miércoles, 14 de marzo de 2018

EL TIEMPO DEL COMPROMISO Y LA ACCIÓN HA LLEGADO

    En todos los países europeos continua, incluso aceleradamente, la descomposición de los factores de estabilidad, control social y conformismo impuestos al terminar la II Guerra Mundial. La decadencia económica, demográfica y cultural de Europa, su reducción a una potencia mundial de rango menor, va unida a la inicial desintegración de las instituciones estatales, ideologías de adoctrinamiento y formaciones políticas que llevan tres cuartos de siglo sirviendo al orden político-jurídico constituido y a la gran empresa. La juventud europea, la poca que existe debido a que la biopolítica institucional impide (prohíbe) tener hijos, contempla con temor y agobio el futuro. Sabe que no tendrá, ni de lejos, el nivel de consumo de sus padres. Es más, se está constituyendo una sociedad de la pobreza y la escasez, que vivirán en toda su áspera realidad quienes hoy tienen menos de 40 años.

   Europa avanza hacia una crisis colosal, por múltiple e integral, similar a la que tuvo lugar a partir del siglo III de nuestra era. Ésta sacudió al aparato de poder romano y culminó en la revolución popular de la Alta Edad Media (siglos V al VIII/X), uno de los acontecimientos más magníficos y civilizadores de la historia de la humanidad. La segunda mitad del siglo XXI será decisiva para los pueblos europeos, pero lo que en ella acontezca, para ser positivo, tiene que prepararse desde ahora.

   Entender que están madurando las condiciones -objetivas y de la conciencia- para una gran mutación social y personal, es la precondición de adoptar un compromiso personal con la libertad, la verdad, la justicia, el bien moral y la virtud (cívica y personal). Es decir, con la revolución. Quienes contemplan lo por venir con temor se equivocan pues, aunque va a haber mucho sufrimiento, éste no será mayor que el padecido en el actual periodo de perverso bienestar zoológico, ausencia de libertad individual-colectiva, amoralidad inducida desde arriba, mentiras académicas y mediáticas y trituración de la esencia concreta humana. En cuanto el actual repunte alcista de la economía se disipe, en unos años, los muchos y graves problemas estructurales de las sociedades europeas se pondrán de manifiesto. Y con ello el antagonismo entre dominadores y dominados estallará.

   Lo medular de lo que está ya llegando y llegará mucho más en los próximos decenios, es la posibilidad real de efectuar una revolución total-holística europea que sea la refundación de Europa y la salvación de su cultura sobre bases populares, comunales, asamblearias, de libertad para las mujeres (sin neo-patriarcado estatólatra y feminicida), de realización plena de la persona, de eticidad y verdad suficientes, con recuperación por actualización de todas la culturas y todas las lenguas de Europa, hoy condenadas a la extinción conforme a la meta alevosa de constituir una “nación europea” hegemonizada por el imperialismo germano.

   Son los actuales poderes gobernantes, el bloque de Estados agrupados en la Unión Europea, bajo la dirección del ente estatal alemán, los que tienen ante sí un futuro incierto, de manera que están implementando diversas estrategias para no sólo sobrevivir sino además mantener el rango de gran potencia. En las presentes condiciones de inestabilidad e indeterminación, que se mantendrán durante decenios, lo decisivo es situarse del lado de la revolución, rechazando todas las propuestas y “soluciones” institucionales, sean de derecha o de izquierda. Hay que dar de lado al poder constituido para conformar una comunidad popular consciente, estructurada y combatiente. Así es: el pueblo (que se concreta en los diversos pueblos europeos) y no el Estado, (que es sinónimo de capitalismo), ha de ser el todo.

   Ante la gran crisis social en desenvolvimiento las elites mandantes europeas se están dividiendo. Al lado de los viejos y cada dia más desacreditados artilugios progresistas e izquierdistas emergen nuevas formas de política institucional, a las que se tilda de populistas, o incluso de extrema derecha. De ese modo la controversia y la confusión crecen día tras dia, con el desmoronamiento de las viejas certezas y el débil afianzamiento de las nuevas. Tales condiciones son excelentes para el arraigo popular del ideario y programa revolucionarios. El distanciamiento e incluso repudio masivo del progresismo y la izquierda tienen un fundamento muy real, que su sistema se puso en evidencia y desacreditó en la crisis de 2008-2014, cuyos efectos no se han superado y se irán acumulando con los de la próxima depresión económica, en lo que va a ser una escalera descendente tramo a tramo, que lleva a la pobreza y el desamparo a las clases trabajadoras europeas. La quiebra irreversible del Estado de bienestar, el gran “logro” de la izquierda (aquí lo implantó Franco en 1963), es determinante en todo ello.

  Ni el viejo progresismo ni el nuevo populismo “justiciero” pueden ser apoyados, pues no son más que dos variantes de política del poder. El pueblo, para llegar a ser, debe situarse fuera de las políticas de todos los partidos, fuera de las instituciones, fuera del parlamento, fuera de las autonomías, fuera de los ayuntamientos. Fuera es en la calle, allí donde transcurre la vida real. Quienes están en las instituciones forman parte del poder, parte del sistema capitalista, por tanto, son los enemigos de la revolución.

   Lo peculiar del Reino de España es la fuerza que aún posee el progresismo, la izquierda y las religiones políticas. Se debe a la forma cómo se hizo el paso del régimen franquista al parlamentarista, por un acuerdo desigual entre el aparato franquista y el Partido Comunista (con el PSOE de fuerza auxiliar), que otorgó a la izquierda un poder inmenso, en los aparatos mediáticos, en la universidad, en los sindicatos, etc. Dado que entonces el Partido Comunista protegió eficazmente al capitalismo y al régimen franquista renovado de una posible revolución popular, las fuerzas institucionales (el ejército, la gran banca, los cuerpos de altos funcionarios, la casta intelectual, las potencias europeas, etc.) continúan apostando por la izquierda como sostenedora número uno del orden constituido, a pesar de que en el resto de Europa aquélla es ya una corriente en desintegración. Aquí la izquierda ha creado una red clientelar tan colosal que la permite subsistir, por el momento. Pero su suerte, en lo estratégico, está echada.

   La decrepitud del montaje mediático-político acaudillado por Iglesias (heredero del Partido Comunista, el partido español burgués-estatista-fascista por antonomasia del siglo XX) en sólo dos años, a pesar de los miles de millones de euros invertidos en él por la gran banca y el Estado, indica que, en efecto, los días del izquierdismo y las religiones políticas están contados. Se comprende, pues la izquierda española ofrece a los pensionistas lo perpetrado por ella en el gobierno de Grecia (40% de reducción de las pensiones en dos años), a las mujeres la reproducción de su situación en Irán y al conjunto de la población el estado de cosas de Venezuela… De hecho, los planificadores institucionales ya están pensando en otra alternativa, más acorde con el populismo de derechas en auge en todo Occidente. Eso iría mucho más allá de sostener a Ciudadanos, tan carca como indigente e insustancial en lo programático e ideológico, por lo que de poco va a servir al sistema cuando la crisis apriete.

   Hay que comprender que los populismos son la ultimísima invención de los estrategas del Estado/Estados para controlar política e ideológicamente a las masas en las nuevas condiciones de transición hacia una situación de desintegración y caos, para que no se pasen a posiciones revolucionarias. No son mejores que el senil progresismo o el vetusto izquierdismo, y se reducen a proporcionar consuelo verbal a las multitudes, diciendo a éstas lo que desean oír, a la vez que continúan con la vieja política progresista y las arcaicas recetas socialdemócratas. Ciertamente, la derecha hoy tiene mucho más nivel intelectual que la izquierda, y personas mejor preparadas, de manera que se está haciendo el enemigo político principal de la revolución popular integral. En el resto de Europa ya lo es, igual que en EEUU, pero aquí todavía no.

   Mientras tanto, los prebostes de la manipulación planificada de las masas en España se están sirviendo, a falta de algo mejor, del feminifascismo financiado por el Ministerio de Igualdad y la derecha en el gobierno de Madrid con cientos de millones de euros anuales. Aquél, que es una forma de fascismo adecuado a los nuevos tiempos, está lanzado a explotar demagógicamente el descontento de las mujeres. La meta es hacer de ellas uno de los  fundamentos del presente orden dictatorial constituido, así como de degradarlas a masa laboral dócil y sumisa, hiper-explotada. Ello tiene poco de novedoso pues se reduce a repetir en las condiciones actuales lo que hizo Franco con la Sección Femenina de Falange, operación determinante para ganar la guerra civil y luego mantenerse cuatro decenios en el poder, al proporcionar al régimen un apoyo mujeril de masas bastante significativo. Pero hoy tal operación carece de futuro, por la contradicción tan aguda que hay entre las desvergonzadas promesas y las raquíticas realizaciones, por la determinante presión de la emergente realidad sociológica y por la enorme cantidad de antinomias irreconciliables que incorpora. Es más, ello se volverá contra sus neo-patriarcales operadores/as, pues el lugar de las mujeres de las clases popular es la revolución.

  Así pues, aceptemos el desafío: si han convocado a las mujeres vamos a derrotarles en ese terreno. Del mismo modo que en dos años hemos desactivado y vencido al montaje mediático-político (mostrando que su caudillo es el Santiago Carrillo de hoy día), en un tiempo similar e incluso menor podemos tener una estrategia, proyecto y programa para las mujeres que las sitúe en el centro de la acción revolucionaria.

   Todo sistema de dominación se sustenta en dividir al pueblo, a ser posible enfrentándolo entre sí. La separación entre hombres y mujeres es la fractura principal, la que más y mejor asegura la persistencia y continuidad de cualquier orden de dominación. Con tal propósito se inventó el patriarcado y se introdujo en los códigos de leyes decimonónicos. Y ahora, derrotado y obsoleto tal sistema, el Estado se propone implantar el neo-patriarcado, para, entre otras meta, realizar la ruptura más radical entre mujeres y varones, a fin de triturar a cada uno de ellos por separado, impidiendo que la crisis de la formación social europea desemboque en revolución popular. Por eso hay tantísimo dinero para “las políticas de género”, donado por la gran empresa y por el ente estatal. Derrotar al neo-patriarcado es realizar la reconciliación entre hombres y mujeres, sobre la base del afecto mutuo y el mutuo servicio, con derechos y deberes por ambas partes, con respeto y equidad, desde lo que cada uno es, para vencer a los enemigos comunes, sobre todo al Estado, que en el código civil de 1899 estatuye la normativa legal del patriarcado. Quién miente a las mujeres diciéndoles que son los hombres en general y no el Estado los responsables de su peculiar opresión, del patriarcado, es feminazi pues, como todos los nazis, ataca al pueblo para proteger al Estado.

   Vayamos al asunto del compromiso. Éste, ante todo, es compromiso personal, una elección y una decisión del sujeto, realizadas desde su autonomía interior y libertad de conciencia. Resulta de un detenerse y pararse, de un recogerse consigo mismo y estar en silencio, reflexivamente, durante un tiempo, para elegir el lugar del yo en el caos social por venir, el cual, de una manera inicial, ya está aquí.

   El fundamento de una estrategia revolucionaria es tratar con objetividad y verdad los grandes asuntos del tiempo presente, aquellos que determinan la existencia y el obrar de las gentes, para ofrecer una respuesta que sea otra y opuesta a las del poder constituido, que son siempre varias aunque iguales en lo esencial.

   El libro para el fomento de la moralidad popular que un equipo de amigos hemos editado recientemente se titula “Ética y revolución integral. Reflexiones para una sociedad convivencial”. La clave está en el subtítulo: se propone contribuir al avance hacia una sociedad convivencial, hacia un orden en el que las relaciones entre las personas se fundamenten en el afecto, la amistad y la simpatía, en la cortesía, la mutua ayuda y el servicio de unos a otros, en la alegría de estar juntos y tratarse con cariño. Esto es lo natural entre los seres humanos, aunque el Estado, para realizar la voluntad de poder, impulsa la guerra de todos contra todos (que ahora tiene su más fúnebre expresión en la guerra de los sexos, institucionalmente subsidiada), y el capitalismo, que con el fin de concentrar la propiedad y la riqueza en manos de unos pocos, establece la competencia. Frente a todo ello la revolución escoge la convivencia.

   Así pues tenemos que estudiar la convivencia en sus manifestaciones existenciales más importantes, si está ausente para introducirla y si es existente para reforzarla. La comunidad popular tiene que superar su actual atomización, que deja al individuo sólo y aislado, por tanto, inerme e impotente, ante los poderes constituidos, rebajado de sujeto a objeto en la gran conmoción social que Europa va a padecer, que está padeciendo ya. Dicho en plata: el pueblo tiene que estar unido y vertebrado por medio de lazos relacionales resultantes de aplicar a la vida diaria la cosmovisión del amor. Eso le hará temible para los tiranos políticos y económicos.

   Dos elementos son cada vez más necesarios: 1) individuos de calidad, para que en lo por venir, duro y complejo, se tengan a sí mismos, superando la soledad antológica del ser nada, 2) una comunidad popular estructurada relacionalmente, por tanto, soberana, combatiente, civilizadora, moral, reculturada, autónoma, comunal en lo económico y democrática-concejil en lo político, con afectuosa reconciliación entre los sexos, apta para prescindir del Estado y para reducir a cosa del pasado al capitalismo.

   La cosmovisión de lo cordial y amoroso está en conexión con el ya antes mencionado trato perverso que el Estado está otorgando, a través de las jaurías financiadas por el PP, a los problemas de las mujeres, de las que desea hacer criaturas entregadas al odio y la violencia. Así pues, la cuestión femenina se eleva a materia fundamental, en todas sus concreciones. En oposición al proyecto estratégico institucional, dirigido desde el Ministerio de Igualdad, consistente en sustituir el patriarcado por el neo-patriarcado, en el cual el “pater familias” es el Estado (sistema mucho más feminicida que el primero, si cabe), hay que realizar la el proyecto de unir a las mujeres de las clases populares con la revolución, por tanto con los varones de su misma condición social. Unirlas, también, contra las mujeres del poder, de la patronal, de la partitocracia maquiavélica, del nuevo fascismo feminazi. Sin duda, la denuncia de la explotación de la mujer por la mujer en la empresa capitalista feminizada es una de las grandes tareas del momento. 

   En esta cuestión vamos a aceptar el reto lanzado y derrotar a la reacción estatal, partitocrática de derecha-izquierda y empresarial, así como a sus jaurías. El libro del que soy coautor, “Feminicidio, o autoconstrucción de la mujer”, se establecen los dos caminos, el del actual feminicidio institucional neo-misógino y neo-patriarcal o el de la conquista de la autonomía y soberanía de la mujer sobre sí misma, que se autoconstruye en libertad en el seno de la comunidad popular combatiente. Por eso dicho libro ha suscitado el odio de las jaurías, quienes le ha convertido en una obra perseguida, excluida de las librerías y muy difícil de encontrar, debido a la censura feminazi, es decir, neonazi. Quien no entienda que el feminazismo es uno de los principales nazi-fascismos del siglo XXI no está comprendiendo gran cosa de la realidad actual…

   Tratemos ahora de la emigración. Ha llegado el momento de abordar este asunto con objetividad y verdad, cuando en todo Europa las gentes se están movilizando en contra de las políticas de abastecimiento gratuito a la gran empresa multinacional europea de mano de obra barata traída (robada) de otros continentes, en lo que es una reedición cínica y desvergonzada de la trata de esclavos de siglos precedentes. Ya no intimidan tanto como hace unos pocos años las acusaciones institucionales de “racismo” a quienes denunciamos el vigente neo-tráfico de esclavos, el expolio de sus gentes a los países pobres, que hace a éstos aún más pobres, pues las personas son la riqueza fundamental. Así pues, se dan las condiciones para poner en evidencia a los agentes del capitalismo que están a favor del hecho migratorio, desmontando sus falacias. Gracias a los emigrantes los muy ricos de Europa se han hecho todavía más ricos, y ahora están usando su riqueza como arma contra los pueblos europeos (también contra los de los demás continentes, pues la emigración fortalece notablemente al imperialismo europeo, que sin ella estará ya muy debilitado), para negarnos a todos, autóctonos y foráneos, la libertad civil, haciéndonos aún más sometidos: esa es una de las consecuencias de la emigración. Por eso los plutócratas, en particular los alemanes, que son los peores de todos, financian a la izquierda española pro-emigración.

   Dicho sea de paso, esta izquierda es un lugar privilegiado de acumulación de capital, debido a la masa colosal de numerario que recibe de fuentes e instituciones diversas: los teofascismos musulmanes, Venezuela, Alemania, el CNI, el ejército español, el banco de Santander, el Ministerio de Igualdad, Soros, numerosas Fundaciones de las principales empresas multinacionales, etc., etc., etc. En eso reside el todo de su poder de atracción, que hoy se reduce a su capacidad para otorgar a los suyos empleos y prebendas bien remunerados, cuando no directamente negocios y dinero, y ello sin olvidar la corrupción que practica, con más impunidad que la derecha debido a que es más necesaria para el Estado. Sus jefas y jefes son prostitutas políticas. Ya lo fueron los capitostes del Partido Comunista en la Transición (1974-1978), cuando se vendieron a buen precio al Estado franquista, que gracias a ellos se reconvirtió en “democrático” sin tener que responder ante el pueblo/pueblos por sus muchos y espantosos crímenes. En esos años la confluencia y coincidencia entre el fascismo de derechas y el fascismo de izquierdas se manifestó con claridad. Hoy unas 100.000 personas, como poco, medran monetariamente con su militancia en la izquierda, constituyendo un neo-funcionariado/nueva burguesía dispuesta a todo para continuar enriqueciéndose. La izquierda estalinista es hoy la contrarrevolución y el fascismo, como lo fue en el Frente Popular, cuando lanzó a los cuerpos represivos a asesinar a cientos de trabajadores, y más aún en la guerra civil, donde no sólo persiguió y dio muerte a anarquistas y al POUM sino sobre todo a muchos miles de antifascistas sin partido. Orwell lo comprendió muy bien.

   Así pues, hay que mostrar la miseria de la política neo-negrera, pro-capitalista también en esto, de la izquierda. Lo cierto es que el capitalismo no ha realizado ninguna de sus metas o tareas fundamentales (y la emigración es de las más decisivas para él) en los últimos ciento cincuenta años sin servirse de la izquierda, que es su agente principal en el seno de las clases trabajadoras. Desde que Marx diseño un sistema de hiper-capitalismo “perfecto” en sus escritos, sus seguidores han estado en la labor de construir dicho orden aberrante, por más que sus realizaciones prácticas, dada la ignorancia colosal de aquél así como su mediocridad intelectual, hayan sido catastróficas, además de haber desacreditado de una forma muy grave la idea y el ideal revolucionario. Por todo ello ya no hay futuro para la izquierda, si se considera el asunto en su perspectiva estratégica. Sí lo hay, por el contrario, para el ideario de la revolución popular integral.

   Al tratar el problema migratorio debemos hacerlo desde el respeto, el afecto y la comprensión hacia los emigrantes concretos, en tanto que personas, aunque sin incurrir en paternalismos protectores neo-racistas, por tanto, exigiéndoles que asuman sus responsabilidades y respondan por sus errores. Quienes han venido a servir al imperialismo europeo, es decir, todos los emigrantes trabajadores, deben admitir su responsabilidad y pensar en ir retornando a sus países, a hacer la revolución allí, para que nadie tenga que salir de su tierra forzado por la miseria. Es la revolución, y no el emigrar para integrase en la sociedad de consumo europea, la solución. La revolución es universalista y planetaria, y cada persona debe comprometerse con ella principalmente allí donde tiene sus raíces.

  La cuestión de la globalización necesita de un estudio y tratamiento extenso y completo. Es presentado como un hecho económico cuando es, ante todo, una estrategia implementada para concentrar el poder y la propiedad a escala planetaria, dividiendo el mundo en una minoría muy reducida, ultra-poderosa, y una gran mayoría progresivamente empobrecida y expropiada. La constitución de poderes por encima de los Estados actuales, como es la Unión Europea, se encamina a la creación de una tiranía planetaria unificada, un gobierno mundial totalitario que, al concentrar y centralizar en sí un enorme poder y fuerza, está en condiciones de sobre-dominar, de aplastar, a todos los pueblos del planeta y a todos los individuos ajenos a la élite mandante. Con ello, la diferenciación clasista entre la persona media y los amos del mundo se está expandiendo exponencialmente. Al mismo tiempo, eso lleva a la desaparición de todas las lenguas y todas las culturas.

   El “procés” en Cataluña ha mostrado que no existe solución para los pueblos oprimidos de Europa dentro de la estructura de la Unión Europea, bajo el capitalismo, con el régimen de Estados/UE hoy imperante. Ha sido Alemania, su clase empresarial y sus altos funcionarios, los que más brutalmente han exigido que la dominación de España (que hoy es la suya) se mantenga. Así pues, la liberación nacional de Cataluña es parte, objetivamente, de un proceso revolucionario que ponga fin a las estructuras estatales y capitalistas. Por eso mismo, la casta partitocrática de Barcelona que ha organizado la parodia del “procés”, muy probablemente tras pactarlo con el gobierno de Madrid, no puede aportar nada positivo al esfuerzo emancipador del pueblo catalán, pues al situarse al lado del capitalismo y al negar la revolución hace imposible aquél. Las fuerzas políticas que se dicen “anticapitalistas”, las CUP y otras, se han manifestado en los hechos como meros peones del maquiavélico juego partitocrático Barcelona/Madrid, como una expresión de reformismo burgués inofensivo y de españolismo de facto, en la forma de un “independentismo” tan de pega, tan falso, como el de los jerarcas de la Generalitat.

   Acabada la ingeniosa representación teatral denominada “procés” se dan las mejores condiciones para determinar una estrategia revolucionaria en Cataluña, la única que puede realizar la salvación de la lengua catalana de su muy probable liquidación en una o dos generaciones. Sólo la revolución puede hacer posible la continuidad, que necesariamente ha de ser su refundación en las condiciones del siglo XXI, de la nación catalana. De otro modo, ésta, que es una de las muchas creaciones populares magníficas de la revolución altomedieval, al constituirse en los siglos VIII al IX en el Pirineo oriental, desaparecerá en el presente siglo. Esto no puede ser entendido por el “independentismo” burgués o estatolátrico, menos aún por el partitocrático (que es, como se ha dicho, una parodia urdida en sintonía con el gobierno español), y en consecuencia no puede ser evitado por ellos. La causa reside en su rechazo de la noción y meta de la revolución. Dicho de otro modo, el catalanismo no-revolucionario aquí y ahora, por la misma fuerza de los hechos, deviene siempre españolismo.

   En Euskal Herria domina un estado de ánimo depresivo y pasivo, tras decenios de hegemonía de una estrategia de “liberación nacional” equivocada, que no tenía en cuenta las condiciones reales y que, además y sobre todo, no partía de lo que el pueblo vasco ha sido y es, escogiendo enfoques tercermundistas que, al menos objetivamente, contribuían a la aculturación de la comunidad popular vasca. El fracaso en la práctica de tal política ha producido un pesimismo y desmoralización enormes, cuando de lo que se trata en buena lógica es determinar cuál es la situación, qué se hizo mal y formular una estrategia nueva que permita el renacimiento de la acción popular. Euskal Herria tiene que llegar a ser lo que es, afirmándose en sí misma en las condiciones del siglo XXI, contra la globalización y la UE. Eso es aún más necesario porque la fuerza y perfidia singulares del proyecto aniquilador de los pueblos de Europa, de todos y particularmente del vasco, para crear la “nación europea”, está logrando avances sustanciales.

   El proceso aculturador afecta ya gravemente al euskera que tiene un futuro problemático, mucho más si se continua con la línea de esperarlo todo, en este terreno, de la acción institucional, ignorando la solución popular. Se ha de entender que el régimen autonómico es una parte del Estado español y que éste continúa hoy con su política secular, a saber, aniquilar el idioma de los vascos para destruir a éstos como pueblo. Sólo ha cambiado la estrategia, desde la prohibición y persecución directa, bajo el franquismo, a la actual de institucionalización y estatización del euskera. Porque la meta del poder es y será siempre la misma, extinguirlo. Únicamente el pueblo puede salvarlo, y eso ha de situarse en el contexto de una estrategia de afirmación de lo popular, que ha de culminar en una revolución popular que ponga fin a todas las estructuras de poder, estatales y empresariales.

   Quienes esperan que un futuro Estado vasco salve al euskera deberían mirar hacia Cataluña y extraer las conclusiones apropiadas tras el patético final del “procés”. Por lo demás, hay que recordar que el único Estado supuestamente vasco existente en la historia, el de Navarra en los siglos XI al XVI, ignoró y despreció, por tanto reprimió y persiguió, al euskera, de manera que éste ha sido siempre una lengua popular y jamás estatal, particularidad que la ha dotado de un vigor singular, hoy bastante debilitado. Ahora, su estatización (¡en el seno del Estado español!) ha de ser mirado con prevención o incluso con alarma.

   Para contribuir a promover un auge de lo popular en Euskal Herria, como parte del impulso a la revolución en una Europa en decadencia e incluso en lenta pero continuada putrefacción, me he atrevido a presentar hace unos meses un documento titulado “Propuesta personal de estrategia y plan de acción para Euskal Herria”. A él remito al lector o lectora interesados en esta materia.

   La globalización y el invierno demográfico, éste impuesto también desde el poder porque es mucho más barato importar emigrantes que criar mano de obra autóctona, están constituyendo una sociedad de la pobreza. Ya hoy el salario de un/una joven menor de 35 años es la mitad del que percibieron sus padres por un empleo similar. Si a eso se une la quiebra paso a paso pero sin pausa del Estado de bienestar nos encontramos con una situación en la que la lucha contra la pobreza ha de ser promovida en todas sus formas. La izquierda ha desactivado la acción combativa, para apropiársela, convirtiéndola en una caricatura dirigida a capturar votos. Es ella quien ha ido aniquilando poco a poco al 15-M hasta no dejar apenas nada, con el fin de evitar un resurgimiento de la contestación y protesta social. Una estrategia revolucionaria demanda relanzar la combatividad, en las empresas y en la calle, con el propósito de poner fin a la generalización de salarios miserables y condiciones de trabajo tremendas.

   Se ha citado a la juventud: el tratamiento de sus problemas es decisivo. Lo que el poder constituido está haciendo con los jóvenes es una monstruosidad, al encerrarlos en el sistema escolar y universitario, haciendo de ellos muertos en vida. Así les impide vivir, por tanto madurar, en consecuencia ser el sector más transformador de la sociedad. Esta nulificación planeada de la juventud va a saltar por los aires con el declive económico de Europa, al no ser posible en el futuro mantener en las condiciones de ahora el carísimo aparato escolar y académico, o cárcel-tumba para la juventud, lo que liberará un enorme potencial revolucionario. Preparemos, por tanto, tal acontecimiento.

   La culminación en la actual fase estratégica ha de ser elaborar un MANIFIESTO sobre la transformación del individuo y la sociedad concebida como revolución total. Debe ser una expresión magnífica de creatividad y vigor. Con él podremos llegar a lo hondo de las clases populares de forma multitudinaria.

   Una parte del proyecto revolucionario es la elaboración de un programa para ir estableciendo la soberanía popular, el autogobierno por asambleas, en barrios y pueblos, con expulsión de ellos de las instituciones estatales y de la gran empresa. Eso es necesario y urgente, tras la experiencia del 15-M, que manifestó la confusión existente al respecto, lo que impidió que cuajara la lucha por la conquista de la soberanía popular con todos sus atributos, entre ellos el Derecho consuetudinario, en cada lugar y sitio concreto aquí y ahora. La próxima vez en que el pueblo entre en ebullición se efectuará, pero solamente si lo pensamos y planeamos desde ahora. Eso es hacer la revolución. La acción popular en la calle no puede reducirse a exigir mejores condiciones de vida bajo el actual orden tiránico sino que tiene que dirigirse, sobre todo, a liquidar éste, a derrocarlo, para establecer un régimen de autogobierno popular con soberanía total de la gente común.

   La liquidación del capitalismo, en particular, el capitalismo concentrado de la gran empresa multinacional, resulta imprescindible para crear una sociedad de la libertad, la verdad y la moralidad. Hasta ahora tal tarea se admitía que debía ser realizada conforme a la logomaquia ignara, pedante y del todo equivocada del marxismo y sus continuaciones, que otorgaban al “Estado proletario” la tarea de “poner fin” al poder del capital. Todo ello, aplicado en numerosos países, ha llevado al fascismo de izquierdas y a un reforzamiento enorme del capital, lo que es previsible, pues el Estado, todo Estado, es el por naturaleza el sujeto agente número uno del capitalismo. Así las cosas, existe una experiencia histórica exitosa de eliminación de la gran propiedad concentrada, que es la del comunal. Éste ha existido desde el siglo V hasta hoy (aunque ya muy desnaturalizado por la revolución liberal española), y ha proporcionado un sistema de ideas, de prácticas colectivas, de modos de vida en comunidad, de prestaciones económicas básicas y de vivencias individuales en la que se ha combinado el control popular sobre los principales medios de producción con la libertad de la persona.

   Ahora, a fin de extinguir la gran empresa multinacional globalizadora, industrial, de servicios, financiera o agrícola, hay que repensar y reformular, conforme a las condiciones de nuestro tiempo, los fundamentos del régimen comunal popular tradicional, para aplicarlos a la tarea de expropiar la gran propiedad, realizando así la libertad económica y estableciendo la soberanía del pueblo sobre el quehacer productivo, suprimiendo con ello el régimen salarial en su manifestación más importante. Haremos esa reflexión y expondremos un programa económico suficientemente completo, con tal propósito. Ello nos proporcionará una ventaja estratégica enorme sobre la izquierda procapitalista que se dice “anticapitalista” para engañar a la gente.

                            Las concreciones del compromiso

   Se insistirá en ello: el compromiso es, ante todo, personal. Tiene que ser tomado a solas y aplicado primordialmente como obrar individual. El grupo no puede ser el espacio donde se disuelva y anule la individualidad sino la suma multiplicadora de las personalidades que lo compongan, pues el fundamento del colectivismo es el individualismo creador, sociable, servicial y entregado. No hay “nosotros” sin “yo”.

  El momento actual demanda dos tipos de actividades: 1) de creación de argumentos, argumentarios y propuestas sobre las cuestiones decisivas, 2) de difusión de lo así creado, que ha de ser llevado al pueblo/pueblos.

   Los grandes asuntos están ahí, sabemos cuáles son. Sabemos asimismo que tienen que ser tratados, lo que invita a la iniciativa individual: si ésta se manifiesta y realiza todo irá bien. El sujeto hiper-mutilado, o ser nada, de la contemporaneidad se fabrica introduciéndole en la psique un estado de ánimo generador de incapacidad e impotencia, de manera que se le colma de dudas sobre lo que él mismo y por sí mismo puede hacer. Así se le paraliza y anula. Pero eso carece de fundamentos, pues cada ser humano posee capacidades enormes, generalmente ignoradas por él, que es posible y necesario sacar a la luz, es decir, utilizar y aplicar. El atreverse confiando en los propios atributos innatos o naturales, y el saber que los seres humanos manifiestan lo mejor de sí mismos en las situaciones difíciles y complejas, debe animar al compromiso y la acción revolucionaria en las condiciones presentes.

   Quien busca lo fácil y descomprometido se degrada a sí mismo. El ideal socrático de autoconocimiento del yo adopta la forma específica de saberse capaz y competente, de pensarse como fuerza, inteligencia y vitalidad, como riesgo, voluntad y combate, sapiencia sobre sí que debe adoptar la forma de compromiso moral, social y político, a imitación de Sócrates, incluso poniendo en riesgo la propia vida. Eso es así para las mujeres tanto como para los varones, de ahí que no necesiten ser “protegidas” ni “ayudadas” ni “discriminadas positivamente” por el Estado neo-patriarcal. Si delegan en el Estado el esfuerzo por ser ellas mismas, aunque sea de manera mínima, se convierten (se dejan convertir) en criaturas no-libres. Quienes defienden que las mujeres necesitan “protección” especial niegan sus capacidades y son, en consecuencia, los y las machistas más feroces.

   Las grandes cuestiones arriba citadas (y otras que no se mencionan por falta de espacio pero están ahí, en la vida y la realidad) tienen que ser tratadas. Es decir: examinados y estudiados, para alcanzar conclusiones primero que todo verdaderas y por ello mismo revolucionarias. Pero no conclusiones, o propuestas, eruditas, librescas o pedantes sino que formen parte del acervo de la sabiduría popular. Lo popular es cualitativamente diferente, en sus contenidos y formas expresivas, por no hablar de su significación, intencionalidad y consecuencias, de lo académico y también de lo mediático.

   La hora de adquirir compromisos ya ha llegado, también porque nadie va a poder mantenerse al margen de las grandes conmociones sociales en maduración, cuyas primeras sacudidas son ya evidente, en particular desde la gran crisis económica de 2008-2014, que no ha sido superada sino que meramente está ahora en una fase, transitoria, de atenuación. El próximo repunte de los muchos y graves problemas estructurales que van acumulando las sociedades europeas disipará las dudas incluso de los más escépticos, y mostrará que nadie se puede quedar a un lado ni esconderse en algún “jardín” epicúreo...

   Lo cierto es que se necesitan personas que vayan asiendo reflexivamente uno o varios de los grandes asuntos de nuestro tiempo para aportar al respecto sabiduría popular, veraz y revolucionaria al mismo tiempo. Y si eso se hace grupalmente mejor todavía, siempre que el grupo no dañe o limite lo individual.

   Crear y difundir el cuerpo de argumentos, formulaciones, saberes y síntesis organizadoras acerca de las cuestiones más decisivas del ser humano y la sociedad en la hora presente  demanda, además de la labor personal, organizar Cursos, Encuentros de Estudio, Lecturas Colectivas, Encuentros Vivenciales, Actos Públicos, Conferencias y otras actividades similares, para construir bloques argumentales. En ellos tienen que ir emergiendo unos sistemas de ideas que, al fusionarse con el pueblo/pueblos, siente las bases de una intervención popular civilizadora, masiva y radical, a la que hemos denominado revolución.

   Por una curiosa paradoja la tecnología actual, Internet en concreto, permite el retorno a la cultura oral y visual, que es la específicamente popular. Los videos y audios llevan ideas y formulaciones populares al pueblo, en un interesante proceso de vaivén, que hace posible el aprendizaje y la enunciación, el recibir y el dar. Sin duda, la censura llegará a Internet, vil obrar en el que la izquierda feminazi aportará su colaboración al sistema de dominación (ya lo está haciendo), pero mientras la situación no sea extrema podemos disfrutar de las posibilidades de la Red.

   En conclusión, todo se sintetiza en dos tareas, crear ideas y popularizarlas.

miércoles, 21 de febrero de 2018

HA SIDO PUBLICADO EL LIBRO "ÉTICA Y REVOLUCIÓN INTEGRAL"

Fruto de una preocupación intensa y permanente por los problemas morales y axiológicos, de la sociedad y del individuo, un equipo de cuatro amigos hemos publicado el libro "Ética y revolución integral. Reflexiones para una sociedad convivencial"

   La obra es el resultado de años de trabajo.

   Su meta es favorecer el desenvolvimiento de una sociedad moral, asentada en valores, en la que la virtud personal y la virtud cívica sean pilares fundamentales de una vida nueva, con especial atención a lo convivencial y relacional, es decir, a lo afectuoso y amoroso. Todo ello enfocado de un modo revolucionario, sin concesiones hacia el eticismo o la falsa espiritualidad, haciendo de la moralidad una herramienta cardinal en la transformación revolucionaria de la sociedad, con la autotransformación de la persona, o autogestión del yo, como integrante de primera magnitud.

   El texto es plural, pues cada una de los cuatro capítulos proporciona una interpretación propia y singular, aunque unidos por la voluntad de contribuir a la realización de una revolución ética y axiológica, en el interior de cada persona y en la totalidad del cuerpo social. Mi parte se titula "El yo y la ética. Manifiesto a la juventud". Los cuatro estamos convencidos que sin revolución ética no puede haber revolución social.

   El libro lleva un Prólogo de Heleno Saña, el autor de una obra imprescindible, "Breve tratado de ética".

   Ha sido publicado por Potlatch Ediciones. La autoría es de Jesús Franco Sánchez, Félix Rodrigo Mora, Rafael Rodrigo Navarro y Ricard Vidal Miras. Tiene 301 páginas, en papel hueso y con una cuidada portada. Le he asignado un pvp de 15 euros. 
https://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gif


lunes, 22 de enero de 2018

Un Libro de Ética y Axiología




      Está a punto de ser publicado por Potlatch Ediciones, quedando con ello a disposición del público lector, el libro “Ética y revolución integral. Reflexiones para una sociedad convivencial”, con cinco textos, de Jesús Franco Sánchez, Félix Rodrigo Mora, Rafael Rodrigo Navarro y Ricard Vidal Miras más un Prólogo de Heleno Saña, el autor de otro libro sobre esta materia, de lectura necesaria, “Breve tratado de ética”. Mi colaboración tiene como título “El yo y la ética. Manifiesto a la juventud”.

         Da continuidad a mi preocupación por los problemas morales en su vertiente individual, en tanto que ética de la conducta, el estar y el portarse, como saber práctico autoconstruido que orienta al individuo en los actos del vivir, en los cotidianos tanto como en los trascendentes, en los domésticos igual que en los épicos. Concretamente, en la convivencia y la relación con sus iguales, pues tal es la rama de la ética de que el libro se ocupa. Además, se dirige a la juventud, que es quien necesita sobretodo de la moralidad, para afrontar y contrarrestar la imposición desde las instituciones estatales de lo asocial, egocéntrico, descortés, nadificante, tiránico, codicioso, nihilista, debilitador, delegacionista, autodestructivo y perverso, vale decir, amoral e inmoral.

         Además de varios artículos en mi blog, en otros y en revistas, “La democracia y el triunfo del Estado”, mi libro más significativo hasta el momento, tiene como subtítulo “Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora”. Si: axiológica, esto es, en los valores y en los fundamentos morales del existir individual y social. Eso va a tener una significada continuidad en mi intervención en Muro, Mallorca, el 7 de febrero de 2015, de título “Autoconstrucción del yo”, en video.

         La ética individual es medular. De ahí que mi aprecio por el sujeto en tanto que individuo esté en contradicción con los politicismos y determinismos sociológicos de toda laya. De manera natural el ser humano dispone de libertad interior para construirse, para autoelegirse, para ser por sí y no por imposición de los poderes constituidos. Ni siquiera las dictaduras políticas e ideológicas más feroces lograr anular del todo la capacidad innata del ser humano para ser él mismo, determinar soberanamente su interioridad y establecer su conducta, para dotarse de valores opuestos a los disvalores impuestos y realizarse como ser de la libertad, la responsabilidad, la rectitud y la virtud.

Esto es una concepción optimista del ser humano, que resulta convenientemente atemperada por las negatividades interiores al yo y por la presión, cada vez más aterradora, de la maldad social y personal impuesta desde arriba, desde el poder/poderes constituidos, los cuales cada día son más poderosos, por tanto, más inmorales y causantes de inmoralidad.

         Mi contribución al libro citado es una apelación al esfuerzo moral del individuo para autoconstituir un yo entregado al recto obrar. En contra de las cantinelas habituales contra “el ego”, dirigidas a reducir a la persona a un ente de rebaño, dócil, sumiso y pasivo, lo que propongo es un reforzamiento del yo en un quehacer planeada y de por vida, dirigido al cultivo de las cualidades y atributos convivenciales, morales, emocionales, intelectuales y físicos. Se trata de constituir sujetos fuertes, capaces de ser ellos mismos. En esta época desventurada, la de la globalización, la de la creación de macropoderes planetarios cada día más hipertrofiados, el sujeto en tanto que individuo que se niega a ser hecho (en realidad, deshecho) y se hace él mismo es el elemento decisivo para considerar con esperanza el futuro de la humanidad.

         Así es: frente a las dictaduras políticas, económicas, funcionariales, clericales, mediáticas, profesorales y de cualquier naturaleza, se ha de situar el sujeto en la forma de yo que se escoge y se realiza. Con ello el ser nada del orden globalizado resulta superado, emergiendo lo que es hoy más subversivo, el ser humano que lo es.

         Es axial en la ética la categoría de “lucha interior”, de conflicto perpetuo por el cual el yo se automejora con esfuerzo y dolor. Tal lucha existe porque el mal está también dentro de uno pero sobre todo porque al mismo tiempo ahí existe asimismo el bien y la voluntad de bien. Es necesario resaltar lo positivo del sujeto, en un tiempo en que todo se dirige a rebajar, agredir y humillar al yo, cuando el hipercriticismo dominante se propone triturar y nadificar a la persona común, presentándola como una simple suma de negatividades y maldades. Tal es una de las peores consecuencias del “pensamiento crítico”, que refuto en varios de mis libros. Ese ser solamente dañino supuestamente, mera perversidad, sólo puede ser salvado, se nos dice, por las instituciones y sus agentes, por el Estado y sus jaurías… lo que refuerza aún más el actual régimen de dictadura múltiple.

         Una consecuencia de ello es que cada vez valoro más la moralidad popular, la ética con que la gente común ordena y organiza sus vidas. En mi concepción moral pesa mucho el ideario de los filósofos cínicos griegos, de una parte del estoicismo y del cristianismo verdadero pero mi aprecio por el saber popular actual crece y crece. Podría decirse que, decepcionado por una ética de libros y verborrea, me encamino hacía una recuperación de la sabiduría aplicada del individuo de la calle, al que escucho con creciente interés y respeto.

         Eso es más fácil cuando se observa que las y los profesionales de la ética institucional se prostituyen. Por ejemplo, Victoria Camps, catedrática de filosofía moral y política, autora prolífica y senadora por el partido socialista, cuyo quehacer cotidiano se mueve entre la Fundación La Caixa y la Fundación March… No, no, no. En la gran empresa multinacional, una tiranía económica concentrada en progresión, no hay ni puede haber moralidad, sólo inmoralidad. Es ineludible mirar hacia el pueblo.

         Es necesario impugnar y revertir el sujeto asocial de la contemporaneidad, entregado a la realización de la guerra de todos contra todos, haciendo posible un individuo sociable, afectuoso, amigable, servicial, altruista, que lo sea sin renunciar a un yo fuerte y autónomo, singular y propio. Esa es la meta de “Ética y revolución integral”. Éste, en suma, no quiere ser un libro para leer sino para convertir en vida vivida, en hábitos de afectividad y sociabilidad, de virtud y valentía. Porque la ética o es eso, costumbre, o no es nada.

viernes, 5 de enero de 2018

REVOLUCIÓN POPULAR CONTRA EL CLERO MUSULMÁN EN IRÁN


     Los últimos días de 2017 han conocido un alzamiento popular espontaneo contra el teofascismo iraní. En muchas docenas de ciudades y pueblos cientos de miles de manifestantes, entre los que destacan las mujeres sin velo, se han lanzado a desafiar en la calle al totalitarismo sanguinario del régimen iraní de los ayatolas. Han sido atacadas comisarias, cuarteles de la milicia islamofascista, mezquitas, bancos, bases militares, etc. Es a destacar que las protestas han sido particularmente vigorosas en las áreas kurdas, alzadas contra el chovinismo y el centralismo persa-iraní.



         Las consignas más coreadas fueron “Clerigalla musulmana, tenga algo de vergüenza y deje en libertad a Irán” y “El pueblo de Irán es un mendigo mientras los clérigos musulmanes viven como Dios”. La demanda de libertad, como libertad de conciencia, libertad religiosa, libertad de expresión, libertad de manifestación, libertad de indumentaria y libertad para los pueblos sometidos al imperialismo persa (derecho de Autodeterminación), fue la exigencia fundamental de los manifestantes. Asimismo, se protestó contra la pobreza agobiante y creciente que padecen las clases trabajadoras, y contra las intervenciones imperialistas del régimen en el Líbano, Gaza, Siria, etc.



         La represión ha sido aterradora, como corresponde a todo país musulmán, donde la vida de los seres humanos no vale nada. El aparato policial islámico ha originado, hasta el día 3 de enero de 2018, unos 200 muertos (diez veces más de los reconocidos oficialmente) y 10.000 detenidos. De éstos, una parte importante está siendo sometida a torturas terribles y será asesinada sin juicio y sin que los cadáveres lleguen a sus familiares. Los genocidas en el poder están repitiendo lo que hicieron en 2009 y más aún en 1979-1982, cuando la república islámica se impuso a través de un baño de sangre que exterminó a un enorme número, cientos de miles de personas probablemente, en particular trabajadores y campesinos, organizados en asambleas populares revolucionarias, y, también, militantes del Partido Comunista Tudeh y de otros grupos marxistas menores.



         En efecto, el aparato islamofascista nunca se detiene ante nada, máxime tras el pánico que han padecido los clérigos, que les ha llevado a abolir, en los primeros días del levantamiento popular revolucionario, la legislación sobre la obligatoriedad del oprobioso velo islámico para las féminas, creyendo que con ello podrían apaciguar a los manifestantes, lo que no ha sucedido, más bien al contrario, pues tal concesión evidencia la debilidad política del régimen y la fuerza sustantiva de la resistencia popular. El aislamiento social de los ayatolás se ha puesto de manifiesto asimismo en las raquíticas manifestaciones de apoyo al Estado, donde casi únicamente han participado clérigos, es decir, la minoría ultra-privilegiada, mandante y oronda, en un país dominado por la pobreza e incluso el hambre. El pueblo se ha abstenido, lo que está suscitando un enorme temor en la oligarquía musulmana.



         El clero islámico ha constituido en Irán una sociedad aberrante. En ella aproximadamente los dos tercios de los medios de producción y cambio pertenecen al clero, que al mismo tiempo detenta todo el poder político, todo el poder judicial, todo el poder educativo y mediático, todo el poder policial y, por supuesto, todo el poder religioso. Allí el clero musulmán es todo y el pueblo nada.



         Esto ha llevado a un enfrentamiento creciente entre los clérigos omnipoderosos y las mujeres de Irán, que desafían desde hace muchos años, con un valor que llena de admiración, su patibularia misoginia. Al mismo tiempo, el descrédito del islam es formidable, particularmente entre la juventud universitaria que se ha hecho antirreligiosa e incluso atea en una elevada proporción, de ahí los ataques a mezquitas. Alguno de los jefes ayatolás ha tenido que reconocer que las mezquitas están semi-vacías y que el futuro del islam en Irán es problemático: ese es el principal resultado, el esencial logro de la “revolución islámica” en Irán cuarenta años después....



         El régimen clerical-fascista se jacta de que ha aplastado la revolución, con fecha 4 de enero, pero se equivoca una vez más. La matanza realizada puede frenar temporalmente la movilización popular, pero ésta volverá a resurgir, y con mayor fuerza, incorporando a más sectores de la población, hasta que se convierta en una revolución victoriosa que expropie a los clérigos hiper-capitalistas su inmenso poder económico, derribe las perversas estructuras políticas actuales, lleve ante tribunales populares a los jerarcas asesinos, elimine todo rastro de patriarcado o neo-patriarcado y separe radicalmente la religión y la política, estableciendo la libertad de conciencia y la libertad de expresión.



         Lo sucedido es, además, una manifestación de la crisis general del islam hoy, que en todos los países que durante siglos ha dominado encuentra una oposición creciente. Los desmanes del clero islámico están suscitando una resistencia ascendente no sólo en Irán sino también en Arabia de los Saud, Marruecos, Turquía, Egipto y otros varios países. Su naturaleza de estamento hiper-privilegiado que detenta lo esencial del poder económico y que ahoga por la fuerza toda discrepancia y cualquier libertad popular hace que la oposición popular revolucionaria le tenga cada día más como blanco central de su ira y sus luchas. Se va hacia una implosión de las sociedades sometidas al islam en la que el clero saltará por los aires, y eso en todos los países, como ya está sucediendo en Irán.



         Significativamente, la tierra de promisión del islam es Europa. En ello coopera el Vaticano, con el papa Francisco al frente, la izquierda caviar, la izquierda estalinista que lleva año lucrándose con el dinero ensangrentado de los ayatolás, los buenistas del multiculturalismo, el imperialismo alemán heredero del nazismo, la gran banca europea, el aparato militar de la UE y, cómo no, el feminazismo, desde hace mucho entregado al clero islámico. Estas fuerzas manifiestan su “tolerancia” hacia la élite clerical iraní pero no dicen nada a favor de las decenas de miles de jóvenes iraníes, sobre todo mujeres, que ahora, en estos momentos, están siendo torturados y asesinados en las mazmorras de los ayatolás. El papa Francisco está guardando un silencio cruel respecto a la revolución iraní, lo que deja a los asesinos las manos más libres. Éste parece añorar los tiempos en que el Vaticano bendecía al dictador fascista Francisco Franco y se ha buscado una tiranía de sustitución ante la que estar de rodillas, la del clero islámico. De la penosa aventura de suscitar la islamización/fascistización de Europa, la Iglesia, como institución anticristiana, saldrá todavía más desacreditada y disminuida.



         ¿Qué decir de los jefes y jefas de la izquierda “radical” española en su relación con el totalitarismo iraní? El régimen de los ayatolás no sólo se impuso matando en masa a la militancia del partido Comunista pro-soviético, así como de grupos maoístas, guevaristas y anarquistas, en 1979-1982, sino que ahora los portavoces de los clérigos asesinos culpan del levantamiento popular a una organización marxista clandestina, los Muyahidin del Pueblo de Irán. No es cierto que este grupo haya dirigido el levantamiento, que ha sido espontáneo y apartidista, pero sí lo es que está en la acción clandestina anticlerical desde hace mucho, aunque como fuerza marginal, lo que suscita respeto y solidaridad.



De modo que los jefes y jefas de la izquierda estalinista están dando respaldo a quienes llevan decenios asesinando a sus correligionarios en Irán…. Y todo por dinero. De ahí que ahora estén llenando Internet de calumnias contra los revolucionarios iraníes, esos titanes dignos de encomio y admiración, que con su sacrificio heroico están cambiando el destino del mundo. En efecto, su épico obrar está frustrando la islamización/fascistización de Europa, y con ella de todo el planeta. Algunos de quienes les calumnian e insultan se dicen “anticapitalistas” pero niegan el contenido anticapitalista y revolucionario del magno alzamiento popular en Irán. Ciertamente, quienes están con los ayatolás están con el capitalismo, es más, con su forma más perversa, tosca y demente, la propia del clero musulmán.



El bocazas y demagogo de Donald Trump ha intentado sacar rédito político de los acontecimientos en Irán, diciendo que “apoya” el levantamiento popular en Irán, lo que es una mentira más de las suyas. No hay que olvidar que en sus orígenes la república musulmana de Irán fue una creación de Occidente, sobre todo de EEUU y Francia, para impedir el triunfo en ese país del Partido Comunista afín a la Unión Soviética, hecho que muestra lo obvio, que el islam es un instrumento político del imperialismo occidental. Sólo en una fase posterior surgieron algunas diferencias entre los clérigos y los EEUU por el reparto de poder en el área. Trump siente tanto pánico como los jefes musulmanes al triunfo de una revolución popular en la zona. Y si ésta avanza le veremos colaborar, a él y al sionismo, con los ayatolás, como en el pasado. Trump, además, ha mentido y traicionado desvergonzadamente a sus electores, a los que prometió “mano dura” con el fascismo islámico, que en los hechos se ha convertido en un interminable besuqueo con los clérigos totalitarios. Es un agente más de la islamización de Occidente, operación cada día más debilitada y disminuida, gracias a la colosal resistencia popular que está encontrando.



No menos disparatada es la posición de la corriente conspiranoica ante los acontecimientos revolucionarios de Irán, que condena como una maquinación del sionismo y EEUU. De nuevo se equivocan, víctimas de su folletinesca puerilidad, que les obliga a ver por todas partes grupos secretos complotando en las alturas, sin aceptar lo obvio, que el pueblo, los pueblos, existen y que de vez en cuando se alzan en rebelión y también en revolución. Su negativa a considerar que es el pueblo, la gente común, el agente principal de los acontecimientos políticos y sociales y no las organizaciones secretas va unida a su incapacidad para pensar en términos de revolución. Por eso han ido de apoyar a Trump, ese payaso ultra-reaccionario, a respaldar a Putin, un déspota militarista que continúa la política imperialista rusa de los zares y los bolcheviques. En su infantilismo, los conspiranoicos admiten también a Bashar el Assad, un asesino en masa al que sólo la fenomenal majadería de Occidente, al crear y financiar al Estado Islámico en Siria, ha salvado de ser derrocado y castigado por sus crímenes. Él es amigo íntimo de los ayatolás iraníes, y eso lo dice todo. La conspiranoía se está convirtiendo en una forma de extrema derecha entre otras, como manifiesta en su postura ante Irán.



La posición de los revolucionarios se resume en dos palabras: pueblo y revolución. Pueblo que se levanta y alza, revolución que se hace y realiza. Eso es todo y en todos los países.


martes, 19 de diciembre de 2017

LA NAVIDAD Y LA FIESTA POPULAR

         Se suele admitir que, originariamente, la Navidad es la celebración del solsticio de invierno, del Sol Invicto de los romanos, apropiada por la Iglesia desde la segunda mitad del siglo IV. Esto ayuda a formular la propuesta de su recuperación en tanto que celebración popular y civil, vale decir, emancipada de servidumbres y adherencias institucionales, clericales y mercantiles.

         Hoy la Navidad, en tanto que fiesta, agoniza. Es casi exclusivamente una herencia del pasado maltratada y aviesamente administrada por el poder constituido, en la que lo popular autoconstruido apenas tiene existencia. Recuperarla demanda, en primer lugar, repensarla y reinventarla, y sólo secundariamente mantener lo que fue en el pasado.

         Todas las fiestas populares, así como la categoría misma de fiesta popular, que es experiencial y actuante, están en liquidación, asunto en que se pone de manifiesto el temible proceso aculturador que padece Europa, en la que las instituciones estatales y empresariales han logrado reducir prácticamente a nada a lo popular, por tanto al pueblo, a la gente común, en todas sus manifestaciones, entre ellas las festivas. Esto, además, ha conformado una pseudo-fiesta aburrida y deprimente, a menudo hórrida e intragable, que contribuye a la desolación universal en que se han convertido nuestras vidas en “la sociedad perfecta y completa”, la actual...

         Empecemos la recuperación de la fiesta como quehacer del pueblo, de los pueblos, estableciendo el axioma de que es necesaria, imprescindible. Los seres humanos necesitan de diversión y alegría, de entretenimiento y recreación, para sobrellevar los sinsabores y dolores inherentes a la existencia, y más aún para reencontrarse en el ámbito de lo lúdico con sus semejantes, reafirmando también así los lazos de convivencia, afecto, hermandad, compartir y vida en común.

         En mi libro “Naturaleza, ruralidad y civilización” dedico un apartado al estudio ateórico de esto, cuyo título es “Reflexiones sobre la fiesta popular de la sociedad rural tradicional”, que para muchos de sus lectores y lectoras es el capítulo más apreciado. Expongo que la fiesta popular es la que hace el pueblo de manera autónoma y soberana, de forma autoconstruida y autogestionada, en la que él es actor y no espectador, creador y no consumidor, elemento activo y no criatura adoctrinada, donde lo institucional o no existe o es mínimo, y dónde lo decisivo es la convivencia y la relación, siendo lo demás complementario.

         La alegría, el goce, el ardor y la emoción vienen, en la fiesta popular, de la eficacia convivencial, de la fusión interpersonal, del deseo y gusto por estar juntos, del apreciarse, quererse y sentirse parte de un grupo humano estructurado por el impulso afectuoso polimorfo y multidireccional. La fiesta sustentada en el conflicto y en desamor, o meramente en la indiferencia, el solipsismo y la frialdad emocional, es una aberración, un fastidio lúgubre que únicamente puede mantenerse con estímulos externos indeseables, el abuso del alcohol, las drogas, etc.

         Ciertamente, los seres nada intencionadamente producidos en serie por el actual régimen de dictadura, como expongo en mi libro “Crisis y utopía en el siglo XXI”, en su existencia nadificada, no son capaces de solazarse y disfrutar, no consiguen sentir la alegría de la diversión auténtica, natural. Del mismo modo que no saben pensar, no saben trabajar, no saben convivir y no saben autogobernarse tampoco saben divertirse. Por eso son criaturas tristes y fúnebres, ajenas al júbilo y al entusiasmo, al contento y a la risa, meros habitantes de Tristania, la vigente sociedad de la depresión, la amargura, la desolación, el odio, el conflicto interpersonal y la desesperanza. Mientras la fiesta sea comprada en el mercado (o producida por el Estado, en tanto que “circo” del “pan y circo”) y no autoconstruida, mientras el sujeto sea en ella mero espectador y no actor comunal, y mientras se considere que lo esencial son las cosas o sus equivalente (música, alcohol, etc.) y no los seres humanos, será imposible recuperar el bureo, la jarana, la broma y el regocijo en toda su potencia emocional, en la plenitud de su grandeza y sublimidad.

         La Navidad es la fiesta convivencial por excelencia, y su recuperación ha de empezar por ahí. El primer paso para deleitarse y disfrutar de ella es empezar por destinar un tiempo a la introspección, en silencio y soledad, a fin de determinar qué fallos y faltas hemos tenido en la relación con los otros en los meses precedentes, en qué hemos faltado, ofendido y humillado a otros, o si hemos sido fríos de corazón, indiferentes, intolerantes, impositivos, descorteses, faltos de generosidad, tristes, hipercríticos, aburridos, virulentos, egocéntricos o interesados con nuestro iguales.

         Puesto que la alegría resulta del amor mutuo lo primero es restaurar el afecto de unos a otros. La fiesta o es fiesta convivencial autoconstruida o no es.

         De ese autoexamen ha de salir una alteración mejorante de la propia conducta, que se sustente, sobre todo, en localizar cuándo hemos realizado bien la convivencia con los iguales, para afirmar nuestra positividad, ampliando y si es posible elevando a un nivel superior la propia actividad relacional y afectuosa. Porque la meta es consolidar lo positivo y corregir lo negativo, por ese orden.

         Se trata de demandar excusas a quienes hayamos tratado mal y de olvidar el maltrato recibido, de comprometerse con uno mismo a considerar de un modo nuevo, efusivo y reconciliador, a las personas con las que estemos enfrentados y de elevar la existencia comunitaria a grados crecientes de pasión unitiva, emoción relacional y euforia lúdica. Alcanzado este estadio se ha establecido la piedra angular, la precondición necesaria, de la diversión y el regocijo, de la fiesta y el jolgorio.

         La Navidad es el momento de disentir, en el pensamiento y la palabra pero sobre todo con la propia conducta, del apotegma clásico que propone como metas axiológico-morales a la persona, “iluminar la inteligencia, avivar el sentimiento y fortificar la voluntad”. El yerro está en que ignora la convivencia. No basta con la inteligencia, la sensibilidad y la voluntad, pues de ahí emerge un sujeto mal construido, mutilado, por no-desarrollo de la parte afectiva y relacional. Un individuo inhábil, entre muchas otras actividades decisivas, para la fiesta. La fusión de lo reflexivo, lo emotivo, lo volitivo y lo convivencial es una revolución axiológica.

         Así pues, la Navidad es tiempo de reconciliación y afectuosidad, de impulsividad emotiva e intensidad relacional, de ruptura de las barreras que separan a los seres humanos. De ella ha de emerger una conducta nueva, en cada una y cada uno, cuya esencia es la amistad, el compañerismo, la vecindad, la comunalidad, la cortesía, la fusión psíquica y vivencial, el ir desde el yo al nosotros sin dejar de ser yo, uno mismo.

         Atendiendo a lo complementario diré que en estas fechas suelo escuchar a Juan del Encina (1468-1529) entre los músicos del pasado, lo que hago desde hace muchos años, valiéndome de la “Obra musical completa de Juan del Enzina”. A este autor se le atribuye la admisión del villancico, en tanto que creación popular, en la música culta, si bien en ese tiempo tal denominación no se reducía, como hoy, a piezas específicamente navideñas. Me agrada, así mismo, oír el repertorio musical recogido en la compilación, de 1992, “Las Cuadrillas de Murcia”, con tres CD, un colosal regalo, inmerecido, de su director, mi amigo Manolo Luna, que nunca sabré como corresponder. A ello añado la colección de música popular vasca recogida por Alan Lomax en los años 50 del siglo pasado, editada en dos CD, uno dedicado a Navarra y el otro a Gipuzkoa y Vizcaya, formando parte de “The Alan Lomax Collection”. Ciertamente, todo ello es en gran medida pasado, por desgracia, lo que nos llama a reconstruir, recrear y reinventar la música popular, conforme a las condiciones del siglo XXI.

         La fiesta popular es, además, comensalidad. Tomar productos sencillos, cocinados por uno mismo y en cantidades razonables, sin excesos y sin despilfarrar, es parte necesaria de la fiesta. Lo mismo la bebida. Ingerir moderadamente fermentados, vino, sidra o cerveza, o incluso dar un tiento a alguna copita de licor, es bueno, siempre que se haga con autocontrol y contención. Lo cierto es que la fiesta convivencial, por su magnificencia inmanente, impide los excesos etílicos, pues los participantes extraen de los otros, de sus palabras, presencia, risas, miradas, movimiento de manos, intervenciones musicales, chistes y dichos ingeniosos y jocosos, una satisfacción psíquica tan enorme que no necesitan del estímulo de la bebida. Si se abusa de ésta es porque la fiesta está mal planteada, o porque el sujeto que se degrada con el alcohol necesita autoconstruirse emocional y relacionalmente.

         Así pues, amigas y amigos, os deseo una excelente Navidad. Lo dicho, no dejéis que el desamor os haga tristes y depresivos, aferraros a la convivencia y exultar vitalmente desde ella. Que la inocencia, la energía, la hermandad, el buen humor, el amor a la vida, la voluntad de bien, el espíritu de servicio, la afección a la revolución integral y la alegría en actos os guíen.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL PARLAMENTARISMO NO ES DEMOCRACIA. ES DICTADURA 6 de Diciembre de 2017

       El 39 aniversario de la Constitución española de 1978 permite renovar la denuncia del actual sistema político en su totalidad. Con ello se pretende no sólo desacreditarlo, lo que sería un objetivo puramente negativo, una aplicación de ese desatino filosófico que es el “pensamiento crítico”, sino abrir camino a la revolución. En efecto, esta es meta constructiva, tarea hacedera, misión y destino, esfuerzo y servicio. Es un obrar que está cualitativamente por encima del criticismo “radical”, fácil y simplón, que se agota en sí mismo y, a fin de cuentas, sirve al sistema por no ofrecer propuestas trasformadoras, ya que al prescindir de ellas por negativismo siembra la desesperanza y la amargura, por tanto la pasividad.

         Lo concluyente es la revolución, la revolución holística e integral, en lo político un orden de democracia y libertad para el pueblo, cuyo armazón será un régimen de asambleas populares soberanas en red. Éste, para cada pueblo, nación o país, se articulará en varios niveles: el local, con el sistema complejo de la asamblea/asambleas de los vecinos y vecinas de cada municipio; el comarcal, al que acudirán portavoces (no representantes) de las juntas o asambleas locales, obligados por el mandato imperativo; el regional o territorial, conformado por los portavoces de los organismos comarcales y el del país o nacional, con portavoces de los organismos regionales o territoriales.

         Ese orden político de cuatro grados se caracteriza porque todos los cargos u oficios unipersonales serán anuales, no remunerados y, como se ha dicho, obligados a someterse a la voluntad política de los electores por medio del mandato imperativo. No habrá políticos profesionales, sujetos que vivan de la política, cuya existencia hoy es prueba irrefutable de que el actual sistema es una dictadura, un régimen tiránico y dictatorial. En el autogobierno por asambleas el poder decisivo es el de las bases de la sociedad, de tal modo que cuanto más “arriba” se asciende en los niveles o grados menos poder se podrá desplegar.

         Eso es la revolución, la soberanía del pueblo ejercido asambleariamente. Pero no en asambleas vociferantes e irresponsables, mero batiburrillo de jóvenes “radicales” de clase media que juegan a ser “alternativos”, sino en organismos cabalmente formalizados, en los que cada sujeto tendrá no sólo derechos sino también deberes, entre ellos el de someterse a la opinión de la mayoría y respetarla, siendo sancionado si no lo hace. En él las mayorías admiten a las minorías y a los disidentes individuales al mismo tiempo que aquéllas y éstos respeta a las mayorías, conviniendo en que su voluntad política es la que se hace norma y mandato.

         El fundamento de la libertad política es el armamento general del pueblo, con desaparición e inexistencia de los cuerpos profesionales especializados en el uso de la fuerza y el manejo de los medios de acción violenta. No habrá, por tanto, ni ejercito ni policía, siendo el servicio de armas un deber cívico que será obligatorio (salvo objeción ética) para todos los varones y todas las mujeres. Así, la milicia dejará de ser un oficio para convertirse en un servicio.

         Sin cuerpos armados especializados, sin funcionarios profesionales y sin políticos por oficio, será el pueblo quien gobierne. Sólo así podrá ser real la soberanía popular, que la Constitución de 1978 exalta verbalmente sólo para negarla en la práctica, en la vida real, con cinismo y desvergüenza.

         Una parte más de la conquista de la libertad política es la supresión de la gran propiedad financiera, industrial, de servicios y agrícola, que ha de ser expropiada sin indemnización para pasar a ser manejada de una forma comunal y autogestionada. Así se pondrá fin a la intervención del gran capitalismo en la vida política, comprando partidos y políticos (a todos los sobornan, con independencia de lo que digan y prometan, también los “anticapitalistas”), promoviendo campañas mediáticas, subsidiando a intelectuales y artistas, etc. El gran capital es por naturaleza enemigo de la libertad política (también de la libertad civil y de la libertad de conciencia) y por eso no puede tener sitio ni existencia en una sociedad libre.

         Un orden sustentado en la libertad requiere de una gran calidad (autoconstruida) de la persona, demanda una altísima valoración por parte de cada una y cada uno de las categorías prácticas de virtud cívica y virtud personal. Sin sujetos de calidad y sin adhesión de éstos al ideal y el quehacer de servir desinteresadamente al bien público, por convicción interior y sin esperar nada personal a cambio, no es posible la democracia ni la libertad política, es imposible un régimen de asambleas soberanas en red. Lo mismo respecto a la libertad de conciencia, que es la precondición de la libertad política, lo que excluye toda forma de aleccionamiento, sistema educativo estatal (como el actual) y negación de la libertad de expresión[1].

         Frente a la ferina voluntad de poder, la homicida razón de Estado y el brutal individualismo posesivo del actual sistema situamos la virtud cívica, la virtud personal y la libertad.

         Hoy avanzamos hacia la conquista revolucionaria de la libertad política a través de seis quehaceres: 1) denunciando al régimen actual y a cualquier otro que se sustente en el parlamentarismo, monárquico o republicano, con la actual Constitución o con otra, español o catalán, de la Unión Europea o de otro lugar del planeta, 2) exponiendo que sólo un orden político-jurídico de asambleas soberanas es democrático para el pueblo, 3) negando que la participación en los organismos gubernamentales, desde el parlamento al ayuntamiento, sirva para algo bueno y útil, lo que supone proponer la abstención activa y combativa en cada acto electoral, 4) desarrollando la noción de pueblo, constituidos por los sin poder, para que se afirme en sí, tome conciencia de su fuerza, se reconstruya y se alce en revolución, 5) rechazando el montaje tétrico de la Unión Europea, un orden dictatorial constituido por una agrupación de Estados vasallos de Alemania, proponiendo la Europa de los pueblos, de las lenguas y las culturas, 6) combatiendo toda manifestación de fascismo a la vez que se rechaza el parlamentarismo sea nazi, neonazi o falangista, de derechas o de izquierdas, fascista o “antifascista”, civil, militar o religioso (musulmán), de blancos o de negros, de hombres o de mujeres, europeo o foráneo, del pasado o de nueva invención.

         Así avanzamos hacia la revolución, que se manifiesta ya en la masa creciente de muchas y, a largo plazo, difícilmente resolubles contradicciones y antagonismos que cuartean a las sociedades europeas en su base política, en su substrato demográfico y en sus superestructuras políticas e ideológicas. De ellas y desde ellas, por nuestro esfuerzo múltiple, espíritu de combate y voluntad de sacrificio, por nuestra calidad como personas y como comunidad popular, saldrá la revolución integral.

        




[1] El régimen constitucional actual se jacta hipócritamente de que garantiza la libertad de expresión, y de que todas las opciones y propuestas políticas tienen una presencia proporcional y equivalente en los medios de comunicación y en el sistema escolar. Pero ¿cuándo y dónde se admite a quienes denunciamos el régimen de la Constitución de 1978 como una dictadura, negamos que se pueda reformar y hacer democrático a partir de sí mismo, y proponemos una revolución con formación de un gobierno por asambleas? Jamás se nos acepta en ningún lugar o espacio en que impere el statu quo, de modo que somos los excluidos y marginados, cuando no los perseguidos, por el actual orden. Mientras los lacayos del poder constituido, que dijeron querer “tomar el cielo por asalto” (hasta ahora lo único que han tomado por asalto son los presupuestos del Estado), se pavonean en las televisiones repitiendo día tras día que el parlamentarismo, este u otro, es democracia, los revolucionarios quedamos siempre extramuros, nunca somos llamados a los platós. Mientras ellos tienen enormes medios económicos y tecnológicos a su servicio, y se embolsan cada mes emolumentos y sueldos estatales considerables, nosotros vivimos de nuestros muy modestos recursos. Eso es dictadura, eso es tiranía, eso es totalitarismo. Un orden revolucionario sustentado en la libertad no actuará así, por lo que en él los partidarios del parlamentarismo tendrán también su sitio en el sistema comunicacional y de difusión de ideas. Se trata sólo de quebrar y extinguir su actual monopolio y exclusivismo, sin negarles la palabra. No somos como ellos ni queremos serlo, en nada. Nuestra meta es superarlos cualitativamente, vencerlos absolutamente con la reflexión, la palabra y los hechos.

domingo, 5 de noviembre de 2017

LA HORA DE LA REFLEXIÓN. Hacia una estrategia para la liberación popular-nacional de Cataluña


“Audentes fortuna iuvat”[1]



         Los acontecimientos de Cataluña están siendo una colosal lección sobre política práctica, en particular acerca de qué y cómo deben ser hoy los procesos de liberación nacional de los pueblos oprimidos en Europa.

         El fiasco del nacionalismo burgués y estatolátrico catalán, así como de su último retoño el nacionalismo partitocrático e institucional centrado en la Generalitat, abre la posibilidad de formular desde una perspectiva popular y revolucionaria, la única realista y eficaz, la cuestión catalana. Esto significa que, tras más de un siglo de hegemonía y dominio, el nacionalismo propio de la gran burguesía “catalana” (en el presente inexistente, al haberse fusionado con la española) y las clases medias permite ser refutado ahora con eficacia. De ello puede resultar un planteamiento específicamente revolucionario y nacional/universalista de la acción emancipadora necesaria para que el pueblo catalán evite su desaparición, siga existiendo, continúe siendo, reafirme su esencia concreta a partir de lo que ha sido y de lo que es, por sí y desde sí.

         Es peculiar de la historia de Cataluña, desde el siglo XIX, que las clases populares sean políticamente dominadas por el populismo nacionalista segregado por los partidos de la burguesía catalana, que se valen de sus perennes querellas con Madrid, que son meras luchas de poder, para dotarse de un aura de “radicalidad”. Eso hace imposible, o al menos más difícil, la maduración de la revolución, pues siempre existe la posibilidad de que la burguesía catalana, o en su defecto, el nacionalismo “catalán” partitocrático, echen mano de la cuestión nacional para recomponer su relación con los trabajadores, reduciéndolos de nuevo a la obediencia al ideario burgués. Así, cuando ahora prometen la “república catalana” siguen defendiendo un tipo de capitalismo y explotación con cambios meramente verbales sobre la base del reforzamiento del Estado.

Los acontecimientos que aquí se analizan tienen lugar en un momento histórico lleno de incertidumbre y dramatismo, aunque también de grandes oportunidades y esperanzas, en el cual el proceso de mundialización llevado adelante por el bloque constituido por la gran empresa multinacional sumada al Estado y conjuntos de Estados (la UE, por ejemplo) hipertróficos está laminando a todos los pueblos del mundo, con aniquilación de sus lenguas y culturas, en una atroz dinámica aculturadora, uniformista y homogeneizante, en la que sólo tiene cabida una única lengua, el inglés, y una única “cultura”, en realidad subcultura, la fabricada por el corrompido aparato académico como brazo ideológico de un poder tiránico que desea ser planetario, y por la perversa industria del ocio que opera a escala mundial.




[1] “La fortuna favorece a los valientes”.