lunes, 10 de diciembre de 2012

LA CASA DE LAS MILICIAS CONCEJILES DE ARÉVALO (ÁVILA)



La ignorancia de nuestra historia, o peor aún, la imposición desde el poder del Estado, desde el Ministerio de Educación, de ocultaciones, medias verdades y mentiras políticamente útiles para el orden constituido, destinadas a formar esa hórrida mixtura que se presenta como “historia” ortodoxa, lleva a negar y excluir la acción del pueblo en los grandes acontecimientos del pasado.

Sobre las milicias concejiles, populares o municipales de nuestra Edad Media, hay estudios de bastante enjundia, los de Carmela Pescador, María Dolores Cabañas, Antonio Sacristán y Martínez o James F. Powers, además de otros varios autores y autoras que se ocupan del asunto de manera secundaria pero que, aún así, aportan datos y reflexiones a veces de bastante entidad.
        
La historiografía oficial, la que se enseña en la escuela “pública” (estatal) y en la universidad “pública” (estatal), se niega a admitir la verdad sobre esta parte de nuestra historia, en la que el pueblo, armado y autoorganizado para defender las libertades del municipio, que eran la parte sustancial de las libertades políticas, económicas y civiles de esa época, resultaba ser el protagonista.
        
Incluso la expresión “milicias concejiles” es tan desconocida que cuando se pronuncia, también ante personas de amplia cultura, es escuchada con sorpresa e incredulidad: tal es el asombroso grado de falseamiento del pasado a que se entrega el Ministerio de Educación y sus paniaguados.
        
Así las cosas, en la villa de Arévalo existe todavía un monumento denominado incluso en las guías turísticas “casa de las Milicias Concejiles”. No quedan muchos restos materiales más. En Zamora, en la salida de la muralla conocida como Puerta de Olivares, hay una inscripción de 1230, medio borrada por la erosión, que se refiere a la épica actuación de las milicias (concejiles) de Zamora en la liberación de Mérida del imperialismo islámico el antedicho año. No hay otras referencias arquitectónicas, que yo sepa, salvo en la documentación de la época, donde sí son citadas con profusión, para desesperación de la historiografía mendaz, monetizada y trapacera de nuestros días.
        
La conocida como “casa de las Milicias Concejiles” de Arévalo es, en realidad, un edificio de confusa adscripción. Lo que se observa hoy es, con casi total seguridad, del siglo XVI, cuando las milicias concejiles dejaron de estar activas a finales del siglo XIII, salvo algunas excepciones. En todo ello hay un notable grado de confusión, que la investigación realizada para escribir este comentario no ha podido aclarar. Es posible que en el lugar existiese un espacio edificado para la concentración de las milicias, o con más probabilidad para la celebración de sus asambleas, lo que es congruente con su ubicación extramuros del Arévalo medieval. Tal vez ese edificio fuese remodelado sucesivamente, hasta perder casi del todo su fisonomía primera aunque conservando su nombre original.
        
Las milicias concejiles eran la organización armada de los varones de la villa, esto es, de todo los vecinos. Estaba a las órdenes del concejo abierto, o trama de asambleas soberanas en la que se agrupaban hombres y mujeres. El concejo mandaba sobre las milicias concejiles, que eran su brazo armado. Cada año el concejo, o sea, la asamblea de las vecinas y los vecinos, designaba al jefe militar que debía mandar aquéllas. Era el adalid.
        
Las funciones de las milicias concejiles, populares o municipales, eran defender la libertad y soberanía del municipio con las armas en la mano. Ello exigía un adiestramiento constante, que se hacía en el palenque, y una exhibición de su preparación para el combate defensivo y ofensivo, que tomaba el nombre de alardes, en los que el adalid revisaba el estado de armas y caballos, y comprobaba la preparación para la lid de los milicianos.
        
Los caballos y las acémilas provenían de las yeguadas comunales, que pastaban en los prados propiedad del concejo, esto es, de la totalidad de las vecinas y los vecinos. Para organizarse, las milicias se reunían en asamblea, aprobaban Reglamentos, decidían quienes se ocupaban de hacerlos cumplir cuando la asamblea no estaba reunida y establecían qué bienes y socorros debían otorgarse a las familias de quienes murieran en la batalla, así como a los que resultaran heridos o mutilados en ella. La eficacia militar de esta formación armada de soldados no profesionales, puesto que todos eran vecinos (un varón por cada casa habitada) es legendaria.
        
Sus integrantes eran valerosos combatientes por la libertad municipal, la defensa del comunal, la soberanía del concejo abierto, el derecho consuetudinario y luego foral, la convivencia entre las diversas religiones y la libertad de las mujeres.
        
En Arévalo existe al menos otro edificio más que nos lleva a ese mundo asambleario, miliciano y concejil, esto es, rotundamente popular. Es la Casa de los Sexmos, de los siglos XIV-XV según los entendidos. Sexmos eras las seis partes en que la Tierra de Arévalo se dividía para su organización y autogobierno. En cada uno de ellos se agrupaban las aldeas próximas entre sí. Todas éstas reunían su asamblea concejil, donde se debatían los problemas incluidos en el orden del día, tomando decisiones por mayoría simple. Si éstas afectaban a la totalidad de la Villa y Tierra de Arévalo, cada aldea designaba a dos portavoces (no representantes) que obligados por el mandato imperativo, acudían a las reuniones de los voceros de todas las demás aldeas del Sexmo. En tales encuentros se designaba a un equipo de portavoces que llevaban las decisiones de cada uno de los Sexmos a los encuentros que en Arévalo tenían lugar regularmente entre los enviados por cada uno de los Sexmos y los de la villa. Las reuniones se realizaban en la Casa de los Sexmos, que aún está en píe, en un lugar más céntrico del casco medieval, la Plaza de la Villa, un espacio magnífico, en el cual la imaginación puede recrear el mundo popular medieval sin mucho esfuerzo.
        
Por tanto, en Arévalo, plasmados en piedra, como edificios reconocibles, tenemos dos que refutan las horripilantes ocultaciones, mentiras y calumnias de la historiografía oficial, enseñándonos qué hemos sido, mostrándonos una historia que no sólo es verdadera sino que al ser popular, asamblearia, concejil, comunal, tolerante, no sexista y miliciana nos debe enorgullecer, además de guiar nuestra acción política y ética diaria.
        
Amigas y amigos: id a Arévalo y comprendeos a vosotras y a vosotros mismos comprendiendo nuestro pasado. Así os haréis más aptos para las tareas de la revolución integral.

“TRATADO DE FITOTERAPIA SUPERIOR” Fermín Cabal – 2008


Desde que existen los seres humanos, e incluso desde antes de producirse la hominización, se han servido de las plantas para aliviar sus dolencias y curar sus enfermedades. A esa práctica se la denomina fitoterapia.
        
Claudio Galeno, el médico por antonomasia, se valía de preparados con hierbas, frutos, raíces, cortezas y hojas, tratados de variadas maneras, para curar. Dicho sea de paso, dice mucho de la inteligencia de Galeno que fuera un adversario acérrimo de las funestas doctrinas epicúreas. También Hipócrates utilizaba sus formidables conocimientos de las plantas para combatir las dolencias.
        
Con el desarrollo de la química y la puesta a punto de la llamada “ciencia médica” todo ese saber fue empujado fuera del ámbito de las prácticas curativas, tachándosele de “supersticioso” e “ineficaz”, cuando no de curanderismo. En no pocas ocasiones se ejerció y ejerce la represión por medio de leyes y normas legales contra quienes persistían en usar la sabiduría popular y los productos de la naturaleza para curarse y curar a sus iguales.
        
La razón de todo ello fue y es doble. Por un lado, el pueblo debía ser aculturado, para hacerle dependiente de la medicina oficial, alopática, de tal modo que la enfermedad se hiciera causa de acumulación de capital, bien con la medicina privada o bien con la medicina “pública” oficial, no menos mercantilista que la primera, pues de ella se sirve el Estado para llenar sus arcas con los pagos obligatorios que se han de hacer a la Seguridad Social. En un segundo momento, el ente estatal enriquece a las empresas farmacéuticas, las grandes beneficiarias del régimen del Estado de bienestar.
        
Por otro, todo el saber popular tenía que ser destruido. Sólo los sabios, los expertos podían curar. El médico, o profesional de la medicina, fue investido de poderes colosales, que son los que hoy tiene. Con ellos maneja a sus pacientes como si fueran cosas, les obliga a delegar en él/ella la tarea del cuidado de la propia salud, convirtiendo la relación médico/paciente en un vínculo de subordinación anímica del segundo al primero. Con todo eso se avanza mucho en la enajenación y cosificación del sujeto, lo que le hace más dependiente, infantilizado, sometido, ininteligente, irresponsable, acobardado y servil. No hace falta decir que esto NO es una crítica a los médicos, muchos de ellos personas ejemplares y abnegadas en grado superlativo, sino al sistema, a la estructura, al orden constituido en este terreno.
        
Todo esto comenzó con el anuncio institucional de que la fitoterapia era una superchería inútil, cuando no perniciosa, y que sólo las medicinas químicas, producidas en la gran industria capitalista, resultaban eficaces contra las enfermedades.
        
Dado que las plantas que curan están por todas partes, al alcance de cualquiera, no podía mercantilizarse la medicina sin hacer proceder los remedios curativos de una fuente que fuera propiedad privada, la industria química, por ella misma y por su sección especializada, la industria farmacéutica. En efecto, si los remedios se elaboran con corteza de aliso, bayas y flores de saúco, cola de caballo, llantén, ajenjo, lirios, ruda, hortensia, hojas de nogal, bayas de espino blanco, valeriana y tantos otros productos vegetales, en ese caso no hay mercantilización posible.
        
Es verdad que ahora sí la hay pues la vida en las ciudades hace difícil e incluso imposible lograr tales plantas, pero eso es un componente negativo más de una sociedad basada en las megalópolis. Viviendo en pequeñas poblaciones una buena parte o todas de las plantar curativas, así como de las comestibles no cultivadas, están literalmente al alcance de la mano. Los herbolarios son algo tan de las ciudades como el asfalto, el automóvil, la soledad, la amoralidad y el hormigón.
         
El libro comentado señala que la medicina química y tecnológica hoy en uso (sí, esa que con tanto ardor defiende cierta izquierda, que la califica de “conquista popular” con gran contento de la industria farmacéutica) causa hasta el 70% de las enfermedades, para las que señala, por tanto, causas iatrogénicas. Advierte que si se usara la fitoterapia muchas de tales dolencias no existirían. Cierto, aunque quizá aquel porcentaje es demasiado elevado.
        
Ciertamente, la eficacia e inocuidad de un parte de los tratamientos de la fitoterapia están, a mi entender, por probar. No se puede tener una posición crédula y acrítica sobre nada, pero eso no niega que muchos de los preparados de herboristería sean eficaces, más que los de la medicina ortodoxa, estatal. Al mismo tiempo, no debe descartarse a priori todo que la medicina alopática preconice, defienda y haga.
        
Por otro lado, no se puede olvidar que hay plantas venenosas, e incluso mortales[1]. Una parte de las curativas lo pueden ser si la dosis es excesiva o se administran inadecuadamente. En consecuencia, hay que buscar el equilibro entre todos los aspectos, actuar de un modo experiencial, no dejarse llevar por filias o fobias apriorísticas y buscar en todo lo razonable.
        
Sin duda, la recuperación de una medicina sustentada en buena medida en las propiedades medicinales de la flora será un gran logro.



[1] Una introducción a este asunto es el libro “Frutos silvestres comestibles y venenosos”, Manuel Durruti. Que todo lo natural es “bueno” es una majadería. Por ejemplo, las bayas de una planta tan común y omnipresente como el aligustre son bastante venenosas, lo mismo que los del arraclán. Los frutos del aro macho, tan espectaculares, son muy tóxicos. Los de la belladona, si no se usan con mucho cuidado, suelen ser mortales, quitando la vida por asfixia a quienes los ingieren, una forma horripilante de morir. Los del bonetero, que parece que nos están invitando a ser comidos, con su atractivo color rojo vinoso, matan a una persona que se trague unos pocos de ellos. Para terminar, es la observación y la experiencia, y no los dogmatismos o creencias de un tipo u otro, los que deben guiar nuestro actos en todo.

sábado, 8 de diciembre de 2012

LOS PUEBLOS DE EGIPTO Y TÚNEZ CONTRA EL ISLAMOFASCISMO


Las grandes movilizaciones populares en Egipto en diciembre de 2012, que han tenido como escenario no sólo la plaza de Tahrir sino otros muchos lugares, contra el gobierno islamofascista de los Hermanos Musulmanes, agentes del capitalismo egipcio, del ejército, del imperialismo yanki y del saudí, han significado que la insurgencia popular que comenzó en enero de 2011 ha entrado en una nueva fase, esta vez con el fascismo islámico como blanco político principal.
        
Los Hermanos Musulmanes son una organización islamofascista creada en 1923 bajo la protección de los servicios especiales británicos, destinada a ser fuerza de choque del colonialismo inglés, entonces la potencia dominadora en Egipto. So pretexto de ortodoxia religiosa, manipuló los textos fundamentales del Islam para ofrecer una interpretación en lo medular indistinguible de las teorías de Mussolini, entonces en ascenso en todo el mundo.
        
Su esencia es un culto ciego por el Estado, además de por el capitalismo, y una veneración por la violencia y el terror que se eleva incluso a necrofilia (recordemos el “¡Viva la muerte!” de Millán Astray, el compadre de Franco). Esto explica que el patrono de los Hermanos Musulmanes sea el multimillonario islamista Jairat el Shater que es, junto con EEUU y Arabia Saudí, principal financiador del partido fascista religioso egipcio.
        
Iniciado el alzamiento popular a comienzos de 2011 contra el régimen autocrático de Mubarak, los islamofascistas, que habían colaborado con el dictador de muchas maneras, y que habían sido multi-subvencionados por él, se mantuvieron por un tiempo a la expectativa, dudando entre lanzarse contra el pueblo, junto con el ejército, o “sumarse” a la revuelta para manipularla desde dentro. Finalmente, optaron por esta segunda estrategia, asesorados por su actual jefe político y militar, EEUU.
        
Valiéndose de la explotación de los sentimientos religiosos de una parte del pueblo, y anunciando a voz en grito que eran “un partido democrático” (después de decenios de una violencia terrible, en especial contra las mujeres, por ejemplo, contra la escritora Nawal al Saadawi), los Hermanos Musulmanes ganaron las elecciones, igual que hizo el partido nazi en 1933.
        
Tal fue el primer paso de su estrategia para la conquista del poder, calcada de la llevada adelante por el nacional-socialismo en Alemania a partir de 1930. El segundo momento ha sido otorgar al presidente, Mohamed Morsi, poderes excepcionales en la nueva Constitución, para convertirle en un dictador. El tercer paso será, según la planificación nazi, la ilegalización de las organizaciones populares, la apertura de campos de concentración, la persecución aún más atroz de las mujeres y el inicio de los asesinatos a gran escala. Como expresa el escritor egipcio Ahmed A. Latif, para los salafistas, que desempeñan ahora en Egipto la función que las SA tuvieron en Alemania en los años decisivos de la conquista del gobierno por los nazis, quienes luchan por la libertad “son infieles a los que pueden matar con la conciencia tranquila”.
        
El pueblo de Egipto se ha alzado contra el islamofascismo en defensa de la libertad y, sobre todo, para llevar adelante el proceso insurgente iniciado hace ahora dos años. Una causa principal de insurrección está siendo la respuesta al acoso callejero de las mujeres que están haciendo los SA-salafistas, en particular a las que no llevan velo, forzadas, agredidas y humilladas en la calle por miles.
        
Pero no sólo el pueblo se opone al islamofascismo. También lo hace una parte de las elites del poder, temerosas de que la brutalidad, codicia, misoginia y fanatismo de aquél tenga efectos contraproducentes, al promover una respuesta popular que culmine en un gran estallido revolucionario que ponga fin a la dictadura del Estado y de la clase empresarial, hasta ahora protegida por el islamismo de Estado, impuesto por primera vez en la Constitución egipcia de 1971, que incorpora la “sharia”. Tal documento legal fue obra del presidente Sadat, un títere de EEUU… y por ello mismo un promotor del actual islamofascismo. La ley debe realizarse exclusivamente desde la voluntad del pueblo, y demandar que sea una pretendida normativa clerical la que la haga o la inspire es una de las señas identificadoras del fascismo islámico.
        
Lo que sorprende favorablemente en Egipto es la fuerza colosal de la reacción popular, que se ha enfrentado en la calle a los islamofascistas en centenares de ocasiones, haciéndoles retroceder y obligándoles a ponerse en evidencia como aliados del ejército, que ha tenido que salir a la calle a proteger a los fascistas, como suele hacer en todos los países y en todos los tiempos. Sin el apoyo del ejército y la financiación del gran capital, egipcio y sobre todo extranjero, el fascismo islámico habría ya sido barrido en Egipto. Hay que comprender que el imperialismo saudí desea convertir a Egipto en una semi-colonia suya, para lo cual financia a fuerzas que traicionan los intereses del país, en primer lugar los salafistas y los Hermanos Musulmanes.
        
Parece, pues, que ante la estrategia nazi-clerical de conquista del poder el pueblo egipcio está contraatacando con una contra-estrategia antifascista integral, similar a la que se aplicó en “España” en 1933-1936. Esperemos que la confrontación total con el fascismo se eleve a acción popular en pro de una revolución integral.
        
En Túnez las cosas están en una situación similar. Después que el gobierno islamista estableciera de facto que toda mujer violada lo es por su propia “inmoralidad”, atrocidad que desató una respuesta popular contundente, el partido islamofascista en el poder, Ennahda, reforzó sus bandas de matones y apaleadores, que ahora están concentrados en atacar con las armas en la mano a los trabajadores organizados en UGTT, el principal sindicato tunecino. Aquí vemos también como el islamofascismo sigue al pie de la letra el manual nazi para la conquista del poder gubernamental. Lo mismo hizo en Argelia en los años 80 y 90 del siglo pasado, pero entonces no se quiso ver lo que estaba sucediendo, cegados por la reaccionaria estrategia e ideología del “antiimperialismo”.
        
La reacción de la clase obrera tunecina está siendo muy rotunda, y es posible que una gran huelga general pare los pies a los escuadristas y pistoleros del nuevo fascismo religioso.
        
En numerosos países el islamofascismo es ya la forma principal de fascismo, promovida por el imperialismo occidental (sobre todo EEUU, Inglaterra, Francia y España), por el gran capital islámico y por Arabia Saudí (en ciertos casos también por Irán), país islamofascista por excelencia y firmísimo aliado del imperialismo estadounidense, la renacida Alemania Nazi del siglo XXI.

El fascismo se ha manifestado hasta el momento como: 1) partidos de masas lanzados a la conquista del gobierno, en Alemania e Italia, y, 2) fascismo militar, sobre todo en España y numerosos países (por ejemplo Chile en 1973, con Pinochet) de Latinoamérica, Asia y África. Ahora adopta una tercera forma, la del islamofascismo, que pretende crear movimientos multitudinarios para conquistar el poder, de ahí que siga milimétricamente la estrategia hitleriana.
        
Aunque siguen existiendo las formas clásicas de fascismo, los partidos neonazis y de extrema derecha (sin olvidar a las religiones políticas, matriz fecunda de ideología totalitaria), ésas están bastante debilitadas. Por ello, desde hace decenios, los planificadores y estrategas del imperialismo occidental han ido poniendo a punto la ideología, organización, cuadros y programa del islamofascismo, para utilizarlo no sólo en los países árabes sino en todo el mundo, incluida Europa, lo que ya denuncio en mi libro “Crisis y utopía en el siglo XXI”. Esta imputación sorprendió a muchos, exactamente a aquéllos que viven intelectualmente de tramposos dogmatismos fabricados en tiempos de la guerra fría, por lo que no estudian día a día la realidad. Ahora los hechos vienen a dar la razón, con toda rotundidad, a las formulaciones que en él se contienen.
        
En Argelia, Libia, Siria, Palestina, Mali y tantos otros países, el imperialismo occidental y el gran capital árabe, sin olvidar al sionismo, se están sirviendo del islamofascismo, esto es, del fascismo del futuro, el mejor adaptado a las condiciones del siglo XXI. Pero el alzamiento popular en Egipto y Tunez, así como en otros muchos países (por ejemplo, Mali) significa, probablemente, el inicio de su fin, el desenmascaramiento de esta forma atroz de dictadura clerical del Estado y el capital. Aún costará mucho derrotarlo, pero será vencido finalmente. De hecho, los últimos acontecimientos manifiestan su esencial debilidad y fundamental descrédito, incluso en países donde el Islam político ha dominado los medios de comunicación, los órganos legislativos, las asociaciones patronales y los centros educativos desde hace muchísimo tiempo.
        
Una importancia enorme en la resistencia al islamofascismo están teniendo las mujeres, su principal víctima, por causa de la trastornada misoginia de ese totalitarismo. Claro que no son sólo las mujeres las que padecen al nuevo fascismo. Bajo el islamismo de Estado, los agnósticos y ateos están sometidos a una terrible persecución. Los trabajadores, como se observa ahora en Túnez, son atacados en sus organizaciones sindicales. Los pueblos oprimidos, los tuareg por ejemplo, son asimismo victimas de aquél (en este caso directamente fabricado y financiado por Francia). Los homosexuales están siendo exterminados, sobre todo en el Irán islamofascista, cuando tienen derecho a la libertad más completa para manifestarse como son en todos los países del mundo. Los intelectuales son también blanco del nuevo fascismo, pues bajo el pretexto de perseguir “la blasfemia” el Estado islámico les impone una férrea censura. Los musulmanes que tiene una interpretación popular y revolucionaria de su fe son quizá los más violentados y acosados por el islamofascismo. Y podría añadirse a esta lista a otros muchos sectores sociales que están siendo agredidos.
        
El islamofascismo ataca y oprime a todos, al mismo tiempo que se fusiona con el ejército, la policía, la gran banca, las empresas petroleras multinacionales, el imperialismo occidental, los jeques multimillonarios de Qatar, los Emiratos Árabes y Arabia Saudí y, en definitiva, toda la flor y nata de la reacción mundial. Hoy es el enemigo principal inmediato de la libertad a escala planetaria y la formación anti-revolucionaria más militante.
        
Las mujeres son la fuerza principal de la resistencia al islamofascismo. Ellas son sus víctimas y al mismo las combatientes en la primera línea. Entre las que en los países de islamismo de Estado están resistiendo al nuevo fascismo destaca Tawakul Karman, una musulmana de 34 años que, además de enfatizar la función desempeñada por las féminas en los alzamientos populares de 2011 en los países de islamismo obligatorio, advierte que “la religión debe ser personal, no algo impuesto por el Estado”. Muy bien, muy correcto. Hay que separar por completo el Estado y la mezquita, hay que poner fin al Estado islámico, haciendo de la religión (o de su ausencia) un acto espiritual e íntimo, que tiene lugar en el corazón de cada ser humano, y que por eso mismo es un acontecimiento libre, no una imposición del aparato estatal.
        
Cuando la fe religiosa brota de la propia convicción interior, cuando expresa el deseo de infinitud y trascendencia del ser humano, es del todo respetable, igual que lo es el ateísmo. Pero cuando es impuesta por el Estado, como sucede en todos los países de islamismo de Estado, además de convertirse en una caricatura de sí misma, se degrada a mero fanatismo homicida, manipulado desde el poder político, militar y económico.
        
Aquella mujer expresa el islamismo popular y revolucionario que se está desarrollando en contra del islamofascismo. En la lucha contra éste, musulmanes, creyentes de otras fes y no creyentes deben mantenerse unidos, comprendiéndose y respetándose mutualmente y compartiendo el programa de una revolución integral planetaria, para crear unas sociedades donde la libertad de conciencia sea real, prevalezca la convicción interior sobre las imposiciones exteriores, convivan muchas formas de concebir lo humano y no exista ni Estado (por tanto, islamismo de Estado) ni capitalismo (por tanto, islamismo financiado por el gran capital).
        
En efecto, se ha de contar con todas y todos para la tarea de la revolución integral también con el Islam popular y revolucionario, ¡cómo no!
                                                                                    (Continuará)

jueves, 6 de diciembre de 2012

SOBRE LA AUTO-DISOLUCIÓN DE LA ASAMBLEA CONTRA EL TAV DEL PAÍS VASCO


Con tristeza y melancolía, aunque no con sorpresa, he conocido la disolución de la Asamblea anti-TAV de Euskal Herria. Iniciada en 1993, ha desaparecido 19 años después sin dejar apenas nada.
        
Varios de mis libros son consecuencia de dicha Asamblea. En el más difundido, Naturaleza, ruralidad y civilización, su capítulo probablemente más importante, “El concejo abierto y el mundo rural popular” es la transcripción de una charla organizada por la Asamblea contra el TAV en Urbina, Álava, el 5-1-2007. Fue un día muy frío, mucho, pero el calor humano y el entusiasmo de quienes asistieron al acto colmaron las incidencias climáticas. Precisamente en Urbina, dos años después, la Asamblea contra el TAV manifestó su poder movilizador, congregando a miles de personas, a pesar de la fuerte represión policial. Otro de los trabajos incluido en aquél, “Por una sociedad desindustrializada y desurbanizada”, fue el contenido que desarrollé en la acampada organizada por la Asamblea contra el TAV en Alegui, Gipuzkoa, el 24-7-2005.
        
Crisis y utopía en el siglo XXI es el texto escrito de la charla dada en Donosti el 23-3-2009, promovida por la sección local de la Asamblea contra el TAV. El debate fue profundo, a ratos difícil y tenso pero siempre cordial. Al terminar un grupo numeroso de amigas y amigos recorrimos la parte vieja, tomando unos vinos, charlando relajadamente. La ciudad más vasca de todas las de Euskal Herria estaba plena de vitalidad, mismidad y júbilo en el inicio de la primavera.
        
Antes de entrar en el análisis deseo enviar un saludo emocionado a las amigas y amigos que durante tantos años han manifestado su voluntad de cambiar la sociedad, preservar el medio ambiente y salvaguardar lo más esencial de Euskal Herria. Conozco bien su constancia, inteligencia personal, entrega, pasión, valentía, espíritu de sacrificio y afabilidad. Durante años han mantenido en alto la enseña de la lucha contra los proyectos ecocidas, antipopulares y desarrollistas del actual sistema de dominación. Lo que han hecho tiene que escribirse, para que lo conozcan las nuevas generaciones y forme parte de la historia del pueblo vasco. Mi recuerdo más sentido va para las personas que han sido detenidas, golpeadas, multadas o encarceladas por llevar adelante las movilizaciones y luchas. Ellas y ellos son los verdaderos héroes de nuestro tiempo.
        
En ese estado de ánimo inicio el estudio imparcial y constructivo de la ejecutoria de la Asamblea desde que tomé contacto con ella, en 2004.
        
A partir de 2009 la Asamblea decayó de manera notable. Una parte de quienes la constituían se retiró, y aquéllos que se quedaron se enzarzaron en disputas tan absurdas como cargadas de mutuo rencor, lo que indicaba que el proyecto estaba en las últimas.
        
El primer desacierto observable era la falta de una estrategia. La Asamblea anti-TAV no tuvo ni un análisis estratégico ni un plan de acción basado en él, que recogiera con objetividad las condiciones en que la resistencia al mega-proyecto desarrollista debía hacerse, y formulase los contenidos, procedimientos y expectativas futuras. Con timidez y sin insistir, en alguna de las asambleas, expuse que la cuestión de la estrategia era decisiva, pero ciertos elementos turbios rechazaron de plano la propuesta, y la mayoría no la consideró en su real y decisiva importancia.
        
A falta de una estrategia, el activismo se convirtió en el procedimiento habitual. Se trataba de hacer, hacer, hacer, de hacer lo que fuera y como fuera, sin pensar, sin plan, sin proyecto, sin reflexión. A partir de 2008, a medida que los cambios a peor en la sociedad vasca se fueron asentando y las obras del TAV avanzaban, el activismo se convirtió en una huida hacia adelante, que presagiaba el desventurado final. Los mencionados elementos turbios, que hicieron de la Asamblea un espacio para el lucimiento personal y la promoción de sus averiados productos literarios, se hicieron los más decididos defensores del activismo, pues gracias a él podían estar a menudo, pancarta en mano, en las páginas de la prensa.
        
El activismo es un modo socialdemócrata de tratar la acción social que tiene dos efectos observables: destruye a largo plazo las luchas y destruye a las personas que se implican en dichas luchas.
        
Como consecuencia del activismo no hubo una estrategia pero tampoco hubo una producción de ideas de una mínima valía y rigor, dejando de lado algún folleto aislado. Asimismo, no se formó a las personas que se comprometieron en la lucha, al contrario, éstas retrocedieron en su calidad como individuos a causa del hacer-hacer-hacer, desenfrenado y sin cerebro, que ocupaba todo su tiempo y energías, y que les embrutecía y anulaba. Por ello ni se formó un núcleo de personas con aptitud y capacidad para mantener la actividad resistente, ni se produjeron textos (todo se quedó en panfletos, pues el activismo es inseparable del panfleto) ni, como se ha dicho, se formuló una estrategia.
        
Por tanto, a causa de la ceguera activista la Asamblea ni siquiera logró comprender que los grandes cambios políticos a peor que estaban dándose en Euskal Herria, en particular el fuerte reflujo de las luchas populares y la dramática mengua de las estructuras organizativas de base, exigían formular un plan de acción diferente al de 1993, lo que ya era obvio (para quien lo quisiera ver) en 2005. No se hizo así: la sociedad estaba cambiando pero las ideas y procedimientos de la Asamblea siguieron siendo los mismos. Esta contradicción fue importante en la tarea de liquidar de facto a aquélla.
        
La esterilidad en el ámbito de la producción de ideas y de la formación de las personas, pues muy poco de positivo se ha hecho en lo uno y lo otro en 19 años, es lo que quizá más llama la atención de la historia de la Asamblea contra el TAV.
        
Pero hay más. En realidad sí había una estrategia, aunque implícita, la de los nuevos movimientos sociales surgidos en los años 60 y 70 del siglo pasado. En concreto, las luchas antidesarrollistas son una simple adecuación del activismo ecologista en surgido aquellos años. Sus postulados serán los siguientes: 1) dado que la revolución no es posible -en realidad quieren decir que no es deseable- se trata de librar “luchas” parciales contra el sistema, para ir eliminando sus excesos más visibles, pero sin cuestionarse su esencia, conviviendo con él y conciliando, en definitiva, con él, 2) la victoria en tales “luchas” no proviene del desarrollo de los factores de la conciencia sino de un activismo obsesivo, 3) la cuestión más decisiva ni se planteaba, que incluso resultando victoriosas tales luchas en nada importante alteran el meollo del sistema (la sociedad es igual de capitalista con el TAV que sin el TAV), por lo que sólo de una manera muy tenue y diluida pueden ser consideradas subversivas, 4) las ideas e ideales, la calidad de las personas, el análisis de conjunto de la sociedad, los problemas convivenciales, espirituales, culturales y morales no tenían cabida, con lo que se libraban luchas especializadas, circunscritas a un ámbito muy restringido, que tocaban asuntos muy parciales y que debido a ello, por sí solas, ni podían atraer y mover a amplios sectores y ni siquiera podían consolidar un núcleo militante estable, como se ha visto en el caso que estudiamos, 5) dichas luchas sectoriales en muy poco contribuyen al desarrollo de los factores de la conciencia.
        
El olvido de la idea de revolución, en su única forma hoy posible, como revolución integral, esto es, como respuesta total a unas condiciones terribles y de una colosal complejidad creadas por el hiper-capitalismo y el mega-Estado contemporáneos, es la clave de todos los errores cometidos por la Asamblea anti-TAV. En efecto, sólo esa seminal noción puede proporcionar la visión estratégica, la producción de materiales y la calidad de las personas que se necesitan para abordar con éxito las luchas parciales que exigen ser libradas ya.
        
Los elementos turbios dentro de la Asamblea, apoyándose en la obra del supuesto “crítico de la tecnología”, Jacques Ellul, al presionar con malas artes (nunca se atrevieron, que yo sepa, a plantearlo de manera honrada, a las claras, en las asambleas, todo se quedó en esa cosa vil que es la “política de pasillos”) en contra de la idea de revolución, y de su consecuencia lógica, la de formular una estrategia para las luchas antidesarrollistas que tuviera como referencia la revolución integral, se hicieron factores de primer orden en la liquidación de la lucha y en la ruina de la Asamblea. Primero la usaron en su propio beneficio, como mera plataforma, y luego cuando ya vieron que era un juguete roto y sin utilidad la abandonaron a escape, en vez de quedarse a poner remedio al desastre. En ocasiones utilizaron mis textos y mi persona como blanco de ataque, dado que en ellos la idea de revolución es permanente y central. Así pudieron enmascarar mejor su acción destructiva y liquidadora.
        
Lo que no es revolución es reacción, y quienes despotrican contra la revolución están loando el capitalismo y el Estado, que sólo con la revolución pueden ser extinguidos. Por tanto, ¿cómo puede avanzar la lucha antidesarrollista sin comillas desde un enfoque a favor del Estado y el capitalismo? Esto es lo que propone Ellul y los que siguen dogmáticamente sus formulaciones, falsamente antitecnológicas pues ese autor, al negar la revolución y al hacerse él mismo agente cualificado del Estado francés, apoya lo que es la matriz misma de la tecnología, el Estado, traicionando sus aserciones iniciales, alguna no del todo descaminada[1].
        
No menos incoherente es pretender luchar contra la tecnología y el desarrollismo desde la especialización, constituyendo un movimiento de especialistas. En efecto, dado que la sociedad tecnológica se fundamenta en la especialización más extrema, a través de la división social y técnica del trabajo, su negación exige la no-especialización, una concepción holística, integral, de la resistencia y las luchas, de las ideas y las personas. Aquélla concepción de la acción “antitecnológica” una vez más manifiesta ser lo contrario de lo que parece, una maquiavélica afirmación de la sociedad tecnológica en su meollo mismo.
        
Cuando la Asamblea contra el TAV se convirtió en un cuerpo de expertos y especialistas (como le sucede a los movimientos y luchas ecologistas) en lidiar con un sólo problema, estaban afirmando lo que decían combatir, por un lado, y por otro negándose a sí mismos una visión de conjunto del problema, sin el cual no podían realizar una estrategia, cuya falta llevaría el proyecto al desastre final, como así ha sido.
        
La parte no puede sustituir al todo. Para ser operativa, la parte ha de ir unida, en la reflexión y la acción, al todo y al conjunto. La Asamblea incurrió en el colosal fallo de desentenderse del todo, de los problemas claves de la sociedad vasca, para fijarse en uno de ellos, y sólo en uno. Eso pudo funcionar, aparentemente, cuando dicha sociedad mantenía un alto nivel de movilización (que era el resultado de otras muchas cuestiones, la lucha de liberación nacional sobre todo) pero se hundió en el momento en que el reflujo de las luchas se hizo presente. En el derrumbe de la Asamblea se ha cumplido con rigurosidad el principio de que en todas las circunstancias la parte depende del todo, de modo que cualquier enfoque sectorial y especializado es siempre erróneo.
        
La estrategia de lo parcial, lo limitado y lo “concreto”, propia de los movimientos sociales imitadores de la socialdemocracia que niegan la revolución, junto con las tesis de facto pro-tecnológicas de los dogmatizados discípulos de Ellul, que son incapaces de pensar por sí mismos y se limitan a repetir una y otra vez las enunciaciones de los textos del “Maestro”, al parecer verdades eternas, perfectas y absolutas, como si fueran la Biblia o el Corán, sin tener en cuenta la realidad actual y las condiciones del presente, son, en el terreno de las ideas, las causas del desdichado final de la Asamblea Anti-TAV. Y lo serán de todos los movimientos que signa el mismo esquema teorético y estratégico.
        
En efecto, una peculiaridad de quienes siguen los férreos dogmatismos y las variadas religiones políticas que se crearon en los años 60 y 70 es que no aprenden de la experiencia, no se dejan guiar por la realidad, al desdeñar la noción más decisiva, la de verdad experiencial, concreta finita. Dado que son creyentes y no personas capaces de pensar desde los hechos, repiten una y otra vez los mismos errores, cosechando una y otra vez los mismos fracasos…
        
Los “nuevos movimientos sociales” de hace medio siglo, además de ser ya viejos y vetustos, son una variante de la estrategia socialdemócrata, que hurta las grandes cuestiones, se mofa de la centralidad de los factores de la conciencia, niega la revolución y se concentra en luchas parciales por reformas dentro del sistema, perfeccionándole en realidad. En sí mismos no tienen nada de revolucionario. Además poseen un descomunal poder para embrutecer y mancillar a las personas y se convierten una trampa en la que quedan apresadas un sinfín de gente, que llegando de buena fe al compromiso social y medioambiental se ven cogidas en una espiral de degradación y desintegración personal.
        
Por ejemplo, las asambleas concretas eran de un nivel bajísimo, sin apenas contenidos, volcados en las tareas “prácticas”, además  de abundar en rifirrafes personalistas, originados por la falta de tratamiento de los decisivos problemas convivenciales, así como por el peso de las ideas de los diversos maestros y textos del odio, Nietzsche, Stirner, el “Manifiesto SCUM” (el panfleto de cabecera del nazi-feminismo) y otros. Solían ser, por tanto, acontecimientos descorazonadores, que deprimían a quienes se aproximaban al movimiento, de modo que una buena parte de estas personas abandonaban su compromiso al poco de haberlo iniciado. Por eso en lo organizativo la Asamblea era un constante movimiento de gentes, unas llegaban y otras tantas se iban, sin que se consolidara un conjunto amplio y estable. Sólo una minoría muy reducida aguantaba tantas y tan agresivas disfuncionalidades.
        
En la etapa terminal las deficiencias y errores se amontonaron. Perdida ya toda noción de decoro, se llegaron a realizar charlas de información sobre las actividades de la Asamblea lata de cerveza en mano, y por supuesto con el más completo desprecio por las artes oratorias. El colapso de lo convivencial convirtió a la Asamblea en un hervidero de enfrentamiento personales, cruce de acusaciones (algunas de lo más despreciables) y odios cainitas. Era el final.
        
Sea como fuere, la Asamblea contra el TAV se ha terminado. Y esto tiene lugar en un momento en que, por un lado, reina la paz social en Euskal Herria y, por otro, todas las sociedades europeas se están adentrando en una crisis general y múltiple en desarrollo. Ante ello, tras decenios invirtiendo tiempo y energías en cuestiones concebidas de un modo socialdemócrata y “luchas” desconectadas de los grandes problemas del conjunto, apenas hay respuestas. La indigencia intelectiva, el bajísimo nivel reflexivo, la dramática escasez de personas de calidad y formación es lo que domina abrumadoramente. Una estrategia socialdemócrata, la de los nuevos movimientos sociales ha dado sus frutos, y ahora estamos ante una situación de tierra arrasada.
        
A quienes son incapaces de aprender nada tanto como de olvidar nada, el consejo apropiado es, por favor, iros a casa, dejadnos. A los que sí están dispuestos a cambiar, la primera idea a considerar es obvia: hay que empezar de nuevo, hay que comenzar casi desde cero.
        
En la etapa actual las asambleas (que se han casi esfumado) y las grandes “luchas” (que están igualmente desparecidas) no pueden ser lo principal del imaginario radical. Si se trata de principiar un nuevo ciclo de acción de resistencia, hay que dar los primeros pasos de todo nuevo periodo histórico. Tenemos que formular una estrategia, eso para comenzar.
        
Desechado el activismo, por liquidador y embrutecedor, se trata de crear las bases reflexivas de las futuras luchas revolucionarias, así como las personas formadas y de calidad, partiendo de un conocimiento exacto de las condiciones actuales, para lo que se ha de dejar de lado los dogmatismos y las ideas fijas. La verdad proviene de la experiencia y de los hechos, no de lo que dijo tal o cual gurú, teórico o sabelotodo.
        
En tales circunstancias los “grandes” tinglados no valen. Lo apropiado son los grupos pequeños, de afinidad, que tengan un plan de trabajo coincidente y se coordinen entre sí. Necesitamos con urgencia Equipos de Reflexión y Acción que se atrevan a pensar a largo plazo, digamos a 10 años vista, que se basen en lo mejor producido hasta ahora en el terreno de las ideas, que tomen como propia la tarea de la revolución integral, de la formación de las personas y de la búsqueda de soluciones a los gravísimos problemas convivenciales, para insertar las luchas antidesarrollistas sin comillas en donde realmente están, la acción general por revolucionarizar la sociedad y revolucionarizarnos como personas, en un momento histórico particularmente dramático, por causa de la destrucción de la esencia concreta humana, que es el gran y verdadero problema de nuestro tiempo, muy por encima de los medioambientales, y que ha de ser considerado como medular para tratar éstos con eficacia.
        
Así lograremos destruir la sociedad tecnológica.



[1] Cuando en 1954 J. Ellul publica La technique ou l’enjeu du siècle, lo hace contado con “la ayuda del Ministère Français chargé de la Cultura- Centre Nacional du Libre”, según se lee en su edición en castellano de 2003, con el título La edad de la técnica. El carácter “subversivo” de tal texto se pone de manifiesto también en que aquí la Editorial Labor lo publicó en 1960, esto es, bajo la dictadura y la censura franquistas, sin ningún problema, al parecer. Posteriormente Ellul se especializó en atacar la idea misma de revolución, en varias de sus obras, para pasar directamente a colaborar con el Ministerio del Interior francés, como sin sonrojarse narra en uno de sus libros, para asesorar a éste en la persecución de los movimientos populares de finales de los años 60, rebajándose con ello a un jerarca de la policía entre otros. Por tanto, su proyecto de crítica “antitecnológica” estuvo subvencionado desde el primer momento por el Estado francés, fue bien acogido por el Estado franquista español y culmina en un uso oportunista y mixtificador de dicha crítica para servir a su patrono de toda la vida, el aparato estatal, en particular el ejército y la policía. Por eso sus discípulos actuales abominan de toda idea de revolución, me atacan por defenderla, y preconizan nada menos que una sociedad “no-tecnológica” con el capitalismo y bajo la dictadura del Estado, lo que es una mera impostura y demagogia. Todas esas ideas ultra-reaccionarias, inyectadas en la Asamblea Anti-TAV por mis detractores, han contribuido en mucho a su liquidación, pues no puede haber una estrategia antidesarrollista viable sin poner en el centro la noción misma de revolución integral. Como era de esperar, la ideas de Ellul ofrecen una visión mística, en buena medida irracionalista, literaria y beata, no asentada en análisis concretos y asombrosamente reduccionista, de la crítica de la tecnología, que no vale para ese propósito, también porque su verdadera intención es defender al par Estado-capital, como hacen sus discípulos actuales, meros voceros de la anti-revolución en un momento en que la gran crisis de las sociedades europeas va poniendo en el orden del día precisamente eso, la gran tarea de la revolución.

RECONSTRUIR AL SUJETO Y A LA SOCIEDAD A TRAVÉS DE LOS VALORES

Estamos en una sociedad aberrante donde los seres-nada llevan vidas subhumanas. La miseria espiritual y la desestructuración personal son el componente fundamental del orden actual. Ante esta catástrofe de lo humano tenemos que movilizarnos.

Hay que volver a una vida fundamentada en valores, para hacernos sujetos de calidad.
        
Los valores son nociones generales que, escogidos de manera libre y responsable, orientan y organizan nuestras vidas, en su dimensión personal o íntima tanto como en su expresión social o comunitaria. El actual régimen de dominación impone a todas y todos una larga lista de disvalores, extravíos y patologías del espíritu, que son presentados de manera favorable e incluso muy entusiasta por una larga nómina de sujetos y colectivos a sueldo del poder constituido, los cuales se las suelen dar de “antisistema”  cuando son de los peores agentes del sistema.
        
Los disvalores nos destruyen, los valores nos construyen.
        
Los disvalores son los propios de una sociedad dominada por la burguesía y sus agentes, mientras que los valores son imprescindibles (digo imprescindibles) para crear una sociedad libre y autogobernada, para realizar la revolución integral.
        
Por eso el desenfreno burgués se lanza contra los valores. Tal es el caso de Manuel Cruz con su texto “El amor como imbecilidad transitoria”, que no considera lo más evidente, que el desamor es una de las peores formas de imbecilidad permanente. El capitalismo necesita del desamor, del odio, del enfrentamiento, del egoísmo, de ahí que sus peones intelectuales ponen manos a la obra, a la tarea de denostar el amor. Frente a la inmensa tropa de los maestros y maestras del odio hemos de construir una sociedad de los valores, de la amistad, del compañerismo, del apoyo mutuo, de la solidaridad, del desinterés, de la cortesía, en suma del afecto, la amistad y el amor.
        
En lo más sustantivo los valores son parte integrante al mismo tiempo que causa agente y meta de la revolución integral. Porque los disvalores son burgueses y los valores revolucionarios.
        
Haré, pues, una lista de valores, y cada semana, más o menos, iré colgando un comentario sobre uno de ellos en mi Blog. Lo haré con espíritu experiencial y práctico, no teorético o profesoral, no pedante o parlanchín.
        
Los valores que deseo interpretar y reformular conforme a las condiciones de la hora presente son los que siguen:
Esfuerzo, servicio, dignidad, convivencia, generosidad, olvido de sí, creatividad, responsabilidad, reflexión, análisis estratégico, verdad, belleza, sublimidad, combatir el mal interior, fortaleza, valentía, templanza, renuncia, equidad, eticidad, deber, espiritualidad, vida interior, silencio, fortaleza, autosuficiencia, culpa, entusiasmo, equidad, bipartición, paciencia, sacrificio.
        
Algunos se parecen mucho a otros, pero prefiero repetirme, o casi repetirme, antes que tratarlos a medias, pues al fin y al cabo dicen que la repetición es el meollo de la buena exposición de las ideas.
        
Amigos y amigas, iremos estudiando un valor cada semana, más o menos, si las fuerzas del destino nos lo permiten. Espero vuestra participación y colaboración.
        
Se prestará especial atención a un plan para vivir todos y cada uno de los valores, para hacer de ellos normas que orienten nuestras vidas, para hacernos mejores, para elevarnos sobre nuestra miseria cotidiana, para llegar a ser lo que somos, seres humanos integrales.
        
Con los valores haremos la autoconstrucción del sujeto. Con el sujeto autoconstruido haremos la revolución integral.