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domingo, 28 de agosto de 2016

PARO Y TECNOLOGÍA


       Se afirma que la tecnología, debido a su pretendida multiplicación de la productividad, crea paro. Calculan que la “cuarta revolución industrial”, eliminará 7 millones de empleos en 2016-2020 en los 17 países más desarrollados. Es el mismo argumento que, desde el utopismo “social”, desarrolla el marxista Paul Mason en “Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro”. Según él, la tecnología de la información hará inviable la continuidad del capitalismo. De ahí que el futuro sea el “postcapitalismo”… Poco hay de nuevo en ello, pues ya se dijo algo parecido de la máquina de vapor, el ferrocarril, la electricidad, la robótica y algunos sistemas técnicos más.



         Mason arguye que el nuevo producto tecnológico, por sí mismo y sin necesidad de la intervención consciente -en forma de revolución- popular, llevará primero a una situación difícil por el elevado paro y otras distorsiones (en la cual se debe usar la renta básica como paliativo) y luego a un desenlace delicioso y magnifico, el fin del capitalismo.



         Argumenta que el orden capitalista es negativo pero que la tecnología creada por él, simple capitalismo en la forma de tecnología, resulta magnifica. Se trata de “ayudar” a la tecnología a desembarazarse de la envoltura capitalista para que con su supuesta altísima eficacia instaure el Reino de Jauja de la abundancia para todos.



         Descendamos a la prosaica realidad. No es verdad que la tecnología, en general, incrementa la productividad del trabajo. Lo hace en algunas ocasiones pero no es lo habitual, si se tiene en cuenta la totalidad del proceso productivo y se consideran los colosales costes ocultos que origina, en gran medida por los daños inmensos que infringe a los seres humanos y a la naturaleza.



La tecnología es, en lo principal, de aplicación a las cuestiones militares y sólo secundariamente a la producción. Esto es mostrado para los iPhone y otras invenciones de Steve Jobs por Mariana Mazzucato en “El Estado emprendedor”. El desarrollo tecnológico real (aunque no el que fantasean los tecnófilos “sociales”), proporciona poderes crecientes al bloque de dominación, desde la manipulación de las mentes en “la sociedad de la información” hasta la intervención represiva policial-militar.  



         La argumentación de que la tecnología es en sí misma y a fin de cuentas “positiva”, o al menos “neutral”, choca con la experiencia de los últimos trescientos años. En pocos casos acrecienta realmente la productividad, y su aplicación en las empresas se suele deber a la busca por los patronos de procedimientos para incrementar su control y poder de mando. Si se da un aumento de los rendimientos es por ésa sobre-constricción que suelen introducir las nuevas tecnologías, no por ellas mismas. Hay pocos sistemas tecnológicos que al mismo tiempo eleven la eficacia del trabajo y hagan a éste más libre, par creativo, más compañeril, más humano.





         Una sociedad sin capitalismo, o sea, libre, autogobernada y autogestionada, lo primero que ha de hacer es poner fin al trabajo neo-esclavo actual, realizando una revolucionarización del acto y quehacer laboral para que recupere su condición de libre obrar de sujetos libres. Eso bajará necesariamente la productividad, considerando además que la meta de una sociedad libre no es la abundancia material sino la plétora de bienes inmateriales y espirituales, en primer lugar la libertad.



         Un orden social postcapitalista no tiene como uno de sus fines la abundancia, y por tanto no necesita de tecnologías opresivas. Eso no debe llevar al rechazo absoluto de la técnica y los sistemas productivos complejos, pues éstos se dividen en intolerables, que deben ser eliminados, tolerables con reformas, a alterar en un sentido positivo, y aceptables más o menos tal como están. Por tanto, la fobia a la tecnología es inadecuada. Pero mucho peor es la creencia en que el futuro de la humanidad depende de esta u otra “revolución tecnológica”, pues la tecnología es un medio o instrumento que sirve a unos fines globales y se impregna irremediable de la naturaleza última de éstos.



         En lo inmediato hay que señalar que lo que multiplica el paro no es la supuestamente fabulosa capacidad de las tecnologías de la información (lo que Mason olvida demostrar porque es indemostrable, en general, una engañifa) sino la competencia entre los países. Por ejemplo, Alemania al ser más desarrollada se apropia de lo decisivo de la producción fabril, creando paro y subempleo estructural en los países más débiles de la UE.



         Lo único que está en condiciones de poner fin al desorden productivo que padecemos es la revolución, no la “liberación” de la tecnología creada el capitalismo. Mason crea falsas ilusiones con sus formulaciones mecanicistas, economicistas y deterministas, a fin de cuentas tecnófilas. Es la calidad de los seres humanos, y la calidad de las relaciones que establecen entre ellos, lo que determinará el futuro, muy por delante de la técnica y la productividad. Su “anticapitalismo”, como sucede con todos los de su credo ideológico, es una forma de mega-capitalismo. Al poner en el centro la abundancia material se hacen propagadores de lo más decisivo de la ideología burguesa. La tecnología del capital, por si misma, conserva, reproduce y fortalece el conjunto del sistema, al ser no sólo su efecto sino también su causa. Al mantenerla mantiene la totalidad. Esto suele suceder a quienes se “olvidan” de la revolución.

2 comentarios:

  1. Resumen: Donde esté la tracción animal que se quite la tecnología, y cuando oigas la palabra cultura, saca la pistola.

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  2. "Esto suele suceder a quienes se “olvidan” de la revolución." Supongo que te refieres a la revolución pendiente, la revolución falangista del nacional-catolicismo ¿no?

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