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viernes, 30 de septiembre de 2016

EL PSOE EN DESINTEGRACIÓN

      El desplome que está conociendo el PSOE es un episodio más de la descomposición de la izquierda en todo el mundo. En Grecia. En Venezuela. En Francia. En Brasil. En Cuba. En Inglaterra. En Bolivia. En Sudáfrica. En Chile. En tantos otros lugares y países. Está gastada, senil. Ha perdido la conexión con la realidad. Dado que lleva más de medio siglo repitiendo las viejas enunciaciones y los gastados dogmas, sin considerar que la realidad ha cambiado, está en una situación de puesta en evidencia y falta de discurso.

         La crisis del PSOE es la fragmentación, la descomposición de la izquierda en media docena o más de grupos y partidos, españoles e “independentistas” periféricos. Lo que pierda aquél en votos tal vez lo ganen Podemos y sus acólitos, IU, etc. pero éstos también heredarán su vacio programático, su servilismo hacia el orden establecido, su incapacidad para ofrecer soluciones, su vaciedad reflexiva, cognoscitiva y analítica. Todos son parte de una corriente política en agonía, que se inicia con el obrerismo decimonónico, sustantivamente burgués, y continúa con las falsas revoluciones del siglo XX, la rusa, la china, la cubana, la vietnamita, la argelina, la bolivariana…

         El fenómeno Podemos, la creación desde las instituciones y los instrumentos mediáticos del capitalismo de un partido nuevo para seguir manejando y dominando a las clases populares, ha tenido un auge de dos años para caer luego. Su desenmascaramiento, realizado por quienes estamos a favor de la revolución, ha sido un éxito colosal. Hoy aquél es casi nada o nada, hablado estratégicamente, y eso con independencia de los votos que consiga. Heredará, quizá, electores de un PSOE en decadencia, pero para perder la escasa credibilidad que le queda. Lo mismo cabe decir de la izquierda “independentista” que vive y se enriquece gracias al presupuesto del Estado español. Su estrategia de lograr la “independencia” desde las instituciones se está saldando en Cataluña con un fracaso risible.

         Los “ayuntamientos del cambio”, ¿qué han cambiado?: nada que merezca la pena ser recordado. Son continuistas con lo realizado por la derecha, adobado con alguna frase, gesto o pose “radical”. Su ejecutoria prueba la imposibilidad de lograr algo desde dentro del sistema. Es así porque las instituciones políticas y económicas españolas se han hecho rígidas, se han fosilizado y ya no son mudables a mejor o vehículo de logros ni siquiera en asuntos de tercer orden. Los tiempos del reformismo lucrativo, efectivo, realizable, han pasado.

         Ahora, el cambio social posible, realista, es el que se realiza desde abajo, desde la calle, desde fuera de las instituciones, desde el exterior del régimen partitocrático. El cambio que tiene a la revolución como contenido y meta.

         Muchos siguen votando izquierda para sentirse aún antifranquistas. Ello es consecuencia de una colosal operación de lavado de cerebros, a cargo de los amos del dinero, que necesitan a la izquierda para asegurar sus capitales. Porque: 1) Franco y los suyos comienzan la guerra para continuar a un nivel superior las matanzas de trabajadores que estaba haciendo el gobierno de Frente Popular en 1936, o sea, la izquierda, 2) la antipopular, torpe, sanguinaria y contrarrevolucionaria actuación de la izquierda durante la guerra es decisiva para la victoria del fascismo en 1939, 3) en los 40 años de dictadura la izquierda manipula y sabotea las luchas obreras y populares contra Franco tanto como le fue posible y de muchas manera, para que no alcanzasen un nivel revolucionario, 4) en descomposición el régimen de Franco, la izquierda pacta con los franquistas y les ofrece una salida, la Constitución de 1978. Por tanto, la izquierda ha sido la amiga y valedora de facto del fascismo en todos los escenarios. Gracias en buena medida a ella el fascismo español ha emergido, triunfado, gobernado y sobrevivido…

         Ahora desfallece el PSOE. Se desintegra el partido burgués para obreros por excelencia, que ha defendido los intereses de la patrona y del Estado desde hace más de un siglo. Él y el resto de la izquierda crearon el actual régimen de dictadura parlamentarista y partitocrática, regido por la actual Constitución de 1978, que en lo principal es su criatura político-jurídica. Luego, el PSOE en el gobierno funda el GAL, un grupo terrorista de Estado financiado por los servicios secretos que perpetra docenas de asesinatos, a la vez que las fuerzas policiales a sus órdenes convierten la tortura en mera rutina.

En lo económico la izquierda daña el tejido productivo del país, sobre todo a la industria, siguiendo las instrucciones del imperialismo alemán que financió al PSOE muchos años, haciéndonos un país de camareros, prostitutas, profesores, policías, funcionarios y parados, con una demografía de pesadilla. Promueve la concentración y acumulación de capital para constituir la empresa multinacional española, la manifestación superior del capitalismo, haciendo que la riqueza se vaya concentrando en cada vez menos manos. Impulsa el crecimiento del aparato estatal (desde las muchas policías a los altos cuerpos de funcionarios sin olvidar la creciente militarización) haciéndonos rehenes de un poder totalitario que nos sangra con impuestos cada día más crecidos, al cual denominan Estado de bienestar. Ha sido el partido por excelencia de la corrupción y el enriquecimiento particular saqueando las arcas estatales, para lo que ha creado un nuevo régimen caciquil gigantesco, sustentado en la compra masiva de votos, sobre todo en Andalucía.

El PSOE, la izquierda, ha impulsado la alcoholización, el consumo de drogas, el hedonismo más casposo, la aculturación, inmoralidad y pérdida de valores, la brutalización de la vida social, el enfrentamiento de todos con todos, la zafiedad e irracionalidad generalizadas, las religiones políticas y la intolerancia, el nuevo patriarcado neo-misógino de la Ley de Violencia de Género, la genuflexión ante el fascismo musulmán, la vida de consumo, el falseamiento de nuestra historia, la destrucción medioambiental creciente, el racismo antiblanco, el Estado policial, la desespiritualización multitudinaria, el inmenso negocio de la inmigración, la laminación de la libertad de conciencia y del respeto por la persona. Un partido para el que únicamente cuenta el dinero y el estómago. Una fuerza hostil desde siempre a lo esencial de una vida civilizada, hermanada, libre y específicamente humana.

La izquierda, durante sus muchos años de permanencia en el gobierno tras el final del franquismo, ha promovido con especial ahínco la desestructuración planeada de la persona, la conversión del ser humano en ser nada, en criatura múltiplemente nadificada para ser dominada superlativamente. Ello con el fin de alcanzar el objetivo estratégico número uno de la izquierda, imponer un mega-Estado y un super-capitalismo con ella en la cúspide del poder.

La derecha es espeluznante, sin duda, pero no puede ser resistida y combatida desde la izquierda, porque ésta es igual que la derecha, igual en todo menos en la verborrea y las consignas mentirosas. Hay que enfrentarse a ella desde el proyecto de revolución.
        
         El descrédito y desplome del PSOE, de la izquierda toda en realidad, ocasiona un vacío político que puede ser llenado por el proyecto y programa, el ideal y la idea de revolución.

La quiebra del instrumento político más eficaz del actual sistema de dominación nos aproxima a una situación nueva y esperanzadora. El orden constituido, una vez en ruinas el PSOE y fallida la operación Podemos y sus afines, no dispone de ningún instrumento político para el control de las clases populares, y no está en condiciones de dotarse de uno a corto o medio plazo. Por tanto, nos adentramos en un escenario político bastante favorable para el ascenso y multiplicación de las fuerzas del cambio revolucionario social y personal, al mismo tiempo político, moral, axiológico y convivencial, hecho desde la libertad y la pluralidad, concebido como emergencia generosa y épica de todas las fuerzas y potencias positivas de la sociedad y de cada ser humano.

Estar con y por  la revolución, no con la izquierda ni con la derecha, es el signo distintivo de nuestro tiempo.

domingo, 25 de septiembre de 2016

NEOCOLONIALISMO HUMANITARIO

      La película “Los caballeros blancos” dirigida por Joachim Lafosse, 2015, muestra la realidad del universo ONG. Lo presenta como un fiero afán de hacer dinero y enriquecerse tomando la ideología de “la ayuda al desarrollo” por cobertura propagandística. Las ONGs suelen enriquecer a quienes las dirigen, y en bastantes ocasiones son pagos en especie de las instituciones del Estado a sus servidores. Cada una de ellas va unida a una sustanciosa subvención, además de otros muchos ingresos no menos suculentos, que es lo que narra el film. La severidad de la denuncia muestra el hartazgo ya existente con las ONGs.

         Pero el asunto va mucho más allá.

         Las ONG forma parte del aparato del Estado, y por eso su nombre es engañoso. Son instrumentos para la sobre-intervención de los países imperialistas en los países pobres. No pocas están constituidas por los servicios secretos y los ejércitos de aquéllos, y casi siempre están al servicio de su política exterior, esto es, del Ministerio de Asuntos Exteriores y las embajadas. Su meta es intervenir, manipular, favorecer a las empresas multinacionales. También, socavar la cultura popular de los pueblos pobres, haciendo que se extienda mejor la ideología imperialista.

         Por eso ha sido acuñada la expresión de “neocolonialismo humanitario”.

         Sobre la ideología ONG un libro que, con ironía, aporta un análisis bien construido, es el Gustau Nerin “Blanco bueno busca negro pobre. Guía de la cooperación y las ONG”, 2011. Podría decirse que la esencia de aquélla reside en la perversa noción de “ayuda”, de “ayudar” a desarrollarse. Se da por supuesto que tales pueblos no pueden ayudarse a sí mismos y que necesitan la aportación de los países ricos, pretendidamente superiores en lo económico, lo tecnológico…

         Este entramado de creencias culmina en una nueva manifestación de intervencionismo, en un renovado mecanismo neocolonialista. No sólo porque quien es ayudado lejos de emanciparse queda en una situación de dependencia respecto a quien le otorga la ayuda sino porque lo que se busca con las intervenciones de las ONGs es adaptar las sociedades en que operan a las metas estratégicas del imperialismo.

         Además, está la “mentalidad de ONG”. Una combinación de santurronería arrogante, complejos de superioridad, buenismo discursivo, estatismo a rajatabla, racismo implícito y neo-racismo explícito, hostilidad irrazonable hacia lo positivo de la cultura occidental, veneración sobreexcitada por el fenómeno de la emigración y rechazo de la idea de revolución. En efecto, las ONGs tienen como una de sus metas impedir que los pueblos de los países pobres hagan avanzar sus propios procesos de emancipación, contra el imperialismo occidental, ruso, chino o árabe-islámico, contra sus propias oligarquías corrompidas y criminales, contra el clero de extrema derecha de esta o la otra religión.

         La solución global, y la única auténtica, a los gravísimos y numerosos problemas que tienen los países pobres, desde el hambre a la falta de libertad para el pueblo, está en la revolución, no en la “ayuda” que les puedan proporcionar las ONGs. Éstas son parte del enemigo de tales pueblos. Eso, con limitaciones, es lo que describe “Los caballeros blancos”.

         Ahora queda por hacer la tarea de emanciparnos de la “mentalidad de ONG” aquí, en las metrópolis, desmontando sus falacias, confiando en las capacidades de los pueblos oprimidos y pobres para liberarse por sí mismos, sin “caballeros” que acuden a socorrerlos mientras se enriquecen, planteando correctamente el gravísimo problema de la emigración, ese gran negocio para Occidente, quizá el mayor de todos hoy.

Y refutando la ideología de la “ayuda”. Para empezar con una aserción: muy a menudo el mejor modo de ayudar es no ayudar, para permitir que la persona, el grupo, la comunidad y el país se ayuden a sí mismos. Porque quien da ayuda daña al que la recibe: eso es así en la inmensa mayoría de los casos. El sector de la clase media ansioso por “ayudar” sólo puede hacerlo curándose de su obcecación paternalista-ayudadora. Seguiremos con esta cuestión, en su vertiente filosófica y moral, en otros artículos.   

         No quiero terminar sin invitar a quienes se han sumado a ONGs o las respaldan, con la mejor buena fe, que son muchas personas, a intervenir para aclarar esta oscura cuestión. Lo primero es que las ONGs sean lo que dicen ser, ajenas a toda aportación dineraria institucional-estatal, visible o invisible, es decir, No Gubernamentales, No Estatales, y por tanto libres de compromisos con el poder político y económico. Lo segundo cuestionar su actuación en los países “en desarrollo”. Lo tercero someter a escrutinio crítico la categoría misma de “ayuda”. Lo cuarto explorar la noción de revolución. Esto lo cambiaría todo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

A MÁS ESTADO MÁS CAPITALISMO




         El dato de que el sistema bancario español recibió del Estado, en 2009-2013, 61.000 millones de euros para superar su crisis, de los que sólo han sido devueltos el 5% y de los que ya se dan por irrecuperables 26.000 millones (con la suposición de que se perderá todo lo todavía no reintegrado), pone en evidencia las relaciones que existen entre el ente estatal y el capitalismo.

          Esos 61.000 son una parte pequeña de las ayudas monetarias y no monetarias (éstas probablemente más fundamentales) que el Estado proporciona al capital, de naturaleza bastante diversa y que tienen lugar continuamente, en periodos de crisis más pero también en las etapas de bonanza. Por ejemplo, muy pocos saben que además de esa entrega de numerario, de facto a fondo perdido, el Estado concedió en aquellos años avales a la banca por 103.000 millones de euros, de los que no se sabe qué parte está ya cancelada…

          Están también las ayudas a las entidades no financieras, por ejemplo, las grandes empresas de la construcción, que han sido rescatadas con sumas multimillonarias, sólo parcialmente conocidas. Y están asimismo las recapitalizaciones de bancos y cajas de ahorros realizadas con anterioridad a 2009, en las que se invirtieron miles de millones. Ciñéndonos al periodo de crisis iniciada en 2008, ¿cuál puede ser el total del dinero transferido por el Estado de España a las grandes empresas financieras, industriales, de servicios, de la construcción y otras? Es imposible saberlo porque los datos se ocultan a la opinión pública, o se ofrecen de un modo tan enrevesado y parcial que es casi imposible comprenderlos. Pero por poner una cifra redonda, podrían ser 500.000 millones de euros.

          Esto significa que el ente estatal saquea a los trabajadores y asalariados con un sistema tributario feroz para luego transferir una buena parte del numerario acumulado a los grandes empresarios. De ese modo la explotación fiscal, estatal-fiscal diríamos, de la gente común se convierte en expresión fundamental del sistema de explotación general.

          En los años 2008/2010 el capitalismo privado se estaba derrumbando en Europa y América. Había alcanzado un punto de irracionalidad tal que ya no podía mantenerse, de manera que una tras otras caían en la insolvencia y la quiebra empresas industriales, bancos, multinacionales de servicios, etc. En ese momento crítico, final incluso, del capitalismo los diversos Estados salen al rescate de las grandes corporaciones privadas, las inyectan dinero, las salvan… a costa de los tributos aportados por la gente sencilla, que es saqueada al mismo tiempo por dichas empresas y dichos Estados.

          Algunos calculan que el Estado de EEUU proporcionó 16 billones (16 millones de millones de dólares) a la empresa privada de ese país durante aquéllos años, una cantidad nunca vista. En su mayoría ni está devuelto ni lo será nunca, igual que sucede en España. Eso significa más horas de trabajo, más impuestos, menos sueldos y menos recursos para las clases asalariadas, que son quienes aportan, a fin de cuentas, esas descomunales sumas.

          La empresa privada, la compañía multinacional actual, en la práctica es un ejemplo de ineficiencia, disfuncionalidad, ineptitud y chapucería. La naturaleza antagónica del hecho productivo bajo el capitalismo, la lucha de clases permanente en la empresa, es la causa principal. Si no fuera por la intervención incesante del Estado, que la insufla vida en los tiempos buenos y la salva en los malos, ya habría desaparecido. Para logar un sistema económico eficaz hay que poner fin a la gran empresa, que es un desastre y un bluf. La expropiación sin indemnización de esos dinosaurios permanentemente enfermos e inoperantes es una necesidad cada día más urgente. Tal operación salvífica la tiene que hacer el pueblo, no el Estado, pues el capitalismo de Estado puede ser incluso peor que el privado.
      
         En oposición a quienes preconizan que el Estado “nos salva” del capitalismo los hechos muestran que es el capitalismo quien resulta ser salvado por el Estado a nuestra costa y contra nosotros. Éste hace que aquél sobreviva y engorde artificialmente. Por tanto, cuando más vigoroso sea el ente estatal, cuando más lejos lleve su poder para extraer riqueza y succionar impuestos, más poderoso y seguro será el capitalismo privado, que de ninguna manera puede existir al margen del Estado.

          Los que denuestan las “políticas neoliberales”, según ellos una conspiración, para hacer pequeño (?) al ente estatal en beneficio de la gran empresa privada, a la vez que exigen “más Estado” a grito pelado, son los mejores agente del capitalismo. Tales, en su ignorancia, describen al neoliberalismo como no es, dado que su esencia es el crecimiento ilimitado del Estado y su servicio máximo a la gran patronal.

          Por otro lado están los liberales, que hacen demagogia propugnando una remodelación global del Estado para hacerlo “mínimo” a fin de que sea la gran empresa privada, supuestamente muy eficiente y productiva, la que tenga todo el poder económico. Pero aquélla hoy es un armatoste faraónico que malvive en la mediocridad, y que no puede mantenerse sin inyecciones regulares de fondos estatales. Esto requiere que el Estado sea el mayor y más grande posible. Los liberales niegan la evidencia, que la empresa privada, por su propia naturaleza, no es capaz de existir y medrar sin el Estado. Los liberales son estatólatras vergonzantes, además de apologetas de los ricos, esos intolerables tiranos económicos.

          Quienes defienden al Estado defienden al capitalismo. Y los que defienden al capitalismo defienden al Estado. Pero quienes estamos por la libertad, por las libertades, rechazamos al mismo tiempo al uno y al otro.

          Frente a estatólatras fanatizados y liberales de pega el proyecto de revolución integral desea realizar la libertad económica, además de la eficiencia productiva, poniendo fin a la vez a las dos formas de totalitarismo económico hoy existentes, el Estado y la gran empresa, para constituir una economía autogestionada, sin trabajo asalariado, al servicio del bien general, eficaz y estable. Eso será realizar una colosal revolución económica y social. Porque sin revolución no hay solución.



viernes, 2 de septiembre de 2016

LA FORTALEZA ES UNA VIRTUD

        Si la fortaleza es una virtud la debilidad es un vicio. Ahora la maldad en todas sus formas es fomentada desde las instituciones, promoviéndose sujetos débiles, destinándose medios y recursos inmensos a evitar que se constituyan individualidades fuertes. Los seres endebles, dependientes, pasivos, acobardados, sin confianza en sus capacidades, son los más apropiados para que el poder/poderes se haga máximo.

         Está, en primer lugar, la fortaleza interior, o fortaleza espiritual, que hace autónoma y capaz por sí a la persona, en consecuencia, libre. No hay libertad, ni individual ni colectiva, sin soberanía del yo sobre sí mismo, sin autodominio y voluntad de ser desde lo que se es, en tanto que realidad pero sobre todo como potencial. Si se sitúa lo exterior por delante de lo interior el sujeto queda sometido a fuerzas ajenas a él mismo.

         La persona es libre cuando es fuerte. Y la fortaleza es una virtud que se autoconstruye.

         Fuerte de manera múltiple, integral. Debe haber una fortaleza de la inteligencia, que se manifieste como indagación y formulación de la verdad, operando con una epistemología adecuada. Una fortaleza de la voluntad, que permita marcarse metas sublimes y cumplirlas con constancia y perseverancia, sin reparar en esfuerzos y sacrificios. Una fortaleza del amor, que lleve a estar con el otro y los otros por encima de conflictos, egotismos y desencuentros. Una fortaleza de la justicia, que impulse a combatir lo injusto, tiránico, explotador. Una fortaleza de la templanza, que minimice los goces sensoriales para situar a la persona por encima de ellos, dominándolos. Una fortaleza de la vitalidad, que no tema al dolor y acepte el sufrimiento, admitiendo que éste es una parte natural de la existencia y que tiene su función positiva, a saber, vigorizarnos y hacernos más sabios. Una fortaleza de lo corporal, que nos constituya como seres poderosos también en lo físico y somático. Una fortaleza de la revolución, que se atreva desafiar al orden constituido para crear otro superior.

¿Cuáles son hoy los enemigos de la fortaleza? El trabajo asalariado que desestructura, lamina y desguaza a la persona. La industria de la diversión, que convierte el ocio en un ejercicio de abyección y asocialidad. El Estado de bienestar, que nos hace necesariamente dependientes de las instituciones estatales, nuevos esclavos “felices”, meros guiñapos subhumanos. El sistema educativo, que amaestra y alecciona para la ignorancia, el no-pensamiento, la debilidad física y mental, el individualismo burgués, la sumisión y la cobardía. En efecto: el moralismo, que ignora la decisiva negatividad de lo institucional en la génesis del mal moral, no es admisible.

         En consecuencia, para ser autónomos y autoconstruidos, seres hechos desde el propio yo, por tanto fuertes y con ello soberanos de sí mismos, se hace necesario un gran cambio institucional, no menos que una revolución. Una sociedad del trabajo libre asociado. Un orden lúdico autogenerado a partir de la creatividad popular. Un sistema de ayuda mutua y servicio amoroso de unos a otros. Unos procedimientos para el aprendizaje que pongan en el centro la vida y no la escuela.  Nada de esto puede conseguirse desde dentro del sistema ni por medio del dinero, de modo que hay que actuar en lo más hondo de la sociedad.

         No sólo están las trabas institucionales a la fortaleza de la persona. Existen las ideologías que la niegan. El hedonismo, con su principio del placer, la fe de los esclavos de ayer y los neo-esclavos de hoy. La búsqueda de la felicidad, o felicismo (en lenguaje culto eudemonismo), una forma de demagogia discursiva que promete lo que no puede ser y es mejor que no sea, la felicidad como supuesta substancia de la vida, negando los valores y las virtudes, la fortaleza y autonomía del sujeto entre ellas. Peor incluso es el epicureísmo, esa enfermiza concepción que prima la cobardía, la huida, el esconderse, para preservar “la paz interior” y “evitar el sufrimiento”, que es la ideología dominante en todos los órdenes sociales en putrefacción, hoy muy apreciada por los seres nada.

         Tenemos, también, los letales elementos directos que niegan la autonomía de la persona, su soberanía, dignidad y grandeza. El alcohol, las drogas legales y supuestamente no-legales. La psiquiatrización de la existencia. Las religiones fanáticas y totalitarias. La politiquería partitocrática. La necesidad de jefes, gurús, maestros y santones. Porque la persona, si lo es o si desea serlo, debe encontrar dentro de sí lo necesario para organizar su propia existencia, superar los momentos difíciles, encarar el dolor por uno mismo y desde uno mismo. Debe y puede hacerlo, puesto que tales capacidades están en el interior de cada cual. La naturaleza nos ha dotado de ellas. Se trata de confiar en sí mismo y aprender paso a paso a utilizarlas. La destrucción de la autoconfianza personal, por múltiples procedimientos, es uno de los mecanismos esenciales del sistema de dominación para perpetuarse.

         Quien no cree en sí mismo, quien se entrega a lo externo, es un esclavo con alma de esclavo.

         Contra ello está las herramientas para la persistencia en la lucha por la libertad ideológica, la planificación del propio esfuerzo para la mejora moral, la conquista -entre otras- de la virtud de la fortaleza. Lo apropiado es examinar periódicamente (una vez a la semana, por ejemplo) nuestros actos, en un contexto de silencio, integridad y autoexigencia. Para revisar nuestro comportamiento a la luz de metas previamente establecidas y localizar en él, con el fin de reafirmarlos y ampliarlos, los actos de fortaleza, valentía, generosidad, ascética, autonomía del yo, amor en obras, enfrentamiento con los poderes constituidos, disposición para el esfuerzo, el servicio, la responsabilidad, el deber autoimpuesto, el dolor con sentido, el heroísmo y el sacrificio. Además, para localizar los momentos de debilidad, vileza, placerismo, cobardía, deshonor, delegacionismo, servilismo, huida. Para determinar sus causas e ir corrigiendo lo negativo sobre la base de afirmar lo positivo. Porque el sujeto se autoconstruye más desde lo positivo que desde lo negativo.

Sin sujetos fuertes ni es posible el cambio personal ni es posible el cambio social.