domingo, 10 de marzo de 2013

MUJERES QUE VIOLAN, TORTURAN Y ASESINAN A MUJERES. ANÁLISIS DE LA LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO DESDE EL GENOCIDIO DE RUANDA EN 1994.




La reciente condena (marzo de 2013) por un tribunal holandés de Yvonne Basedya, la jefa de una unidad de la milicia hutu que participó en el gran genocidio de 1994 en Ruanda, donde unos 800.000 tutsis, hombres y mujeres, fueron aniquilados, es un terrible acontecimiento iluminante de nuestras propias realidades, en concreto, de la norma legal exterminacionista y genocida por antonomasia hoy, la Ley de Violencia de Género.
         
Basedya, penada ahora con años de cárcel, fue alta autoridad de las milicias hutus, y no sólo ordenó asesinar a un gran número de hombres sino que además participó, como todas las jefas y jefes de los grupos genocidas, en la violación masiva de las mujeres tutsi, exterminadas después en su gran mayoría, de un modo  asombrosamente sádico y cruel.
         
Las jefas de las bandas criminales ordenaron a sus subordinados y subordinadas que introdujeran estacas, hierros, botellas rotas y otros objetos en las vaginas de las féminas tutsis (también de las hutus que se oponían al genocidio), que les cortaran los pechos y finalmente ejecutaran. En los casos en que, forzadas por varones, quedaban embarazadas y llegaban a dar a luz, que fueron muy pocos, debido a que casi todas las féminas tutsis resultaron asesinadas y a que el acto de la violación solía realizarse con objetos (lo que permitía a mujeres violar a otras mujeres), mataban luego a los bebés.
         
Se admite como dato indudable que casi todas las tutsis fueron violadas, pero pocas, comparativamente, han sobrevivido, pues el 75% de la población tutsi de Ruanda murió en el genocidio.
         
Lo que debe ser enfatizado es la implicación de numerosas mujeres en las matanzas y violaciones. Además de Basedya se hizo atrozmente famosa Pauline Nyiramasuhuko, ministra de Mujer y Familia en Ruanda, a la que se condenó por haber perpetrado unas 500.000 violaciones de féminas, como inductora, en el marco del genocidio de 1994. En total, fueron unas 20.000 mujeres las que tomaron parte activa en la carnicería, ejerciendo directamente la violencia, esto es, empuñando machetes, estacas u otros instrumentos para asesinar a otras mujeres, a varones y a niñas/niños, a menudo después de torturas atroces.
         
Pauline ordenaba estuprar a las mujeres tutsi y, al parecer, participó en tales actividades ella misma. Otra mujer que, según se cree, estuvo implicada en los orígenes del terror fue la primera ministra Agathe Uwlingiyimana, muerta luego.       Lo indudable es que una porción conspicua de esas 20.000 féminas criminales participaron en el genocidio ruandés como jefas, estrategas y planificadoras, como incitadoras y organizadoras, además de como ejecutoras.
         
Hay que recordar que el “Manifiesto SCUM”, el libro de cabecera de casi todo el feminismo hoy y un documento nazi del principio al fin, plantea y propone realizar un genocidio similar al que tuvo lugar en Ruanda en 1994.
         
SCUM significa “para el exterminio de los hombres”. Pero no sólo (ni principalmente) de los hombres pues advierte que las “mujeres macho” serán igualmente exterminadas por feministas organizadas en bandas armadas similares a las que consumaron las matanzas en Ruanda, a las órdenes de Pauline, Ivonne, Agathe y otras mujeres que ahora están siendo juzgadas y condenadas.
         
Hay una ley histórica que se cumple inexorablemente: quienes predican un genocidio terminan o intentándolo realizar o incluso realizándolo del todo.

EL RACISMO DE LA IZQUIERDA AYER Y HOY



Hay libros maravillosos, porque aclaran tantas cuestiones que al leerlos se siente una euforia y exaltación casi ilimitadas, al ver exponer la verdad con valentía, frente a la mentira institucional. Uno de éstos es “El colonialismo español en Marruecos”, Miguel Martín, Ruedo Ibérico 1973, obra que ha pasado desapercibida, probablemente porque ha sido silenciada desde la todopoderosa máquina de propaganda y manipulación mental de la izquierda, PSOE, IU, ERC y otros.

En esencia, es un estudio imparcial del colonialismo español en Marruecos, que por eso mismo se convierte en la más formidable denuncia de aquél, que es lo que su autor pretende.

El compromiso con la verdad de Martín no se detiene ante nada. Por ejemplo, al estudiar el periodo del Frente Popular, en 1936, apunta que fue tan colonialista como los gobiernos de la derecha, “Largo Caballero (PSOE) y Dolores Ibárruri (PCE) eran los continuadores de la política colonial de… Alfonso XIII y Primo de Rivera”.

Muy bien. Pero la cosa es más grave. Informa de que el PSOE y PCE ¡no admitían en sus filas a los trabajadores norteafricanos! Sencillamente, los consideraban inferiores racialmente y no querían mezclarse con ellos.

Entrando en la cuestión del racismo, Martín señala como documento racista de manera zafia y brutal a un Manifiesto del Comité Central del PCE de 18-8-1936, en el que los mercenarios musulmanes a las órdenes de Franco, los “moros”, son atacados con epítetos raciales muy odiosos. Por ejemplo se les etiqueta de “los hombres de más bestiales instintos”, en vez de denunciar su presencia armada al lado del fascismo español en términos políticos y, sobre todo, religiosos, pues fueron los clérigos islamistas norteafricanos los que proporcionaron a Franco 100.000 soldados mercenarios de infantería, decisivos para ganar la guerra.

Pero quien más se ensañó contra las gentes del norte de África en sus componentes racistas fue la jefa del PCE Dolores Ibárruri. Basta leer el libro que recopila sus discursos, “En la lucha”, para sentirse asqueado por su furor racista. Por ejemplo, tilda a las tropas musulmanas de Franco de “morisma salvaje, borracha de sensualidad”. Ciertamente, los soldados islámicos franquistas hicieron cosas muy horribles, violando a una enorme cantidad de mujeres y asesinando a muchos prisioneros de guerra republicanos, además de contribuir poderosamente a la victoria del fascismo español, pero eso se ha de denunciar en términos políticos y religiosos, no con soflamas racistas.

Lo más gracioso es que ahora la izquierda, el PSOE e IU (nueva marca electoral del PCE), los mismos que antaño estaban tan preocupados por su pureza racial que no querían que los trabajadores “moros” formaran parte de sus partidos y sindicatos, se han convertido en devotos del “antirracismo”.

Con igual fanatismo que en el pasado manifestaron en la práctica del racismo ahora imponen el “antirracismo”, conminando a los demás a, pongamos por caso, hacerse “multiculturales”, practicar “el mestizaje” (obvio atentado a la libertad sexual de las personas, en particular de las mujeres, a las que se conmina a mantener relaciones sexuales con gentes de otras razas, para no ser “racistas”) y dar a los inmigrantes el tratamiento más paternalista posible, como sujetos imaginarios de derechos sin deberes. El paternalismo es lo más humillante, degradante y… racista de nuevo tipo que se pueda imaginar, y la izquierda lo predica y practica con fruición.

La izquierda, en tanto que instrumento esencial del capitalismo que es, y como expresión del dominio político e ideológico del capital sobre las clases trabajadoras, siempre ha sido, es y será racista. Lo que cambia en ella es la forma del racismo, no su esencia.
Ayer fue el racismo pro-blanco, hoy el racismo pro-negro. Antaño la raza blanca era explícitamente “superior”, hoy la raza negra es implícitamente “superior”. Al ser mera correa de transmisión de los intereses fundamentales del gran capital y el ente estatal la izquierda practica en cada época el tipo de racismo que interesa a sus muy poderosos mandantes, las fuerzas económicas (capitalismo) y políticas (Estado) que la subvenciona. Lo que nunca logra ni logrará es estar libre de racismo, juzgar a las personas por sus actos, no por el color de su piel, sin condenar a nadie ni tampoco proporcionar a nadie privilegios porque tenga esta o la otra epidermis.
        
Toda la política sobre la inmigración y el racismo de las ONGs (por lo general instrumentos para el lucro de la izquierda) es racista de nuevo tipo, racista repulsiva. Racista como la del PSOE y PCE en Marruecos en tiempos de la colonia, aunque adoptando otras formas. Las ONGs son el Estado y el capitalismo, que es quien las subvenciona, mantiene y dirige. Su denigración de la raza blanca para exaltar a otras razas, en particular a la negra, es su nueva forma de racismo.
        
Por eso vamos a poner a prueba a los “antirracistas”, para mostrar que jamás dejarán de ser racistas: el día que sean capaces de considerar tan críticamente a los no-europeos como a los europeos, a los negros como a los blancos, y se atrevan a criticar a las gentes de otra raza y de otra cultura tanto, de la misma forma y al mismo nivel como critican a la raza blanca y a la cultura occidental se habrán curado de racismo pues habrán aprendido a tratar a todos los seres humanos por igual.
        
Si no critican es que son racistas.
        
Nunca lo harán. Seguirán donde estaban en los años 30 del siglo pasado, en el racismo más repulsivo. Su inflamada adhesión al capitalismo so pretexto de ser “anticapitalistas” les convierte en racistas. Y además seguirán tachando de “racistas” a quienes se oponen al racismo en todas sus formas. Ellos y ellas son así, aunque cada día son menos, y menos influyentes, porque su tiempo ya ha pasado.

EL TRABAJO HA DE SER LIBRE. NO AL SALARIADO



Vivimos un tiempo en que el espantoso incremento del paro lleva a la izquierda, en particular a la más servil hoy hacia el empresariado, IU, Anguita y sus dependientes, a magnificar más allá de toda medida el trabajo asalariado, presentado como una bendición.
        
Claro que en el pasado, cuando había más o menos pleno empleo, sucedía lo mismo. El capitalismo era explotador si pagaba salarios bajos pero era excelente si entregaba un buen mazo de billetes al explotado: tal es la lógica de casi todo el “anticapitalismo” en circulación, cuya única ideología es el dinero y el consumo. Viven para el consumo y se movilizan sólo por más consumo. Esa es su razón de ser.
        
Sus “luchas”, cada vez más ridículas por canijas y patéticas, se encaminan a lograr maximizar el precio de la mano de obra. Quienes las llevan son buenos burgueses que se saben propietarios de una mercancía, su fuerza de trabajo, y desean venderla en las mejores condiciones posibles en el mercado laboral. Para ocultar tan miserable condición, la de afanosos mercaderes de sí mismos y sí mismas, tienden a usar palabritas pretendidamente terribles, como “anticapitalismo”, “movilizaciones” y otras similares.
        
En estas gentes sólo el dinero cuenta. No tienen auto-respeto, carecen de dignidad, ni siquiera entiende lo que es una vida libre y autodeterminada. Si hay dinero de por medio, si el empresario paga bien, éste es el mejor de los mundo, si paga mal, entonces amenazan con no se sabe bien qué apocalipsis, ellos que no tienen ya ánimos ni para matar una mosca.
        
Las luchas salariales, cuando están fuera de una estrategia revolucionaria y, además, se convierten en la tarea principal, o incluso única, son reaccionarias. Refuerzan el mundo de lo mercantil, magnifican el dinero y dinamizan al capitalismo, al estimularle a elevarse a formas más eficientes de explotación de la mano de obra, con uso de sistemas tecnológicos crecientemente perfeccionados y, por ello más y más letales para la esencia concreta humana y la condición obrera.
        
Las reivindicaciones salariales ajenas del contexto de una estrategia revolucionaria son, por tanto, una forma como otra cualquiera de competencia capitalista, similar a las que libran los empresarios entre sí. No tienen nada de anticapitalista sin comillas, pues a través de ellas el capitalismo se perfecciona paso a paso. En ellas no está “la revolución social” sino la más ramplona y grosera reacción.
        
Hemos dicho “estrategia revolucionaria” y, ¿cuál puede ser ésta? Pues precisamente poner fin al salariado para realizar el trabajo libre, terminar con la auto-venta de la mano de obra, hacer que la libertad civil impere en la unidad productiva, derrocar la tiranía horrorosa del empleador, del empresario y sus sayones, en el centro de trabajo, fábrica u oficina, para convertirlo en un espacio de concordia y hermandad, al no haber más que trabajadoras y trabajadores libremente asociados, una vez expropiados los explotadores.
        
La meta no son los altos salarios, no es el consumo, no es venderse por más dinero. Es vivir con libertad, dominando la totalidad de las condiciones de la propia existencia, las del acto productivo, laboral, creados de las condiciones materiales de la existencia, en primer lugar.
        
El trabajo asalariado, sobre todo el que está mejor pagado, es un atentado a la esencia concreta humana, o dicho más llanamente: no se puede ser persona en todo el sentido grande y magnífico que tiene esa palabra si se padece el régimen salarial.
        
Éste, en el asalariado y en la asalariada, destruye la inteligencia, tritura el sentido moral, anula las facultades relacionales, devasta la sensibilidad, refuerza hasta límites pasmosos el egoísmo, aniquila el libre albedrio y arrasa el sentido de la propia dignidad. Convierte a la persona en un bruto, en una devastada criatura que obedece órdenes ilegítimas, que soporta humillaciones sin cuento, que ha de hacer delegación de todo lo que tiene de mejor en unos sujetos feroces y zafios, los jefes y jefecillos, que someten a la gente asalariada a sus demasías, chulerías, atrocidades, incompetencias, sadismos y vandalismos.
        
Hay pues que hacer la revolución social-integral poniendo fin al trabajo asalariado.
        
Pero, ¿quién preconiza hoy el fin del trabajo asalariado, la liberación de esa maldición, de ese horror, de esa pesadilla? Pues casi nadie. Nuestra patética “radicalidad”, socialdemócrata a la manera de Chomsky, está perpetuamente concentrada en “luchas” por más dinero, ahora contra los recortes, ayer por mayores salarios, nunca por liquidar de una vez y para siempre el trabajo a cambio de un salario.
        
El libro que mejor, quizá, denuncia la perfidia ilimitada del régimen salarial es “Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo en el siglo XX”, de Harry Braverman. Demuestra con testimonios tan dramáticos como irrefutables que el capitalismo es incompatible con lo humano, en particular el capitalismo que se sirve de la tecnología a gran escala y que organiza “científicamente” la producción. De tales “maravillas” salen seres subhumanos, desventuradas criaturas que en el acto productivo, impuesto y forzado, pierden lo que tienen de más magnifico, su condición de seres humanos.
        
Braverman nos viene a decir que no hay sociedad humana, ni sociedad ética, ni sociedad a secas sin liquidar el régimen salarial, y que éste es tanto más atroz e intolerable cuanto más altos salarios paga…
        
Sin poner fin al salariado es imposible regenera la sociedad y rehumanizar al individuo. El eticismo, o el culturalismo, y también el politicismo, de algunas autores yerran por cuanto hay un problema estructural previo y básico, la adquisición de la libertad civil en el acto de trabajar, la realización de la producción a través de los procedimientos de la autogestión, con el trabajo libre asociado.
        
Otro libro magnífico en la denuncia es “La condición obrera” de Simone Weil. Llega exactamente a las mismas condiciones que Braverman. Es escandaloso que mientras Simone explica que la producción fabril asalariada y maquinizada tiene como meta destruir al ser humano, el feminismo machista defienda que esa misma producción, que aquella mujer maravillosa y modélica presenta como el infierno realizado, sea excelente para “liberar” a las mujeres…
        
Ahí nos topamos de nuevo con lo que es el feminismo, un modo de destruir a las mujeres en beneficio de la clase capitalista, que está entusiasmada con esa apología del capital. Como dice una querida amiga, mientras los hombres sólo están obligados a sufrir y soportar el régimen salarial a las mujeres se las obliga (lo hace el feminismo) además a venerarlo y amarlo, devastándolas por partida doble… Ahora se entiende por qué aquél es promovido, hiper-financiado, por la gran empresa capitalista[1].
        
Tenemos que poner fin a la grosera mentalidad socialdemócrata que llama “anticapitalismo” a exigir más altos salarios, más dinero, más consumo, más deshumanización por tanto, para crear un gran movimiento de denuncia del salariado en sí y por sí, especialmente del que sufren y padecen las mujeres trabajadoras, para abrir camina a una lucha por una sociedad en que las personas sean lo que parecen, a saber, seres humanos.
        
Para ello tenemos que alcanzar un pacto por la revolución, cuyo fundamento ha de ser el acuerdo compartido de que seguiremos a delante hasta poner fin al capitalismo, al salariado, conquistando la libertad en el acto de trabajar, que es la precondición de una sociedad libre, de seres humanos, de mujeres plenamente realizadas, de hombres liberados de las lacras del nuevo régimen neo-servil, el salariado contemporáneo.



[1] El feminismo misógino y exterminacionista, que no para de perorar contra la “violencia de género” en el hogar y sólo en el hogar, “olvida” que donde hoy las mujeres son vejadas, violentadas y violadas en masa, por los jefecillos varones y por las jefecillas lesbianas, es en las empresas capitalistas. Mientras por la calle circulan historias terribles de violaciones masivas en las empresas, ese feminismo, siempre muy hábil en evitar lo que le afecte al propio negocio, servir con el fanatismo neonazi que le caracteriza a la clase empresarial, al parecer no se entera de nada. 

“SILVESTRE, COMESTIBLE Y CREATIVO” Dawamoru – 2012


Estamos ante un libro muy simpático y hermoso, además de útil y lleno de reflexiones profundas, que en una buena parte se expresan de manera implícita, por lo que sólo son asequibles a quienes hagan su metalectura.

        
En una primera aproximación es una obra de recetas culinarias. Pero no de alimentos más o menos vulgares sino de algunos bien especiales: bellota, castaña, hierbas silvestres, hierbas aromáticas y medicinales, algas. Nada menos.
        
En la cuestión de la bellota la autora, Dawamoru, hace una revolución, pues convierte su recolección, conservación, desamargado y consumo en una actividad sencilla y hacedera. Esta mujer ha logrado algo maravilloso, sintetizar el aprovechamiento de ese ancestral fruto arbóreo en unas reglas tan bien pensadas y experimentadas que hasta el más pánfilo e ignorante urbanita puede realizaras, eso sí, una vez que logre diferenciar una bellota de una caca de perro sobre la acera.
        
Superada esta dificultad todo va sobre ruedas, porque con el libro de Dawamoru podrá hacer café de bellota, pan de bellota, galletas de bellota, bechamel de bellota, pizza de bellota, etc., sin olvidar la tortilla de hierbas y harina de bellota. Echo a faltar la horchata de bellota, tan refrescante, pero estoy seguro que aparecerá en la siguiente edición del libro.
        
Os puedo asegurar que el pan de bellota que hace Dawamoru y su gente es extraordinario, no sólo por el sabor y la textura sino quizá más por el olor.
        
Con la castaña, no menos entrañable y milenaria, tenemos algo similar. Hay recetas de leche, queso untable, puré, tarta, macarrones, trufas y algunas más, ¡toda una revolución castañil! Con ello volveremos a alimentarnos como nuestros ancestros, para ser tan fuertes y auténticos como ellos, para tener su sentido de la dignidad, el autorrespeto, la rotundidad moral, la ausencia de sexismos, la voluntad de amar y la capacidad de resistir a la tiranía estatal.
        
En lo de las hierbas silvestres la cosa es no menos magnífica. Comienza el capítulo explicando por qué hay que consumirlas. Al leerlo se me han saltado las lágrimas, porque por fin empezamos a salir de la locura y la perversidad en que nos hundió la agricolización, la vida en las ciudades y la estupidización de la modernidad para ir recuperando la sensatez, la alegría de vivir, el empuje y el autodominio. En esta sección admito francamente mi debilidad por tres recetas, el arroz con carnicera y nabiza, las patatas con ajo silvestre y el mijo con pamplinas y pimientos de Padrón.
        
El apartado de hierbas aromáticas y medicinales ofrece maravillas como la sopa de recuerdo, ajo y romero, o la salsa de melisa. Atención a las sopas, son excelentes, pueden conservarse con facilidad varios días y proporcionan el tipo de alimento temperado, sabroso, con ingredientes directamente tomados de la naturaleza y fácil de hacer que se necesita en una sociedad libre, autogobernada por asambleas, con libertad de conciencia, fraternidad como cosmovisión y autogestión.
        
En la sección de algas tenemos más sopas, la sopa marina por ejemplo, o la calabaza con algas, que se puede dejar abundante en caldo.
        
Incluye, además recomendaciones sobre cosméticos, ungüentos y sales de baño. Por tanto, es un libro muy completo.
        
Los productos agrícolas no son negados, como es de sentido común, pero sí relegados a un segundo plano. Lo que Dawa ofrece es una alimentación en que los alimentos silvestres sean lo principal, y los cultivados lo secundario. De ese modo la naturaleza comienza a liberarse de los daños inherentes a la agricultura, la deforestación, erosión, destrucción de los suelos, reducción de la pluviosidad y cambio climático.
        
Dawamoru, o sea, Dawamoru Fernández Urdangarin, ha escrito un libro con reflexiones bastante profundas de fondo. Una es el cuestionamiento de la agricultura, otra de la vida en las ciudades, una tercera de la alimentación artificial e industrial, que nos está devastando. El ir hacia adelante es, hoy, en buena medida marchar hacia atrás, volver, regresar. Eso lo he expuesto en una fórmula tan sencilla como el manejo de la bellota que el texto preconiza: unir tradición con revolución, porque la tradición sin revolución se hace mera reacción pero la revolución sin tradición acaba en fascismo.
        
Ahora cuando no tenemos ya ni tradición ni revolución, ¿qué podemos hacer? Muy buena pregunta, y dado que hallar la respuesta es bastante arduo os animo a que, con el fin de haceros fuertes en lo físico (la fortaleza, si se usa para el bien, es una virtud y un deber), pongáis mano a la obra con las recetas de Dawamoru, mientras aclaramos esa peliaguda cuestión.
        
La revolución integral también es una revolución en la relación con la naturaleza y en la forma de alimentarnos. No es sólo política. No somos ni politicistas ni mucho menos politiqueros. Es el todo finito lo que tiene que ser cambiado, y al hacer esta alteración radical hemos de conservar aquello que de bueno tiene el pasado, a la vez que innovamos y creamos lo nuevo con audacia.
        
Así viviremos como han de hacerlo los seres humanos con una perspectiva temporal que incluye el pasado, presente y futuro, no como ahora que el pasado nos es negado, el presente absolutizado/aniquilado y el futuro convertido en inexistente. Necesitamos ser seres de la totalidad de lo temporal, personas integrales en vez de penosas criaturas mutiladas, sujetos nada de la hiper-modernidad estatal y capitalista.

domingo, 3 de marzo de 2013

¿QUÉ ES DEL 23-F UNA SEMANA DESPUÉS?





La “gran movilización” ante el Congreso, convocada no se sabe por quién el pasado 23-F, que iba a ser un “avance” hacia la resolución de los problemas de las clases populares y blablablá, una semana después está ya olvidada. Nadie la recuerda, ni sus organizadores.
Se repite así lo del 25-S, de las varias “huelgas generales”, la siguiente más anodina y triste que la anterior, y de las movilizaciones organizadas por el 15-M. Cada vez acude menos personal a estos eventos, meramente simbólicos y rituales. Desde el 15-Octubre-2011, convocado por el 15-M, la asistencia ha ido disminuyendo convocatoria tras convocatoria.
       
El fracaso del activismo, del reformismo utópico, del politicismo y el economicismo, del ideario y los métodos socialdemócratas, de las ilusiones parlamentaristas, de la frivolidad y el no compromiso, es obvio. Todo eso es pasado sin futuro.
       
Los obcecados del activismo estéril e inútil siguen llamando “luchas” y “movilizaciones” a sus convocatorias. Pero en realidad son acontecimientos nada, que nada significan y a nada llevan, salvo a aportar a algunas personas la falsa ilusión de que están “haciendo algo” cuando sólo están dándose un paseo con una pancarta, por lo general con frases necias y reaccionarias, en la mano.
       
Quienes creen en tales carnavaladas pueden seguir haciéndolas los próximos 500 años. Los que no creemos tenemos que buscar otra formas de acción. Después del hundimiento, ya casi total, del 15-M, el gran montaje activista, simplón y multitudinario que al final, como predije en el libro “Pensar el 15-M y otros textos”, ha sido un nuevo parto de los montes, hay que pensar creativamente y actuar de un modo innovador.
       
Dejemos a los dogmáticos del activismo, el izquierdismo socialdemócrata y el anarcoestatismo con sus programas nada y sus formas de acción propias de la guerra fría. Están tan envejecidos y anticuados que ya no conectan con las nuevas realidades. Son una secta, un gueto, cerrilmente aferrada a sus fes, cada día más inoperantes, y con ellos morirán. Descansen en paz.
       
Para comprenden qué significan realmente estas convocatorias recomiendo la lectura de mi análisis “El 25-S y la creación de una nueva casta partitocrática[1]. En efecto, el sistema político creado, sobre todo por la izquierda, PSOE, PCE y extrema izquierda, en la Transición del franquismo a la dictadura parlamentarista está en desintegración. Las elites del poder necesitan crear un nuevo orden político de reemplazo.
       
Eso significa muchos puestos, cargos y sinecuras, quizá 50.000. Se ha disparado la competencia por lograrlos, de ahí que florezcan alternativas de sustitución, el Proceso Constituyente, el Frente Cívico de ese gran hipócrita que se llama Julio Anguita, y el temible, a fuer de jacobino e mega-represivo, programa de III república, por citar las más importantes.
       
Buscan, como dijo Galdós, “pastar en el presupuesto (del Estado)”. Luego están los pardillos y los memos, que se lo creen todo y están siempre deseosos de ser engañados. Unos y otros se dirigen contra el proyecto de revolución integral, contra la maduración de las condiciones que han de permitir la creación de una sociedad libre y autogobernada, sin ente estatal ni clase empresarial.
       
La gran oportunidad para quienes deseamos una revolución integral se aproxima, a medida que la crisis general del sistema avanza y el radicalismo de pega se desenmascara y desintegra. Se trata de cambiar la forma misma de entender el compromiso político y la acción política, según los criterios que siguen:
        1. No al politicismo y al economicismo, acción y lucha en todas las cuestiones que constituyen lo humano, sin reduccionismos ni mutilaciones.
        2. Compromiso personal e implicación desinteresada en vez de frivolidad, activismo, egotismo y delegacionismo. Entusiasmo y épica en vez de abulia y depresión.
        3. Análisis riguroso de los grandes problemas de nuestro tiempo, empezando por la gran crisis de las sociedades europeas, para pensar y planear una estrategia.
        4. Revolución integral en vez de reformismo, sórdido y del todo inoperante, que no logra ya arrancar reformas a un sistema que se ha vuelto rígido e irreformable, y que está en caída libre, lo que le impide hacer concesiones.
        5. Autoconstrucción del sujeto, formando a las personas para hacer frente con eficacia a los problemas del ahora y, mucho más, de los tiempos turbulentos que se aproximan.
       
Con todo esto, y con mucho más, haré pronto una declaración política fundamental, para pasar unidos y organizados a la acción revolucionaria, cuyo título será “Ha llegado el momento”. Atención pues. La era de la revolución ha de comenzar ya.


[1] Está publicado en el libro “Reflexiones sobre el 25-S”, junto con otros sietes trabajos y dos entrevistas, por Editorial Manuscritos.

“LIBERTAD CONSTITUYENTE” ES DICTADURA CONSTITUIDA


La agravación de la crisis general del actual sistema, y el declive ya definitivo del orden político surgido de la Transición del régimen franquista a la actual dictadura constitucional, partitocrática y parlamentarista que organiza la Constitución española de 1978, está estimulando la aparición de muchas propuestas de renovación del sistema de dominación.
       
Una de ellas es la republicana, dirigida por Antonio García-Trevijano y expuesta en el texto “Libertad Constituyente”.
       
Su significado, a fin de cuentas, se reduce por un lado, a ayudar al capitalismo y al ente estatal a superar la actual crisis y, por otro, a impedir el desarrollo del proyecto y programa de revolución integral.
       
Poner en claro el verdadero significado del republicanismo burgués y estatolátrico, ofreciendo como alternativa un programa de 15 puntos para la realización integral de la libertad política, sobre la base de la libertad de conciencia, constituye el grueso del texto que se encuentraen mi página con idéntico título que esta nota informativa.

viernes, 1 de marzo de 2013

8 de Marzo de 2013: LAS MUJERES SE EMANCIPAN A SÍ MISMAS




Es intolerable la idea ultra-machista de que las mujeres han de ser emancipadas por las instituciones, por el Estado, a través de la Ley de Violencia de Género, el Ministerio de Igualdad, la legislación económica que las privilegia, el sistema de cuotas, la propaganda institucional denigratoria de los hombres, la demonización del sexo heterosexual, la proscripción de la maternidad y el odio obligatorio a los niños/niñas, la estigmatización del amor y otras medidas.

Ahora el PP, o sea, la derecha española, sociológicamente heredera del franquismo, está llevando adelante las “políticas de género” con mayor fuerza aún que antaño el gobierno del PSOE. Por ejemplo, los últimos protocolos de actuación para “erradicar la violencia machista” son los más rigurosos desde que tal ley se promulgó, y las subvenciones a colectivos sexistas del Ministerio de Igualdad de la derecha (hasta no hace mucho franquista) siguen siendo generosas, a pesar de la crisis.
       
Así se está convirtiendo a ciertos sectores de féminas en criaturas sometidas al Estado y de él dependientes. Si en el viejo patriarcado el Estado obligaba a los hombres a “proteger” a las mujeres, en el nuevo patriarcado, el actual, el que se ha institucionalizado en los últimos decenios, es el artefacto estatal directamente quien se hace cargo del amparo y tutela global de las féminas.
       
Pero la emancipación no puede regalarse, no es algo otorgado desde arriba. El acto liberador, por su propia naturaleza, ha de ser realizado por quien se libera.
Lo que se ha constituido con todo esto, es una nueva mujer hiper-dependiente, a la que los privilegios y ayudas otorgadas la están maleando y destruyendo como ser humano de calidad, como sujeto con autonomía, inteligencia, fortaleza, sentido moral y libre albedrio.
       
El viejo patriarcado también se sirvió de las prebendas para reducir a las mujeres a la condición de seres no-humanos. Su exclusión de los ejércitos y las guerras era un privilegio colosal. El nuevo patriarcado, cuyo centro es el Ministerio de Igualdad y cuya ley más señera es la de Violencia de Género, igualmente utiliza los privilegios y la ayuda para infantilizar, encanallar y destruir a las mujeres en tanto que seres humanos mujeres.
       
La mujer hiper-protegida por el paternalismo estatal no es una emancipada sino una esclava. No es una liberada sino una criatura institucionalizada, asombrosamente dócil y sumisa, pasiva y dependiente, ininteligente y embrutecida.
       
Si el antiguo patriarcado se dirigía a someter a las mujeres el nuevo pretende algo aún peor, destruirlas en tanto que seres humanos.
       
Los privilegios degradan a quienes los poseen. Otorgar derechos sin deberes hace perversas, necias y pasivas a las personas, como explica Simone Weil, esa mujer ejemplar. Valerse de la “discriminación positiva” es destruir en las féminas el esfuerzo por emanciparse a sí mismas, que es la esencia del proyecto emancipador.
       
El Estado no actúa de protector de las féminas por filantropía. Lo hace para servir a la razón de Estado, a la voluntad del artefacto estatal de dominarlo todo y poseerlo todo. Quienes tienen una visión ingenua, “positiva”, del Estado, que lean a Maquiavelo y entiendan qué es realmente la razón de Estado.
       
Es un insulto para las mujeres sostener que las ha de proteger el ente estatal, pues equivale a decir que son seres inferiores que no son capaces de protegerse a sí mismas. Por eso este 8 de marzo debe ser de lucha contra el Estado “protector” y sus agentes, para afirmar la total capacidad que poseen las mujeres para ser ellas mismas, defenderse a sí mismas, vivir por sí mismas y existir con total autonomía.
       
Eso exige denunciar la “discriminación positiva” y considerar a quienes la respaldan como la peor expresión de misoginia y machismo de la historia. Así se podrá poner fin a la deriva feminicida que ha tomado nuestra sociedad.
       
La emancipación total de las mujeres es una de las grandes metas del proyecto de revolución integral, dirigido a crear una sociedad libre, sin ente estatal ni clase empresarial, por tanto, sin patriarcado ni neopatriarcado, libre de sexismo de uno u otro tipo. Afirmemos pues este 8 de marzo la gran idea de revolución total con las mujeres en la primera fila de la acción revolucionaria. De ellas depende la victoria.