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jueves, 25 de febrero de 2016

ANARCOCAPITALISMO Y ESTATOCAPITALISMO

                   
Las dos formas que adopta el capitalismo, la privada y estatal, suscitan dos líneas retóricas igualmente manipulativas, las de un capitalismo sin Estado y un Estado sin capitalismo. Lo real es que, mientras la revolución no liquide al capital, se dará una combinación cooperativa y colaborativa, aunque no exenta de puntos y momentos de fricción, entre el capitalismo particular y el capitalismo de Estado.

         Afinando un poco más comprobamos que casi nadie propone eliminar totalmente el Estado sino reducirlo. En el otro bando apenas ninguno preconiza convertir todo el capital privado en capitalismo estatal sino, meramente, ampliar éste y someter al particular restante al control de las instituciones.

         En la vida real, que es lo que importa, para cada momento existe una relación óptima entre ambos capitalismos, que es realizada por medio de constantes
ajustes, privatizando si hay excesiva carga institucional en la economía, o “nacionalizando” si ésta es insuficiente. Teniendo en cuenta que los países, en tanto que territorios tiranizados por un único Estado, están en competición y lucha permanente entre sí, en el caso de que no se alcance la relación optima concreta entre los dos capitalismos termina sufriendo su competitividad a escala planetaria, habiendo una regresión y pérdida de poder global del país que la padece, o sea, de ese Estado.

         Está fuera de dudas que el capitalismo estatal es más ineficiente productivamente, aunque al mismo tiempo más capaz de estabilizar transitoriamente la sociedad con sus procedimientos paternalistas y protectores. Llegado a un punto, la competencia internacional entre los países hace que las situaciones de fuerte predominio del capital estatal no puedan mantenerse. Por eso la Unión Soviética, llegado a un punto de ineficiencia, tuvo que pasar del capitalismo de Estado al privado-estatal, en 1991.

         La tendencia en el desarrollo del capitalismo es al crecimiento de su forma estatal con mengua de su forma privada. Si, para nuestro caso, el porcentaje del PIB que se apropiaba el Estado a principios del siglo XX estaba en torno al 10% ahora se sitúa hacia el 50%, creciendo año tras año. La vida económica, además, está más reglamentada que nunca, al ser regida por una maraña de leyes, disposiciones y normas que hacen del mercado un mecanismo cada día más secundario. Los precios, en el presente, no están fijados por el mercado sino por una complejísima actuación interactiva de normas y mercado, con las primeras como factor determinante aunque con el segundo como elemento que acaba de determinar el precio real. Hay ramas mayoritariamente “socializadas” (estatizadas), la agricultura por ejemplo, sin que por eso, más bien al contrario, dejen de ser un tipo de capitalismo extremadamente agresivo, explotador y depredador, también medioambientalmente.

         Así pues, la fútil querella verbal entre estatocapitalistas, que suelen tildar a sus rivales de “neoliberales”, y anarcocapitalistas, que reivindican lo irreal e imposible (tanto que jamás ha existido, ni siquiera en los primeros tiempos del capitalismo), son disputan escolásticas sin relación con la realidad. El Estado es también un poder económico (hoy el poder económico decisivo y el principal explotador de la fuerza de trabajo asalariada), verdad obvia que niegan a la par el anarcocapitalismo y el estatocapitalismo, cada uno a su manera.

         El Estado no sólo regula, organiza, protege, defiende, financia y sostiene al capitalismo privado sino que lo ha creado y lo sigue rehaciendo de muchas maneras. No puede existir un capitalismo sin ente estatal, y proponerlo es demagogia o ignorancia. En la crisis iniciada en 2008, como expongo en “El giro estatolátrico”, el capitalismo de los países principales se desmoronó y ahí se habría quedado, hecho un amasijo de ruinas, si el Estado no hubiera acudido a su rescate con cantidades astronómicas de numerario, proveniente de los impuestos. Esa intima fusión entre el Estado/Estados y la gran empresa financiera, industrial, comercial y del agronegocio es la clave del capitalismo actual que, ciertamente, no es el de los tiempos de Adam Smith… con la advertencia que éste tampoco era ajeno al ente estatal, ni mucho menos.

         Por eso quienes defienden el capitalismo de Estado como forma predominante son los que se sitúan al lado del capitalismo del futuro. De ahí que a menudo, la loa de aquél adopte la forma de un programa “anticapitalista”, y lo es, en el sentido de desear poner fin al capitalismo de ahora para constituir el del mañana, que resulta de la evolución de los principales factores políticos, estratégicos, económicos, tecnológicos y sociales.

         En esa acción “anticapitalista” los sostenedores del capitalismo de Estado arremeten contra los anarcocapitalistas, y se postulan a sí mismos como la burguesía de Estado que va a gestionan el nuevo monstruo, el mega-capital estatal-privado. Su embellecimiento del capitalismo de Estado, al que ponen la etiqueta de “sector público de la economía”, es negada por un hecho común, las huelgas en sus empresas, lo que prueba que en ellas hay explotación. Y que quienes las dirigen y gestionan son gran burguesía de Estado[1].

         El capitalismo, en todas sus formas, es sólo eso, capitalismo. Y contra él sólo la revolución es eficaz. Hoy la apología del estatocapitalismo es más dañina que la del anarcocapitalismo, no sólo porque es muchísimo más común sino porque representa al capitalismo del futuro.


[1] Esta gran burguesía estatal se hace estatal-privada por los mecanismos habituales de apropiación de los fondos estatales, entre ellos la corrupción. Significativo es el caso de la Caja de Castilla-La Mancha, en la que el equipo gestor, de izquierda, entregó a sus correligionarios créditos sin avales ni garantías hasta llevar a la entidad a la quiebra. El Estado tuvo que aportar 7.100 millones de euros, para “sanear” dicha caja, lo que da una idea de las colosales sumas expoliadas de facto impunemente. Tanto, que la sección de la burguesía de Estado responsable sólo ha sido condenada a penas simbólicas. La conversión de los jefes de la izquierda en burguesía estatal para, en un segundo momento, transformarse en capitalistas privados, se suele hacer con casi total impunidad a partir de un hecho político incontestable, que el capitalismo, privado y estatal, necesita de la izquierda para controlar a las masas, lo que hace a aquélla corriente política escasamente perseguible judicialmente. Tal es la significación real de la defensa que ésa hace de “lo público”, o sea, del capitalismo de Estado por ella gestionado. En el capitalismo la corrupción es muchísimo más que un asunto político, legal y moral, al institucionalizarse como una de las vías por las cuales se forma y renueva el capital privado a partir del estatal. Por eso mismo es irremediable e inevitable, demagogias populistas aparte, teatralmente justicieras con un fin, enriquecer a una tanda tras otra de “servidores de lo público”.

jueves, 18 de febrero de 2016

EMIGRACIÓN, BIOPOLÍTICA Y ECONOMÍA


Económicamente, lo decisivo son los seres humanos, muy por delante del petróleo, las materias, primas, el agua, la tecnología, etc. Por eso, el Estado tiene como una de sus principales tareas el garantizar el suministro de sujetos explotables a la clase gran-propietaria. Esa regulación total de la mano de obra, desde la sexualidad, concepción y crianza al acto de trabajo, jubilación y fallecimiento, es la biopolítica, o política estatal para los factores biológicos primarios del quehacer productivo.

         Bajo el régimen esclavista antiguo, por ejemplo en Roma, el Estado obtenía una parte conspicua de los productores en las guerras de conquistas. La captura de prisioneros era mucho más importante que la de metales preciosos y bienes consumibles. El régimen salarial del actual capitalismo mundializado, que en poco se diferencia de la esclavitud, no necesita aprisionar mano de obra allende las fronteras pues ésta viene por sí misma. Llega sin ningún coste adicional, no sólo habiendo sufragado sus gastos de crianza sino también los de traslado. Esto es tan portentoso que pasmaría a los viejos esclavistas cazapersonas de los tiempos de Augusto, Abd al-Rahman III o los negreros -blancos y negros- del siglo XVIII.

         La causa inmediata está en la revolución de los transportes, de los medios de comunicación y de los sistemas de adoctrinamiento que ha tenido lugar tras la II Guerra Mundial. Ello permite que millones de personas cada año abandonen los países pobres para ir a trabajar a los ricos, no sólo en EEUU y la UE sino también en las petromonarquías teofascistas islámicas, etc. Por tanto, los países receptores están hoy menos interesados en producir su propia mano de obra, quehacer siempre gravoso, que en captar trabajadores de fuera, con una inversión en crianza y transporte… ¡cero!

         Examinemos el caso de España. Ha recibido unos 6 millones de emigrantes productivos en los últimos 20 años. Si aceptamos que criar la mano de obra autóctona cuesta unos 3.000 euros anuales por persona durante 20 años, concluimos que lo ahorrado (y por tanto, capitalizado) por cada inmigrante es de 60.000 euros. Para los 6 millones el total de lo ingresado es de 360.000 millones, aporte fabuloso que mide la cantidad de riqueza real transferida gratuita y unilateralmente desde los países pobres a un país imperialista llamado España. Pero esto es sólo el principio, pues los beneficios que el par ente estatal-clase empresarial extrae de la inmigración masiva son muchos más.

         La gran afluencia de emigrados, como expone un economista de la derecha española frotándose las manos de gozo, ha dinamizado el mercado de la vivienda, expandido los mercados de alimentos, automóviles, combustibles, tabaco, diversiones, móviles, “servicios sexuales”, informática, etc., y relanzado el negocio bancario, al hacer crecer préstamos, hipotecas, transferencias y otros. Al mismo tiempo, los ingresos del Estado por la tributación (IVA, ITPF, etc.) “crecieron fortísimamente”, lo mismo que los de la caja de la Seguridad Social.

         Gracias a la inmigración, que percibe salarios más bajos, se mantiene la agricultura (sin ella los precios de los alimentos serían 3-4 veces superiores a los actuales), numerosos servicios, ciertos sectores industriales, etc. La conclusión es que aciertan quienes definen a la inmigración como “el negocio del milenio”. De ella proviene una parte decisiva de la plusvalía que se acumula en el capitalismo español.

         Hay más. Los inmigrantes, al enviar remesas de dinero a sus lugares de origen favorecen la implantación de la banca occidental en ellos, que alcanza una penetración difícil de lograr de otro modo. Aquellas enormes sumas monetarias, al circular por los países pobres, contribuyen a desintegrar la economía local, llevando a la decadencia a la agricultura de autoabastecimiento, la artesanía y la pequeña industria, promoviendo el paro, el régimen de monocultivo y monoproducción, la desestructuración social, la pobreza, la prostitución y el militarismo. Sin duda, la monetización y bancarización de las economías de aquéllos es uno de los grandes logros del capitalismo en toda su historia. Así está triunfando el capitalismo globalizado.

         El fenómeno migratorio hace más ricos a los países ricos y más pobres, sobre todo en términos relativos pero también absolutos, a los emisores de mano de obra. Dicha sobre-explotación toma formas singulares, por ejemplo, con las mujeres, reducidas a hembras de cría engendradoras de quienes luego han de ser exportados. Así pues, la “liberación” por el trabajo asalariado de las féminas de los países punteros se sustenta en el expolio de las mujeres de los países pobres.

Éstos se degradan a poco más que granjas de crianza de seres humanos para su envío al exterior. Tal es hoy el principal negocio de muchos de ellos (Marruecos, Ecuador, etc.). De la riqueza creada por el tráfico de los nuevos esclavos asalariados se benefician extraordinariamente las oligarquías locales del Tercer Mundo, aliadas en todo y a menudo económicamente fusionadas con el capitalismo y el imperialismo occidental.

         Para mantener el flujo de emigrantes a coste cero, los Estados potentes se sirven del aleccionamiento de las masas de los países más débiles en el “modo de vida occidental”, a través de la televisión, el cine, la acción de las ONGs, el clero, los partidos políticos, Internet, etc. Al mismo tiempo, evitan que haya una “excesiva” creación de puestos de trabajo en estos últimos, lo que perpetúa su subdesarrollo. Y si todo ello no es suficiente, se valen de atroces guerras internas para expulsar mano de obra, como en Siria, de la que se beneficia sobre todo Alemania, que desde 2003 está perdiendo población al tener más muertes que nacimientos por causa de una biopolítica brutal, represora de la libertad de las mujeres alemanas para ser madres.

         Así pues, la emigración, en tanto que hecho sociológico y económico, es muy negativa para las clases populares de los países ricos y de los países pobres, aunque extraordinariamente beneficiosa para las elites económicas de unos y otros. Concentra la propiedad ampliando las diferencias y desigualdades sociales, al fomentar la acumulación del capital, además del fortalecimiento dinerario del ente estatal. Con ella el imperialismo occidental se expande. Los efectos en el todo de nuestras vidas, y no sólo en la economía, serán tratados de nuevo en artículos posteriores.

jueves, 11 de febrero de 2016

EL TEMPLO ROMÁNICO DE SAN MARTÍN DE ARTÁIZ (NAVARRA) O LAS DESVENTURAS DE UNA HISTORIA AMAÑADA


         Suele suceder que las teorías oficiales y los sistemas dogmáticos encuentran frente a sí realidades singulares que las refutan en beneficio de la verdad. Es el caso de esta pequeña iglesia del valle navarro de Unciti (con una toponimia categóricamente euskalduna), que por sí misma hace morder el polvo a la historiografía ortodoxa.

Simeón Hidalgo[1] arguye “basta con hacer un repaso de los elementos analizados y nos llamará la atención cómo en un edificio religioso de orientación cristiana, aparentemente, hay tan pocos elementos cristianos. Esto pasa en muchas iglesias románicas, donde sus portadas parecen que recogen más la herencia de culturas anteriores al cristianismo que imágenes específicamente religiosas y cristianas. Sobre todo en iglesias rurales lo no cristiano parece que impera”. Exacto.

Los monumentos románicos aldeanos suelen ser iglesias de concejo, erigidas y dirigidas por las asambleas populares soberanas, escasamente influidas por el clero quien, además, en el plano local dependía del poder concejil. La diferenciación entre románico dinástico (del bloque corona-señores) y románico concejil es primordial, lo que desarrollo en el libro “Tiempo, historia y sublimidad en el románico rural”.

La monomanía de la historiografía oficial es negar la existencia del pueblo en tanto que fuerza soberana y creadora, reduciéndolo todo a los señores, los reyes y los prelados. Pero los hechos están ahí. Incluso hoy casi la mitad de las tierras de Navarra son comunales. La fuerza jurídica del concejo abierto (batzarre) es todavía perceptible, como expone Amparo Zubiri en “Propiedad comunal y derechos anejos de aprovechamiento. Los helechales en el noroeste del Pirineo Navarro: de los repartos y las suertes” y como argumenta para todo Euskal Herria Pablo Sastre en “Batzarra, gure gubernua”. Las prácticas de labores comunitarias y de la ayuda mutua vecinal (auzolan) siguen estando vivas, lo que es recogido por la escritora navarra Jasone Mitxeltorena en “Auzolanaren kultura”. Esto es asunto principal, pues dichos edificios debieron ser construidos precisamente en auzolan, con trabajo concejil voluntario. Todo ello es la obra de la revolución civilizadora de la Alta Edad Media, que se manifiesta en el románico.

Sin comprender dicha revolución no es posible desvelar, aunque sólo sea parcialmente, los enigmas de la iglesia de San Martín de Artáiz. Comencemos por lo más fácil. Parece cierto que es románico concejil y que fue erigida hacia el año 1140, en el momento de mayor esplendor a escala europea de ese estilo. En su iconografía se unifican la cosmovisión popular preexistente (vascona), la concepción cristiana y la cultura clásica de Grecia y Roma. Ésas son las tres fuentes principales del arte románico en estos territorios, lo que nos revela qué fue y qué contenidos tuvo la gran mutación altomedieval que, entre otras muchas novedades, creó Navarra.

En principio, debería poder “leerse” el mensaje de todo templo románico. Quienes erigieron el estudiado, hace casi 900 años, buscaban plasmar y transmitir una suma compleja, dinámica e interrelacionada de formulaciones reflexivas, sensitivas, emotivas, estéticas e intuitivas. Pero lo que podemos entender de todo ello en el caso de San Martín de Artáiz es limitado, por el momento. No sólo porque faltan varias piezas escultóricas, verosímilmente decisivas (acierta de nuevo Hidalgo cuando señala que el edificio ha sido “censurado” al eliminarse aquéllas en siglos posteriores a su erección) sino porque nuestra mentalidad es diferente de la de quienes la levantaron, de modo que lo que entonces resultaba comprensible hoy, en ocasiones, nos es ininteligible.

Nos ceñiremos a sólo dos bloques temáticos. En la parte escultórica, la única específicamente románica de este templo en lo decorativo, destaca la intensidad y densidad que alcanza lo dual, antinómico y dialéctico. De los dos leones de las enjutas de la puerta uno mata y el otro protege, de manera que una misma realidad es plasmada en su naturaleza contradictoria. Las piezas escultóricas bajo el alero (canecillos) del tejaroz, manifiestan alegría y celebración, un hombre tañe una cítara y otro un rabel (hay además, aunque más alejado, un tocador de alboca), una muchacha canta con impetuosidad y una mujer esgrime un puchero, símbolo de los alimentos que acompañan. Ésta es presentada pariendo, y la criatura que emerge de su útero no sólo tiene un rostro inquietante sino un puñal en la mano. Así, lo desasosegante irrumpe en lo festivo, y el acto de ser madre, siempre sublime, es al mismo tiempo motivo de turbación.

Otra de las esculturas, de enorme creatividad y expresividad, es una cabeza con la boca provista de una dentadura formidable con la cual se muerde ferozmente las propias manos. El ser humano, así pues, se daña y agrede, obrando como verdugo de sí mismo a la vez que no deja de ser instintivamente buscador de la supervivencia. De nuevo la dualidad, la contradicción, la dialéctica, el conflicto en la esencia de lo real uno. Hegel escribió “Ciencia de la lógica” para dar curso a la concepción dialéctica del ser, a su afirmación/negación dinámica, pero mucho antes en Artáiz ya sabían bastante de ello. En realidad, se unen a las reflexiones de Beato de Liébana, el pensador más conocido del copernicano giro civilizador altomedieval, sobre la naturaleza “bipartida” del ser humano y de todo lo humano. Esa idea de conflicto y antagonismo queda también recogida en una de las metopas, donde lidian dos jinetes armados.

La noción de contradicción, en la forma de temporalidad, alcanza su mayor expresión en la cabeza trifronte, una obra maestra de la escultura por lo que transmita y por cómo lo hace, con un diseño asombrosamente vanguardista. Con ella el tiempo es desmenuzado en sus antinomias de pasado, presente y futuro, y el sujeto en ente que percibe su fluir y el fluir, éste eterno. Tal pieza incita a considerar la totalidad del transcurrir de lo real, a tener en cuenta el pasado, el presente y el futuro, a pensar holísticamente, de manera integral. De ese modo, el templo de esta aldeíta navarra se hace sutil filosofía en piedra, mucho más porque otra cabeza trifronte, de diferente estilo estético (además de manifestarse envuelta en zarcillos y otros elementos vegetales) está esculpida en uno de los capitales de la puerta. En conclusión, el edificio nos invita a hacernos cargos de la vida como realidad hiper-compleja, total y en buena medida inabarcable, incomprensible e inaprehensible.

Examinemos ahora lo que tiene esta iglesia de enunciación de lo corporal y liberación de la sexualidad en tanto que quehacer germinal. En la portada un varón de enhiesto pene parece fertilizar con esperma a quienes penetran en el edificio sacro. En el lado posterior, una mujer muestra con consciente solemnidad su vagina y ano. Al lado, una pareja se abraza, en gesto que tiene más de amoroso que de rijoso, aunque también. Hacia la cabecera campea un enorme pene con testículos. Otro personaje se define por sus orificios, entre ellos el anal. Para entender esto en el marco de la colosal polémica de entonces, en la que hubo mucho más que palabras, sobre la corporal y lo espiritual, los mandados y los mandantes, los esclavos y los libres, remito a mi libro, antes citado. Con una advertencia: no frivolizar. Y con una pregunta, ¿qué tiene que ver lo descrito con “los señores feudales”, “la oscura Edad Media” o el “clericalismo”?[2]. Desatinos aparte, digna de ser citada es la pila bautismal, estéticamente magnífica.

Hay, como se ha dicho, mucho más en el monumento, que no es tratado ahora. Lo cierto es que todo él es un ejercicio de libertad creativa, imaginación tumultuosa (ahí están asimismo las cabezas con una sola oreja, por ejemplo) y expresividad estética. Sin embargo, seguimos comprendiendo poco de lo que este templo pretende decir. Hay bastante más que lo descrito, pero aún no logramos encontrar la conexión entre las partes, ni la unificación de su contenido discursivo, ni menos aún el desciframiento del mensaje como un todo. Continuemos, pues, observando y reflexionando, sin anteojeras doctrinarias ni actos de fe en el dogma del progreso ni chovinismo de época ni servidumbres politicistas.

FOTOS










[1] En “La iglesia románica de San Martín de Artáiz, una lectura particular”, DVD.
[2] La versión de la sociedad medieval que ofrece la “Enciclopedia del románico en Navarra”, III volúmenes, VVAA, yerra, entre otros motivos, por excluir la centralidad de lo popular, y por negarse a admitir que la gran mayoría de los edificios románicos rurales fueron erigidos por las instituciones concejiles y no por los señores, el alto clero o la realeza. Su concepción unidimensional, elitista y antipopular está en oposición con todo lo que sabemos. De ella proviene, a mi juicio, el trato desdeñoso y sectario que da, en su volumen I, a esta refulgente joya del románico universal que es San Martín de Artáiz. El mismo juicio hay que hacer, por desgracia, de “El arte románico en Navarra”, C. Fernández-Ladreda (Directora). Sobre la totalidad de este asunto cada día es más necesario un gran debate abierto, sin censura ni exclusiones. Al comprender mejor el pasado entenderemos mejor el presente, y lo transformaremos positivamente con mayor efectividad.

sábado, 6 de febrero de 2016

16 de Febrero de 1936 EL FRENTE POPULAR CONTRA LA REVOLUCIÓN POPULAR


El 16 de febrero de 2016 se cumplen 80 años del triunfo electoral del Frente Popular, una coalición de partidos republicanos y de izquierda. He venido librando combates por la verdad sobre la historia, contra su reducción a retorcida patraña politiquera. Me batí por la objetividad en la cuestión de la Constitución de 1812 y la revolución liberal, y lo hice casi en solitario, frente al poderoso bloque institucional. Lo he hecho también respecto a la Alta Edad Media, el mito ful de al Andalus, la revolución francesa, el mundo rural popular, los orígenes del capitalismo, la II república o la genealogía del patriarcado en Occidente, sólo por citar lo más importante. Ahora he de apuntar algunas verdades, duras y arriesgadas de decir, sobre el Frente Popular.



         Lo que expongo aquí es una sinopsis del capítulo correspondiente de mi libro “Investigación sobre la Segunda República española, 1931-1936”, de pronta aparición, de manera que quien desee profundizar le invito que acuda a él. La verdad, en tanto que verdad posible-finita, sobre el Frente Popular en el periodo febrero/julio de 1936, desde su implantación hasta el estallido de la guerra, ha sido y es falseada de la manera más descarada. No se ha efectuado con interpretaciones o relecturas más o menos sutiles o sofísticas sino por la simple ocultación de los hechos: se evita que el público conozca lo más importante de lo que sucedió.



         ¿Qué se oculta? Sobre todo cuatro cuestiones: 1) en esos meses hay un ascenso colosal de las acciones de las clases populares, especialmente de las rurales, que toma un carácter tendencialmente revolucionario; 2) tales movilizaciones se dirigen contra las manifestaciones fundamentales del Estado y contra la patronal, 3) los gobiernos del Frente Popular, con el respaldo de todos los partidos y sindicatos de la izquierda, reprimen con furor las luchas obreras, campesinas y populares, ocasionando cientos de muertos, miles de detenidos, heridos y torturados, 4) la sanguinaria represión que lleva a efecto el Frente Popular no frena la acción de los trabajadores, antes al contrario, desgasta y desorganiza a dicha formación y a la izquierda, por lo que, para evitar la eclosión definitiva de la revolución, ha de intervenir el ejército, iniciando la guerra civil.



         Los episodios de choque sangrientos entre las clases trabajadoras y los aparatos represivos a las órdenes del Frente Popular (sobre todo la guardia civil y la guardia de asalto) son muy mal conocidos. En mi investigación he podido localizar un gran número  pero me queda la convicción de que la mayoría está todavía por identificar. Puesto que los gobiernos de Frente Popular establecieron la censura previa de prensa y radio, sólo algunas de las matanzas de trabajadores efectuadas siguiendo las órdenes de dichas autoridades nos son hoy conocidas. Hay muchísimo que investigar todavía.



         Falta por precisar las características concretas de las acciones populares: ataques a patrullas de la guardia civil; cercos masivos y armados a cuartelillos y comisarias; choques callejeros con oficiales del ejército; establecimiento de tribunales revolucionarios; expulsión de burgueses y pudientes de pueblos y barrios; negativa a obedecer las órdenes de los aparatos del Estado, incluidos los ayuntamientos; ruptura de masas con las direcciones de los partidos y sindicatos del Frente Popular; armamento y autoorganización miliciana de los trabajadores más conscientes; toma de facto del poder de decidir y ordenar en numerosas empresas, fábricas, explotaciones agrarias y otras unidades de producción por sus asalariados; corte de comunicaciones; negativa a pagar los impuestos; liberación de tierras antaño comunales expropiadas por el Estado y vendidas a terratenientes, destrucción de máquinas, rechazo del uso del dinero, expropiación sin indemnización de bienes de la burguesía comercial, etc. Todo ello alcanzó un máximo en el final de la primavera de 1936.



La doble acción del Frente Popular y los partidos de izquierda, a saber, reprimir violentísimamente por un lado e intentar paralizar a las multitudes con intervenciones políticas institucionales por otro, aunque logró resultados parciales no impidió el avance del gran incendio de la revolución popular en flujo. Un asunto pendiente de investigación es el desgaste del Frente Popular, que al ser la punta de lanza política de la reacción, de la anti-revolución, entra en colisión abierta con las clases populares. Todo parece indicar que en los comienzos del verano de 1936 las bases de los partidos y sindicatos adscritos al Frente Popular se estaban escindiendo de sus jefaturas, para sumarse a las luchas espontaneas de los trabajadores del campo y la industria.



Escalofriantes son los datos sobre la violencia ejercida por los aparatos represivos en ejecución de las órdenes que les llegaban de las autoridades del Frente Popular. Numerosas fueron las matanzas, que dejaron un número enorme de muertos y heridos de bala, pero quizá más terrible fue el uso masivo de la tortura, que convirtió al país en una inmensa sala de tormentos, donde eran llevados y triturados aquellos obreros y campesinos más combativos. Mi libro ofrece los cálculos cuantitativos, incluida la violencia padecida por las mujeres trabajadoras, que estuvieron en primera fila de la lucha revolucionaria.



         ¿Quiénes fueron responsables institucionales primeros de tanta sangre y tanto dolor? Pues los partidos y sindicatos que firmaron el “Manifiesto electoral de Izquierda (Pacto de Frente Popular)”, de 15 de enero de 1936. Hagamos la lista: Izquierda Republicana (que era el partido de Manuel Azaña), Unión Republicana, PSOE, UGT, PCE, Juventudes Socialistas, Partido Sindicalista y POUM, sumándose luego la formación vasca ANV y en Cataluña ERC. La mayoría de los jefes de CNT pidió el voto para el Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero. Particularmente vesánico fue el proceder del PCE, siempre a la vanguardia de la defensa de la represión.



         Vencedora la coalición, formó gobierno con Izquierda Republicana y Unión Republicana, mientras que el resto de los partidos firmantes del Manifiesto les otorgó apoyo parlamentario y, sobre todo, en la calle. En ninguna de las numerosas matanzas ordenadas por los gobiernos de Frente Popular (hubo dos) los partidos y sindicatos de la izquierda hicieron lo más mínimo por apoyar a los trabajadores, pues invariablemente justificaron y respaldaron la acción de los aparatos represivos. La violencia antipopular del Frente Popular fue el antecedente inmediato de la violencia fascista de Franco.



         Estos son los hechos. Ochenta años después deben ser conocidos y reflexionados.