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sábado, 13 de diciembre de 2014

LIBERTAD DE CONCIENCIA, RECOBRO DE LO HUMANO Y CAMBIO SOCIAL RADICAL (I)



La libertad de conciencia, noción seminal y meta estratégica, ha de ocupar un lugar central en el esfuerzo colectivo e individual por la libertad, sobre todo en una sociedad crecientemente liberticida, totalitaria y deshumanizada, por ello mismo aberrante y en putrefacción, sociedad que demanda ser transformada de manera sustantiva y radical. Así pues, la libertad de conciencia es objetivo determinante en el proyecto de revolución integral. A su lado, como causa y consecuencia, figura la libertad de expresión.
        
Libertad de conciencia significa autonomía para construir el propio mundo interior, no sólo el de las reflexiones y convicciones, el conocimiento y el saber, sino también el de los sentimientos, las emociones, las pasiones y las voliciones. Ser libres es pensar con libertad, sentir con libertad, desear con libertad, escoger con libertad. Es determinarse a sí mismo, ser por sí mismo y desde sí mismo.
        
No hay libertad de acción sin libertad de pensamiento, sin autonomía suficiente de la conciencia individual. No hay libertad política si la sociedad no es libre en lo más básico, la formación del universo espiritual de la persona. No hay libertad civil si el individuo es construido desde fuera por el poder establecido, en lo que tiene de específicamente humano, su mundo psíquico.
        
Una sociedad convivencial, o del amor de unos a otros, sólo puede erigirse desde la libertad, dado que el amor se escoge mientras que el odio se impone. Por eso todos los totalitarismos son cosmovisiones del aborrecimiento. Un orden social del amor ha de ser necesariamente imperfecto e inestable, en perpetua lucha y conflicto, pues si el amor se elige desde la libertad es porque existe junto a su opuesto, el desamor, lo que significa que hay libertad de elección. Y esa coexistencia entre el amor y el odio, entre la libertad y el despotismo, es siempre conflictiva.
        
Si optamos por el amor escogemos de facto la libertad, negamos el totalitarismo y nos situamos en una existencia de lucha y contienda permanentes, en un ser/no-ser arriesgado y doloroso pero fructífero. El desamor, el error y el mal han de ser combatidos pero no reprimidos. Las armas de esa lucha (que es sin final, permanente e inerradicable mientras dure la humanidad) han de ser la argumentación, la movilización, el testimonio, el recto obrar y la coherencia, no la coerción, la manipulación o el aleccionamiento.
        
La pelea por la verdad, inseparable del esfuerzo por la libertad de conciencia, ha de realizarse con las armas apropiadas, en primer lugar la aportación de formulaciones eficaces por su contenido de verdad y validez experiencial. Esta exigencia de un esfuerzo reflexivo cada vez más riguroso, así como de una práctica progresivamente más transformadora, excluye el uso de la censura, la represión y la manipulación.
        
La adhesión a la categoría axial de libertad de conciencia hace, en consecuencia, mejor al individuo porque le exige compromiso con la verdad, rigor argumental, asunción de responsabilidades, juego limpio y respeto por el otro. De ahí que la libertad de conciencia sea una de las nociones decisivas para superar la situación de ser nada, de criatura múltiplemente nulificada, propia del sujeto hoy.
        
La fabricación de la persona desde fuera -desde arriba- por el poder, incluso cuando la operación ha sido “bien realizada”, proporciona un individuo de inferior vigor anímico, potencia vital y aptitud creadora, pues lo que maximiza al sujeto es autoconstruirse. Por eso es inherente a todos los totalitarismos, políticos y económicos, religiosos y laicos, de derechas y de izquierdas, empequeñecer a la persona, hacerla inferior y degradada.
        
La calidad del sujeto, o su ausencia, mide el grado de libertad de una sociedad dada, en particular de la libertad de conciencia. El pavoroso derrumbe de la valía y virtud del individuo en las sociedades contemporáneas prueba su naturaleza mega-totalitaria.
        
La formación social actual niega en los hechos la libertad de conciencia, la autonomía del pensamiento individual y colectivo, con múltiples instrumentos destinados a adoctrinar y a amaestrar: el sistema educativo, la publicidad comercial y política, el actuar de la pedantocracia y estetocracia, el trabajo asalariado (la peor forma de amaestramiento hoy en curso), los partidos políticos, la industria del espectáculo, el temible poder mediático, la tecnología de la “sociedad de la información y el conocimiento”, el ascenso del islamofascismo como genocida instrumento del imperialismo occidental, y tantos otros.
        
Todos ellos deben desaparecer a través de la lucha. El proyecto de revolución integral ha de realizar una de las mayores transformaciones positivas de la historia, instaurar un orden social en el que la libertad de conciencia sea real y cotidiana, lo que permitirá a todos y a cada uno mejorarse cualitativamente como persona, al autoconstruir conscientemente su propio mundo interior, a la vez reflexivo, emotivo, pasional, erótico, estético y volitivo.
        
Dadas esas condiciones se podrá decir que existe una humanidad en todo el sentido de la palabra, al estar formada por sujetos que desde la libertad y la responsabilidad, por su propio esfuerzo y con la cooperación de sus iguales, se escogen, hacen, edifican y crean a sí mismos en tanto que seres humanos totales, completos, integrales.

Entonces desaparecerán los seres nadificados y anulados propios de este aciago momento de la historia de la humanidad. Entonces será real la libertad/libertades del individuo y del cuerpo social. En tales condiciones fluirá la creatividad individual y colectiva, al tener cada cual una vida interior rica, auténtica, específica y autocreada.
(Continuará)

3 comentarios:

  1. "el ascenso del islamofascismo como genocida instrumento del imperialismo occidental," que cojones.

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    Respuestas
    1. Vaya, hombre, seguramente que pensarás que el extremismo o radicalismo islámico es una respuesta "compensatoria" al imperio del bloque occidental y hasta podrás comprender que Foucault apoyara en un principio la revolución de los Ayatolas.
      No es cuestión de testosterona, ronaldinho, se trata de analizar la geopolítica con la perspectiva que da el conocimiento histórico no oficial(ista) ni académico-adoctrinador.

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    2. Una cosa es el Islam y los países musulmanes, y otra las disidencias controladas que han surgido por parte muchas veces de la propia CIA y los Estados Unidos como las revoluciones árabes de 2011, al qaeda e isis. Ojo, porque es peligroso decir que ambas son lo mismo, hasta tal punto de querer anular a una cultura entera.

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