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lunes, 23 de mayo de 2016

MATANZA EN YESTE

El 29 de mayo de 2016 hacen ochenta años de la “matanza de Yeste (Albacete)”. En ella, cumpliendo órdenes del gobierno de Frente Popular, y con el respaldo de todos los partidos y sindicatos de izquierda, la guardia civil dio muerte a 17 campesinos y dejo gravemente heridos a un centenar. En los días anteriores había habido casos graves de detenciones y torturas en dicha localidad, que fue lo que desencadenó, como causa inmediata, la rebelión popular. El motivo último estuvo en la movilización vecinal para recuperar unos montes comunales, privatizados años antes, en aplicación de la legislación emanada de la revolución liberal española, de la Constitución de 1812[1].

         Yeste fue un caso entre docenas y docenas, probablemente cientos. El gobierno de Frente Popular, así como las fuerzas políticas y sindicales que lo formaron o pidieron el voto para él, se posicionaron contra la revolución popular espontánea en ascenso en la primavera de 1936. Esto llevó a sucesivas matanzas de campesinos, trabajadores, mujeres, etc., así como a un número enorme de detenciones y torturas, una parte de las cuales ocasionó la muerte de quienes las padecieron. En mi libro se hace una relación y cuantificación de tales sucesos, si bien incompleta.

         El Frente Popular fue el gobierno de la anti-revolución española en esos meses críticos, cuando las clases populares se estaban alzando en revolución contra el poder empresarial y terrateniente, así como contra la dominación del Estado. La línea de actuación de aquél se basó: 1) usar los procedimientos políticos propios del parlamentarismo para mantener confusas, divididas y sumisas a las gentes, 2) acudir a la represión, violentísima, de las manifestaciones concretas de insurgencia proletaria y popular, 3) permitir de facto al ejército preparar su alzamiento, para el caso de que fracasase el Frente Popular, como así sucedió.

         En aquella primavera por todas partes había exigencias de devolver a los pueblos los bienes comunales expoliados por el liberalismo y el progresismo. Se acumularon varios miles de demandas concretas, bien documentadas, que la demagógica ley de reforma agraria de la II republica obligó a archivar. Lo mismo aconteció con las normas legales aprobadas por el Frente Popular. Cuando la población rural comprobó que éste era al guardián del poder terrateniente, y que la izquierda era su fundamento, se puso en marcha autónomamente, originando un gran movimiento revolucionario.

         Los sucesos de Yeste fueron el escarmiento, fríamente planeado y ejecutado siguiendo órdenes de Madrid, contra dichas movilizaciones, la sangrienta advertencia de lo que les sucedería a los pueblos y aldeas (miles) que estaban defendiendo con actos la propiedad comunal expoliada.

         La actuación de los partidos y sindicatos de la izquierda varió ente ocultar lo que había sucedido y justificar la mortífera acción de la guardia civil. Todos coincidieron en no hacer nada, en no denunciar ni movilizar. Lo mismo acaeció en los otros muchos Yeste que hubo. Ninguno de los partidos o sindicatos integrados en el Frente Popular rompió con el gobierno de éste por tales acontecimientos. Todos permanecieron como una piña tras la guardia civil y la guardia de asalto, aplaudiendo cada una de sus fusiladas, respaldando los innumerables actos de detención y torturas, que llevaban a la gente a la muerte tras sufrimientos por lo general largos y terribles.

          Las clases populares, en tiempos de la II República, fueron víctimas de la derecha y de la izquierda, del fascismo y del republicanismo. En 1931-1933 la represión corrió a cargo del PSOE y los republicanos en el gobierno, que ordenaron efectuar cientos de hechos de sangre, entre ellos la matanza de Casas Viejas (enero de 1933). En 1934-1935, la violencia institucional fue administrada por la derecha en el gobierno, que realizó la represión violentísima de la heroica comuna asturiana (octubre de 1934). En 1936 fue el Frente Popular quien se encargo de cumplir esa tarea. La izquierda y la derecha actuaron del mismo modo, intercambiando sus funciones según los momentos, siempre contra los trabajadores y a favor del capitalismo y el Estado.

         En la primavera de 1936 se fue constituyendo una situación revolucionaria en desarrollo, imperfecta pero muy real, a la que se iban sumando cada vez más población rural y más trabajadores de la industria y los servicios. La izquierda no sólo se situó en contra de dicha revolución en ascenso sino que fue su verdugo. Los jefes de tales partidos y sindicatos, que estaban prosperando a cargo del presupuesto estatal una vez aupados a los empleos y prebendas otorgados por el gobierno del Frente Popular, no movieron un dedo cuando todo el país se estaba convirtiendo en un Yeste.

         Los luctuosos acaecimientos que analizamos, de los que el 29 de mayo se cumple el ochenta aniversario, deben servir para realizar una amplia reflexión personal sobre nuestra historia inmediata. De ella han de salir conclusiones aplicables al presente y el futuro. 



[1] Lo expuesto proviene de mi libro “Investigación sobre la II República española, 1931-1936”, en particular del capítulo “El Frente Popular contra la revolución popular”.

3 comentarios:

  1. Entre lo que el estado ha perfeccionado sus métodos y su armamento y lo que se ha perdido de conciencia de clase y de fraternidad, algo así ya es impensable y cuanto más tiempo pasa, más se aleja el sueño de una reacción popular, más allá de una recogida de firmas o una batucada de esas que dan tanto miedo al estado.

    Saludos.

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  2. Me gustaría saber si Rodrigo Mora sabe algo del rexismo o todo esto que escribe se le ha ocurrido a él ¿?

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  3. http://katehon.com/es/article/comunidad-y-ciudadania-dos-modelos-de-sociedad-antagonicos

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