jueves, 8 de noviembre de 2012

CATALUNYA. ¿"INDEPENDÈNCIA" O ALLIBERAMENT NACIONAL INTEGRAL?



La proposta feta pel principal partit reaccionari de Catalunya, CiU, d'una política i programa "independentista", acompanyat per l'esquerra més corrupta, pro-capitalista i deshumanitzadora, ERC, ha creat un notable impacte en l'opinió pública catalana, espanyola i europea en general. A moltes i molts alarmen, a més, els procediments amb que aquesta política s'està portant a l'opinió pública catalana, ja que no respecten l'autonomia espiritual del subjecte i en molt poc es diferencien de les campanyes publicitàries més censurables, o dels sistemes d'adoctrinament habituals en els pitjors totalitarismes.
Tot això exigeix una presa de posició pública.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

CONFESIONALES Y ANTICLERICALES DICEN LO MISMO SOBRE LA INMIGRACIÓN



No deseo ofender a nadie pero tampoco puedo dejar de decir la verdad (lo que entiendo que es la verdad) en una asunto cardinal.
        
Tengo ante los ojos el folleto “Solidaridad con los inmigrantes”, del Partido SAIN (Solidaridad y Autogestión Internacionalista), una formación católica, por lo que el folleto contiene citas del papa Juan Pablo II. Es una obra hecha con brío, e incluso agresiva, populista, en la denuncia de los sufrimientos, reales o inventados, de la comunidad inmigrante.
        
Lo significativo es que el enfoque del problema en nada está en desacuerdo, y ni siquiera es menos radical, de lo que resulta habitual en los panfletos de la izquierda más extrema y comecuras, en esta cuestión.
        
Por eso digo que confesionales y anticlericales, en el mencionado asunto, coinciden en lo esencial. Bastaría suprimir las frases del papa para que cualquier izquierdista o anarquista o lector devoto de los editoriales de El País o activista de una ONG laica lo apoyase.
        
Pero yo difiero. Difiero del folleto. Difiero de unos y otros.
        
El paternalismo es una forma de racismo, y todos (por desgracia, todos) los textos que conozco sobre la inmigración son paternalistas, racistas pues, dado que tratan a los inmigrantes desde arriba, no se ponen a su nivel, no los consideran como iguales, ansían “ayudarlos” como si fueran niños o niñas: en eso se manifiesta el racismo y chovinismo cultural de quienes escriben esos textos.
        
Convertir a los inmigrantes en víctimas es un modo de deshumanizarlos, pues nadie es ante todo una víctima sino en primer lugar una persona, un ser humano. Luego puede sufrir tales o cuales situaciones de opresión o explotación, pero al referirnos al asunto debemos tener muy en cuenta que estamos tratando con un ser humano, que es responsable de sus actos y no mera víctima, y al que hay que considerar en pie de igualdad, con capacidades propias, que puede y debe modifica su situación por medio del propio esfuerzo y la autocritica, pero no a través de la “ayuda”.
        
Es atroz que lo que mueve a todas y todos en la cuestión e los inmigrantes sea el sentimiento de pena, el “¡pobrecitos!”, el olvido de la dignidad y autorrespeto de la persona que está aquí llegada desde fuera, la o el inmigrante.
        
Como consecuencia de todo ello se define a éste como un sujeto irresponsable, con el que adoptar posturas caritativas y asistenciales, en vez de tratarle en pie de igualdad, esto es, recordándole que tiene deberes además de derechos, como todas las personas. Quienes en este asunto no son capaces de dejar a un lado el asistencialismo y la mentalidad limosnera deben mirar hacia el interior de sí para descubrir lo muy racistas que son.
        
Y, como se dijo, los paternalistas (por tanto, racistas) definen al inmigrante como un sujeto con sólo derechos, sin deberes ni obligaciones, alguien que por su pretendida situación de pobreza extrema (lo cual no es cierto quizá en el 80% de los casos) puede hacer lo que le venga en gana, y al que nunca se les pueden exigir responsabilidades en el trato con sus iguales.
        
Empecemos a hacernos preguntas más allá de lo caritativo, paternalista y lacrimógeno. ¿Es ético que una persona abandone su país y los suyos para ir a integrarse en la sociedad de consumo?, ¿no saben quiénes lo hacen que con ello dañan a la sociedad donde nacieron?, ¿no conocen que el fenómeno de la emigración monetiza, fomenta el capitalismo y destruye la sociedad popular, en buena medida autosuficiente hasta hace poco, en sus países de origen, creando mucha más miseria y hambre?
        
Tras la retórica pro-inmigrantes habitual está una idea perversa, el derecho de todas y todos al consumo. Esto es inasumible.
        
Los inmigrantes vienen de sociedades en que se hace necesario un inmenso esfuerzo en pro de la justicia social, en pro de la revolución integral. En vez de eso ellos escapan, eluden sus responsabilidades, se van a consumir. ¿Eso es políticamente justo?, ¿es éticamente admisible?
        
África está llena de déspotas y genocidas, como Paul Kagame, ese hombre negro que es el mayor criminal hoy vivo, o como Nelson Mandela, el jerarca de Sudáfrica, que en el verano de 2012 mandó -desde la sombra- ametrallar a los mineros que se le oponían. Véase, una lección práctica de lo que es el racismo y el “anti-racismo”: un jefazo negro, tenido por algunos como el ejemplo práctico de la lucha anti-racista, anti-apartheid, el señor Mandela, negro, manda a la policía, negros y blancos unidos, a asesinar en masa a los mineros negros…
        
Si quienes tienen que estar allí resistiendo a los tiranos se vienen para acá, a consumir, ¿qué será de África y los pueblos africanos? Entiendo que alentar esa inmigración es la expresión más aciaga del racismo. La tarea de los inmigrantes es hacer la revolución en su propio país, no emigrar a los países ricos. Si son sujetos con conciencia quienes están aquí han de considerarse autocríticamente y volver a su país de origen para sumarse a la acción revolucionaria allí.
        
Podríamos decir más cosas sobre esta materia, muchísimas más. Lo dejamos aquí. Pero no se olvide: todos dicen lo mismo sobre este crucial problema, mientras que yo difiero de todos. Todos son racistas de facto, yo no. Por eso me cisco en las religiones políticas, la del anti-racismo neo-racista en primer lugar, ese invento de la progresía pro-capitalista y racista de nuevo tipo, repetida luego por izquierdistas y anarquistas de Estado. Y también por los activistas católicos.
        
Las religiones políticas son las creencias que estructuran el actual sistema de dominación. Sin refutarlas e incluso denunciarlas nada se puede hacer hoy.

HALLOWEEN COMO EXPRESIÓN DE LA ACULTUACIÓN Y DESINTEGRACIÓN MENTAL GENERAL



Hubo un tiempo en que los pueblos de “España” no sólo apreciaban su cultura sino que además la construían y creaban por sí. Tenían sus propias tradiciones, fiestas, narraciones, música, prácticas culturales y conmemoraciones, en las que expresaban su singular y propia manera de estar en el mundo, concebir lo humano y encarar los problemas más cardinales de nuestro destino y condición.

Si, aunque muchos no se lo crean, hubo un tiempo no demasiado lejano en que las cosas eran así.

La tarea de demolición la empezaron los Ilustrados. Para ellos, pedantes y redichos, lo popular auto-creado era una masa de “supersticiones” a erradicar. Luego llegaron los liberales y jacobinos y, sin dar tregua a la bayoneta, dictaminaron que todo lo popular era “clerical” y en consecuencia digno de ser purificado en la hoguera y ante el pelotón de fusilamiento. El progresismo y con él la izquierda apostillaron de “burgués”, cuando no de “franquista”, casi cualquier expresión de saber, celebración y cultura popular. Lo tradicional, dicen, es “reaccionario”, mientras que todo lo moderno, esto es, todo lo anglosajón, es “emancipador”, en especial el idioma inglés. Y no sólo lo anglosajón sino lo ajeno en general, orientalismos, indigenismos y otros ismos de importación, muy útiles además para crear sentimientos, lo más intensos posible, de culpa colectiva y autoodio de masas a los pueblos europeos.
        
Y así Halloween llegó a convertirse, en menos de un decenio, en una fiesta “popular”, esto es, “propia” y “auténtica”, que muchos cientos de miles de seres aculturados hasta lo inverosímil y degradados hasta lo inexpresable celebran en las calles de nuestras ciudades. En particular, cierta juventud nula y estupidizada, el producto previsible de un sistema educativo “público” que lleva decenios vomitando sobre las mentes de las y los adolescentes, con la bendición de la izquierda, una masa asombrosa de mentiras, maldades, horripilancias y perversiones, se ha apuntado a celebrar la fiesta anglosajona, hortera y aculturadora por excelencia. Ya es “nuestra”, ya es “de aquí”.

No es sólo esta mamarrachada de máscaras zafias y caras pintadas sin gracia ninguna la que expresa el abandono -culpable- de la propia cultura sino un sinfín de acontecimientos, que día a día contribuyen a reforzar el estado general de depresión y bajísimo tono vital en que vive la sociedad actual. Citaré un caso más. Cuando estuve en Valencia en junio de 2012, en la Fira Alternativa de València, me sorprendió desagradablemente que de las dos docenas de casetas con alimentos sólo un par de ellas estuvieran dedicadas a la cocina valenciana. Lo hablé con un amigo valenciano, y ambos compartimos la desolación, enojo e impotencia que tal situación nos creó.

Las gentes de mentalidad “alternativa” son enemigos fundamentales de la cultura popular, aunque se creen el culmen de la radicalidad. Al ayudar a destruir la cultura del pueblo/pueblos contribuyen a mantener el sistema de dominación. Con sus fijaciones en lo oriental, lo indígena y lo “antiimperialista” de pacotilla, se olvidan de que la cultura valenciana (igual que tantas otras de Europa), así como su lengua, está en un estado de agonía, al borde mismo de la extinción, cosa que al parecer les importa un bledo. Excelente “antiimperialismo” el suyo, sin duda... Ese tipo de “radicales” se sitúan entre los peores agentes del capitalismo en el seno de las clases populares, al ser los más exaltados enemigos de lo popular.

        
En la parodia “independentista” montada por CiU en Cataluña, con la ayuda de esa formación de la izquierda más corrompida y falsaria, ERC, destaca un hecho que nadie, al parecer, valora en lo que significa. Si se estudia el Programa de CiU para las próximas elecciones se detecta la enorme importancia que da al idioma inglés. No podía ser de otro modo. La clase política “independentista” prepara su peculiar manera de asestar el que puede ser el golpe de muerte al idioma de Cataluña, la imposición del inglés. Éste, en dos o tres generaciones, si no lo remedia el pueblo catalán, dejará una Cataluña aculturada, rica en autoodio, desustanciada, destruida, sólo buena para celebrar Halloween…
        
Recuperar lo propio, cada pueblo lo que le define y estatuye como tal, es una de las más importantes tareas de la revolución integral universal. Lo propio es lo auténtico, lo que surge del alma popular no corrompida ni manipulada. Lo propio no es sólo ni principalmente lo heredado del pasado sino lo que se crea en el presente para dar expresión a esa concreción de lo humano esencial que todo pueblo es.
        
La cultura popular se ha de crear constantemente. No, no es cosa de museo, no es algo para turistas, que llegan, lo miran y se van. Pero si lo que se hace es importa sub-productos ajenos el acto de la creación no tiene lugar. Y eso viene a ser el fin de la cultura, el fin del pueblo/pueblos. Los seres-nada son zoológicos, no culturales, son mera mano de obra, no son personas. No necesitan de lo inmaterial y sobre todo, son incompetentes para tener cultura propia. Lo suyo es el estómago. Por eso la izquierda es la expresión política del ansia de los todavía humanos de hacerse seres-nada integrales, liberados así de la complejidad y el dolor de pensar, de relacionarse, de decidir, de crear la propia vida cultural, de encarar la realidad toda de la vida, reducidos a la feliz condición de producir y consumir, y eso es todo.
        
Los pueblos aculturados ya han dejado de ser pueblos, son populacho, una masa informe e infame de seres prostituidos, dóciles, pasivos, descerebrados. La conversión de Halloween en una “fiesta popular” indica que estamos ante una situación límite, que hemos sido destruidos como seres humanos en un grado inaudito, que ya ni siquiera somos personas. Claro que si lo único que importa es la crisis económica, y no la devastadora crisis cultural, espiritual y de identidad que hay en el indecente evento denunciado aquí, entonces todo marcha maravillosamente bien. Salimos a la calle a reclamar más dinero, más consumo, más explotación del Tercer Mundo, con el “No a los recortes”, y ahí estamos, esperando llenarnos la andorga tanto como en el pasado. La aniquilación de la cultura propia, del propio mundo espiritual, ¿a quién le importa? Ya lo dice el refrán, “Dame pan y llámame tonto”.
        
La responsabilidad de que no haya movilizaciones populares en pro de la cultura propia recae sobre quienes, adheridos de manera fanática a la concepción económica de la vida social, esa idea burguesa cien por cien que ha sido introducida por el izquierdismo en el antaño pueblo/pueblos y hoy mero populacho, les sobra todo lo demás. Ellos y ellas son los peores reaccionarios.
        
El futuro saldrá de la fusión entre revolución y tradición, pero los “radicales” abominan de la revolución y odian la tradición (más allá de algunas mascaradas en las que les gusta participar, si es con subvenciones ¡claro esta!). Nos corresponde a nosotros hacer esa fusión, para las realidades del siglo XXI.

NOTA.- Casi redactada esta nota me llega la noticia de las adolescentes muertas en una macro-fiesta de Halloween en Madrid. ¡Qué dolor! Mis condolencias a las familias y mi exhortación a todas y todos para poner fin a estás horrideces no solo hiper-mercantilizadas sino además, como se ha comprobado, homicidas.

martes, 6 de noviembre de 2012

EL ESTADO ES EL FUNDAMENTO DEL CAPITALISMO


En el libro “La democracia y el triunfo del Estado” analizo ateóricamente los orígenes del capitalismo, concluyendo que fue el Estado quien desempeñó el papel principal en su génesis. En “El giro estatolátrico” muestro que aquél, por sí mismo, se habría derrumbado en el plano mundial en la crisis iniciada en 2008 de no ser por la intervención de los diversos Estados, que rescataron (y continúan haciéndolo) a una porción determinante de los grandes bancos y grandes empresas. Así les aportan el capital dinero que aquéllos desesperadamente necesitan, el cual proviene de la explotación fiscal de las clases populares.

Este último texto, terminado de redactar en 2009, no recoge datos de los años posteriores, por eso ahora se entrará en esta cuestión.

En 2010 los grandes bancos de Alemania recibieron del Estado alemán 164.500 millones de euros, el 7,2% del PIB de ese país. Las entidades financieras de Italia percibieron 91.500 millones de euros, el 8,65% del PIB. Los bancos irlandeses 361.000 millones de euros, el 235% del PIB. En España la donación del Estado a la banca fue, en ese año, de 87.145 millones de euros, el 8% del PIB.

Todos los países de la UE conocieron tales prácticas. En Gran Bretaña el Estado dispensó a los bancos 200.100 millones y en Francia 91.500 millones. En la totalidad de la UE la banca privada percibió 1,1 billones de euros de los Estados en 2010. Si estudiamos a EEUU nos encontramos con análoga situación. En 2009 sucedió lo mismo, sin ir más lejos, el ente estatal español aportó al capitalismo financiero 57.400 millones de euros. Cuando se den a conocer los datos de 2011 conoceremos una situación similar. Igual está sucediendo en 2012. Y lo mismo tendrá lugar en años sucesivos, o sea, siempre.

Por supuesto, lo dicho requiere de muchas matizaciones: una parte de las aportaciones llegan por vías indirectas, los organismos financieros de la UE, un consorcio de Estados que han puesto en común una parte de sus actividades económicas; se supone que los entes estatales recuperarán esa masa monetaria cuando los bancos queden “saneados” (aunque pasan los años y eso no sucede, salvo en algún caso aislado); las transferencias de capital dinero no equivalen necesariamente a aportaciones reales de riqueza, por ejemplo, en la forma de medios de producción, y algunos asuntos más. Cierto, pero en lo sustantivo sin la intervención estatal año tras año el sistema bancario de Occidente se habría desmoronado y con él el capitalismo en todo el planeta.

Lo indudable es que el capitalismo mundial se mantiene gracias a la intervención de los Estados, un año sí y otro también. Hay que añadir que la ayuda económica que los entes estatales otorgan a la gran banca es mucho más variada, múltiple y voluminosa que la anteriormente cuantificada, aunque ahora no podemos detenernos en ello.

Los Estados operan como una tremenda bomba de succión, que explota a las clases asalariadas a través del sistema fiscal, reuniendo de ese modo una enorme masa monetaria que, en parte, entrega luego a la gran banca, y a la gran empresa, a través de un embrollado sistema de subsidios y aportes a descomunal escala, por lo general difícil de conocer con exactitud, pues la opacidad protege al orden constituido.

Un procedimiento particular es el régimen de la Seguridad Social, que acumula en su caja de reserva una masa monetaria enorme, proveniente de la parte de los salarios que el ente estatal se apropia como cotizaciones (unos 8.500 euros anuales por asalariado y asalariada). Estos fondos son manejados por el Estado de manera absolutamente autónoma-despótica, sin dar cuentas de ellos a sus legítimos dueños, los asalariados explotados fiscalmente, y los suele utilizar, además de para autofinanciarse (pensemos en el gasto militar-policial), para “rescatar” al gran capital bancario.

De ese modo quienes respaldan al Estado de bienestar dan su apoyo a un mecanismo cardinal para la supervivencia de la clase empresarial.

Ciertamente, los hechos descritos apenas nada tienen que ver con lo que las teorías clásicas arguyen sobre la naturaleza del capitalismo. Desde “La riqueza de las naciones”, de Adam Smith, hasta el último libro publicado de doctrina sobre economía, todos, con muy escasas excepciones, ofrecen una imagen ajena a la realidad: una cosa es lo que exponen o teorizan y otra muy diferente lo que es realmente el capital.

Adam Smith no describió lo que era el capitalismo en su etapa inicial sino que formuló el sistema de creencias que el poder necesitaba que el sujeto medio interiorizase sobre aquél. Sus textos son ideología y carecen de objetividad y verdad. A Smith y a todos los teóricos de la economía no les interesa la realidad económica, carecen de interés en analizarla y se concentran en la propaganda y el adoctrinamiento.

Quienes creen que tales escritos exponen lo que es el capitalismo manifiestan al mismo tiempo su tremenda ignorancia y su patética credulidad. Uno de los campeones del fideísmo más cándido fue Marx, que admitió los dogmas fundamentales de la economía política clásica sin cuestionar su falta casi completa de objetividad y realismo. Eso explica que, allí donde ha sido aplicado, el marxismo haya fracasado en el ámbito de la economía. Y, ¿cómo puede ser tenido por revolucionario quien se limita a practicar la credulidad más penosa?, actitud que manifiesta además una ignorancia enorme, descomunal. Marx, en lo más importante, es un economista burgués, e incluso un burgués dedicado a la economía como aleccionamiento y propaganda. Y sus conocimientos de lo que es la economía real del capitalismo resultan ser menos que escasos. Marx fue un teórico, esto es, un ignorante.

Quien cree en las teorías cree en la mentira, y quien construye teorías construye mentiras. Mentiras que anulan la libertad de conciencia del sujeto. Para eso son creadas.

El fin comprobable de los textos clásicos sobre economía, escritos desde el siglo XVIII en adelante, era instaurar el conformismo, anular el pensamiento libre y arrojar un gigantesco puñado de arena a los ojos del pueblo pero no mostrar la verdad sobre la economía. La causa es obvia: tal verdad es peligrosa para el orden constituido. Es a destacar que anteriormente las cosas fueron algo diferentes. Por ejemplo, la Escuela de Salamanca de economía, que estuvo activa sobre todo en el siglo XVI, al tener un método experiencial apegado a la realidad logró proporcionar algunas verdades parciales de interés. Su gran acierto en lo epistemológico fue no crear un cuerpo de doctrina. La modernidad ilustrada y progresista ha establecido el Reino de la Mentira, vale decir, el universo de las teorías.

Hablando en plata: las teorías económicas son un gran error, o más exactamente, una formidable falsedad. Smith literaturiza la economía, lo mismo que los demás teoréticos.

El desacierto, llamémosle así, principal de los teóricos ortodoxos, en sus muchas escuelas y escuelitas, es ignorar, o en el mejor de los casos minimizar, sin respeto por la realidad, la función siempre decisiva (hoy más decisiva que nunca) del Estado en la vida económica.

El axioma central de todas estas escuelas, que el capitalismo es una realidad autónoma y autocreada que opera por sí misma según leyes inmanentes, careciendo de importancia la función del Estado, es un fiasco y un engaño del principio al fin. La realidad muestra que no hay capitalismo sin ente estatal, que no hay mercado sin legislación positiva, que no hay sistema capitalista sin orden político-jurídico, cuyo fundamento último es la fuerza, esto es el ejército y la policía.

Lo real es que el sistema capitalista, también en lo económico, lejos de regirse por leyes económicas impersonales, que nadie ha dictado, que están ahí y que son independientes de la voluntad humana, resulta estar gobernado, a fin de cuentas, por un aparato de poder que se llama Estado. Para los apologetas del capitalismo es el mercado, como potencia neutral y objetiva, quien gobierna la economía, y por tanto el capitalismo, según aquéllos, es un orden sin tiranías, un régimen económico “libre”. Eso es irreal. El mercado opera en el marco que el orden estatal establece, de manera que no hay mercado sin Estado y a fin de cuentas todo precio es un precio político.

Las nociones de sistema económico y de modo de producción son parcialmente verdaderas o rotundamente falsas según se las interprete. Si se las concibe como creaciones complejas-finitas de las elites del poder en el ámbito de lo económico tienen una cierta consistencia cognoscitiva. Si se les otorga una naturaleza objetiva, autosuficiente y en sí, son meros disparates con un significado político mixtificador y reaccionario. Lo comprobable es que las más fundamentales leyes económicas son las que recoge la legislación positiva.

No hay que acudir a conspiraciones para explicar por qué y cómo la denominada ciencia económica ha incurrido en tales dislates: basta referirse a su errada epistemología. Desde Adam Smith en adelante el método empleado para estudiar la vida económica ha sido el axiomático y deductivo: se formulan axiomas de forma caprichosa y tendenciosa, para desde ellos ir extrayendo cadenas de reflexiones lógicas (esto es, logradas según la lógica de la mente, operando conforme a formalismos que, por lo general, no es la lógica de lo real), y eso es todo.

Lo que falta en tan falaces juegos académicos es el estudio ateórico de la realidad, de la situación económica como parte de la realidad política, en lo sustantivo estatal. Eso no lo ha hecho ni lo hace ni lo hará ningún teórico, ningún doctrinario, ningún premio Nobel, nadie que opere a la sombra del sistema actual.

Hay, cierto es, libros mucho más modestos, que no pretenden construir sistemas doctrinales y que no se proponen atrapar a las mentes con teorías o magnas construcciones doctrinales, que describen empíricamente tales o cuales partes de la realidad económica. Basta luego unir reflexivamente esas partes para irse haciendo una idea de cómo es realmente el capitalismo, el que de verdad existe, no las ficciones propagandísticas de los teóricos, tan útiles al sistema de dominación.

Que hoy la fusión dialéctica entre Estado y gran capital bancario sea una realidad clamorosa pone, una vez más, en evidencia a los doctrinarios y a sus discípulos, los papanatas que, incapaces de pensar e incluso de observar por sí mismos, les siguen servilmente. También desenmascara a quienes contraponen el Estado al capitalismo, haciendo del primero el remedio, o al menos el paliativo, de los males inherentes al segundo.
Lo que existe es un sistema de Estado-capital, en el cual ninguna de las dos partes puede ser considerada de forma aislada. Por ejemplo, a mediados de 2012 la banca española era el principal tenedor de la deuda estatal de España, 195.000 millones de euros. Eso significa que hay una corriente bidireccional de fondos, que van del Estado a la banca como subsidios y de la banca al Estado como adquisición de deuda. Esto es: existe el par Estado-capital pero no uno u otro aisladamente. Esa íntima unión económica entre ente estatal y poder empresarial es la clave, en lo económico, del actual modo de producción.

Se añadirá algo más: los bancos, aisladamente, carecen de sustancia pues no son ni en sí ni por sí. Se dice, por ejemplo, que la banca alemana exprime a Grecia, pero lo cierto es que tal banca no se da como tal al margen del Estado alemán (exento y como parte de la UE). Sin las cuantiosas transferencias de fondos realizadas año tras año por el Estado alemán a los grandes bancos germanos éstos ni siquiera existirían…

Por tanto, quien saquea a Grecia es el complejo formado por el Estado alemán y la banca alemana, dualidad en la que hay un componente principal, el primero, y uno secundario, la segunda. Ambos son responsables, y ambos han de ser considerados como realidades interdependientes.

Antes se apuntó que los bancos españolas son los principales tenedores de deuda del ente Estado español. Conviene precisar que lo son porque toman fondos del Banco Central Europeo al 1% y los prestan al Estado a un interés variable, que podemos situar en un 4-5% de media. Ese es su negocio, el hacer de intermediarios entre una institución estatal, el Banco Central Europeo, que es el banco de los Estados que admiten el euro como moneda, siendo el emisor oficial de dicha moneda, y los Estados particulares. Por tanto, dependen de las estructuras estatales para adquirir y para colocar el capital dinero, lo que indica que dependen de manera doble de aquéllas, lo que les sitúa muy lejos de dominarlos, como afirman los economicistas de toda laya. Cuando aquel Banco presta directamente a los Estados la función de la banca privada se esfuma. Y no lo hace siempre porque los artefactos estatales necesitan del capital bancario, y por eso los mantienen con operaciones como las descritas, bastante inútiles y artificiosas en sí.

Veamos otro error: Se dice que los bancos son más fuertes que los Estados, y que los dominan (tal es la ortodoxia del economicismo socialdemócrata más “radical”) porque están endeudados con la banca. Pero ¿cómo es eso posible si los bancos no existen, nunca han existido y jamás podrán existir por si mismos? Si el Estado griego está endeudado con la banca alemana, siguiendo con el ejemplo de arriba, lo que en realidad sucede es que está endeudado en primer lugar con quien sustenta  y nutre año tras año a la banca alemana, el Estado alemán, ¿o no?

La fuente primera de ingresos de los Estados es el sistema fiscal, la explotación directa de los trabajadores (aquí faltaría decir contribuyentes, los trabajadores son una parte solamente) por el régimen tributario. El endeudamiento con los bancos es siempre secundario, pues de ser principal, ¿cómo podrían aquéllos recuperar los créditos otorgados a los entes estatales si no hubiera otra fuente determinante de ingresos para éstos, los impuestos?

Por tanto: a) los aportes tributarios son lo decisivo de todo Estado, y el endeudamiento lo secundario, b) los bancos, al exprimir a los Estados débiles operan como agentes e intermediarios de los Estados fuertes.

No comprender que siempre, y hoy más que nunca, el sistema económico toma una forma dual, Estados más gran capital inextricablemente unidos, lleva a la política socialdemócrata a loar lo público, esto es, al Estado, como positivo y remedio de lo privado, esto es, del capitalismo. Pero dividir en el discurso lo que en la realidad está unido, es más, fusionado, es un error morrocotudo. Quienes defienden lo público, por ejemplo, las empresas de capitalismo de Estado, las Cajas de Ahorro en su versión clásica, las Fundaciones estatales, etc. forman la burguesía de Estado, que explota a los trabajadores a través del sistema fiscal y de la plusvalía extraída en las compañías públicas, medran y se enriquecen con el incremento del poder económico del ente estatal. Los partidos de la izquierda son en los que se organiza la burguesía de Estado y quienes desean formar parte de la burguesía de Estado.

El Estado, además de ser un formidable poder político, militar, policial, judicial, mediático, educativo, aleccionador, funcionarial, religioso, administrativo y de otros tipos es el primer poder económico de las sociedades contemporáneas. Se apropia de entre el 40% y el 60% del Producto Interior Bruto, según el país, lo que logra a través de la explotación fiscal y de la explotación directa de quienes trabajan en empresas públicas (estatales), que hoy en España emplean al 25% de la mano de obra asalariada. Ningún banco, ninguna gran familia, ninguna sociedad secreta o semi-secreta, tiene el poder que tiene el Estado, ni siquiera en lo económico.

En consecuencia, todo “anticapitalismo” que no sea antiestatal, y que no actualice su comprensión del capitalismo, pasando del doctrinarismo al realismo, es un modo de defender el capital, al salvaguardar su fundamento último, el Estado. A éste le respaldan: a) quienes le apoyan, b) quienes no lo denuncian y le combaten, c) quienes le poner la etiqueta apologético de público. Los que se encasillan en los puntos b y c son los mejores defensores del aparato estatal en la hora presente, por tanto, del sistema capitalista.

Una conclusión más se extrae de lo expuesto: el capitalismo no se derrumbará jamás mientras siga existiendo el Estado, pues éste, como hizo en 2008, les dará sustento y lo mantendrá en pie incluso cuando esté exhausto y en ruinas. Lo cierto es que el Estado ha existido sin el capitalismo, por ejemplo en Roma, en el siglo XV, etc., pero no se conoce ningún caso en que el capitalismo pueda existir sin el Estado. Eso es del todo imposible. En este asunto no se da la aporía sobre quien fue antes, el huevo o la gallina: el Estado fue antes, mucho antes, que el capitalismo. Y ha sido su principal causa agente.

No hace falta añadir que la revolución integral se declara antagónica con el par Estado-capital, cuya aniquilación busca. Va contra el Estado y va contra el capital para crear una sociedad razonablemente libre, autogobernada por medio de asambleas y con una economía autogestionada y cooperativista, en la cual la verdad sea parte de la experiencia diaria de los seres humanos. Esto supone derrocar el Reino de la Mentira en que hoy nos obligan a malvivir como seres ya no del todo humanos.

miércoles, 31 de octubre de 2012

MI META ES FOMENTAR LA CREATIVIDAD E INNOVACIÓN REVOLUCIONARIAS




En los medios supuestamente “radicales” vivimos una época infausta de conformismo mental y dogmatismo paralizante. Incapaces de pensar el presente y proyectar conforme a un plan la transformación revolucionaria del futuro, quienes se mueven en tales medios tienen horror a la novedad y pánico a la creación de lo nuevo.

Y, ¿cómo van a ser revolucionarios en lo político si en lo mental son inmovilistas, dogmáticos y ortodoxos, meros repetidores de “verdades” pretendidamente eternas?

Siempre miran para atrás, nunca hacia adelante. Guardianes de las esencias, no comprenden nada de la época que les ha tocado vivir. Sus mentes son un batiburrillo de ideas gastadas y rancias, cada vez más alejadas de la realidad del siglo XXI.

Son como el perro del hortelano: ni innovan ni dejan innovar. En cuanto observan que alguien busca nuevos caminos, nuevas formulaciones y nuevas convicciones, se lanzan contra él garrote en mano, a apalizarlo sin piedad. Son los fascistas del pensamiento.

En política malviven de los dogmatismos de hace medio siglo. Lo real ha cambiado ya varias veces, pero ellos no cambian jamás. Se aprenden de memorias los dogmas de las sectas “radicales” y los repiten, y repiten, y repiten, cada vez más alejados de las situaciones de nuestro tiempo, cada vez más aislados, cada vez más solos. Y cada vez más carcas, vetustos y fuera de época.

Repetir no es crear. Crear es la meta del pensamiento, que sólo es tal si es creador. La mente humana se realiza en la creación de lo nuevo.

Lo que cuenta es el análisis ateórico, que se aferra a la realidad desdeñando las teorías y los dogmas, que busca en la experiencia la verdad y no en la letra muerta de los libros de doctrina, que son los únicos que leen los “radicales”. Los textos doctrinales hay que lanzarlos a la basura para que la verdad concreta prevalezca, como verdad de y desde la experiencia reflexionada.

La verdad experiencial es al mismo tiempo revolucionaria y hacedora de la revolución integral.

Llegada la crisis económica, por ejemplo, en vez de reflexionarla con mentalidad independiente se agarran a los dogmatismos de los viejos carcamales de la tribu, los santones de la socialdemocracia y el izquierdismo, neokeynesianos ellos. Y ahí se quedan atrapados para siempre. Que Keynes escribiera su más célebre libro, “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” en 1936, en un mundo muy distinto del actual, no les arredra ni les advierte: ellos repiten, y repiten y repiten… las rancias monsergas pro-capitalistas, disfrazadas de “anticapitalistas” de toda la vida.

El mundo cambia, querámoslo o no, cada 25 años, pero ellos no cambiarán nada ni en 25.000 años que vivieran. Por eso los “radicales” son los peores reaccionarios.

Ahora vivimos una realidad por desgracia nueva porque tenemos lo que hace sólo medio siglo aún no había alcanzado su temible plenitud: una tecnología en manos del poder, dotada de un poder devastador; un mega-Estado que nos aplasta y desarticula como personas; un capitalismo asombrosamente desarrollado y concentrado; unos sistemas de adoctrinamiento descomunales; una sociedad hiper-urbanizada que ha roto todos sus lazos con el medio natural; la mundialización que aniquila lo auténtico, vale decir, lo concreto en el plano de lo local, y, como consecuencia de todo ello, la destrucción de la esencia concreta humana, que es lo más grave.

Todo ello debe ser pensado creadoramente, para encontrar nuevos procedimientos de denunciarlo, resistirlo y eliminarlo. Las viejas cantinelas son inoperantes ante la nueva realidad. De la creación de lo nuevo, de pensar lo novedoso, saldrá la revolución integral, pues ésta por su misma naturaleza es creativa e innovadora, dado que se autoconstruye y refunda una y otra vez a partir de la experiencia, no quedándose nunca en el estadio de quietud y afirmación de sí propios de los dogmas muertos.

Los ortodoxos necesitan practicar dentro de sí la destrucción creadora. Sí, eso es doloroso pero es salutífero. Como son dogmáticos del hedonismo, el placerismo y el epicureísmo no se atreven, por eso sus mentes hace ya mucho que han dejado de funcionar. Para pensar hay que perder el miedo al natural sufrimiento que lleva aparejado la autonegación, y al particular pavor que ocasiona la verdad. La cobardía nos hace ininteligentes, rutinarios y previsibles, esto es, burgueses adocenados.

Las mujeres pueden y deben aportar muchísimo a las prácticas creativas de un nuevo modo de pensar el mundo del siglo XXI. Al percibir la realidad desde otra perspectiva y con otros ojos, están en mejores condiciones para hacerlo, siempre que rompan con los férreos dogmas del neo-patriarcado feminista y se atrevan a ello, a pensar por sí mismas. Los jóvenes de uno y otro sexo tienen que hacer un esfuerzo por la creatividad, por la innovación, por la verdad conforme a las condiciones del siglo XXI. No pueden seguir dependiendo de textos escritos por octogenarios que han perdido toda conexión con la realidad actual, pues se han quedado mentalmente atrapados en los años 60 y 70 del siglo pasado, supuestamente “revolucionarios”…

Innovar es ejercer la libertad interior.

El capitalismo y el Estado son muy creativos, por desgracia, pero quienes se les oponen u “oponen” no. Eso explica por qué aquéllos siempre ganan y éstos siempre pierden.

O innovamos o la victoria del actual sistema de dominación será completa y definitiva.

La revolución integral, como idea y como experiencia, es un colosal acto de innovación, pues se propone crear una nueva sociedad, un nuevo ser humano y un nuevo sistema de valores y convicciones. Por eso estimula y dinamiza las mentes como ninguna otra idea puede hacerlo hoy.

Félix R. Mora

RELIGIONES POLÍTICAS Y CAPITALISMO


Pocos agentes del sistema de dominación han hecho tanto por las religiones políticas como J.L. Rodríguez Zapatero en sus siete (¡siete!, para nuestro mal) años de presidente del gobierno de España. Quien abandonó el gobierno dejando la terrible herencia de 5,3 millones de parados y, lo que es peor, una sociedad destrozada en lo intelectual, convivencial y moral, fue el campeón del feminismo de Estado, del anticlericalismo burgués, de la imposición del Islam como nueva religión del Estado a través de la Alianza de Civilizaciones, de la deificación de la homosexualidad[1], del racismo antiblanco, del odio a lo positivo de la cultura occidental y así sucesivamente.

Bajo su mandato un generoso chorro de euros llegó a las arcas de los colectivos adeptos a las religiones políticas, esto es, a las creencias obligatorias que el Estado fabrica e impone para anular la libertad de conciencia, realizar las temibles operaciones de ingeniería social que tanto gustan a la izquierda, dividir al pueblo, crear los instrumentos del futuro fascismo renovado, dominarnos por medio de la aculturación y el autoodio y convertirnos en piltrafas crédulas, amorales y estupidizadas, sin sustancia ni mismidad ni conciencia. De ahí ha salido un ente estatal aún más poderoso y un capitalismo todavía más crecido.

Con desprecio por la libertad de conciencia, el zapaterismo impuso a las multitudes las religiones políticas a través de tan descomunales como persistentes campañas de adoctrinamiento, que eran interminables y obsesivas, por lo que anulaban la libertad de conciencia y la vida interior de las personas con una brutalidad que asusta. Todo ello realizado desde el poder del Estado, con los formidables medios que éste posee para manipular y aleccionar a millones de seres humanos.

Pero Zapatero, el izquierdista radical que llegó al gobierno en 2004 gracias al voto de casi todo el “anticapitalismo” militante, hizo más, muchísimo más, por el capitalismo en sus 7 años triunfales.

En 2009 entregó a la banca 57.000 millones de euros de los fondos del Estado, para que aquélla se pudiera “recapitalizar”. En 2010 aportó al sistema financiero español nada menos que 87.500 millones de euros, ¡el 8,2% del PIB! Este último año a la pequeña y mediana industria concedió 301 millones de euros, lo que indica una desigualdad de trato fundamental, que manifiesta a quien sirve Zapatero y a quienes sirven los que le respaldaron electoralmente en 2004: el feminismo de Estado, anarquismo de Estado, anticlericalismo burgués (republicanismo burgués), “antiimperialismo”, animalismo, “antirracismo” neo-racista, sindicalismo domesticado, organizaciones estudiantiles corporativistas, estatólatras devotos del Estado de bienestar, valedores del islamofascismo, asociaciones institucionales de gays y lesbianas, la casta estetocrática, la intelectualidad progresista, el nacionalismo burgués, los otros victimismos, etc. O sea, los nuevos reaccionarios.

En realidad las aportaciones de la izquierda militante a la banca fueron mayores en esos años, pues a las citadas hay que añadir las catalogadas como ayudas de otra naturaleza que se dirigieron en su mayoría a empresas controladas financieramente por el capital bancario.

Eso es el “anticapitalismo” de la izquierda: vocear en las mini-manifestaciones que suelen realizar consignas vacías e embusteras contra el capital y sostener electoralmente a quienes, como Zapatero, hacen posible que el capital viva y se reproduzca día a día. Ahora está en marcha una operación política, centrada en la apertura de un nuevo Proceso Constituyente que llevará al gobierno a un nuevo carca, igual o peor que Zapatero, esta vez bajo la bandera de la III República Española, encargado de subsidiar y sostener el gran capital en los próximos decenios. En ella la carne de cañón la aportará, una vez más, los nuevos reaccionarios. Pero hay una diferencia con 2004: ahora podemos frustrar, o al menos dañar de manera significativa, la operación, ya desde hoy.

Los nuevos reaccionarios son la expresión política del nuevo capitalismo globalizado. Ellos son los sostenedores en la calle de ese hiper-capitalismo dotado de poderes extraordinarios, sobre todo porque el Estado/Estados le respalda, sostiene, subvenciona y mima de forma constante. En mi libro “El giro estatolátrico” trato sobre esta cuestión, y a él remito a la lectora o lector. Las religiones políticas forman el sistema de creencias, forzoso y obligatorio, de ese nuevo capitalismo y de su base social, los nuevos reaccionarios.

La conclusión es clara. Frente al izquierdismo afecto a la banca y las religiones políticas hay que ir levantado un proyecto, estrategia y programa de revolución integral que ponga coto a las demasías de los nuevos reaccionarios. Ahora, cuando el PSOE y, en general toda la izquierda, se desmorona, y con él las estructuras clásicas, hiper-subvencionadas, de las religiones políticas, se están creando las mejores condiciones para elevar el proyecto de revolución integral a realidad madura y operativa.

Félix R. Mora



[1] Las religiones políticas son políticas de Estado, y las realizan por igual todos los partidos en el gobierno, sean de derechas o de izquierdas, división en todo irrelevante, que ya sólo los muy lerdos toman en consideración. Veamos unos ejemplos. El 2-2-2012 el BOE (Boletín Oficial del Estado) promulgó una orden ministerial que declaraba de “utilidad pública”, o sea de utilidad para el Estado (en primer lugar para el ejército, no se olvide), a la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. Para esa fecha estaba ya en el gobierno la derecha, el PP. La derecha, el PP, en el ayuntamiento de Madrid llevaba, para esa fecha, subvencionando desde hacía años el Día del Orgullo Gay, lo que también se está haciendo en otras ciudades. El gobierno del PP continúa con la política de Alianza de Civilizaciones, que entrega cuantiosos fondos, bienes y privilegios a una fe determinada, el Islam (lo que vulnera el principio de separación entre religión y Estado), mientras se sigue ninguneando, cuando no persiguiendo, a quienes somos ateos o agnósticos, más del 20% de la población. Las religiones políticas no tienen, pues, nada de “subversivo” o “antisistema”, y no son rechazadas por la derecha sino todo lo contrario. Por eso quienes las siguen apoyando o están mal informados, de lo que son responsables, u operan con malicia o forman parte de la gran tropa de las y los nuevos reaccionarios.

ORIENTALISMOS, MERCADO Y AUTOODIO


La aniquilación -planeada desde arriba- de los componentes positivos de la cultura occidental, para devastar psíquicamente a los pueblos de Europa, haciéndoles avergonzarse de sí mismos y reduciéndolos a imitadores sumisos y serviles de lo foráneo, sigue su curso. Pero, de vez en cuando, la realidad proporciona datos que ponen en evidencia dicha operación, dirigida contra la revolución integral


Para muchas y muchos la India es un lugar de espiritualidad, una sociedad “ajena” al materialismo occidental, rebosante de experiencias místicas extraordinarias… En octubre de 2012 el oligarca indú Analjit Singh, presidente de la multinacional Max Indian Limited (con unos ingresos anuales de 1.500 millones de $), dedicada al sector de la salud, anunció que invertirá 150 millones de euros en Cataluña, en proyectos de “salud alternativa”, con la medicina ayurvédica como base.

El magnate A. Singh, un sij, es un experto en lucrarse con la credulidad, la aculturación y el autoodio de los occidentales, para los cuales la alternativa a la medicina -brutal, reificadora, peligrosa e intolerable- del Estado de bienestar son las terapias orientales. No es el momento de debatir aquí si éstas son o no tan efectivas como dicen algunos, sino de ir al meollo cultural, estratégico y político de la cuestión.

Quienes viven atrapados en la ecuación occidental = malo y oriental = bueno no logran adoptar ninguna actitud crítica, y ni siquiera escéptica, hacia los orientalismos. Las medicinas de Oriente una vez mercantilizadas exigen costosas inversiones para ser aprendidas y practicadas, lo que se manifiesta en la cuenta de resultados de compañías capitalistas tan ansiosas de ganancias como la indú Max Indian Limited. Y, ¿cómo pueden ser dichas terapias “alternativas” efectivas y confiables, espirituales y no materialistas, si son un negocio dirigido al más rápido logro de beneficios financieros?

En Occidente existe una medicina popular que casi todos desprecian. Sólo una minoría, de la que forma parte el amigo catalán Josep Pámies, se preocupa de conocer y difundir las propiedades curativas de las plantas, promoviendo la sabiduría ancestral de la península Ibérica.

Nadie abre clínicas de medicina popular tradicional occidental pues, como es sabido, todo lo occidental es diabólico, por capitalista, imperialista, genocida, y todos los blancos son racistas por el mero hecho de ser blancos, según el axioma central del atrabiliario credo “antiimperialista”. No se trata sólo de lo que algunos llaman etnomasoquismo sino de algo bastante más grave.

Ahora asistimos al ascenso del capitalismo oriental, en China, la India, los países islámicos, etc. Muy pronto tal capitalismo, no-occidental y no-blanco, será el más importante a escala planetaria, por encima del occidental. Ya hay muchas compañías multinacionales indúes que exportan capital a Europa, comprando empresas o creándolas nuevas. Este capitalismo, que es extremadamente rapaz y brutal, que va tras los beneficios inmediatos sin respeto por los trabajadores (ni por los de sus países ni tampoco por los europeos) y con completo desprecio por el medio ambiente, es presentado por las y los devotos de lo oriental como “positivo”. Estamos ante la enésima versión del capitalismo “bueno”.

Necesitamos un debate sobre estos asuntos. La credulidad, anulación del yo, conformismo, odio a la libertad, marginación de las mujeres y fideísmo que los orientalismos promueven, pone a éstos en evidencia. No están en absoluto interesados en que las personas adopten ante ellos una posición crítica, para diferenciar en su seno lo positivo de lo negativo, lo auténtico del mero fraude, lo popular de lo empresarial e imperialista.

La verdadera cultura oriental no está en los orientalismos, vulgares productos de consumo para occidentales ricos, mentecatos, incultos y aburridos.

Tres observaciones finales: 1) unas ideologías, espiritualidades, mitos, filias, supersticiones, timos o como se las quiera llamar -en realidad mero negocio- que niegan la capacidad crítica de sus adeptos ya son, por ello mismo, dignas de sospecha, 2) quienes desprecian lo positivo de la cultura occidental están practicando el genocidio cultural, 3) aquéllos que odian a los blancos por ser blancos son los peores racistas del siglo XXI y los promotores del nuevo capitalismo planetario, que en lo más fundamental será, es ya, no-blanco, oriental.

Félix R. Mora