e incompetencia persistente, un peón secundario que a menudo ocasiona más problemas que aportaciones a la contienda por la hegemonía mundial en las nuevas condiciones, hay que variar de doctrina estratégica[4].

(Continuará)




[1] Una buena síntesis de este asunto, que debe ser cabalmente comprendido hoy, se encuentra en “La ofensiva de los tecnopesimistas”, N. Nosengo y P. Bolinches. Este trabajo, así como otros varios que no es posible citar ahora por falta de espacio, refutan las sin fundamento alguno ilusiones que muchos ponen en la tecnología aplicada a la producción. No, no hay una solución tecnológica a los problemas económicos del siglo XXI. La solución está en la revolución.

[2] El libro de Harry Braverman, “Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo en el siglo XX”, es de lectura imprescindible para comprender acertadamente la situación hoy, en el siglo XXI. Lo que expone es conciso: el trabajo asalariado se degrada más y más por la voluntad de los capitalistas de ampliar su grado e intensidad de poder en el interior de la unidad productiva, de la empresa. Y al degradarse inexorablemente degrada al trabajador, como tal y como ser humano. Llegado a un punto, se dan cuatro acontecimientos interrelacionados: 1) el trabajador ya no puede soportar la presión y se va quebrando como persona, 2) ese sujeto en desintegración no puede, y no quiere, impulsar la productividad del trabajo, de modo que ésta se estanca, 3) los costes ocultos de todo ello suben en flecha, como enfermedades, medicalización, drogadicción, desintegración familiar, ocaso de la natalidad, etc., 4) la tecnología deja de ser efectiva productivamente. Sólo una revolución del trabajo, que convierte en un acto libre y creativo el trabajar, puede resolver este problema. La solución ideada en las alturas del poder es otra, realizar la sustitución étnica de la mano de obra.
[3] Refuerza la tesis de que el progresismo y sus jaurías, o religiones políticas, son la nueva forma de totalitarismo su bien conocida obsesión con la censura, su desprecio por la libertad de expresión, su repudio de la libertad de conciencia, su falta de respeto por el otro. Pretenden imponer al conjunto de la población lo que debe y no debe pensar y decir valiéndose de la fuerza. En vez de debatir púbicamente para ganar en buena lid con argumentos cada vez mejores, su fórmula, universalmente repetida, es la censura, la exclusión y la marginación. Claro que no pueden hacer otra cosa, dado que su argumentario es una combinación de mentiras, errores, ignorancia, disparates y locuras, así que en un debate abierto pierden. Por eso su baza ha de ser el miedo que suscitan en el público, que es el arma de todos los fascismos. Son una versión de la “Hisba”, o policía religiosa del Estado Islámico, con la que se fusionarán organizativamente cuando culmine la islamización/fascistización de Europa, si es que ello no es frustrado por la revolución. Todo fascismo se caracteriza por negar la libertad de conciencia, por ahogar la libertad de expresión. En eso progresismo, feminismo, racismo negro e islamofascismo son maestros. Su impopularidad viene en gran medida de ahí. Una denuncia excelente de las jaurías progresistas es el video “Modern Educayshun”, Noel Kolhatkar, que enfatiza su naturaleza represiva y exterminacionista, además de simplemente demente.

[4] Henry Kissinger, en “Orden mundial”, 2014, otorga al islam (es decir, al clero islámico suní mundial) un estatuto de gran potencia. El tiempo transcurrido y un mejor conocimiento de la realidad última lleva a Trump a corregirle en esto. Los países islámicos son, para empezar, un fiasco económico. Por ejemplo, la capacidad exportadora de todos ellos, dejando a un lado el gas y el petróleo, es similar a la de Finlandia, lo que resulta de la disfuncionalidad básica del orden social basado en el islam. Éste sólo tiene como activo la violencia y su gran capacidad para crear seres humanos ultra sometidos y dóciles, con formaciones sociales en las que el abismo entre los pobres y los ricos es mayor que en cualesquiera otras. Pero todo eso se está manifestando, para el siglo XXI, como factores de debilidad que EEUU comienza a evaluar con objetividad. El actual auge del islamofascismo dentro del islam está siendo un fracaso para sus promotores y esa religión tendrá que enfrentarse a crisis graves a medio plazo, similares, por ejemplo, a las que sufrió el comunismo y el izquierdismo con la derrota de la Unión Soviética en 1989-1991. La “revolución energética” fomentada por EEUU, que ya ha logrado ser casi autosuficiente en petróleo y gas, es una decisiva medida anti-islámica, como se ha dicho, debido a que es el dinero, mucho más que la fe y la conversión interior, lo que ha impulsado y estructurado el actual ascenso del islam.

lunes, 16 de enero de 2017

¿QUÉ HARÁ TRUMP? (I)

      La expectación, en la forma de temor y ansiedad en algunas personas pero en muchas otras expresada como entusiasmo y esperanza, es formidable. Todos sabemos, o intuimos, que la primera potencia mundial está dando un giro a su estrategia, lo que afectará al planeta en su totalidad, también a Europa. Por el momento, la situación está confusa y plagada de interrogantes, también porque en las alturas del poder USA, al parecer, todavía no se ha logrado definir con la suficiente extensión y detalle la nueva línea de intervención estratégica.

         ¿Cómo podemos saber qué hará Donald Trump? Éste no es más que un instrumento de los poderes efectivamente mandantes, del aparato estatal sobre todo, de manera que sus características personales son un factor subalterno, del mismo modo que lo que ha expuesto en la campaña electoral es sin credibilidad, pues todos los políticos mienten y engañan a su electorado, diciéndole lo que desea oír. Tampoco podemos conocer la línea que va a seguir a través del análisis de los documentos estratégicos básicos que manejan las elites del poder USA, pues son secretos y por tanto no asequibles a la gente común. Nótese que el orden actual es totalitario, no-democrático, dictatorial, y la información realmente decisiva jamás llega al pueblo.

         Así las cosas, tenemos que servirnos de tres elementos, el análisis de la situación, para localizar las contradicciones y necesidades objetivas del sistema de dominación estadounidense; lo que se vaya filtrando y llegue a la opinión pública, que será poco, y lo que realice en la práctica el gobierno-Estado presidido nominalmente por Trump. De todo ello lo más importante, cognoscitivamente, es lo primero.

         Sí estamos, no obstante, en condiciones de fijar algunos componentes iniciales, determinantes e indudables, sobre la situación.

         Primero. La extensión y profundidad de la crisis de la formación social EEUU es ya tan enorme que de no reaccionar ahora acabará perdiendo, a medio plazo, su estatuto como primera potencia mundial[1]. G. Packer lo expone con claridad, no exenta de concesiones melodramáticas que no afectan al meollo de la cuestión, en “El desmoronamiento. Treinta años de declive americano”. Esa es la expresión exacta, desmoronamiento.

         Segundo. La gran depresión de 2008/2014 ha sido sobre todo de Occidente, de EEUU y la UE, siendo mucho menos afectadas otras economías, la china casi nada. Ahora hay una bonanza relativa y transitoria, pero cuando retorne un nuevo repunte del caos económico -lo que sucederá en unos pocos años- Occidente puede hasta desintegrarse. Aquella crisis debilitó e incluso destruyó la confianza en el sistema de cientos de millones de personas en EEUU y la UE, creando en ellas un estado de ánimo más favorable a la admisión del ideario revolucionario. Lo por venir lo hará más aún. Desacreditó sobre todo a la política e ideología imperantes en esos años, la progresista, y a sus portavoces y políticos profesionales.

         Tercero. El agotamiento, no sólo objetivo sino también subjetivo, del progresismo, en todas sus formas, es enorme y probablemente irreversible, hasta el punto de no servir a la clase dominante ni como fuente de ideas e inspiración de las medidas a adoptar ni como ideología para el manejo y aleccionamiento de las masas. De ahí su enorme crisis.

         Cuarto. La ilusión Trump, populista, hoy no es menos irrazonable y descabellada que la ilusión Obama, progresista, hace ocho años, por lo que será ásperamente negada por la realidad en poco tiempo, igual que lo fue la “obamamanía”. Primero porque los poderhabientes USA no están en condiciones de resolver (aunque sí de tratar e incluso paliar o reconducir, hasta cierto punto) los muchos y muy graves problemas de la hora presente, y segundo porque las medidas que van a ir tomando en los próximos años serán agobiantes para la gente de la calle, en lo económico, lo represivo, lo cultural, lo militar, lo policial, etc. El ideario revolucionario ha de distanciarse igualmente del progresismo que del populismo, de la izquierda que de la derecha, avanzando en oposición a ambas, situando en el pueblo, y sólo en él, su meta y sentido.

         Quinto. Occidente se adentra, o mejor dicho, se precipita, en una fase de inestabilidad, caos, confusión, cambios radicales, complejidad e impredecibilidad. Trump es un cavernícola vesánico (tanto como lo son la atroz feminista Hillary Clinton y el atildado inútil Obama) pero quienes le apoyan son el sector más sano de la sociedad, aquel que se ha mantenido relativamente apartado del régimen ideológico y político de que se ha servido el capitalismo en el último medio siglo, el bloque progresista exterminacionista. La contradicción entre la gente ingenua y bienintencionada que le sigue, o le vota, y el oligárquico gobierno Trump se irá haciendo más y más tensa en los años venideros, hasta explosionar.

         Sexto. Dado que la estabilidad que ha conocido Occidente en los últimos decenios se está convirtiendo en su contrario, habrá más oportunidades para las corrientes, ideas y tendencias revolucionarias, reducidas a casi nada por la presión aterradora de la izquierda y la progresía, que han sido el enemigo principal (financiado desde el poder) de la revolución popular civilizatoria en el último medio siglo. Por tanto, una percepción esperanzada e incluso entusiasta del futuro es la apropiada, salvo para los que desean meramente vivir “mejor”, consumiendo más bajo el actual orden, que se verán enfrentados a crecientes restricciones, cargas, obligaciones y escaseces. El tiempo de la sociedad de consumo es cosa del pasado y en el futuro lo que se anuncia es un orden de penuria y carestía materiales.

         Séptimo. La situación es tan volátil y embrollada que se está produciendo una fractura, una grieta, un conflicto, en el seno de las elites mandantes, una parte de las cuales desea continuar con el progresismo y otra parte, ahora ya mayoritaria, quiere liquidar todo eso y poner rumbo hacia un nuevo escenario. Esta lucha en el seno de las minorías mandates tiránicas favorece a las fuerzas de la revolución, al caotizar y debilitar el desempeño político, mediático y de otros tipos del poder constituido

         Octavo. El sistema de dominación tiene que hacer ahora frente a sus propias disfuncionalidades, contradicciones, cortoplacismos y costes ocultos. Disposiciones que tomó hace, por ejemplo, cincuenta años le han servido muy bien durante decenios pero ahora, dos generaciones después, demandan que se satisfagan los daños estructurales, a menudo enormes, que han ido creando en el sistema mismo. Éste opera sacrificando el futuro al presente y ahora ha llegado el momento en que el futuro se hace presente, de manera que ya no puede seguir con esa línea de acción.

         ¿Cuáles son las disfunciones principales del imperio EEUU?, ¿cuáles son sus causas?

         La primera de todas es el derrumbe del sujeto medio, de su calidad, funcionalidad y valía. Si no se comprende esto no se puede entender todo lo demás. El desplome de la persona realmente existente significa que ya escasea la gente preparada para atender a las necesidades del Estado, servir en el ejército y la policía y ser mano de obra competente y productiva, y que disminuirá aún más en el futuro. El individuo nadificado -fabricado desde arriba- lo es ya tanto, tantísimo, que su existencia como criatura dudosamente humana, en realidad post-humana, entra en oposición con las necesidades estratégicas fundamentales del orden constituido.

         La desintegración del individuo se expresa en todo: enfermedades físicas, drogadicción, disfunciones psíquicas, falta de potencial reproductor, torpeza e inutilidad general, estulticia de masas, asocialidad egocentrada extrema, sobremortalidad, despilfarro a gran escala, irresponsabilidad y amoralidad casi universales, etc. Se espera, con aprensión, una caída drástica de la esperanza media de vida. Eso, en sí mismo y más aún en relación con otros factores, desencadenaría el caos en la sociedad. Sería una repetición de experiencias históricas muy lúgubres, como la crisis del siglo III en Roma, o la crisis del siglo XIV en Europa occidental, verdaderas catástrofes las dos en las que desapareció por muerte prematura un porcentaje elevado de la población[2]. La primera de ellas fue ocasionada por la sobre-extensión del Estado romano y la segunda por la instauración del Estado actual, tras semi-derrotar a la revolución popular altomedieval que se inicia con el alzamiento armado bagauda en el siglo V. Hoy sucede algo similar, pues es la creación de un poder estatal del todo monstruoso, y de un poder empresarial rematadamente despótico e insufrible lo que está literalmente laminando, triturando, al individuo. Muchos millones de personas en EEUU (y en Europa) están ya en una situación en que su vida y supervivencia no quedan aseguradas en el medio plazo.

         Las causas últimas de esa situación son la naturaleza colosalmente invasiva del poder estatal y de su perrillo faldero, el empresarial. Cuando el Estado se apodera del 50% o más de la riqueza producida, una buena parte de ella para entregarla a la gran empresa multinacional, ese dinosauro tan autoritario y deshumanizador como senil e incompetente, el futuro se esfuma[3].

         ¿Las causas, en concreto? Enumerémoslas: la ausencia de libertad de conciencia, libertad política y libertad social, el Estado de bienestar, el trabajo asalariado tecnologizado actual, la pedagogía progresista junto con el sistema escolar y académico, la destrucción de la familia (primero de la extensa y de los lazos de vecindad, luego de la nuclear y finalmente de toda relación interpersonal estable que haga sombra al control estatal absoluto sobre el individuo), la vida en las ciudades-cárceles, la medicalización institucionalizada, la pésima alimentación, la soledad impuesta desde arriba, la guerra de los sexos, la represión del amor erótico heterosexual, la ciega fe en la tecnología, el aleccionamiento mediático, la prohibición de facto de la maternidad y la paternidad, la agricultura industrial en todas sus variedades y la imposición de la mentalidad hedonista, felicista y epicúrea, intrínsecamente inmoral. Hay más por supuesto, pero éstas son las significativas.

         La cosa no acaba ahí. La “basura blanca”, o sea las clases trabajadoras de siempre en EEUU, pongamos unos 150 millones de personas, ya no son útiles ni al ente estatal ni a la patronal. Por eso hay un proyecto, nunca expuesto a la opinión pública, por razones obvias, pero cabalmente visible en los hechos, de exterminarlas, de hacerlas desaparecer. Estamos, por tanto, ante la mayor operación de limpieza étnica de la historia contemporánea. La eliminación de poblaciones y etnias enteras ha sido realizada numerosas veces en la historia. Exterminacionista con la población autóctona rural propia de la península Ibérica fue el Estado musulmán andalusí instaurado por el terror a petición de la clase dominante visigoda en el año 711, una formación genocida. Lo fueron también los españoles con los guanches en Canarias, a partir del siglo XV, y con los indígenas de Cuba y otros territorios americanos un poco después. Se efectuó exterminacionismo con las poblaciones indígenas de América del Norte, que eran inhábiles para el tipo específico de trabajo no-libre que se esperaba de ellas, por lo que fueron acorraladas y casi aniquiladas[4], para ser reemplazadas por trabajadores europeos aptos para el laboreo neo-servil, y por trabajadores africanos habituados al quehacer productivo servil. Éstos lo eran por proceder de sociedades que no habían sido capaces de liquidar la esclavitud, mantenida por poderosas elites autóctonas que primero capturaban a los esclavos entre sus súbditos y luego los vendían en la costa, cargados de cadenas, a los europeos.
(Continuará)






[1] Los hechos están otorgado la razón a Paul Kennedy que en su célebre libro “Auge y caída de las grandes potencias”, publicado en 1986, pronostica que el imperio USA está determinado por las leyes universales sobre la decadencia y desintegración de las formaciones imperiales. Dicho autor no fue escuchado y ahora se pretende, según parece, aplicar al menos una parte de sus recomendaciones, a pesar de que muestra que los imperios, cuando entran en descomposición, no pueden ser revitalizados… Pero también pone en evidencia que ningún imperio desaparece del escenario de la historia sin previamente efectuar un esfuerzo desesperado por sobrevivir, lo que incluye violencia, guerras y matanzas.
[2] Eso ya está sucediendo. En España, para 2017, se calcula que morirán unas 25.000 personas más de las que nacerán, dato aterrador que no se daba desde la postguerra pero que ya ha acontecido en 2016. Quien proponga resolver ese problema con más inmigración es un genocida, un partidario del proceso de sustitución étnica y limpieza étnica promovidos por el capitalismo-Estado alemán, con la cristianodemócrata Merkel al frente. Por lo demás, una sociedad que ha destruido todas las formas de familia no puede cuidar a 9 millones de pensionistas. Estos serán sometidos en los próximos años a formas variadas de “muerte digna” diseñadas y decididas desde arriba. Es una de las tareas que el poder constituido ha encargado a Podemos y al resto de la izquierda, y que en Grecia ya está haciendo con gran aplicación y eficacia el partido amigo de Podemos, Syriza.

[3] La sinrazón estatolátrica ha llegado tan lejos que está tomando cuerpo, en el seno de las minorías mandantes, la necesidad de poner coto a esa desmesura, reduciendo la carga del ente estatal en el total de las actividades económicas. Un libro sobre esa cuestión es “La cuarta revolución. La carrera global para reinventar el Estado”, J. Micklethwait y A. Wooldridge. Lo que propone no es creíble (por más que en algún caso concreto pueda estar acertado) pues el gasto estatal creciente proviene del incremento de los costes de dominación, y ningún Estado revierte su tendencia a tener más poder, a ejercer una dictadura cada vez mayor, sobre el pueblo del que vive y al que explota, sobre todo por medio del fisco. Este libro, y otros como él elaborados en el ámbito del pensamiento liberal, es amagar y no dar. Resulta incoherente querer un Estado del siglo XIX, pequeñito, con las empresas del siglo XXI, mastodónticas. Hay que desmontar el uno y la otra, pero los liberales defienden la mega empresa monopolística mundializada, que es un poder tan tiránico como el Estado. Su defensa de la libertad es meramente demagogia y locuacidad. Tal tarea se realiza desde el proyecto de la revolución integral cuyo postulado número uno es realizar una sociedad de la libertad.

[4] Produce escalofríos observar que la prensa progresista e izquierdista europea anti-Trump defiende la inmigración actual a EEUU enfatizando que éste es un “país de inmigrantes”. Sí, y por eso los pueblos indígenas fueron exterminados, por los inmigrantes que iban llegando a lo que luego sería EEUU, primero españoles y luego ingleses, franceses, holandeses, etc., además de los africanos llevados a la fuerza. Todos ellos son co-responsables de un genocidio, que ahora se desea repetir con la actual población, con la clase trabajadora blanca y del resto de las razas, de otra forma y en otras condiciones pero en esencial igual. Este asunto es un lapsus en el que ponen al descubierto sus verdaderas metas, liquidacionistas aunque ocultas bajo mucha hipocresía y variadas jeremiadas buenistas. Así son los nuevos traficantes de esclavos, los nuevos negreros, dedicados a mover a millones de personas de un país a otro según las necesidades del capitalismo.

sábado, 14 de enero de 2017

UN LIBRO DE RECETAS CULINARIAS CON SILVESTRES Y CON MUCHO, MUCHÍSIMO MÁS.

UN LIBRO DE RECETAS CULINARIAS CON SILVESTRES Y CON MUCHO, MUCHÍSIMO MÁS.

Además de las fichas sobre el uso alimenticio humano de 113 plantas silvestres, el texto "Bienaventurada la "maleza" porque ella te salvará la cabeza"  incluye un libro analítico de 239 páginas, de manera que su contenido es bastante más que recetas, aún siendo éstas su parte medular. 
Incluye artículos de César Lema, Josep Pàmies, Juanra, Silvia Méndez, Patri Puga, Daniel María Pérez y un servidor. De mi colaboración deseo informaros ahora. Se titula "Las "malas hierbas" y el proyecto de una nueva civilización", ocupando las páginas 5-72. Lo que en ella expongo desarrolla y actualiza los contenidos de "Naturaleza, ruralidad y civilización", que ocho años después de ser editado sigue conservando el favor del público, estando en su tercera edición.

Mi participación en "Bienaventurada..." se fundamenta en la problemática condición de la agricultura, de toda agricultura, por los efectos destructivos que tiene sobre los bosques, la calidad de los suelos, el clima, el régimen de las aguas y la biodiversidad vegetal y animal. Así pues, recomiendo retornar a la fase de recolección de plantas y frutos silvestres, haciendo de éstos un componente sustancial de la dieta humana, hasta un tercio de ella. No niego por completo la agricultura, pero sí expongo la necesidad imperiosa de su reducción cuantitativa, además de su transformación cualitativa. Me apoyo en los estudios de Jared Diamond para denostar la agricultura, definida por él como una "catástrofe".

El retorno a las prácticas alimenticias recolectoras choca con la concentración de la población en las ciudades, donde sólo existen malezas ruderales, muy pocas y por lo general incomestibles, así pues el texto se desliza de inmediato hacia la crítica de la ciudad, de la urbe, de la megalópolis. Ello va unido a toda una reflexión sobre el actual movimiento de retorno al campo, esto es, de escapada de la ciudad, para vivir fusionados con la naturaleza, reflexión que culmina en una exhortación a poner fin a la vida urbana, a retornar a la ruralidad, en el marco del proceso y proyecto de la revolución integral

Examino las prácticas agrícolas de M. Fukuoka, que acercan el cultivo a las condiciones de existencia de la flora arvense, o silvestre, adoptando ante ellas una posición mitad admirativa mitad crítica, pues ninguna agricultura, ni siquiera la menos destructiva del medio natural global, puede ser solución.

Entro en el análisis del origen de la agricultura, rechazando la explicación progresista, mera fabulilla, estableciendo que es la diferenciación clasista y la constitución del ente estatal la que origina al mismo tiempo la agricultura y las ciudades.

Cito en varias ocasiones, siempre de forma positiva, el libro de Paul Roberts "El hambre que viene", porque fundamenta que la actual destrucción de los suelos cultivados producidos por la agricultura industrial y por las condiciones de la vida urbana nos abocan a una situación de crisis general de la producción agropecuaria, de ahí el título. Pero difiero de su pesimismo, causado por su incapacidad para pensar en términos revolucionarios, pues el abandono de las ciudades más la  alimentación con plantas silvestres, en el contexto del proyecto global de la revolución integral, es una solución a los problemas de nuestro tiempo, en particular a la escasez de alimentos. Denuncio el control por 15 grandes empresas multinacionales del negocio de la alimentación, las cuales forman el "complejo industrial alimentario", o "agronegocio". También se dedican algunas páginas a pasar revista a falsas soluciones, como son el capitalismo "verde" y la agricultura ecológica certificada-estatizada por la UE y distribuida en las grandes superficies.

Estudio la represión de la utilización de plantas silvestres en la alimentación humana en los últimos siglos, lo que está en conexión con la revolución liberal, el ascenso del Estado contemporáneo y el desarrollo del capitalismo. La persecución de las brujas y los brujos es también investigada, advirtiendo que esto no sucedió en la Edad Media sino con la maduración del Estado moderno, particularmente en el siglo XVII.

Examino el pavoroso problema de la aridificación y desertificación, de la destrucción de los bosques y los suelos, lo que resulta directamente de las prácticas agrícolas que la concentración forzada de la población en las ciudades hace inevitables.
La parte más sustantiva del estudio lleva por título "Las megalópolis y la crisis medioambiental", que se centra en desmontar el mito retrógrado de la conservación y continuidad de la ciudad haciéndola "sostenible", advirtiendo que esto no es posible y que la evolución histórica razonable aboca a su extinción, a su negación. Trato sobre el cambio climático y los paños calientes con que es abordado por el poder constituido así como por sus agentes intelectuales y políticos, advirtiendo que únicamente un colosal proceso reforestador puede detenerlo, lo que necesariamente ha de ir unido a la recuperación del consumo masivo de silvestres por los humanos.
La crítica de la ciudad, como concentración del poder del Estado y de la gran empresa, por tanto, como creación antinatural y forzada, es la parte esencial del texto, que culmina proponiendo soluciones, en un momento en que la crisis de la ciudad es ya obvia e innegable, crisis global que demanda respuestas integrales. El "retorno a la tierra", la constitución de una nueva realidad sobre la base de valores convivenciales y comunales, autogobernados, asamblearios y de ayuda mutua, es la formulación propositiva y hacedera vertebradora del texto.
Hasta aquí mi aportación.
Deseo añadir que "Bienaventurada la "maleza" porque ella te salvará la cabeza" es mucho más de lo que he expuesto, pues está lleno de ideas ingeniosas, sorpresas, innovaciones y creatividad. Al estar hecho desde la libertad con responsabilidad, sin dogmatismos ni estructuras verticales, hace que el numeroso equipo de elaboración que lo hemos constituido haya podido desenvolver a fondo su espíritu innovador. Al leerlo os sorprenderá una y otra vez, porque no es un libro al uso sino una hermosa realización de la libertad, la verdad, la belleza, la revolución, la alegría, la poesía y la sublimidad.
Se distribuye en tres puntos básicos. Para Galiza esta César, en clemacostas13@gmail.com; para el resto de los territorios estoy yo, Félix, en esfyserv@gmail.com. Además, está disponible en la botiga de Dolça Revoluciò, botiga@dolcarevolucio.cat

Añado: conforme al precio que tiene el libro es barato, pues resulta enorme y su peso es de ¡1,5 kgs!  Por su elevada calidad estética es apropiado, asimismo, para hacer regalos.       


martes, 10 de enero de 2017

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA DE NATIONAL SECURITY AND DOUBLE GOVERNMENT

Un amigo me envía la reseña del libro de Michael J. Glennon, "National Security and  Double Government", que se puede leer abajo. La publico con suma satisfacción pues viene a confirmar, concretar y enriquecer lo expuesto por mi artículo "EL ejercicio del poder de mandar en las sociedades contemporáneas", en este mismo blog.

Mi recomendación es que se lea y estudie con suma concentración.

Su utilidad práctica es, además, fundamental en estas fechas, a unos días de la toma de posesión de D. Trump, pues contribuirá a disipar las ilusiones que se han ido constituyendo en ciertos sectores sobre el triunfo electoral y mandato de éste como jefe del gobierno de EEUU.

Porque, en efecto, hay dos gobiernos, uno real y efectivo y otro formal y nominal. El primero no es elegible, pues es el aparato estatal. El segundo es elegible, pero se reduce al gobierno y las instituciones anejas, que carecen de poder, más allá de formalidades, escenificaciones, asuntos de segundo orden y la parte secundaria de los asuntos decisivos. Sea quien sea presidente nada importante cambia pues el ente estatal permanece. Únicamente se producirán aquellos cambios que significan un viraje estratégico del poder constituido, lo que es posible que sea el caso de Trump. Pero éste por sí mismo, y cualquier otro, son sólo marionetas que el régimen de dictadura estatal-militar maneja a su antojo.

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA DE NATIONAL SECURITY AND DOUBLE GOVERNMENT


Título: National Security and Double Government
Autor: Michael J. Glennon
Editorial: Oxford University Press
Lugar y fecha de edición: Nueva York, 2015
Páginas: 257
 En este interesante y documentado estudio sobre la seguridad nacional en EEUU Michael Glennon, profesor de derecho internacional en la universidad de Tufts, Massachussets, muestra con gran claridad el funcionamiento real del gobierno federal y de cómo, a diferencia de la imagen pública ofrecida por este y los medios de comunicación, áreas decisivas como la seguridad y la política exterior están en manos de un enorme entramado burocrático que funciona de manera autónoma, fuera de prácticamente cualquier control y bajo una casi absoluta opacidad.
 La tesis central de Glennon es la del doble gobierno que toma, a su vez, de Walter Bagehot para explicar que en EEUU existen de facto dos gobiernos. Por un lado están las instituciones madisonianas compuestas por la presidencia, el congreso y los tribunales, y organizadas conforme a las disposiciones establecidas en la constitución. Este es el gobierno visible que el público cree que es el que verdaderamente ejerce el mando. Sin embargo, tal y como explica Glennon a lo largo de su investigación, hay otro gobierno que es el que realmente establece la política gubernamental y que se encuentra inserto en la burocracia federal, compuesto por altos funcionarios, generales, directores de agencias de inteligencia, etc. En la práctica esta gran burocracia que permanece invisible para el gran público es la que toma las decisiones básicas que dan forma a la política gubernamental, de manera que confinan las opciones del presidente hasta el punto de que este apenas tiene autoridad.
 La burocracia de la seguridad nacional es la que realmente detenta el poder en EEUU. Sin embargo, las instituciones constitucionales únicamente desempeñan una función legitimadora de dicho entramado burocrático, lo que es ocultado al público debido a que ello desmoralizaría a la sociedad y esta dejaría de creer en su gobierno. Esto demuestra que la presidencia de EEUU no es una institución piramidal en la que el presidente da órdenes y la burocracia se encarga de ejecutar, sino que más bien la situación real es la contraria en tanto en cuanto los generales y almirantes han conseguido poner a los jefes departamentales bajo sus órdenes, o que los cargos políticos directamente deleguen en los burócratas la elaboración de las políticas gubernamentales. Así, descubrimos que esta red de altos funcionarios se encargan de dar forma a la legislación que más tarde es aprobada en el congreso sin que este sepa realmente lo que está aprobando.
 Las disposiciones constitucionales son papel mojado, como ocurre con la separación de poderes, pues ni siquiera el congreso tiene la capacidad de supervisar la política de seguridad de la rama ejecutiva. Más aún, los propios comités de inteligencia que existen en el congreso y en el senado lejos de supervisar la actividad de la burocracia se ocupan de proteger a las principales agencias de espionaje, así como de impedir los recortes en el presupuesto, en vez de proteger al público de sus transgresiones. Asimismo, el poder de los altos funcionarios se ve refrendado en gran medida por el hecho de que senadores y congresistas delegan en ellos la toma de decisiones, lo que les da manos libres para decidir según sus intereses.
 La cúspide del gobierno federal, representada por el presidente de turno, depende de la gran burocracia de la seguridad nacional de la que procede la práctica totalidad de los altos funcionarios que son nombrados con cada nueva administración. Esta red de burócratas, que tiene sus orígenes en la era del presidente Truman y a cuyos integrantes Glennon llama “trumanitas”, es la que determina las líneas generales de la política gubernamental y la que toma las grandes decisiones que el presidente se encarga de legitimar con su firma. Constituye un gobierno en la sombra que escapa al escrutinio público.
 El secretismo, la exageración de amenazas y el conformismo son los principales rasgos del gobierno en la sombra. Sus integrantes son los que moldean el interés nacional de EEUU por encima de cualquier administración que eventualmente pueda ocupar la Casa Blanca. Las políticas que diseñan y llevan a cabo se vuelven tan fuertes que los nombramientos de personal político no pueden escapar de ellas, así como tampoco los sucesivos presidentes. El principal objetivo de esta red de burócratas es garantizar la estabilidad y el mantenimiento del statu quo, lo que se manifiesta en la continuidad de las políticas de seguridad nacional entre diferentes presidentes, como ocurrió con Bush y Obama.
En definitiva, se trata de una obra fundamental cuya lectura es necesaria para entender el funcionamiento del gobierno americano y la lógica que la elite dominante de aquel país sigue en los procesos decisorios, y que viene a tirar abajo el mito de que las caras visibles de las instituciones oficiales, como ocurre con el presidente, son los que verdaderamente ostentan el mando.

miércoles, 4 de enero de 2017

EL EJERCICIO DEL PODER DE MANDAR EN LAS SOCIEDADES CONTEMPORÁNEAS


        Sobre quién manda en nuestra formación social hay, sobre todo, seis interpretaciones. La aserción oficial es que el poder lo ejerce el pueblo, “del que emanan (sic) los poderes del Estado” según la estrambótica proposición del artículo 1.2 de la Constitución, aferrada a la irrazonable doctrina de la “emanación”. Tal formulación, como es obvio, no refleja lo que sucede realmente, al ser huera retórica destinada a ocultar que padecemos un régimen de dictadura política en el que la soberanía popular es ficticia, inexistente.

         La segunda es que nadie toma e impone decisiones, y que los acontecimientos simplemente “tienen lugar”, “suceden”. Tan primaria concepción se refuta sola. Una tercera atribuye los acontecimientos axiales a organizaciones secretas o semi-secretas que operan en la sombra, o a individuos poderosísimos que dominan el mundo con dinero. Mandan el sionismo, el club Bilderberg, la masonería, algunos célebres banqueros, George Soros, la CIA (entendida como sociedad secreta y no como lo que es, una agencia estatal financiada con los fondos del presupuesto de EEUU, un “Estado dentro del Estado”, según frase acuñada), los jesuitas u otros entes similares, y lo hacen a través de actos conspirativos continuados. Aunque es indudable que aquéllos tienen poder y que nadie puede negar la existencia de conspiraciones, muy reales y bastante habituales, tal concepción no logra percibir lo primordial del sistema de mando y dominación institucionalizado actual, el aparato estatal, que en el plano global se hace red de Estados y de organizaciones de unificación de entes estatales, como la UE, la OTAN y varias más[1].

         La cuarta es que lo principal del dominio y soberanía reside en los supuestos amos del dinero, los banqueros y grandes empresarios privados quienes ejercen la potestad de ordenar y mandar, con el Estado y los Estados a sus órdenes, al ser sus subordinados, sus sirvientes. Los puntos débiles de tal concepción son: 1) incluso en lo económico los recursos de los aparatos estatales son superiores a los de la empresa privada, al apropiarse de un 40-60% del PIB (para España ahora el porcentaje es ligeramente superior al 50%, creciendo año tras año); 2) el poder económico es sólo una parte, existiendo junto al político, militar, judicial, mediático, religioso y otros; 3) el centro del poder en el día a día es el Estado; 4) el Estado existe desde mucho antes que el capitalismo. Concebir el poder como única o principalmente poder económico es un error surgido de una de las fes burguesas más comunes, el economicismo, que expresa el culto por el dinero y la riqueza material propios de la ideología capitalista.

         La interpretación número cinco es que el poder lo ejerce el presidente del gobierno y el gobierno. Tal formulación ignora que existe en el aparato estatal una compleja estructura de toma de decisiones, fijación de estrategias e intervenciones resolutivas-constrictivas para los asuntos y problemas de importancia, al que se subordina en todo lo esencial el gobierno y su presidente, meros actores políticos simbólicos que en todo lo cardinal deben seguir a las instituciones del Estado y a los poderes económicos de la gran empresa privada. Por eso no es relevante quién resulte votado en unas elecciones, pues el presidente del gobierno dispone de poder nominal y ceremonial. Es un elegido (en comicios no-libres) que se subordina a los poderes efectivos, no elegidos, que simplemente están ahí. El hecho de que estos últimos posean lo medular del ejercicio real del poder es otro dato probatorio de que padecemos un régimen de dictadura política, con el Estado como sujeto agente de dicha dictadura, tirano o dictador corporativo.

         La sexta es que la soberanía y el mando lo ejercen las instituciones del Estado en estrecha conexión con el gran capitalismo, de facto monopolista, el cual depende del ente estatal también en lo económico, pues sin los repetidos rescates de bancos y grandes empresas a cargo del Estado, aquél hace tiempo que habría desaparecido, es más, ni siquiera habría llegado a existir significativamente[2]. De manera que en la relación Estado-gran empresa el primero, el ente estatal, es la parte más fuerte y por ello la dominante y dirigente, como se ha evidenciado en la gran crisis económica última, la de 2008/2014, en la que el Estado resistió pero el gran capital se desplomó. Esta es, por tanto, la interpretación más acorde con la realidad, al ser experiencial y no arbitraria ni doctrinaria ni teorética ni dogmática.

         Las potestades del Estado se manifiestan, en primer lugar, en el poder ejecutivo, que sólo nominalmente reside en el gobierno de turno. Su esencia es de naturaleza coercitiva y se materializa en el bloque formado por el ejército más el aparato policial, hoy constituido por unas 400.000 personas en España, lo que le convierte en el bloque organizado con más personal. Éstas, además de estar equipadas, armadas y entrenadas para el ejercicio de la violencia (si hace falta, contra el pueblo/pueblos, como en 1936), tienen un peso económico y tecnológico formidable. La Constitución presenta al ejército como el cimiento del “ordenamiento constitucional” (artículo 8.1), manifestando así -sin pudor- que estamos ante una forma específica de dictadura militar, como acontece con todos los sistemas parlamentaristas y partitocráticos, sean monárquicos o republicanos[3].

         La facultad legislativa, hacer y promulgar las leyes, no es potestad del parlamento, salvo de manera retórica y formal. Las normas legales las elaboran entre bastidores las diversas instituciones del estado, y el parlamento se limita a escenificar parodias de debate y promulgación, a cargo de parlamentarios ignorantes, venales, incompetentes y haraganes, cuya única función es mantener la ficción ante la plebe de que existe la soberanía popular, y que por tanto el actual sistema no es lo que es, una dictadura de un bloque unificado de hiper-poderosas minorías. Está asimismo el aparato judicial que aplica las leyes e impone su cumplimiento castigando a  los infractores. En él reside lo esencial del poderío para punir y violentar al pueblo.

         Hay más minorías mandantes, entre las que destaca el conglomerado funcionarial o burocrático, ejercido por los altos cuerpos de funcionarios que reside en los diversos Ministerios. Es una enorme pifia ignorar el formidable aparato ministerial, imprescindible para la toma de decisiones y el ejercicio del poder real del conjunto del sistema, al realizar periódicos traslados al resto del ente estatal-gubernamental de sus análisis y conclusiones, que son el fundamento de las decisiones políticas, económicas, legislativas y de otro tipo que adoptan el bloque de los diversos poderes. Hoy en España hay 13 Ministerios (se llegó a 16), y en cada uno de ellos trabajan equipos bastante activos y preparados de analistas, estrategas y planificadores, sin los cuales no puede entenderse el funcionamiento del régimen de dominación vigente[4].

         El Estado posee, además, un peso económico decisivo, el mayor de todos. Proviene, por un lado, del sistema fiscal y recaudatorio que arrebata coercitivamente a la sociedad civil una masa enorme de riqueza; del derecho autootorgado para la emisión de dinero fiduciario (ahora esta prerrogativa está delegada en el Banco Central Europeo), y del sistema de capitalismo de Estado, que capitaliza en el ente estatal el fruto de la explotación de los millones de asalariados que trabajan en las empresas del capitalismo de Estado.

         Hoy, el Estado es la principal fuerza económica de la sociedad.

         Está activo, además, el poder tecnológico, que es esencialmente estatal-militar, considerando que quizá el 70% de los científicos y técnicos trabajan directa o indirectamente para las fuerzas armadas. No se puede olvidar el poder mediático, el poder intelectual, el poder educacional o académico y el poder religioso. Los partidos políticos son también un poder en sí mismo, al ser un apéndice del aparato estatal, que cumplen una función de encuadramiento, manipulación y adoctrinamiento al mismo tiempo. Sin ellos el actual sistema no podría mantenerse. Constituyen un partido único de partidos, con su división clásica en izquierda/derecha y el ordenado acceso por turno al gobierno, esto es, a la posibilidad de expoliar las arcas del Estado, para que los políticos profesionales de derecha e izquierda se llenen los bolsillos, asunto que es estructural y por ello inerradicable. Existen, asimismo, los poderes supraestatales, ya citados, UE, ONU, OTAN, etc., uniones y articulaciones de Estados para cumplir fines específicos.

         Además, están los poderes económicos, que se instituyen formalmente en las organizaciones empresariales, aunque en lo principal se erigen como fuerza de dominio e intervención en congregaciones extraordinariamente selectas y elitistas, por completo vedadas a la gente común y en general desconocidas e incluso secretas[5].

         Todos los poderes señalados forman grupos patricios y señoriales que dominan al pueblo/pueblos y viven del trabajo de éste. Constituyen, al articularse, el tirano o dictador colectivo que niega la libertad y la democracia en la sociedad actual. El sistema legal establece los procedimientos y las normas por los cuales tales conjuntos (reducidísimos numéricamente) se unifican en un único bloque de mando, contra las clases populares del interior y contra entes extranjeros.

         Así pues, el poder real es el descrito siendo su condición la de no-elección, permanencia e inamovilidad, mientras que la del poder nominal y ficticio en lo principal, gobierno y parlamento, es la de amovilidad, fugacidad y elección en comicios sin libertad de expresión, al llevarse a cabo bajo la autocracia mediática constituida, un ominoso aparato dictatorial entregado al adoctrinamiento de las masas.

         Lo peculiar de nuestro tiempo es el crecimiento desmesurado del poder efectivo del ente estatal y de la clase empresarial. El ascenso en flecha del primero se pone de manifiesto en que si hace sólo un siglo la fracción del PIB que se apropiaba el Estado no llegaba el 15% hoy supera el 50%. En aquellas fechas no se había constituido todavía la gran compañía capitalista multinacional contemporánea, existiendo multitud de ellas pero casi todas de limitado poder y restringidos recursos. Hoy, tras haber tenido lugar un proceso de concentración, sustentado sobre todo en continuas absorciones y fusiones, ha emergido una empresa capitalista que cumple la función de tiranía económica extrema, tan enorme y despótica como irracional e ineficiente. Esto se manifiesta en el estancamiento de la productividad del trabajo en los países desarrollados desde 1970 más o menos. Podemos decir que el capital ha alcanzado una etapa de senilidad y estancamiento que no logra remontar, eso cuando no se desploma en crisis agónicas de las que únicamente el ente estatal parece capaz de sacarle.

         Un Estado cada día más tendencialmente omnipotente y una gran empresa elefantiásica son la negación de la libertad en todas sus formas. Este es el problema principal de nuestra época. Dicha concentración extrema del poder y la propiedad ha tenido lugar sobre todo en los últimos tres o cuatro decenios. Poner fin a ese intolerable estado de cosas es la tarea número uno de la revolución popular integral, cuya estrategia y planificación está por desarrollar en lo fundamental, tarea a realizar por los que desde distintas y plurales perspectivas no quieren ni pueden vivir en un mundo sin libertad, que es la condición primera para el desenvolvimiento de lo humano.


[1] Un estudio sintético pero completo del aparato estatal española se efectúa en “Diagrama sobre el Estado Español”, Equipo de Análisis del Estado. Su lectura, fácil y rápida al ser un texto breve, es recomendable.
[2] Mi libro “El giro estatolátrico” investiga esta cuestión.

[3] Si el Estado es el poder decisivo, dentro de él lo esencial es el ejército. Esto se manifiesta en todo, también en la vida económica. Uno de los grandes libros de economía escritos en los últimos años, “El Estado emprendedor. Mitos del sector público frente al privado”, de Mariana Mazzucato, muestra que ha sido sobre todo el ejército de EEUU quien ha ido promoviendo las innovaciones tecnológicas surgidas de Silicon Valley, en particular el ordenador personal. Es más, ironiza con elegancia sobre las balandronadas de Steve Jobs en un capítulo esclarecedor, “El Estado detrás del iPhone”. Por Estado hay que entender sobre todo al poder militar. Advierte que tales innovaciones exigían unas inversiones tan descomunales, aventuradas y escasamente rentables a corto y medio plazo que sólo podían ser efectuadas por el ente estatal, no por la gran empresa privada. Dicha autora concluye que todo resultó del “apoyo financiero del gobierno y el ejército”, no de esa ficción denominada “libre empresa”, o “libre mercado”, que nombra lo que nunca ha existido como elemento determinante y lo que hoy existe menos que nunca. Tal análisis arriba exactamente a las mismas conclusiones que mantengo, para los orígenes y etapa inicial del capitalismo, en mi libro “La democracia y el triunfo del Estado”. Ciertamente, Marx se equivocó en numerosas cuestiones sustantivas, comenzando por su interpretación sobre la verdadera naturaleza del capitalismo, y lo hizo porque siguió una epistemología desacertada, admitir acríticamente la teoría económica en vez de estudiar la economía realmente existente. Aunque alardeaba de materialismo su epistemología fue idealista. Esto le llevó a no comprender la decisiva función que ha tenido y tiene el aparato militar en la génesis y desarrollo del capitalismo, y a emitir conclusiones equivocadas, de funestos efectos prácticos cuando han sido aplicadas a la realidad. Sobre la centralidad del poder milita en EEUU hoy un texto imprescindible es “La casa de la guerra. El Pentágono es quien manda”, James Carroll

[4] El quehacer de todos los centros de poder y dominación se basa en la labor de analistas, planificadores y estrategas, de quienes depende para lo básico el conjunto del aparato de dominación, político y económico. En general, los estudios sociológicos ignoran este crucial asunto, pero algún autor mejor informado y más honrado intelectualmente lo cita. Es el caso de Robert J. McMahon en “La Guerra Fría. Una breve introducción”, que en varias ocasiones se refiere a esta cuestión al estudiar los acontecimientos que en el plano mundial tuvieron lugar en 1947-1991. Entre los equipos de análisis y estrategia planificada los más importantes, a mi entender, son los militares, al tener que aplicar en la práctica las decisivas nociones de “seguridad nacional” y “defensa nacional”. Hay que volver a repetirlo: si no se entiende que la naturaleza última de todo poder es de carácter coercitivo y que, por tanto, su médula es el aparato militar-policial, no se comprende lo más importante de lo político.

[5] En “Los grupos de interés en España. La influencia de los lobbies en la política española”, J.M. Molins, L. Muñoz, I. Medina, se analizan en detalle las organizaciones patronales visibles, pero existen indicios de que no es en ellas donde  se realiza lo principal del enorme poder de intervención y mando de la gran patronal. Las decisiones fundamentales se adoptan en otros ámbitos, mucho más restringidos y ocultos.

martes, 3 de enero de 2017

VIRTUD PERSONAL, DEFENSA DE LO POSITIVO DE LA CULTURA OCCIDENTAL Y REVOLUCIÓN SOCIAL INTEGRAL. NI EUDEMONISMO NI MONARQUÍA NI ORIENTALISMO ACULTURADOR

Se reproduce aquí la nota que me publicó la revista The Ecologist nº 67, tercer trimentes de 2016, en la sección Vox Populi. Es la réplica al respaldo que diversos textos de dicha publicación otorgaron, en el número anterior, a la monarquía de Buthan y a su noción de "Felicidad Nacional Bruta". Esa combinación de orientalismo acrítico, defensa de un sistema monárquico, por tanto antipopular, y aferramiento a lo que es la ideología central del gran capitalismo occidental, la noción de felicidad, es a lamentar. Mi nota lo manifiesta, aún con las apropiadas cautelas para que fuese aceptada y publicada, lo que agradezco al equipo de la revista.