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lunes, 27 de abril de 2015

REVOLUCIÓN INTEGRAL


Para muchos los problemas de nuestro tiempo se reducen al paro, los bajos salarios y los desahucios. Niegan, o no les preocupa, que estemos ante una gran crisis civilizacional, de naturaleza de la sociedad y de configuración del ser humano, que va muchísimo más allá de la depresión económica y la retracción del consumo.

Las sociedades europeas, y las sociedades planetarias, están cada vez más jerarquizadas. Padecemos un Estado policial “protector” (fórmula destinada a velar la razón de Estado), una invasiva estructura parasitaria-coercitiva que cada año se apodera de una parte creciente de la riqueza social, privándonos más y más eficazmente de libertad, virtud y autonomía, colectiva y personal. La gran empresa multinacional ha devenido un macro-poder que no sólo ahoga la vida económica con su ineficiencia, voracidad, precios monopolistas, abusos mil y parasitismo instituido sino que invalida la libertad civil, política y de conciencia de las clases populares y del individuo. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación unen a sus usos fundamentales, los militares, la degradación de la relación entre las personas y el entontecimiento mental de las multitudes. Hoy el sujeto medio ha renunciado a vivir para mirar pantallas.

El régimen que organiza la Constitución de 1978, al que denominan “democracia”, es una dictadura política clásica, que se ejerce a través de los partidos, las elecciones, el parlamento, el sistema autonómico y las libertades formales. Todo ello niega al pueblo/pueblos las libertades, les imponen la dictadura de los bancos, el ejército, la policía, el poder judicial y el sistema educativo. Todo sistema parlamentarista y partitocrático es una dictadura, sea monárquica o republicana, se sustente en la Constitución citada o en otra que la sustituya, resultante de un nuevo proceso constituyente. Quien participa en el sistema político se hace parte de él, se convierte en una pieza más del orden de dictadura constitucional, partitocrática y parlamentarista. Forma la reacción política.

Hay, sin duda, una crisis de legitimidad del parlamentarismo y la partitocracia, que el proyecto revolucionario debe usar en su beneficio.

La juventud está siendo envilecida por el sistema educativo estatal y privado, así como por el “paternalismo” protector, familiar e institucional, que hace sumisos, irresponsables, débiles, amorales, conformistas, incultos e infantiles a los jóvenes. Ha desaparecido la moral de la vida social y personal, para dejar sitio a tres disvalores esenciales, la avidez de lograr poder sobre los demás, la codicia insaciable y la agresividad hacia los iguales. La actual crisis moral es una de las muchas que confluyen en la descomposición general del sistema. La guerra de todos contra todos progresa, trastornando las formas naturales de relación, afecto, solidaridad, apoyo y convivencia. La virtud cívica, o preocupación y compromiso por el bien común, se está esfumando, lo mismo que la virtud personal.

La voluntad de hacer la vida agradable a los demás ha sido sustituida por la agresividad verbal, que a menudo se justifica invocando la “sinceridad”. Las normas de cortesía y buenas maneras han dejado paso a procedimientos zafios, ofensivos, chocarreros, belicosos y torpes. El lenguaje se ha empobrecido y degradado hasta extremos pasmosos. Como consecuencia las relaciones interpersonales suelen ser una práctica difícil, desagradable e incluso dolorosa, contribuyendo a la desintegración del tejido social, por tanto, a erigir formas cada vez más patológicas de soledad y depresión. Sin duda, unas clases populares atomizadas, donde nadie intime con nadie, son las ideales para el sistema de dominación.

La cultura de creación popular ya ha sido destruida casi al completo, ocupando su lugar los subproductos de la industria del ocio y las logomaquias facturadas en la universidad. Por todas partes impera la soledad, la amargura, la tristeza, la anomia, la frustración, la falta de sentido y la depresión, con las personas forzadas a un autismo vivencial cuyo fundamento reside en que el igual es el enemigo, el Estado el ente protector y el dinero lo único que cuenta.

En estas condiciones el sujeto se está desintegrando, al ser reducido a una nada cada vez más sometida, aturdida, aflictiva, debilitada, ininteligente, enferma, acobardada, solitaria, vulnerable, angustiada, sufriente. Ése es el “ciudadano” del que tan ampulosamente hablan los políticos y los periodistas, una pobre criatura atrapada, de la que abusan y se mofan las élites del poder. En su desesperación existencial, la persona hiper-oprimida busca consuelo en el alcohol, los psicofármacos y las drogas “ilegales”, cuando no en las supersticiones y los fanatismos sectarios o clericales.

La constitución de una mano de obra extremadamente dócil y manejable, que saque a la productividad laboral de su actual estancamiento, y la creación de un sujeto del todo sumiso al poder político, son las metas que explican la asombrosa degradación del ser humano en el presente. Se pretende crear un subhumano funcional pero es posible que estén construyendo una criatura monstruosa, inútil para todo. En el desenlace del experimento se juega el futuro de la humanidad, lo que hace de ésta la cuestión más decisiva de nuestro tiempo.

El trabajo asalariado, la forma actual de esclavitud, que afecta al 85% de la población en los países europeos, tritura a la persona. El trabajo se ha hecho un suplicio porque es sin libertad, forzado, deshumanizado, coercitivo, carente de sentido, parcelado. Es el tiempo de la no-vida, la humillación, la desestructuración integral de la persona, la coerción y el desconsuelo. En tales condiciones se comprende que la productividad del trabajo esté prácticamente estancada desde hace decenios, lo que unido al despliegue de cada vez mayores expresiones de parasitismo y despilfarro, y a unos gastos militares, policiales, partitocráticos, adoctrinadores y funcionariales en ascenso, anuncia un futuro de pobreza creciente. Además, suben los impuestos, también para rescatar a los bancos y financiar a la gran empresa.

El Estado de bienestar, instaurado por el franquismo, ha sido un modo de sobre-explotar fiscalmente a los trabajadores pero ante todo de romper los vínculos naturales de ayuda mutua y relación interpersonal, para liquidar la comunidad popular, atomizar a las clases asalariadas y lograr el dominio, que se busca sea completo y definitivo, del ente estatal y la clase patronal. Ahora el fondo dinerario de reserva del Estado de bienestar está en rápida disminución, lo que unido a la crisis demográfica en curso, ocasionada por la desnatalidad, y a la creciente obsolescencia de la economía europea, hacen improbable que, a medio plazo, las prestaciones de aquél, en particular las jubilaciones, puedan mantenerse.

El Estado de bienestar primero rompió los lazos naturales de solidaridad y ayuda entre las personas e hizo al sujeto inútil para cuidar de sí mismo, y ahora anuncia que no será capaz de mantener asistida a la población… En un cierto plazo de tiempo, millones de personas van a ser paso a paso abandonadas a su suerte por el Estado protector, mucho más porque los recursos económicos existentes serán destinados a la reindustrialización, lo que originará una nueva revolución industrial de alarmante catadura. Todo ello tras expoliar a los pueblos pobres millones de personas, con el fenómeno de la emigración, decisiva operación de enriquecimiento de los países ricos a costa del Tercer Mundo que se cubre con hipócritas soflamas “antirracistas” y “multiculturales”. El Estado neo-patriarcal en curso es una virulenta manera de mantener la misoginia y la biopolítica, así como la infravaloración y desintegración de las mujeres con el victimismo como cuestión axial.

El sistema educativo arruina la inteligencia, voluntad, sociabilidad, sensibilidad, autoconfianza y autoestima del alumno, convirtiéndole en un sobreadoctrinado, en sujeto inculto, torpe, amoral y débil. La medicina institucional, la estatal igual que la privada, además de hacer cada día más ricas a las grandes empresas farmacéuticas, convierte a las gentes en enfermos sempiternos, en consumidores forzados de fármacos y tratamientos, en lo que es una espiral de destructividad que está dañando la salud física y psíquica de las personas. El pueblo ha sido degradado a populacho que anhela consumir y el ser humano a ser nada. Una minoría riquísima lleva una vida de derroche, caprichos y fasto, mientras que la gran mayoría siente envidia y desea ser como ella.

El sujeto común, lejos de ser meramente una víctima del sistema, en una alta proporción se ha hecho co-responsable activo del régimen de dominación política e hiper-acumulación de la propiedad. El capitalismo no son sólo los bancos, las grandes corporaciones y la empresa estatal, no es sólo lo externo a la persona corriente. Está también en el interior de cada cual, por lo que no hay sociedad anticapitalista posible sin lidiar contra el capitalismo interior. Definir éste con precisión y formular las vías para su contención y remoción es una apasionante tarea en buena medida por hacer.

La producción cultural y estética está en su mínima expresión al manifestarse agotadas las fuerzas creativas, al haberse constituido una sociedad sin ideales ni convicciones ni metas trascendentes y al ser el dinero y el Estado dueño de las mentes de intelectuales y artistas, con muy pocas excepciones. La cultura no puede prosperar en un orden de mercenarios, funcionarios y neo-funcionarios. Por doquier reina una incultura e ignorancia colosales, sólo comparable a la zafiedad y sordidez prevalecientes. Se está originando una ruptura, de consecuencias impredecibles, entre la juventud y los libros, cuyo responsable principal es el sistema educativo estatal-privado, una máquina anticultural descomunal. El colapso cultural que tuvo lugar en Roma en el siglo III, que llevó a la pérdida de buena parte de la cultura clásica, aquella que no fue salvada y transmitida por el monacato cristiano, se está repitiendo a una escala y rapidez mayores.

La cultura occidental está siendo desmantelada mientras los más horribles productos de la industria del ocio lo enseñorean todo. Religiones de tipo fascista acechan en la sombra, azuzadas y financiadas por el imperialismo y el gran capital europeo. Las elites europeas y estadounidenses reniegan de sus raíces culturales, promueven el hiper-criticismo sobre el pasado, reescribiendo la historia, y anhelan quitarse de encima la herencia cultural europea clásica, porque ya no toleran su parte positiva, en particular las nociones sustantivas de libertad, virtud cívica y autonomía del sujeto. El capitalismo, en su fase de hiper-concentración, necesita un individuo tan sometido, nulificado, depravado y sin inteligencia, que está en activa busca de nuevos paradigmas ideológicos y religiosos a imponer a las masas, sobre todo en Europa. Lo pertinente es no sólo rechazar el nihilismo cultural y defender la cultura clásica occidental sino desarrollar creativamente ésta, haciéndola de nuevo maestra de la vida y guía de las conductas.

Un espiritualismo prostituido se expande. Su lógica consiste en unir una supuesta espiritualidad y el dinero, haciendo de ello una actividad de consumo. Se mercadea con una espiritualidad sin ética ni valores, autista y egocéntrica, hedonista y eudemonista, centrada en la búsqueda exclusiva de la propia felicidad, con total desinterés por el futuro de la sociedad, el destino de la humanidad y el bien del otro. Un espiritualismo tan peculiar que espolea al sujeto a ser “feliz” conforme a los recetarios de gurús hiper-financiados mientras todo se desmorona en torno suyo… No hay espiritualidad auténtica sin rechazo del dinero, por tanto, sin voluntad anticapitalista, lo que otorga a aquélla una dimensión revolucionaria de facto. Porque espiritualidad y capitalismo son inconciliables.

El erotismo heterosexual es perseguido y el amor libidinal demonizado por ley. Las personas, en particular las mujeres, son forzadas a ser autómatas productivos y consumidores vehementes (mientras quede algo para consumir…)  incapaces de amar, cada día más frustradas y más adictas a los psicofármacos. Los niños son aborrecidos y los ancianos abandonados. El egoísmo más primario y desalmado domina, en una sociedad de la malquerencia, la intrascendencia y la desintegración anímica.
        
La mundialización, entre sus muchas negatividades, tiene la de aplastar las culturas y las lenguas vernáculas en todo el planeta, que están desapareciendo. Una humanidad uniforme, sin variedad ni pluralidad, sin vínculos con el pasado y sin memoria, se anuncia en el horizonte. Se impone el inglés, idioma venerado por quienes se conciben a sí mismos como mano de obra, y mucho menos como seres humanos, a venderse en el mercado laboral al mejor precio.

Por primera vez en la historia, en 2007 la población urbana del planeta superó a la rural, lo que es un hecho de consecuencias preocupantes. Las megalópolis fuerzan formas de existencia y relación antinaturales, siendo causa de un buen número de disfunciones y enfermedades, del cuerpo y del espíritu. El crecimiento de las ciudades mide el auge de los poderes despóticos en la sociedad actual, por lo que únicamente puede ser frenado y revertido con la aniquilación revolucionaria de tales poderes y la conquista de la libertad para el pueblo/pueblos. Para abastecer a las metrópolis la agricultura industrial mecanizada y quimizada está dañando de manera alarmante los suelos, los bosques, la calidad de las aguas y la biodiversidad.

Con el fin de satisfacer la imperiosa necesidad de mano de obra asalariada (neo-esclava) eficiente que tiene el capitalismo contemporáneo se ha establecido la ideología del profesionalismo, en particular dirigida a las mujeres, según la cual el trabajo es el todo, o al menos lo esencial, de la existencia. Esto está creando un sujeto empequeñecido, desarraigado y mutilado, que no sabe estar fuera de lo laboral y carece de atributos, destrezas y virtudes personales sustantivas, exhausto siempre e incapaz de pensar en otra cosa que no sea el trabajo, un neo-esclavo perfecto. Con ello el ser humano está siendo convertido en un robot productivo, con la particularidad de que tal androide finalmente ni siquiera es lo bastante productivo, al estar multi-degradado.

En lo que la Constitución de 1978 denomina España se ha formado una sociedad caracterizada por la acumulación de lacras y taras, en la que los problemas y las disfunciones se amontonan, una formación social que es primera en casi todo lo malo y última en la gran mayoría de lo bueno, a la que alguien ha denominado sociedad aberrante. La causa inmediata de ello es la acción del franquismo durante 40 años y, luego, la acción del parlamentarismo bajo hegemonía del progresismo durante otros casi 40 años. Franquismo y progresismo nos han dejado esa pesada y temible herencia, una sociedad inaceptable, hórrida, que ahora hay que revolucionarizar.

El mundo está dominado por el enfrentamiento creciente entre EEUU y China, las dos superpotencias del momento. Un mañana de militarismo y guerras se anuncia en el choque, que hasta el momento es económico, político, tecnológico, diplomático y financiero pero que irá a más, pues EEUU, con mucho la primera potencia militar, no permitirá que su rival, adalid de un capitalismo intolerable dirigido por el partido comunista, quede vencedor. Son numerosas las fuerzas de la reacción y la opresión en todo el planeta, pero entre ellas destaca el Estado fascista islámico de Arabia Saudí, vasallo del imperialismo yanki, seguido de cerca por el no menos fascista Estado islámico de Irán, ahora aliado de USA. Uno y otro, calcos del régimen fascista de Franco e incluso peores en algún aspecto, son causa eficiente de la más sanguinaria forma de fascismo en la actualidad, el islamofascismo, que amenaza a las libertades básicas en todo el mundo en beneficio de los amos del dinero, EEUU y las petromonarquías en primer lugar. Por todo el planeta los pueblos resisten a las fuerzas desencadenadas de la tiranía y la riqueza concentrada pero por el momento los logros son limitados.

En esta situación, tan calamitosa como compleja, algunos tienen claridad sobre el remedio al sinnúmero de los males del presente, “la redistribución de la renta”. Con ello, al parecer, todo queda solventado… El significado real de tal propuesta es hacer admisible la dictadura del dinero con la distribución de limosnas entre la plebe, legitimando aquélla con más consumo. Tan burguesa y ramplona formulación irá quedando en evidencia a medida que la crisis general múltiple en desarrollo de las sociedades europeas avance. Representan el punto de vista de una buena parte de las clases trabajadoras hoy, que se han desentendido de los problemas de nuestro tiempo para concentrase en un único asunto, maximizar su consumo. Tal sector social es meramente un apéndice del régimen burgués.

Muchos, corrompidos intelectiva y emocionalmente por el hedor que proviene de la burguesía, quieren llegar a las multitudes y a cada individuo a través del estómago, cuando lo apropiado es hacerlo por el corazón y la cabeza.

Lo cierto es que estamos ante el holocausto de los valores de la civilización, la aniquilación de la libertad y la trituración programada de lo humano, para constituir un régimen perpetuo de barbarie, mega-opresión y deshumanización, que es la meta perseguida por los poderes políticos y económicos desde las revoluciones liberales. Esto requiere una respuesta global de naturaleza revolucionaria, que integre las medidas económicas, políticas, culturales, espirituales, éticas, estéticas, de autoconstrucción del sujeto y otras para proyectar un programa completo dirigido a relanzar la vida civilizada, reconstruir al sujeto, realizar la libertad y rehacerlo lo humano.

Esa es la idea, ideario, proyecto y programa de la revolución integral.

Es una formulación de una complejidad colosal, que se propone liquidar el capitalismo, desarticular el ente estatal y hacer que la libertad política, de conciencia y civil sea real de manera razonable. Es cierto que está, como propuesta, poco desarrollada todavía, pero esa tarea puede hacerse en el futuro. El momento es excelente para hacerlo, porque el fracaso de los viejos dogmatismos supuestamente revolucionarios está liberando a las mejores mentes de ataduras y prejuicios. Hoy tenemos una experiencia acumulada enorme, que aplicada a la transformación de las sociedades contemporáneas puede otorgar logros sustantivos.

En unas circunstancias como las actuales hay que atender al todo y no perderse en luchas por metas parciales, asuntos locales y cuestiones de segundo orden que, incluso siendo positivas en sí mismas, desvían a muchas personas, en general de bastante valía, de las metas revolucionarias, haciendo de ellas reivindicadoras de reformas que por sí mismas en nada, o en muy poco, pueden cambiar lo primordial de los males de nuestro tiempo. Las prácticas reformadoras, además, impiden constituir sujetos de calidad, debido a que la grandeza propia del ser humano no alcanza a realizarse en un marco de minucias y pequeñeces. Para autoconstruirse el sujeto ha de pensar, preocuparse, ocuparse y practicar el todo. No basta con ser rebeldes, no es suficiente con sumarse a tales o cuales insurgencias puntuales, hay que ser revolucionarios.

La tarea es ingente: repensar, reformular y rehacer una nueva civilización, un nuevo orden social y un nuevo ser humano. Tal es la meta de la revolución integral.

El proyecto y programa de aquélla está en buena medida por hacer, en efecto. No hay prisa, porque lo significativo es que se haga desde la investigación de la realidad y la experiencia transformadora, y que sea obra de muchos, tarea colectiva. Hay bastantes elementos objetivos que impulsan el desarrollo de una nueva concepción del cambio social y personal apta para el momento crítico en que estamos, cuando el capital y el Estado/Estados se proponen instaurar un régimen de dominación absoluta y definitiva. Si, en tales condiciones, existe la voluntad de desarrollar y practicar la noción de revolución integral, esto es, si se da el factor subjetivo, se podrán alcanzar logros de importancia.

Las viejas teorías sobre la liberación de las clases trabajadoras, urdidas en el siglo XIX, han manifestado en la práctica social su carácter desacertado, desde la revolución rusa hasta la guerra civil española, sin olvidar las revoluciones antiimperialistas de los últimos decenios. Como sistema de ideas están agotadas. Se trata de sustituirlas por una nueva cosmovisión de transformación total que incorporando lo positivo de aquéllas establezca un nuevo sistema de referencia y orientación para la práctica revolucionaria planetaria en el siglo XXI.

En particular, deben ser rechazadas las interpretaciones mecanicistas y deterministas del cambio social, que niegan la cardinal función del sujeto, de la persona, en la historia y en el presente. La persona es lo fundamental. Precisamente, la cultura occidental se ha caracterizado por otorgar un lugar central al individuo, noción medular ignorada por las tesis mecanicistas, supuestamente “científicas” pero en realidad expresión de la crasa ignorancia de la historia y  de la realidad de su tiempo que padecieron quienes las formularon. Al teorizar de ese modo rompieron con nuestras raíces culturales, con los efectos prácticos observables, a saber, ir de fracaso en fracaso.

La propuesta de revolución integral recoge también la experiencia positiva de movimientos populares recientes, en particular el 15-M, enfatizando el superar su defecto cardinal, la debilidad del factor consciente y su incapacidad para ofrecer un proyecto de regeneración revolucionaria de la sociedad que vaya más allá de algunas reivindicaciones parciales. Quienes se comprometieron a fondo con el 15-M deben extraer lecciones de lo sucedido y derivar hacia lo que aquél no tuvo, metas trascendentales.

La revolución integral, más que un proyecto y programa es una cosmovisión, una forma de estar en el mundo. En lo personal es una persuasión a considerar la totalidad de lo real y de sí mismo con un enfoque revolucionario, buscando permanentemente lo nuevo, fusionando tradición con revolución, rechazando las manifestaciones caducas y superadas en todos los ámbitos de la existencia, innovando, creando, yendo siempre hacia adelante, aceptando responsabilidades y asumiendo riesgos, obrando por convicción interior y no por órdenes.

Su cimiento es la audacia reflexionada, el atreverse, el superar el temor para evitar el estancamiento y la rutina, el rechazar dogmatismos y fanatismos, siempre pendiente de la experiencia, de la realidad. Si todo eso se efectúa con la necesaria prudencia (inteligencia práctica), moderación y respeto por las personas y, al mismo tiempo, con confianza en sí mismo y en las propias potencialidades, se está obrando y viviendo de manera óptima.

No es, por tanto, el proyecto de revolución integral una propuesta politicista como tantas, que ignora al sujeto, el mundo interior y las fuerzas espirituales. No es, tampoco, una concepción intelectualista, menos aún racionalista o pedante, dado que considera como elementos primordiales de lo humano las emociones, las pasiones y la voluntad, por citar lo más concluyente del mundo psíquico. Similarmente, otorga a la convivencia y al sujeto convivencial, capaz de estar en comunidad y vivir con sus iguales en afecto y eficacia, una colosal significación, pues sin ello no puede haber colectivismo económico y social. Integral, en lo individual, es totalidad del yo, por eso rechaza los monodiscursos para optar por la multiactividad reconstructiva.

Las mujeres han de ocupar un puesto decisivo en la brega por la transformación total de la sociedad y el individuo. Su riquísima fuerza psíquica, su poderosa potencia física y su colosal capacidad para amar y dar son necesarias para reconstruir la totalidad de lo humano, que es de lo que se trata. Cuando todo se está desmoronado las mujeres han de afirmar su función de primordiales dadoras de vida y de continuidad.

Lo que hoy falta o está escasamente desarrollado en la cosmovisión y proyecto de revolución integral se irá autoconstruyendo, conforme a la práctica de autogestión del saber y el conocimiento. Se trata de ofrecer un proyecto de sociedad y un proyecto de sujeto, de aportar metas trascendentes y sublimes a una sociedad que carece de ellas, si se exceptúa las más egotistas, dinerizadas, ramplonas y burguesas. A una sociedad que padece por vacío ideológico, por falta de un proyecto global que vaya más allá de lo inmediato, la noción de transformación holística proporciona no sólo finalidad sino también esperanza.

La revolución integral es un acontecimiento en la historia, no fuera de ella, que está madurando y se realizará en el tiempo de la historia, diferente al tiempo biológico. En él está ya aconteciendo y ascendiendo pero no por necesidad, pues no hay ninguna fuerza que la haga inevitable, ninguna fantasmagoría providencialista que nos regale alguna sociedad fabulosa y perfecta puramente inventada, suposición que es un mero narcótico intelectual para sujetos que no creen en el ser humano.

Tendrá lugar por la decisión libre e informada de quienes aman la libertad, conforme a la formulación del filósofo E. Morin, “la acción es una decisión”. En efecto, la revolución integral, para ser, necesita ser elegida, escogida, decidida. Por eso su interpretación se sitúa en el mundo de la libertad, dejando los infantilismos deterministas, que anulan a la persona y niegan el libre albedrio, definitivamente atrás.

Lo significativo no es hacerse la pregunta sobre lo que va a suceder, siempre sin respuesta suficientemente fundamentada, sino acerca de lo que vamos a hacer y estamos haciendo. La revolución integral es eso, un esfuerzo y una lucha, un devenir mucho más que unos resultados. Sobre éstos la historia dirá pero sobre nuestra decisión respondemos nosotros.

4 comentarios:

  1. "El trabajo asalariado, la forma actual de esclavitud, que afecta al 85% de la población en los países europeos, tritura a la persona." y el otro 15%?

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  2. Excelente articulo como el anterior lo he publicado en Burbuja.info

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  3. Un gran poder, como la libertad, requiere una gran responsabilidad. La cuestión ya no es sólo espanhola, es global y afecta a cada persona individualmente... como parte del grupo. Pequeñas revoluciones y cambios a nivel personal provocarán transformaciones sociales a lo impermanente. Lo hacemos realidad juntxs, vamos a por la masa crítica! :)

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