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lunes, 23 de enero de 2012

“LA OTRA CARA DE “LA PEPA”. La Constitución de 1812 en evidencia”



Amigas y amigos:

Me alegra informaros que el blog de Alish, haciéndose eco de la campaña de denuncias que se viene efectuando contra el Bicentenario de la Constitución de Cádiz, ha producido el vídeo “LA OTRA CARA DE “LA PEPA”. La Constitución de 1812 en evidencia”, de 49:16 minutos de duración:

 También podéis acceder al video a través de mi página.

Asimismo en este Blog podéis encontrar más materiales escritos para una comprensión objetiva más allá de la propaganda institucional de lo que fue la Constitución de 1812 y la revolución liberal, que ahora con tanta vehemencia celebran los Reyes de España, las multinacionales españolas, la jerarquía eclesiástica, el ejército, la intelectualidad del pesebre, la estetocracia, los partidos políticos de derecha y de izquierda y los catedráticos-funcionarios.
 En las actuales condiciones sería importante que la resistencia popular al Bicentenario llegara a tener el mismo impulso que la de 1992 contra los fastos del “descubrimiento de América”.
 Félix

domingo, 15 de enero de 2012

MATERIALES PARA LA CRÍTICA ARGUMENTADA DE LA CONSTITUCIÓN DE 1812, “LA PEPA”, Y DEL BICENTENARIO


Se inaugura, con la denominación de "Materiales para la crítica argumentada de la Constitución de 1812, "La Pepa", y del Bicentenario", una nueva SECCIÓN en la página Web LA VIDA COMO ESFUERZO Y SERVICIOS DESINTERESADOS, cuya intención es recoger todos los materiales gráficos o audiovisuales sobre/contra la Constitución de 1812. Además de agrupar todos los documentos que hasta el momento se han realizado, se incluye como novedad el artículo titulado: "El concejo abierto y el comunal agredidos por la Constitución de 1812".



LLANTO POR EL CAMARADA KIM (y IV)


Hay un elemento más en la materia considerada, que la burguesía de Occidente hoy utiliza, con enorme éxito y eficacia, los casos de Corea del Norte, o de Cuba, para desacreditar toda idea de revolución y la lucha anticapitalista en su totalidad.
         Ello es así hasta el punto que el principal beneficiado de la existencia de esas experiencias aberrantes y monstruosas es el imperialismo norteamericano y el capitalismo multinacional globalizador. Por eso ambos están interesados, al menos objetivamente, en que se mantengan como tales el mayor tiempo posible.
         En efecto, nadie hoy hace una revolución para acabar adorando de rodillas a los Kim o los Castro de turno, mientras es vigilado día y noche por la policía política. Esto aleja a las mejores personas de la idea de revolución, de cualquier revolución, lo que es una gran desgracia.
         Y no sólo son “los países socialistas” aún subsistentes, sino también la totalidad del ciclo histórico de la Unión Soviética, los disparates sangrientos de los otros “socialismos” del Este europeo (que se comenzaron a venir abajo con la rebelión de los trabajadores en Berlín en 1952 y en Hungría en 1956 contra el comunismo fascista), el caso terrible de Camboya, el no menos patético, en cierto sentido, de Vietnam, ayer vencedor de los EEUU y hoy su aliado, y sobre todo China, donde el Partido Comunista ha creado un “socialismo” que tiene muchos rasgos de régimen esclavista, por la forma despiadada como super-explota a la clase obrera, con docenas de miles de multimillonarios, una devastación medioambiental pavorosa y una política exterior neocolonialista rapaz y ecocida, que expolia sin contemplaciones al Tercer Mundo.
         Pero no sólo son ésos. Los acontecimientos aquí en la guerra civil también están esperando una revisión imparcial. Algunas de sus experiencias, como las colectividades, probablemente estén sobrevaloradas y necesiten de una evaluación más fría y minuciosa, hecha con voluntad de verdad. Eso por no citar acontecimientos similares realmente escalofriantes, como los de naturaleza “antiimperialista”, en particular Argelia pero también Angola, Nicaragua, El Salvador y otros varios.
         El significado de todo ello es que el primer ciclo histórico de una revolución dirigida a superar el capitalismo ha fracasado. O más exactamente, ha producido formaciones sociales más monstruosas aún que aquéllas contra las que las revoluciones se alzaron.
         Así las cosas, la peor estrategia es no reconocer la verdad y reducirse a respaldar lo que fue y lo que todavía queda, sin ninguna perspectiva de futuro. En efecto, es una causa perdida defender lo indefendible, por lo que lo mejor es realizar un balance, aprender las lecciones históricas y condenar sus consecuencias aún hoy existentes con la máxima energía.
         ¿Con qué propósito todo ello? Pues precisamente para encarrilar adecuadamente el segundo ciclo histórico de revoluciones anticapitalistas, que al sustentarse en la experiencia del primero tendrá muchas más posibilidades de ser exitoso.
         Quienes se refugian en la nostalgia de lo que fue, aquellos que no quieren mirar hacia adelante, porque el futuro les provoca espanto e inseguridad, o por pura incapacidad analítica, están sacrificando las revoluciones del futuro a las revoluciones del pasado. Eso es un error descomunal, pues de lo que se trata es de poner éstas al servicio de aquéllas, extrayendo las lecciones pertinentes y poniendo en marcha el segundo ciclo histórico a partir de las enseñanzas así localizadas y sistematizadas.
         Hay que pasar a toda costa a la ofensiva, repudiando esa suicida mentalidad defensiva que consiste en meramente irse defendiendo de las acusaciones que lanza el imperialismo, los Estados y las burguesías. Ganar la ofensiva pasa por aceptar la verdad por dura que sea, aprender de lo acontecido, condenar lo que queda del primer ciclo, o fase, con la máxima energía (por ejemplo, la demencia del PT de Corea y su régimen nazi) y hacer públicas las enseñanzas alcanzadas.
         Una, como se dijo, estriba en la significación del Estado: donde éste opera habrá capitalismo de manera inexorable. La otra está en relación con los errores colosales (al lado de algunos aciertos) de la que ha sido la teoría guía de las revoluciones, en más o en menos según los casos pero de todas, el marxismo. Éste está equivocado en numerosas cuestiones decisivas, y su aplicación ha llevado a los desastres y esperpentos sangrientos que ahora tenemos ante nosotros. De ello se infiere que hay que pensar la historia, el devenir de las sociedades y, por tanto, las revoluciones de un modo nuevo.
         Un tercer elemento es la función del factor humano. Dado el carácter mecanicista, economicista y determinista de la teoría guía, el marxismo, la valía del sujeto era considerada un cero a la izquierda, una nada. Estamos ante un dislate descomunal, que no sólo ha llevado a la deshumanización propia de las formaciones que se dicen anticapitalistas sino que ha contribuido poderosamente al fracaso final de los procesos revolucionarios.
         Ya sabemos tres cosas decisivas, aprendidas en la durísima práctica histórica. Hay otras más que podemos señalar y que se irán señalando. En mi libro “La democracia y el triunfo del Estado” abundan las reflexiones en esta dirección.

martes, 10 de enero de 2012

DENUNCIAS FALSAS EN ESPAÑA POR MUJERES. VIOLENCIA DE ESTADO.

Se trata de un reportaje elaborado por la productora danesa rvproduction.net. En éste se explica, con datos y entrevistas concretos, los perversos efectos de la llamada Ley de la violencia de género, dictada por el gobierno del PSOE. A la vista de los hechos denunciados, el propio reportaje se hace la pregunta ¿es correcto que el motivo real del PSOE es que las feministas puedan liderar una  acción de venganza sobre los hombres, y simultáneamente destruir las relaciones familiares tradicionales?



domingo, 8 de enero de 2012

EL “ANTIRRACISMO” RELIGIÓN POLITICA (II)




El Partido Panteras Negras no tuvo un programa revolucionario. Deseaba un Estado, negro, un capitalismo negro y, también, un patriarcado negro. Esto es, quería lo que tenía la sociedad blanca dominante, no se proponía superarla, únicamente imitarla. Le movió la envidia hacia los blancos, no el deseo de crear una sociedad mejor y superior. Nunca fueron un partido revolucionario, sólo racista antiblanco. Eso explica lo que uno de sus jefes, Eldridge Cleaver, cuenta en “Alma encadenada”. Sin pesar ni sentimientos de culpa, narra que en su juventud se divertía violando a mujeres blancas. Así de terrible era su racismo, así de inmundo y machista.

Esto era obvio pero casi nadie se atrevía a discrepar, en especial entre las y los blancos, al estar dominados por atroces y autodestructivos sentimientos de culpa y pesar inducidos, que una minoría de varones negros explotaban a placer para su beneficio particular. De los pocos que elevaron la voz contra el reformismo pro-sistema de los Panteras Negras fue T.J. Kaczynski, aunque no tocó el problema de fondo, el racismo antiblanco. Es a remarcar que éste es creído y difundido, sobre todo, por personas blancas, lo que es bastante esclarecedor.

Los Panteras Negras tuvieron un problema bastante grave con la misoginia. Dado que sólo estaban preocupados por una cuestión, el racismo antinegro, todo lo demás lo tomaban tal cual de su entorno político e ideológico, incluida la marginación de la mujer. Hubo muy pocas féminas en sus filas, como es comprensible. Las fotos en que ellos, varones negros, aparecen en poses pseudo-heroicas, con boina, fusil y chaquetón de cuero, lo que les daba un aire de machotes que repele, no ayudó a la integración de las mujeres en la lucha.

El racismo era tan grave en ellos que, al parecer, no admitían que personas blancas formasen parte del Partido.

Si Cleaver hubiese estudiado la historia probablemente habría puesto en cuestión sus perversas convicciones. La caza y esclavitud de personas negras con su posterior traslado a América, que se inició a finales del siglo XV, tiene una doble responsabilidad, blanca, sin duda, pero también negra. Eran las oligarquías africanas las que realizaban la primera parte del negocio, capturar esclavos y esclavas, por medio de operaciones bélicas muy sangrientas e inhumanas, y llevarles a los lugares de embarque en la costa de África occidental subsahariana. Allí estas desventuradas gentes eran vendidas a los negreros europeos, portugueses, españoles, holandeses, ingleses o franceses, por armas, alcohol, telas y baratijas.

Sin esas oligarquías negras la trata de esclavos negros no podría haberse realizado. Hasta bien entrado el siglo XIX los europeos no podían penetrar en África negra, debido a que no soportaban las condiciones medioambientales. Cuando lo intentaban morían todos, como sucedió con varias expediciones portuguesas que se atrevieron a marchar hacia el interior. Por eso la primera parte de la operación la hacían los poderes autóctonos, esto es, individuos negros, que usaban a sus coterráneos como mercancías para lograr abastecerse de los productos que les ofrecían los europeos.

Así pues, la responsabilidad de la esclavitud de las y los negros llevados a América se distribuye, mitad por mitad, entre negros y blancos. Si Cleaver deseaba protestar contra los que, hacía siglos, habían encadenado a sus ancestros tendría que haber dirigido su furia contra los habitantes de África tanto como contra los de Europa. Dicho de otro modo, la cuestión no era de razas sino de poder y de codicia. El victimismo, una vez más, carece de fundamentos en la realidad. Es sobre todo una ideología inducida con fines oscuros.

Quienes comenzaron la trata de esclavos fueron los musulmanes norteafricanos y europeos. Al-Andalus, ya desde el siglo IX, traía regularmente a la península Ibérica grandes contingentes de esclavos negros, una parte de los cuales para servir en el ejército regular andalusí. Se sabe que el famoso califa cordobés Abd al-Rahman III era un racista antinegro furibundo, que se recreaba torturando a las personas que tenían la piel tostada. En la batalla de las Navas de Tolosa, Jaén, en el año 1212, el gran jerarca de los almohades, Al Nasir, dirigió a sus tropas desde una tienda protegida por un multitudinario entramado de esclavos negros encadenados, armados con lanzas y atados a estacas. Este hecho muestra lo habitual que era el uso a gran escala de esclavos subsaharianos por los musulmanes de al-Andalus.

Fueron los portugueses los primeros europeos que aprendieron, a partir del siglo XIV, de los musulmanes las malas artes de la esclavitud, que en los pueblos libres del norte de la península Ibérica estaban olvidadas desde hacía siglos. Para fomentar la trata, crearon factorías en lugares estratégicos de la costa africana, adonde las elites negras de los territorios próximos les hacían llegar las caravanas de esclavos a permutar por bienes europeos. A continuación aquéllos eran cargados en barcos y llevados a América.

Ciertamente, en el Nuevo Continente eran sometidos a esclavitud por los blancos, lo que es espantoso. Pero no más espantoso que la esclavitud a gran escala impuesta por Roma en su tiempo, cuando millones de personas, blancas, eran encadenadas por las elites romanas, también blancas, sin que ello genere en el presente ninguna forma de victimismo. En al-Andalus los muy activos mercados de esclavos y esclavas de Córdoba, Almería y otras ciudades no traficaban con personas negras, salvo minoritariamente, sino con blancas, en particular con mujeres, cazadas cimitarra en mano en los territorios del norte (Cataluña, Vasconia, León, Galicia, Castilla, Aragón, etc.). Eran mercados para la compra-venta de, en primer lugar y sobre todo, mujeres blancas, destinadas a lugares más que terribles, los harenes islámicos de la cuenca mediterránea. Y esa situación se mantuvo durante siglos, desde el VIII al XIV ó XV, y debió de afectar a cientos de miles, y probablemente millones de féminas.

Sin embargo, todo eso no ha suscitado, ni de lejos, el muy virulento victimismo que en ciertos sectores, negros y blancos, ha ocasionado la trata de esclavos hacia América. Sería interesante saber por qué. Sea como fuere, no parece decente culpar a las personas de lo que hicieron sus antepasados, y menos aún servirse de tales mañas ni para fines políticos ni para el lucro particular.

Las personas negras han sido y son víctimas de otras igualmente negras quizá en la misma proporción que de la gente blanca. Recordemos el caso de hutus y tutsis en los años 90 del siglo XX, en lo que fue una de las mayores carnicerías de la historia de la humanidad, pues casi un millón de personas negras africanas resultaron asesinadas por otras, también negras. En realidad, cosas terribles pasan en lo más profundo del África negra casi a diario, y en ellas el racismo de los blancos tiene poco o nada que ver. Es más bien el racismo de los negros el que suele contar, como en el caso de hutus y tutsis, que se despreciaban racialmente los unos a los otros.
                                                                                                         (Continuará)


LLANTO POR EL CAMARADA KIM (III)


Una forma de avanzar hacia la constitución de un régimen fascista rigurosamente estatal como el de la dinastía comunista de los KIM en el norte de Corea es promover la ideología de la estatización plena de la vida social. Eso el PCE-IU lo está haciendo en todas partes, y también dentro del 15-M, donde sus peones no dejan de perorar a favor de “lo público”, esto es, del Estado, y en contra de lo privado, en lo que incluyen a todo lo no estatal, desde la empresa capitalista privada hasta todas las formas de anticapitalismo autogestionado y autónomo.

Por supuesto, eso no impide que la banca privada financie al PCE-IU.

Eso está dañando gravemente el 15-M, haciendo que deje de ser una comunidad popular y convirtiéndose en una corriente marginal y risible, pues sólo una minoría ínfima está de acuerdo con tales enloquecimientos, especialmente entre las nuevas generaciones. Es observable que en las asambleas donde tienen presencia los defensores del fascismo omni-estatal las personas normales, populares, se van y no vuelven, es más, escapan despavoridas.

El modelo coreano no interesa a nadie, más allá de quienes desean ser los dueños de todo y mandar en todos, los jerarcas del PCE.

Corea del Norte existe no por sí sino sobre todo por el respaldo que la otorga China, también gobernada por otro “partido hermano” del PCE, el Partido Comunista de China, a día de hoy la empresa capitalista estatal-privada más importante del planeta. De ahí han salido ya casi tantos multimillonarios privados, según los datos aportados por organismos internacionales de análisis, como del capitalismo USA.

El caso chino, igual que antes el soviético-ruso, muestra la línea de evolución del comunismo fascista en lo económico. En la fase primera se crea un capitalismo rigurosamente estatal, encastillado dentro del Partido y el Estado, que se impone a las clases populares por el terror más extremo. Pero en un segundo momento, va emanando un capitalismo privado, en nada diferente del habitual, salvo en que está más vinculado al ente estatal, lo que es el caso de China hoy. Luego viene una tercera fase en la que hay un vuelco, súbito o evolutivo, en el cual el capitalismo deja de ser principalmente estatal y comunista para hacerse privado y particular en lo más decisivo, como sucedió en Rusia en 1991.

Estas fases evolutivas parecen responder a necesidades inherentes del propio capitalismo, que es bastante más eficiente como régimen de producción en la forma privada/privada-estatal que en la estatal/estatal-privada.

Por tanto, sea cual fuere el grado de obcecación de la dinastía Kim, tendrán que seguir ese camino. Si no lo han hecho ya es porque a China, su dueña entre bambalinas, le interesa tener un poder ultra-agresivo e hiper-militarizado con el que asustar a sus rivales imperialistas, una especie de perro guardián a la puerta de casa que sea ladrador en extremo. Cuando China entre en dificultades graves, políticas, económicas, diplomáticas o internacionales, los Kim pasarán a mejor vida. Su historia es bastante parecida a Albania bajo la égida del Partido del Trabajo de Albania, una formación fascista-comunista pura y dura que se desintegró en 24 horas en cuanto el “socialismo real” del Este de Europa se vino abajo en 1989-91.

Indicativo es asimismo el caso de Cuba, que está ahora transitando la fase segunda, con una emergencia continuada de formas capitalistas privadas desde el precedente capitalismo estatal, al mismo tiempo que se mantiene la superestructura totalitaria y se continúa con la represión de las clases trabajadoras.

Eso quiere decir que la demagogia “anticapitalista” de la izquierda estatista, en tanto que discurso político, tiene los días contados. Más pronto que tarde el capitalismo de Estado que preconiza, allí donde existe, evolucionará hacia capitalismo privado poniendo a aquélla en evidencia.

En realidad, lo que ello significa es que, en la actualidad, dado un Estado, se llame como se llame éste, está dado, tarde o temprano, el capitalismo “de libre empresa”. Tal es coherente con los inicios del capitalismo, que en contra de la tesis marxista, no surge de una fase de “acumulación originaria primitiva” sino, lisa y llanamente, del Estado, de los Estados. Esto lo trato, con buen acopio de datos, para el caso español, en mi libro “La democracia y el triunfo del Estado”. El análisis de lo acaecido en Inglaterra, que también se expone en dicha obra, o en Francia, corrobora esa interpretación.

La experiencia histórica, por partida doble, nos muestra de manera taxativa que toda forma de estatismo es pro-capitalismo, y que la construcción de un aparato estatal comunista es la antesala del desenvolvimiento del capitalismo privado.

La conclusión a extraer de todo ello es sencilla: únicamente una política y un programa cuidadosamente antiestatal puede ser, por la fuerza misma de la realidad, anticapitalista, y la única forma de liquidar el capitalismo es por medio de una revolución integral de contenido antiestatal, esto es, popular, que cree desde el primer momento formas políticas y económicas, además de convivenciales, educativas, sanitarias, de ocio, de autodefensa y de cualquier otra naturaleza, ajenas a toda forma de ente o aparato estatal.

Ésa es la gran lección que ha proporcionado lo acaecido desde 1917 hasta hoy. Ése es el gran reto de nuestro tiempo.
                                                                                   (Continuará)

“SOBRE LA RELIGIÓN”. CARLOS MARX Y FEDERICO ENGELS - LA HABANA 1963



La comprensión lo más exacta posible del cristianismo, en oposición al anticlericalismo burgués en todas sus manifestaciones, es de gran importancia en la hora presente. Este libro ayuda a ello, al compilar diversos escritos de los autores de “El Capital” sobre esta materia.

No parece apropiado todo lo que Marx y Engels exponen sobre el primer cristianismo, hasta el siglo IV, ni menos aún acerca del significado de la religión en las sociedades humanas, pero sí se debe coincidir con ellos en el meollo de la cuestión, expuesta en diversos artículos que Engels fue publicando entre 1882 y 1895. Posteriormente, K. Kautsky, destacado dirigente del movimiento obrero alemán, sacó el libro “Orígenes y fundamentos del cristianismo”, en el que desarrolla las ideas de Marx y Engels en este asunto a través del análisis histórico.

En radical oposición al anticlericalismo burgués, Marx y Engels formulan una interpretación francamente positiva del cristianismo primitivo, al que consideran un movimiento revolucionario popular de su tiempo.

En “El libro de la Revelación” Engels apoya calurosamente la siguiente frase de E. Renan, “cuando se quiere tener una idea clara de lo que fueron las primeras comunidades cristianas, no hay que compararlas con las congregaciones parroquiales de nuestra época; eran más bien como secciones locales de la Asociación Obrera Internacional”. A continuación se interna en un análisis comparativo de las coincidencias entre el movimiento obrero europeo del último cuarto del siglo XIX y las colectividades cristianas originarias.

Comienza dando información sobre la importancia que tenían las mujeres en aquel cristianismo, así como la existencia en éste de algo similar a lo que luego se llamaría “amor libre”, entendido como libertad sexual. Sigue señalando su naturaleza emancipadora en diversos aspectos, en relación con las condiciones de la época, remarcando su combatividad en contra del imperialismo y el Estado romano opresor.

Otro de los trabajos de Engels, “Sobre la historia del cristianismo primitivo”, comienza con la frase siguiente, “la historia del cristianismo primitivo tiene notables puntos de semejanza con el movimiento moderno de la clase obrera. Como éste, el cristianismo fue en sus orígenes un movimiento de personas oprimidas: al principio apareció como la religión de los esclavos y los libertos; de los pobres despojados de todos sus derechos, de los pueblos subyugados o dispersados por Roma”. Desde luego, este análisis está en las antípodas del que realiza el anticlericalismo burgués, en particular en sus expresiones fascistas, la obra de Nietzsche sobre todo, hoy el principal reservorio de fanatismo anti-cristiano, usado por el ala más brutal de los nazis.

Advierte que sólo con el emperador Constantino (306-337) “se convirtió en religión de Estado”, de modo que antes era lo contrario, un movimiento contra el Estado que, además, era una forma muy peculiar de religión. Pero olvida decir que ese cambio tuvo lugar después de que el ente estatal romano lanzara la aterradora “Gran Persecución” contra aquél, en 303-311. Durante 8 años las fuerzas represivas de Roma realizaron una carnicería, exterminando a los verdaderos cristianos, probablemente cientos de miles, y dejando indemnes a los elementos turbios, cobardes y oportunistas. Con éstos pacta luego el Estado, creándose así la Iglesia, en tanto que brazo religioso del ente estatal, que antes no existía.

Tras tocar varios asuntos de menor importancia introduce una frase de enorme significación, en la que califica la cosmovisión cristiana de “uno de los elementos más revolucionarios de la mente humana”. Exacto. Si no se comprende esto no se puede entender la historia de Europa en los últimos dos mil años, ni tampoco encarar con rigor la revolucionarización de nuestra sociedad y la construcción de otra futura sin Estado ni capitalismo. Asimismo sin meditar a fondo esa observación no hay modo de construir y autoconstruir un ser humano cualitativamente superior.


Insiste en que los primeros cristianos se reclutaron entre “trabajadores y agobiados, los miembros de la capa más baja del pueblo, como cuadra a un movimiento revolucionario”. Luego quizá desbarre un poco el texto para volver a acertar al analizar el “Apocalipsis”, libro atribuido al apóstol Juan, lleno de pasión por combatir a Roma hasta verla destruida.

Apunta Engels, con acierto, el universalismo del movimiento cristiano, que salta por encima de lo que separaba a los pueblos de entonces para poner el énfasis en los que les unía, con el fin de agrupar fuerzas contra el enemigo común: Roma y su orden político (centrado en el Estado y en el patriarcado) y económico (nucleado en torno a la propiedad privada absoluta).

Hasta aquí lo principal de las posiciones marxistas sobre el cristianismo.

Algunas reflexiones añadidas se imponen.

Dicho estudio, si bien rudimentario (ha pasado casi siglo y medio y hoy sabemos mucho más), es acertado en su orientación básica. Todos los trabajos posteriores de investigación, publicados desde entonces, que estén hechos con una mínima voluntad de objetividad, han de admitir, con peor o mejor humor, el carácter revolucionario del cristianismo. Hemos avanzado mucho en el análisis de detalle de aquel fenómeno histórico, pero las cuestiones decisivas se mantienen. Otra cosa son los textos eclesiásticos que, sin respeto por las fuentes ni por la verdad, se limitan a justificar la existencia y privilegios del alto clero “cristiano”. Ellos son la principal agencia de tergiversación del verdadero cristianismo.

 Esto significa que el marxismo, estrictamente considerado, se diferencia de forma inequívoca en su interpretación de los orígenes y naturaleza del cristianismo de todas las formas de anticlericalismo burgués. Engels mismo se mofa con elegancia de Voltaire, al que con razón tilda de “superficial”. Al sanguinario anticlericalismo republicano, surgido de la revolución francesa y muy activo hasta el día de hoy, ni lo cita, con acierto, pues sus formulaciones son meras majaderías cargadas de fanatismo. En alguna frase se desmarca también de ciertas ideas ingenuas que sobre el cristianismo había en algunos sectores del movimiento obrero de ese tiempo, bienintencionadas pero equivocadas, que se negaban a ver su carácter terrible y combativo.

La Edad Dorada del anticlericalismo más letal es principios del XIX y comienzos del XX. Se lanza desde arriba como una gran operación ideológica con varios objetivos. Uno era, quizá el más importante, mantener a un movimiento obrero ya poderoso en la ignorancia de precisamente esa afirmación genial de Engels, antes citada, sobre que está entre los sistemas de ideas más aptos para revolucionarizar la mente humana.

Había que ocultar por los medios que fuera que el cristianismo fue un intento muy bien pensado de realizar una transformación integral del orden constituido, para originar una sociedad liberada del artefacto estatal y de la propiedad privada, para lo cual produjo nociones y formulaciones de una sorprendente originalidad y validez.

El anticlericalismo segregado por la mercenaria intelectualidad burguesa fue como un gran puñado de arena que se lanzó a los ojos de las clases populares, para volverlas ciegas a una experiencia histórica magnífica, de la que se podían extraer lecciones que quizá hubieran sido terminantes para impedir que el movimiento obrero fracasase finalmente, como lo ha hecho, en su pretensión inicial, derribar el despotismo del patrono y del capital.

No es casual que quien sienta los fundamentos de la concepción fascista de la sociedad, de los sistemas de ideas prevalecientes y del sujeto, Nietzsche, sea un anticristiano frenético, lo que pretende validar presentándose a su público, por lo general acrítico, pueril e inculto, como anticlerical. En su colosal ignorancia y mala fe, aquél no sabe diferenciar entre cristianismo e Iglesia y no conoce nada de los acontecimientos históricos que Engels examina con acierto, aunque de forma elemental.

En realidad, la Iglesia y el anticlericalismo burgués tienen el mismo propósito de facto, impedir que los contenidos del cristianismo auténtico lleguen al pueblo.

Quienes rechazan, desde su abismal ignorancia, las aportaciones válidas del cristianismo, los elementos positivos de su cosmovisión básica, es porque no están por una revolución integral. Quienes sólo desean vivir “mejor”, consumiendo más bajo el capitalismo, librando meramente “luchas” por reformas y ventajas económicas y sociales, para nada necesitan aquellos elementos universalmente válidos de la cosmovisión cristiana. Les vale con la barbarie e idiocia cotidianas.

Queda, como complemento a lo expuesto, el análisis de la interpretación que el movimiento libertario hizo del verdadero cristianismo, que en poco difiere de la del marxismo, aunque quizá sea más extenso y sutil. Pero eso en otro trabajo.

viernes, 6 de enero de 2012

“ANTIIMPERIALISMO” Y ANTIIMPERIALISMO. LOS CASOS DE SIRIA E IRÁN



         En el momento de escribir estas líneas el número de personas asesinadas en Siria por el régimen ¿antiimperialista? de Bachar el Asad es de unas seis mil, desde marzo de 2011, cuando comenzaron las grandes manifestaciones populares. Pero, teniendo en cuenta, que aquél es anti-occidental, al ser un aliado del régimen fascista islámico de Irán, parece que hay ciertos “antiimperialistas” que le dan respaldo y muchísimos más que callan, pues sus absurdos planteamientos les han colocado en una situación sin salida, es más, les están poniendo en evidencia.
         Si todo lo que se oponga, o parezca oponerse, al imperialismo estadounidense es apoyable, por atroz y terrible que sea su naturaleza y ejecutoria, estamos obligados a, por ejemplo, dar respaldo a la Alemania nazi, que combatió a EEUU desde 1941 a 1945. También a la Italia fascista, que lo hizo en fechas similares. Esto es, cualquiera que por las razones que sean se enfrente a esa gran potencia recibirá el respaldo de las y los profesionales de “la liberación de los pueblos”. Esto es penoso para los pueblos, por supuesto, pero excelente para el imperialismo USA, al quedar sus enemigos identificados con los peores dictadores y genocidas.
         Ello significa, lisa y llanamente, hacerse portavoces a escala planetaria de, a menudo, las peores formas de reacción, patriarcado, capitalismo, dictadura estatal, despotismo clerical y fascismo. Y es, asimismo, quedar a merced de cualquier demagogo que, aupado a una tribuna, perore contra Occidente proponiendo cosas mucho más reaccionarias y mucho peores que las occidentales, lo que sucede todos los días. Chomsky, por ejemplo, eso (y otras muchas bellaquerías) lo hace de maravilla.
         En Siria es verdad que las manifestaciones populares, en su sentido político, no son trigo limpio, como no lo fueron las de la ”primavera árabe”  tan imprudentemente loada hace sólo unos meses por los “antiimperialistas” de oficio como hoy súbitamente olvidadas, sin que los entusiastas de la cosa, como hacen siempre, se hayan molestado en dar explicaciones. En Siria hay, en el seno del movimiento popular, una fuerte posición alentada, cuando no directamente financiada, por EEUU y sus aliados más firmes y estables (entre ellos dos países musulmanes claves, Turquía y Arabia Saudí), pero también una sana y sincera voluntad popular de librar al país de la feroz dictadura de la minoría que hoy controla el gobierno.
         En consecuencia, hay que apoyar no al “antiimperialismo” sangriento y ultraopresivo de Bachar el Asad y sus verdugos, ni a aquellas facciones que se manifiestan en la calle para ganarse los muy piadosos subsidios que les otorga Arabia Saudí, siempre generosa en la distribución del dinero que gana con el petróleo, o la bendición del islamismo “democrático” (parlamentarista) de Turquía, o simplemente los dólares del Tío Sam, sino al pueblo que de un modo u otro, con más o menos claridad y consecuencia, lucha por la libertad.
         Hay, por tanto, tres fuerzas enfrentadas entre sí dentro de Siria, y no dos. Una vez derrocado el actual régimen, lo que sucederá seguramente, quedarán dos, y si el pueblo no se espabila será sometido a nuevas formas de opresión. Igual que en Túnez y Egipto, donde la alianza entre el ejército y el islamismo político, a las órdenes del gran capital local y del imperialismo occidental, ha frustrado las esperanzas populares. Por cierto, quienes dijeron que el islam era “antiimperialista” por “antioccidental”, (¿Arabia Saudí también?, ¿Turquía también?), ¿cómo explican lo que ésta sucediendo en esos países?
         Similar es el caso de Irán. Para empezar el régimen fascista de los clérigos islámicos llegó al poder en 1979 con el apoyo entusiasta de EEUU, que tenía dos buenos motivos, al menos, para ello, 1) arrasar a sangre y fuego la revolución popular en marcha en esa fecha, tras la caída del régimen anterior; 2) detener la expansión de la Unión Soviética en la zona. Eso lo hizo a la perfección, especialmente el punto uno, para lo cual mató a una enorme cantidad de gente popular, y también de integrantes de grupos y partidos izquierdistas, desde comunistas pro-soviéticos a tercermundistas y guevaristas.
         A continuación se enfrentó con EEUU, entonces en un momento de notable debilidad estratégica, tras su derrota en Vietnam en 1975. Lo hizo porque la clerigalla islámica es meramente la voz del gran capital estatal-privado iraní que había engordado muchísimo con la venta de petróleo (es curioso que una buena parte del “antiimperialismo” de pacotilla de hoy día se dé en países productores de crudo). Se había producido previamente una acumulación de capital tal que llevó a los poderes económicos y políticos de Irán a atreverse a echar un pulso a Occidente, en un contexto de enfrentamiento atroz con la potencia islámica rival en la zona, Arabia Saudí, que sigue clamando por arrasar a sangre y fuego el régimen de los ayatolás, y que es el más firme aliado de EEUU a la vez que el bastión del islam más ortodoxo.
         Irán hoy está en una situación delicada, su régimen. Dadas las muchísimas atrocidades que han realizado los clérigos islámicos iraníes (sólo recordaré dos, la lapidación habitual de mujeres y el ahorcamiento masivo de homosexuales), cuyo despotismo y perversidad no tiene límites, se encuentra enfrentado a todo el pueblo, que se ha venido manifestando en la calle con particular vigor en los últimos años. Para salir del paso ha ideado dos estrategias de legitimación. Una es dar “apoyo” a la causa palestina contra el Estado sionista, recurso recurrente de todos los tiranos de los países árabes. La otra es “desafiar” a EEUU con la cuestión de la energía nuclear, los misiles y las maniobras militares navales. En ello no hay nada novedoso, todos los regímenes de la historia, cuando se hallan sin base de masas, recurren a esas artimañas.
         Y en eso estamos por el momento. Lo decisivo es comprender que el conflicto Irán-EEUU no es entre buenos y malos, dado que los dos son malos. Hay, por tanto, que denunciar a ambos, poniendo en evidencia lo pérfido de sus intenciones, con el deseo de que el pueblo de Irán logre librarse de los unos y los otros.
         Todo esto ha de situarse en el marco más amplio del conflicto global USA-China, pues esta última, y Rusia también, dan respaldo al totalitario régimen de Irán y al criminal gobierno sirio, con el fin de desgastar a su rival. Esto embrolla aún más las cosas.

UNA SOCIEDAD DEGRADADA HASTA LO INAUDITO UN SER HUMANO ENVILECIDO DE MANERA SUPERLATIVA (I)


Los datos no dejan lugar a dudas, eso que se llama “España” es una de las sociedades más encanalladas, podridas y repulsivas del planeta.
         Una manifestación de ello es que en 2011 la película más taquillera ha sido “Torrente 4: letal crisis”, del nunca suficientemente denostado Santiago Segura, con una taquilla de 20 millones de euros. Por si fuera poco, “La piel que habito”, del progre-franquista Almodóvar, ha quedado en tercer lugar con más de 4. Quizá sea todavía más desasosegante que el diario EL País dedique un editorial al asunto, justificando tales hechos con el argumento, previsible en él, de que la industria cinematográfica española necesita asentarse haciendo películas rentables…
         Todo ello causa en las personas normales, que ya somos muy pocas, indignación, dolor y desesperación, pues muestra que la aniquilación de la esencia concreta humana y la edificación de una infra-sociedad de 44 millones de estómagos ha alcanzado ya cotas probablemente irreversibles. Pero hay que controlar el ánimo para realizar un análisis lo más sereno y objetivo posible.
         El primer lugar definamos el problema. La saga fílmica de Santiago Segura consiste en unas producciones supuestamente de humor que, para empezar, carecen de cualquier cosa que mueva a la risa, o a la sonrisa, o al menos a un cierto ánimo festivo. Son pasmosamente aburridas y sin gracia, lúgubres sería quizá el vocablo que mejor las define. Sólo a sujetos con un sistema anímico profundamente perturbado les pueden parecer divertidas.
         En lo artístico son bodrios, hechos de cualquier modo, por unos actores penosos y con unos diálogos que incitan al llanto. Su especialidad es recrearse en todo lo que es degradado, sucio, sórdido, inferior, repulsivo, torpe, zafio, nauseabundo y chabacano. Son un gran chorro de mugre, hediondez y heces que se lanza al espectador o espectadora, con la particularidad de que éstos lo reciben entusiasmados. La imagen del ser humano que transmiten es exactamente la de un posthumano en quien los rasgos propios de su anterior condición han desaparecido.
         Esto, por un lado, es propaganda, publicidad, aleccionamiento. Se le dice al sujeto “así eres y así debes ser”. Por otro, es una exigencia de unas masas que se han adaptado perfectamente a su condición de no-humanos y que, sin remordimientos ni complejos ni deseos de cambio, como es propio del individuo mega-narcisista de la modernidad, quieren reafirmarse constantemente en su propia tosquedad mental, barbarie vivencial, miseria moral, horripilancia física y chocarrería verbal.
         Los personajes se definen exclusivamente por sus negatividades y carencias, como sujetos nada, o menos que nada. Su ser es exactamente no ser.
         Sin pensamiento, sin lenguaje, sin capacidad de afectos, sin habilidades convivenciales, sin voluntad propia, sin coraje, sin creatividad, siempre serviles con los de arriba y siempre agresivos con sus iguales, tan malvados como estúpidos, de una incultura colosal pero vivida sin culpa, visualmente espantosos, previsible y aburridos, entusiastas de toda injusticia, carentes de vigor físico y psíquico, ajenos a lo real y sempiternamente atrapados por mensajes y consignas, tan inespirituales como lo pueda ser un cubo de basura y tan egotistas como un tiburón hambriento, insensibles a todo lo que no sea su fisiología, inhábiles para sentir culpa, rectificar o avergonzarse por algo, en fin, inútiles e incapaces para cualquier actividad humana.
         Son personajes a los que sólo les motiva el dinero. Dinero para conseguir comodidades, goces, entretenimientos; para, sobre todo, comer y beber, que es casi la única experiencia que está ya a su alcance. Ni siquiera buscan el dinero como poder pues están tan maleados por el hedonismo que en sus empequeñecidas mentes sólo cabe una idea, gozar.
         Todas esas horrideces, no lo olvidemos, son del gusto de millones de personas, que se ven reflejadas en la pantalla y eso las lleva a dar grititos de satisfacción. No hay duda que se da una identificación total, ascendente y de naturaleza orgiástica entre los infraseres de Segura y una buena porción del sujeto medio de nuestra sociedad. Ahí está el meollo de la cuestión.
         Son un retrato perfecto de la sociedad y al mismo tiempo un modo de mantener y afirmar a ésta en su espantosa situación, que ya se está haciendo límite e insostenible y que significa de facto una especie de suicidio colectivo por renuncia a ser.
         El segundo paso en el proceso de análisis ha de ser encontrar las causas históricas, estructurales e ideológicas de esta tragedia. Hay además que analizar el marco en que se da y las etapas que ha ido cubriendo. A continuación debemos hacer la pregunta de a quién beneficia la degradación extrema de la sociedad y la desestructuración total del sujeto en tanto que persona que es causa-consecuencia de tales films. Ello nos puede dar la clave del por qué. Finalmente hemos de señalar a quienes son responsables y culpables de este estado de cosas, instituciones y personas, sobre todo las primeras
         Se equivocan quienes consideran que los males principales de nuestra sociedad son los de tipo económico, o ecológico, o social o tecnológico en un sentido restringido. No, la gran tragedia está precisamente en la destrucción de lo humano, más que en los 4,5 millones de parados, más que en la devastación general del medio ambiente, más que en el supuesto impago de las pensiones por falta de fondos. Los que no opinan así es porque han sido manipulados para ignorar lo humano, de manera que son parte del problema en vez de sujetos aptos para solucionarlo. No son mejores que Santiago Segura, pues se han hecho insensibles e indiferentes a la gran tragedia de nuestro tiempo, la liquidación de lo humano en su totalidad finita.
                                                                                   (Continuará)

LLANTO POR EL CAMARADA KIM (II)


Ha llegado, pues, el momento de poner las cosas en claro sobre la verdadera naturaleza del Partido Comunista de España, jefe efectivo de Izquierda Unida. El motivo es que la gran crisis en desarrollo que conoce el país, y toda Europa, exige saber quién es quién.
         Dados los turbulentos tiempos que se avecinan, el PCE va a encontrar, probablemente, ocasiones en el futuro para quitarse la máscara y aparecer como lo que realmente es, una formación política que busca imponer su dictadura a toda la sociedad sin reparar en los medios a utilizar para lograrlo.
         En las revueltas circunstancias que maduran es probable que este partido siga la senda de sus camaradas coreanos, que es en esencia la misma que siguió en 1936-39, y después.
         Vayamos a los hechos.
         El PCE nunca ha hecho autocrítica, ni siquiera ha reconocido sus actos criminales de la guerra civil. Esto a pesar de que se han publicado trabajos que prueban más allá de toda duda que fue el asesino de Andreu Nin, junto con agentes del régimen de Stalin; que realizó matanzas estremecedoras en la primavera de 1937, dirigidas contra libertarios y poumistas; que fue muy activo en la carnicería cometida contra los católicos y que asesinó a miles (sí, a miles) de personas, sacándolas irregularmente de las cárceles por las noches y ejecutándolas luego sin más, en el otoño de 1936 en las proximidades de Madrid, por citar sólo los acontecimientos más espeluznantes.
         Todos esos asertos están, ya digo, hoy exhaustivamente documentados, con la aportación de los archivos de la antigua Unión Soviética en algunos casos.
         Sobre la guerra civil su único documento oficial sigue siendo “Guerra y revolución en España, 1936-39”, IV tomos, redactado por una comisión de seis personas de la jefatura del PCE, presidida por Dolores Ibárruri. Fue editado en castellano por la Editorial Progreso de Moscú, en 1967, en un tiempo en que incluso el Partido Comunista de la Unión Soviética había denunciado “los crímenes de Stalin”, cosa que hizo a partir de su XX Congreso, en 1956.
         Pues bien, en vano encontrará en ese extenso trabajo el lector o lectora ninguna posición autocrítica sobre lo que, en materia de crímenes, hizo en la guerra civil (y luego en el maquis). Es más, hasta el presente se ha negado rotundamente a hacerlo, tildando de “franquistas” a quienes se lo han demandado. Si Stalin cometió crímenes espantosos, ¿el PCE no lo hizo también cuando estaba a las órdenes de Stalin?
         Ni siquiera ha reconocido, ha pedido perdón y ha presentado una autocrítica razonable por el horroroso crimen fascista que cometió con Nin.
         Eso significa que el PCE actual sigue considerando como positivo y legítimo lo que hizo en la guerra civil. Y en ese caso no tendrá escrúpulos en volverlo a realizar si se dieran condiciones similares a las de entonces: ese es el meollo de la cuestión. Y esa es la base de su veneración por el camarada Kim.
         No sólo el Partido como tal sino sus intelectuales orgánicos, y sus cuadros, lejos de reconocer el carácter criminal y genocida de la actuación del PCE en la guerra, han alardeado de ello, y lo siguen haciendo, quizá sólo con alguna escasa y no representativa excepción.
         Al mismo tiempo, la intelectualidad burguesa y los aparatos estatales de propaganda, que conocen muy bien la verdad de todos estos asuntos, callan y concilian con el PCE, porque éste les es hoy imprescindible para controlar a las masas, apuntalar el régimen parlamentario y hacer prosperar el capitalismo. Por eso, pongamos por caso, la gran banca le entregó 1,6 millones de euros (otras fuentes se refieren a cantidad mayores) para sus gastos en las elecciones generales de noviembre de 2011. Véase, el partido “anticapitalista” por excelencia, el PCE, financiado por el capitalismo.
         Para admitir que dicho Partido es una organización decente y no una organización de extrema derecha, ha de: 1) reconocer los hechos, 2) pedir perdón por ellos, 3) exponer las raíces últimas de su actuar, 4) presentar un plan de rectificación concreto y creíble, 5) reparar el daño cometido indemnizando a las víctimas, individuales y colectivas, o a sus herederos, 6) romper públicamente con organizaciones fascistas como el PT de Corea.
         Es necesario que quienes de buena fe estén en el PCE, o en IU, exijan en el interior de esas organizaciones que se esclarezcan y traten correctamente todos estos asuntos, según los principios más elementales de la política, la justicia y la ética. De no hacerlo se convierten en cómplices de los asesinos y en cooperadores con el fascismo de izquierda.
                                                                     (Continuará)

“OBRAS MORALES Y DE COSTUMBRES (MORALIA)”. PLUTARCO - MADRID 1985



En los tiempos de Internet, y de lo que está haciendo Internet con nuestras mentes cada vez más devastadas (léase “Superficiales”, de N. Carr), ¿qué lugar puede tener Plutarco, el moralista romano pagano, en nuestras vidas? Probablemente ninguno, pues los neo-siervos de la contemporaneidad, tan autosatisfechos, arrogantes, ignorantes, ininteligentes, fanatizados y narcisos, aman apasionadamente sus cadenas y se oponen con furor no sólo a toda exhortación a romperlas sino a meramente señalar que existen.
         En esta situación sería mucho pedir que leyesen los cinco tomos de la obra citada, por tanto es más realista limitarse a recomendar una sección del quinto, la que lleva por título “Sobre la fortuna o la virtud de Alejandro”.
         Plutarco vivió, aproximadamente, entre los años 46 y 120 de nuestra era, como funcionario del Estado romano. Escribió bastante y en el terreno de la ética, concebida como práctica, como vida vivida día a día, sus obras más importantes son “Vidas paralelas” y “Obras Morales”. Sí, ya sé que los predicadores, apóstoles y misioneros de la amoralidad estatal-burguesa habrán dado un respingo al leer “morales”, y habrán tomado la tea con la que encender la hoguera en la que quemar esos textos.
         Pero no hay por qué alborotarse en demasía: Plutarco no era cristiano, y no hay ninguna referencia a que tuviera nada que ver con el cristianismo naciente, en ese tiempo un movimiento aún muy reducido. Tranquilos pues.
         Los aficionados a las hogueras llegan tarde. Hace ya mucho que Occidente ha liquidado a Plutarco. Durante siglos ha sido una lectura que ha construido al sujeto de la cultura occidental en lo mucho que tiene de bueno y en lo bastante que tiene de malo. Pero llegó un día, con la revolución francesa y las revoluciones liberales (la Constitución de 1812, por ejemplo) en que el Estado, y su aventajado retoño, el capital, necesitaban de sujetos lo más débiles, cobardes, sin grandeza y serviles posible, además de lo más ininteligentes, perversos, asociales y egotistas que se pudiese lograr, vale decir, de sujetos sin virtud. Y como Plutarco es el pensador por excelencia de la virtud se le retiró de la vida real y se le hizo personaje de museo.
         En la edad del politicismo y el economicismo, las dos viles pasiones con que el poder constituido entretiene hoy a la plebe, la ética, por muy pagana que sea, carece de sitio. Pero, ¿no exagera Plutarco la función de la ética?, ¿no es eticista? Sí, lo es, pero eso no importa demasiado ahora.
         La ética, entre otras funciones, realiza la construcción prepolítica del sujeto, le dota de cualidades, de capacidades, por tanto de virtud. Por ello Plutarco interesa a quienes estamos decididos a realizar una revolución integral: dado que ésta sólo puede ser obra de personas reales que sean muy competentes y capaces, o por decirlo al modo antiguo, muy virtuosas, lo que él expone nos es decisivo. Los socialdemócratas, los expertos en el arte de autodestruirse, los devotos de lo monstruoso y los seres sin alma pueden ignorarlo, nosotros no.
         En la obra citada Plutarco realiza la etopeya (retrato moral) de Alejando el Grande. Plutarco lo presenta como persona, no como jefe político y militar, y arguye que sus hazañas provienen de su virtud, que ha sido querida y autocultivada por Alejandro, y no de la suerte, azar o fortuna. Le presenta como “un baluarte de virtud” y le ofrece como modelo a la juventud.
         ¿En qué cualidades se concreta la virtud de aquél? Hace esta lista, “fidelidad a los amigos, frugalidad, dominio de sí mismo, buen hacer, ausencia de temor a la muerte, coraje, humanismo, afabilidad en el trato, integridad de carácter, firmeza en sus decisiones, rapidez en la acción, deseo de gloria y una eficaz predisposición a todo asunto elevado”. Sin duda, estas cualidades, dejando de lado el deseo de gloria, por vano y egolátrico, son excelentes, y estaría bien que cada una (las mujeres también, y en primera fila, por favor) y cada uno se forjara un pequeño plan para interiorizarlas, practicarlas y hacerlas parte sustantiva de su modo de estar en el mundo. La ética es actividad, es un hacer, no se trata de cháchara.
         Ese conjunto de cualidad, sigue Plutarco, las autocultivó en sí Alejando por “amor a la Virtud” (la mayúscula inicial es suya).
         Ahora bien, los que deseen ser meramente seres basura, o seguir dañándose a sí mismos con fruición, o continuar jugando a “subvertir” el sistema desde la adhesión a los disvalores del sistema (la amoralidad e inmoralidad entre otros), pueden prescindir de estas antiguallas.
         Por el contrario, quienes deseamos “vencer por virtud”, o mejor aún, luchar por virtud y al mismo tiempo hacer de la virtud una de las metas de nuestra lucha, privada y pública, tenemos que autoconstruirnos, autogestionarnos a nosotros mismos, no permitir que nos construya ni haga ni gestione el sistema, para llegar a ser, como Alejando, “imágenes de virtud y valentía”, pero de otro modo y con otros fines.
         Entonces podremos realmente luchar, que es la forma superior de vencer. Pero, cuidado, la virtud no es sólo medio, es también fin. Por tanto, se ha de ir a la revolución integral también para crear una sociedad en que haya libertad para la virtud y libertad para ser virtuosos-as por convicción interior (aquélla no puede imponerse), las cuales hoy no existen.
         Eso sí será una gran, una enorme, una portentosa revolución.

domingo, 1 de enero de 2012

“Pensando la evolución, pensando la vida. La biología más allá del darwinismo”


              
Comentario al libro de Máximo Sandín – Cauac Editorial Nativa 2010.

Cuando en 1859 se publicó “El origen de las especies”, de Charles Darwin, fue un éxito editorial. Las causas hay que buscarlas en ámbitos diferentes a los del saber y el conocimiento veraz, pues una lectura exigente y ligeramente escéptica, como debe ser, del libro muestra que nada sustantivo aporta en relación con lo que promete en el título. Éste es una proeza de mercadotecnia, o si se desea de manipulación de las mentes, pero resulta ajeno a los contenidos, confusos, alusivos, insustanciales y, sobre todo, sin apoyaturas fácticas vastas, sistemáticas, significativas y cada una de ellas bien analizada.

Lo que aquél arguye es un mero producto de la mente, una especulación, una lucubración, una literaturización de la biología. Se admite por voluntad de creer y por esa necesidad tan moderna de ser engañados y asentir ciegamente, pero nada más. 

Ha pasado más de siglo y medio y seguimos donde estábamos pero con muchísima más carga verbalista, como se manifiesta en ese inquietante acto de fe a colosal escala llamado neodarwinismo. De poco han servido hasta el momento las investigaciones que han ido aportando cada vez más datos indudables y más reflexiones particulares bien fundamentadas, que ponen en cuestión de una manera creciente (aunque excesivamente cautelosa) el darwinismo, las de N. Eldredge, S.J. Gould, R. Chauvin, M. Behe y algunas más, por citar las más actuales. Esto parece indicar que lo que hoy se llama ciencia es, en su gran mayoría si bien no toda, creencias útiles al statu quo y dogmatismos institucionales pero no verdad fundada.

Ése es el marco en que llega al público el libro de Máximo Sandín, un trabajo de calidad no sólo porque da un paso más en la dirección de poner en evidencia la provechosa impostura organizada en base a la obra de Darwin sino también porque permite conocer un poco mejor la cuestión en litigio, el origen de las especies. Esto se agradece porque sería penoso que con tanta controversia olvidásemos lo importante, investigar el origen de las especies. A mi juicio eso es hoy casi tan poco y tal mal conocido como en 1859.
El libro cumple además otra función útil y buena, difundir la bibliografía heterodoxa en esta cuestión, ya abundante, por más que el sector oficial, confortablemente instalado en sus cátedras y demás sinecuras, haga como que no existe.

Hay una frase de Sandín perentoria para entender el asunto, la que señala que el darwinismo es “una versión deformada que convierte hechos ocasionales, incluso intranscendentes, en fundamentales”. No menos cierto es que el embeleco se fundamenta en “un predominio absoluto de las convicciones sobre las observaciones”. Sí, Darwin tiene un sistema de ideas fabricado a priori que ha de imponer al público. En ello no hay nada nuevo, es el método de la metafísica aristotélica, a saber: se sienta el axioma, a base de ingenio verbal y desparpajo, y se hacen luego las deducciones, seleccionando los hechos que se tengan a mano para “vestir” lo más atractivamente el producto.

La ciencia moderna es un retorno a Aristóteles, a pesar de que ya en el siglo XVII J. Webster dijo que “el Filósofo” debía ser olvidado si se deseaba alcanzar un saber razonablemente cierto. Aristóteles es política y sólo política, y de la peor. Cuando los árabes le reintrodujeron en Occidente, tras su salvífico “olvido” en la Alta Edad Media, hicieron un flaco favor a la humanidad, aunque su intención era justificar el propio régimen asombrosamente tiránico y sin libertad valiéndose de él. Luego vinieron los majaderos de turno a otorgar significación cognoscitiva a lo que era ante todo politiquería. Lo mismo con Darwin.

Prejuicios ideológicos como el gradualismo (tan rotundamente negado por el registro fósil), el evolucionismo (del que no hay evidencias creíbles aplicables a la especiación), la visión simplista y reduccionista hasta lo pueril, el desprecio por los hechos, la observación y la experiencia, la verborrea ambigua y hábilmente indefinida, que sugiere sin decir y dice sin comprometerse para dejar abiertas todas las posibilidades, es el meollo del darwinismo como superchería y pseudosaber.

Claro que lo ambiental, lo externo a los organismos vivos, no es el todo y probablemente no sea ni tan sólo lo principal. Hay que investigar en las contradicciones interiores a las especies, hay que atender a las antinomias inmanentes a lo viviente, para comprender la evolución y la especiación como automovimiento de la materia orgánica.

 La verdad es útil porque es verdad, y eso es lo principal. Pero la verdad no se nos ofrece en grandes cantidades sino en reducidas expresiones. Las causas son las limitaciones inherentes a la mente humana, lo finito de nuestra condición a la par que la infinitud e hiper-complejidad de lo real. La lectura de “Ensayo sobre el entendimiento humano”, de J. Locke, es esclarecedora, lo mismo que Sexto Empírico, en “Esbozos pirrónicos”. Frente a esa realista y modesta manera de comprender el conocimiento está la ciencia contemporánea, con sus pretensiones de omnisapiencia, su arrogancia y fatuidad. Quienes la elaboran parecen estar en comunicación directa y permanente con la Divinidad, de manera que todo lo explican, todo lo conocen y todo lo dictaminan. Son dioses -o al menos diosecillos- ellos mismos, según parece.

He de confesar que me sentí escandalizado, a la par que liberado y radiante, cuando leí “Las mentiras de la ciencia” de F. di Trocchio, o “De Arquímedes a Einstein. Las caras ocultas de la invención científica”, de P. Thuillier. En particular me regocijó saber que Galileo, el pretendido inventor del método experimental, nunca realizó el grueso de los experimentos que describe en sus escritos y que éstos, en realidad, son irrealizables o inconcluyentes. No menos euforizante es saber que Newton “retocaba” (otros dicen “manipulaba” o incluso “falsificaba”) las observaciones para adaptarlas a sus concepciones previas. De manera que la ciencia, por ellos inventada, que se dice experimental, en lo sustancial es verbalista, especulativa, deductiva, apriorista, conjetural, vale decir, insegura y dubitable. Ahora bien, el único conocimiento cierto es el experiencial y Darwin es, por tanto, uno más de la larga saga.

 Eso sí, cuando el libro cita el aserto de P. Ball, “los biólogos van a tener que construir una nueva biología” diré que no creo que tal suceda. Es el pueblo quien puede hacerlo, no los biólogos, por medio de la autogestión del saber y el conocimiento.

Mis felicitaciones a Sandín y a la editorial Cauac. Y que se repita.

EL “ANTIRRACISMO” RELIGIÓN POLÍTICA (I)



         Los recientes acontecimientos en Italia, en que cientos de subsaharianos negros se manifestaron contra el asesinato de varios de su etnia por un militante de la extrema derecha blanca al grito de “¡Italianos racistas!”, demanda un esfuerzo de reflexión sobre un asunto extraordinariamente embrollado por los aparatos de propaganda del poder político, académico, mediático, partidista y económico, aunque en sí mismo es bastante simple y fácil.
            Uno de sus elementos más preocupantes es la persistencia del racismo antinegro al mismo tiempo que el ascenso vertiginoso del racismo antiblanco.
            La creencia de que existe un tipo de racismo y sólo uno, que se vincula con los fascismos, en particular con el nazismo y su fúnebre mito de la raza aria, no resiste la observación más simple. Por ejemplo, el Partido Pantera Negra, que logró un cierto predicamento en los años 60 del pasado siglo en EEUU, hoy desaparecido, era una formación cien por cien de ideología racista, para la que los blancos eran el mal, en bloque, y los negros, no menos en bloque, el bien.
            El racismo de los Pantera Negra fue admitido por casi todos, especialmente entre los blancos, porque venía envuelto en unos argumentos victimistas y acompañado de unos análisis históricos y actuales sin fundamentos objetivos, fabricados precisamente para mantenerlo.
            Su solución programática al muy real racismo antinegro, entonces bastante poderoso en ciertos ambientes de EEUU, era la “República negra”, esto es, la constitución de un Poder Negro en un territorio concreto, lo que llevaba aparejado realizar una labor de limpieza étnica contra los miembros de las otras razas, no sólo de la blanca. Esta aberración, copiada de los planes urdidos por los nazis para ser aplicados en ciertos territorios del Este europeo, fue admitida sin presentar críticas por millones de mujeres y hombres blancos, por dos razones.
            Una, que estaban abrumados por sentimientos de culpa prefabricados por el Estado y el capital. La otra que consideraban a las personas negras con criterios paternalistas, a través de una ideología condescendiente y prepotente, la de la “ayuda”, que les impedía tratarlas en pie de igualdad y no como niños, lo cual incluía el discrepar de ellas y presentarles críticas cuando fuese apropiado. El paternalismo es una forma de racismo. Eso significa que el vehemente “antirracismo” de millones de blancos era y es una forma peculiar de racismo.
            Lo cierto es que el Partido Pantera Negra fue tan racista como el Ku Klux Klan. Éste racista antinegro y aquél racista antiblanco.
            Otra desagradable expresión de racismo antiblanco, que ha afectado a millones de personas en todo el mundo, se dio con el ascenso político de B. Obama en EEUU, en los años 2008 y siguientes. Dado que Obama es negro, la prensa y los profesionales del “antirracismo”, tan generosamente financiados siempre por el par Estado-capital, en especial la progresía y las ONGs, promovieron una ola de simpatía sin precedentes hacia él: ¡le estaban juzgando por el color de su piel! La cosa fue tan tremenda que tales racistas se negaban en redondo a admitir que Obama, como cualquier otro ser humano, debía ser juzgado por sus actos exclusivamente, y no por sus rasgos étnicos, en sí mismos irrelevantes en un sentido u otro.
            El examen de los hechos indica que el racismo es un problema muy grave que va mucho más allá de una de sus concreciones, la que se dirige contra la gente negra y otras etnias “de color”. Hay muchas formas de racismo, por ejemplo, el de ciertos norteafricanos contra la gente negra, que tiene hoy en Libia una de sus expresiones más a lamentar, cuyo fundamento histórico es que ese país ha sido por siglos uno de los puntos clave de la trata de esclavos negros en el mundo islámico, activa (y en cierta medida, sigue siéndolo en algún área, como Mauritania) hasta hace muy poco, dada la pertinaz resistencia de las sociedades islámicas a abolir la esclavitud admitiendo la dignidad y valía sustantivas del ser humano sólo por serlo.
            Lo cierto es que, mientras el racismo antinegro está en regresión por todo el mundo, el racismo antiblanco, mantenido por algunos sectores de varones negros aquí y allá (en tanto que negocio particular sustentado en el victimismo), y sobre todo por blancos de ideas “radicales”, está en constante ascenso, sin que nadie se enfrente a él.        
            Explicar por qué muchas y muchos blancos son racistas antiblancos es algo bastante complejo. Lo cierto es que el “antirracismo” ha sido convertido en una religión política, para ser más exactos, en la más agresiva e irracional de las religiones políticas en curso, en relación con la cuestión de la inmigración pero también y sobre todo por motivos mucho más profundos y, desde luego, inconfesables, que se intentarán ir desvelando en este trabajo y en otros.
            En los sucesos de Italia hace unas semanas encontramos lo habitual, la inmensa mayoría de la población, blanca y no blanca, condena el racismo contra las personas negras, lo que es muy loable, pero nadie levanta su voz para censurar el racismo de algunos  individuos negros contra los blancos, porque acusar sin fundamento a otros de racismo, en particular a toda una comunidad humana sólo por el color de su piel, es una aflictiva forma de racismo.
            De lo que se trata es de negar y repudiar el racismo en todas sus formas, y no sólo en una, rechazando toda idea de superioridad o privilegios a favor de una raza, es más, negándose a otorgar al color de la piel y demás rasgos físicos externos, sean los que sean, ninguna significación de importancia.
            Las religiones políticas son formaciones ideológicas muy peculiares. Su discurso es simple, para poder repetirlo una y otra vez en la forma de propaganda y consignas, y se desentiende por completo de la cuestión de la verdad. No apelan a la reflexión sino a las emociones y los estados de ánimo más primarios. Quien discrepa es presentado como un ser diabólico, como un no-humano que puede y debe ser linchado. Negarse a comulgar con el sistema de creencias de la religión política de turno es presentado como un pecado más que nefando, algo del todo intolerable. Los adeptos se crean y mantienen por un colosal uso del terrorismo verbal, fomentando el pánico a divergir y por medio de la manipulación más inescrupulosa de las emociones, el victimismo sobre todo.
            En el mundo maniqueo y enloquecido propio de esta religión política se establece quien es el Bien, o Dios (en este caso la gente negra), y quien es el Mal, o Satán (las personas blancas), explicándose todo a través de la pretendida lucha eterna, o poco menos, entre las razas. Su verdadera meta es más prosaica: culpabilizar a gran escala y con enorme intensidad a las poblaciones mayoritarias, para lograr destruir psíquicamente al sujeto, haciéndole dócil y sumiso al poder constituido, más apto aún para ser humillado y explotado por el capital.
                                                                                                       (Continuará)